Los recortes de la realidad jueves 30 de abril de 2009



por Eduardo Aliverti

Estos días ofrecen buen material para aquellos que riegan su memoria y son capaces de juzgar “la realidad” con una orientación abarcadora de sus varios componentes. Por el contrario, viven jornadas aciagas quienes sólo son sensibles a las primeras e instintivas impresiones que dejan las noticias. Es una etapa que, influida por el clima electoral, convoca a dejarse llevar por el blanco o el negro de las cosas, sin paciencia para ubicar los grises.

Hubo, por ejemplo, la jornada de movilización de la CTA, que desplegó una imprevista y considerable cifra de miles de manifestantes, en varios puntos del país, para reclamar por aspectos que hacen a la estabilidad de los trabajadores, la libertad sindical, el desempleo. Sin embargo, el análisis de la noticia quedó reducido a los inconvenientes de tránsito habidos en la Capital por obra de los marchantes. El habitual énfasis mediático puesto sobre el desorden vehicular contrasta no sólo con la aceptación dispensada a los campestres durante sus cortes de ruta, sino con la conferida muy pocos días atrás al taponamiento producido por los camiones de los compañeros de Daniel Capristo. Esos mismos medios periodísticos son los que inventaron o se subieron a la primera versión del asesinato en Valentín Alsina. Poco después ya se sospechaba que Capristo salió de su casa a bala limpia, incluyendo disparos que fueron a parar a casas de sus conmovidos vecinos. Pero el montaje mediático no tendría retorno en cuanto a haber construido el crimen que más convenía a sus intereses sensacionalistas y al estímulo de la psicosis en torno de “la inseguridad”, tanto como ya había ocurrido cuando el homicidio de que fue víctima el florista de Susana Giménez. Instalado un relato determinado, por supuesto que sobre bases verosímiles, “la gente” reproduce y amplía como lorito lo que fue pautado para que crea lo que quieren que crea. Un plano análogo al de hace pocas semanas, cuando el Grupo Clarín desplegó una artillería impresionante para destacar que su señal de cable era interferida, en casual concordancia con el lanzamiento del proyecto de ley de radio y televisión. También fue a los pocos días cuando se supo que el problema no tenía asiento en ninguna clase de raigambre política, sino en dificultades técnicas originadas por pruebas satelitales a miles de kilómetros. Pero esa noticia, la verdadera, jamás se consignó; y, mucho peor, la falsa –y la farsa– fue empleada por todo el establishment de prensa, con casi todo el arco opositor haciéndole coro, para advertir que estábamos ante un gravísimo ataque a la libertad de expresión. (...)

Las 100 mejores canciones de los últimos años: 100-91 sábado 25 de abril de 2009

# 100. Extraordinary Machine / Fiona Apple
Extraordinary Machine (2005), Sony Music

La princesa Fiona abre el ranking -y su último disco editado durante la década- a partir de un sonido bastante original: una melodía con pulso jazzero marcado por una simpática campana. La voz de la señorita Apple irrumpe, jugando entre la inocencia y la confianza en sí misma, y se complace en anunciar: "If there was a better way to go then it would find me / I can't help it, the road just rolls out behind me / Be kind to me, or treat me mean / I'll make the most of it, I'm an extraordinary machine". Sus vocalizaciones -con mucho carácter y algo de dulzura- suenan artísticas y entretenidas, los arreglos ostentan una frescura poco vista en el mercado cantautor femenino. ¿Puede ser que esta chica sea la misma que compuso "Criminal" nueve años antes o, incluso, la densa y oscura "Parting Gift" dentro del mismo álbum? No se sorprendan: Fiona Apple es, efectivamente, una máquina extraordinaria.

# 99. Radio Cure / Wilco
Yankee Hotel Foxtrot (2002), Nonesuch

Algo intrigante marca el comienzo de "Radio Cure". Mínima instrumentación, una voz thomyorkeana, letras surrealistas: todo es misterio. Los muchachos de Wilco no tienen ningún apuro en marcar el punto y se toman todo el tiempo necesario para ir desarrollando la tonada. La melodía va tejiendo una atmósfera intimista que quizás logre lo que el protagonista de la letra esté buscando: curas radiales, "electronic surgical words". ¿Qué estamos lamentando acá? Un hecho patente, fatal: "Distance has no way of making love understandable". Ecos de Radiohead: alguno arriesgó que Yankee Hotel Foxtrot vendría a ser algo así como el OK Computer norteamericano post-11/9. ¿Por qué no?

# 98. Bathwater / No Doubt
Return of Saturn (2000), Interscope

En muchos aspectos, No Doubt es un ejemplo del clásico producto noventoso: una banda mainstream que toma lo mejor de cierto género y lo pasteuriza mediante un proceso radio-friendly que permite lanzar al mercado canciones con menos de 100.000 bacterias por mililitro. Tragic Kingdom, el disco que los catapultó al multiplatino, ya había marcado el camino vía la balada hitera "Don't speak", y estaba todo dado para continuar reproduciendo el ciclo antes que decayera la moda. Pero lo cierto es que este grupo de California, liderado por la carismática Gwen Stefani, tardó cinco años en producir un sucesor. Cuando llegó, generó algunas pequeñas sorpresas. Donde Kingdom se mostraba predecible, pomposo y rutinario, Return of Saturn mostraba madurez, variedad e inteligencia. Desde "New" hasta "Staring problem" -dos grandes temas que bien podrían haber ingresado aquí- los límites anteriormente autoimpuestos se empujaban si acaso un poco más. "Bathwater" comienza con un sonido fúnebre procesado que rápidamente le cede su lugar a una batería que entra en primer plano y que va a marcar, a ritmo casi cabaretero, el resto de la canción --una cautivante tonada ska-rock en E menor, que versa sobre la dificultad de aceptar las fallas del otro en una relación afectiva.

# 97. Way Out / Yeah Yeah Yeahs
Show Your Bones (2006), Interscope

Batería, bajo y guitarra. Una estructura simple, sostenida y melódica. ¿The Strokes? No tan rápido. La respuesta sólo tarda veinte segundos en llegar, el mismo tiempo que tarda Karen O en abrir la boca, hablar de "amor y mentiras" y hacernos caer en la cuenta de que estamos, sin lugar a dudas, frente a un gran tema de otra nueva banda siglo XXI: el trío neoyorkino Yeah Yeah Yeahs. La canción elegida jamás fue single e incluso puede ser leída como un tema menor dentro de Show Your Bones, su segundo larga duración. Pero su estructura -breve, modesta, con un estribillo repetido apenas dos veces- esconde una lírica rica, polisémica, y una explosión emocional muy lograda.

"Lies and love
Bed-wetting son of the great heat
It's all over me, it's all under me
The shit is running and it runs deep
I'm way out, way out
When you mean it on the inside you still can't get to me"
.

¿Sexo? ¿Desamor? ¿Una relación desigual? La vía de escape sonora para otro dilema más de relaciones neuróticas.

# 96. Other Side of the World / KT Tunstall
Eye to the Telescope (2004), Relentless

Esta simpática escocesa aún no había cumplido los 30 cuando se lanzó profesionalmente, primero en el Reino Unido y dos años más tarde en los Estados Unidos, logrando gran éxito a ambos lados del Atlántico. Y si bien sus dos mayores hits ("Black Horse and the Cerry Tree" y "Suddenly I see") son, también, grandes temas, mi voto va para con su menos exitoso segundo sencillo. Este tema, que abre su álbum debut Eye to the Telescope, la acerca más a la gelidez y las formas desapasionadas de la londinense Dido que a la la frescura e irreverencia a la Sheryl Crow que insunúa en otros tracks del álbum.
La canción es gris y fría, como la publicidad local que la utilizó de cortina, pero todo el cubito se derrite cuando Tunstall exclama, con esa vocecita de muchacha: "I wish it were simple / but we give up easily / You're close enough to see that / you're the other side of the world to me". El tema suena pulido, sí -quizás demasiado-, pero por debajo de su sonido radial se adivina un talentoso manejo de la melodía pop. Como plantea Stephen Thomas Erlewine en AllMusic, quizás estemos en presencia de una cantautora extraordinaria encerrada en el corsé de una producción ordinaria. Lo cierto es que el pop mainstream no se pone mucho mejor que esto.

#95. Cherry Chapstick / Yo La Tengo
And Then Nothing Turned Itself Inside-Out (2000), Matador

La guitarra construye una pared de sonido: el riff central es super llevadero. Hay capas, texturas, y una melodía soleada que se asoma entre medio de este precioso lío:

"Someone else's date
In someone else's door
There's a girl with cherry Chapstick on and nothing more
It's such a lurid pose and she seems this close
But not to me"
.

En el medio de un álbum tranquilo, pausado, el conjunto de New Jersey clava una de sus suites ruidosas marca registrada. ¿Qué dicen? ¿Que atrasa un poco? ¿Que suena como la banda sonora de algún indie flick noventoso? Yo tengo una pregunta que responde a las anteriores: ¿A alguien le importa?

# 94. All These Things That I've Done / The Killers
Hot Fuss (2004), Island

"Another head aches, another heart breaks
I am so much older than I can take
And my affection, well it comes and goes
I need direction to perfection"
.

Sí, señores: Brandon Flowers y su bandita de Las Vegas van por la vida con los ojos pintados cantando la vida me engañó. Pero como en Alcohólicos Anónimos, al menos ven luz al final del túnel y saben que lo primero que tienen que hacer es pedir ayuda. Así lo hacen en el estribillo: al término del segundo, todos los instrumentos se van a dormir la siesta y la canción queda únicamente sostenida por un chunga-chunga-chunga guitarrero de cuerdas bajas. En ese momento hace su aparición uno de los momentos más sublimes del mainstream '00s: "I've got soul but I'm not a soldier", declara Flowers en una de las líneas más recordadas de la década, y de a poco va siendo acompañado en su sentencia por un grupito gospel que no hace más que incrementar su potencial emocional redentorio.
The Killers está muy lejos de ser una de mis bandas nuevas favoritas y sus tres álbumes de estudio están claramente sobrevalorados, pero "All These Things That I've Done" es uno de los grandes momentos de la década para esta o cualquier otra banda salida de la corriente del revival ochentoso.

# 93. London Song / The Breeders
Title TK (2002), Elektra

Con Last Splash (1993) y su hitazo alternativo "Cannonball", la ex-Pixie Kim Deal y sus Breeders lograron un éxito moderado y un lugarcito entre el alternative jet set de los '90. Pero, cosas de la vida rockera, la hermanita de Deal tuvo un problemita con las drogas y el grupo casi se desintegra. Durante años no hubo ni noticias del conjunto. A principios de esta década, cuando todos creían que la idea de un "nuevo álbum de los Breeders" era algo así como el Chinese Democracy del indie, Title TK apareció. Y, lejos de ser un bajón o uno de esos regresos lamentables, resultó ser un muy buen trabajo. London Song, segundo track, es uno de sus mejores exponentes: garage rock femenino 100%. Batería limpia, el conjunto que parece estarse divirtiendo en el estudio, y la voz de Kim Deal ya no tan dulce como en la era pixie (es mas, suena como si se hubiese clavado diez atados de puchos antes de agarrar el micrófono). Y la cereza del postre: producción seca, espaciosa, a cargo del gran Steve Albini --el mismo de In Utero y Surfer Rosa. No se diga más.

# 92. Your Honor / Regina Spektor
Soviet Kitsch (2004), Sire

Esta judía neoyorkina nacida en la Unión Soviética es una de las grandes promesas sub-30 de la actualidad. Escribe letras interesantes, es una pianista talentosa... ¿otra Fiona Apple? Tiempo al tiempo: lleva apenas dos álbumes editados. Por lo pronto, suena lo suficientemente ecléctica, desfachatada y fresca como para poder sacar un sólido set de canciones con peso propio. "Your Honor", extraído de su primer larga duración, es un exitoso ejercicio de canción cruda, pegajosa y sencilla.

# 91. Sea Legs / The Shins
Wincing the Night Away (2007), Sub Pop

En la comedia dramática veinteañera Garden State (2004), cuando Natalie Portman conoce a Zach Braff le hace escuchar The Shins. "Te van a cambiar la vida", le asegura. Bueno, upa, momento. Digamos que a esta parejita cinematográfica se le fue un poco la mano. Pongámoslo así: este grupo indie de Albuquerque liderado por James Mercer puede contarse entre los mejorcitos de la tanda de bandas "independientes" norteamericanas formadas en los últimos diez, doce años. Melodías orgánicas, un buen manejo de la melancolía en las letras, agridulces en la justa medida. ¿Qué tenemos en "Sea legs"? Un riff con ecos nirvaneros pero matizado por una línea de bajo funky y percusiones amables. Suenan un poquito como Cake, un poquito como Beck... y un poquito como ellos mismos, claro. Habrá que ver si su próximo disco los consolida como grandes compositores, o si se conforman con repetir fórmulas e instalarse, cómodos, en su nicho de mercado.








Las 100 mejores canciones de los últimos años: Introducción

1° de Enero, 2000. De la Rúa presidente, simil paranoia Y2K y muchos, muchos, muchos fuegos artificiales. Quien suscribe se encuentra en la terraza de una casa alquilada, con un CD de The Offspring en la mano.

Tenía 14 años.

Como se habrán dado cuenta, soy un claro hijo de mis tiempos. Por más que insista en nutrirme de las fuentes musicales clásicas, alcancé la adolescencia en los primeros años de esta década. Me encantan los Beatles, Led Zeppelin, The Clash o Pixies... pero lo cierto es que muchas de mis bandas favoritas me son absolutamente contemporáneas.

Disfruto sobremanera de las canciones de Janis Joplin, Chuck Berry o los Rolling Stones. ¡Para qué negarlo! Pero me pasa algo: con ellas, siempre tengo la impresión de que estar rescatando del baúl una serie de cositas consagradas, cerradas. Como quien está de paseo por algún museo. "Atención pasajeros, si miran a su derecha podrán escuchar Blowin' in the wind" (murmullos de admiración).

Los grupos contemporáneos, en cambio, están escribiendo la historia cada día. Una historia menos mítica, en tiempos desencantados, mercantilizados, lo que sea. Pero al menos uno puede acompañar este proceso, ver a Radiohead, The Hives o The White Stripes en vivo y sentirse, aunque sea por un segundo, parte de eso.

Las perspectivas no son malas, en absoluto. Una década que había comenzado con Limp Bizkit, Staind, Creed y N*Sync liderando los charts -y en donde los espacios para otros sonidos habían sido reducidos a la pura marginalidad- termina con la explosión y consolidación del indie que había empezado a perfilarse a mediados de la década anterior. Spoon, Arcade Fire, TV on the Radio, Modest Mouse, Kings of Leon, Death Cab for Cutie copan las radios offline y online, venden cientos de miles (o millones) de copias, son fenómenos medianos. Y en ese sentido son tiempos muy excitantes para la música.

A ver si me explico: cualquiera puede fabricar canciones grasunas populacheras o (en el otro extremo) entregarse al experimentalismo autoindulgente radical. El verdadero desafío está en el medio: en poder ampliar las fronteras de lo decible, de lo cantable, de lo escuchable. De jugar con los límites que impone la industria --aunque esa industria sea, supongamos, un sello modesto. Es decir, todo lo que está en el medio.

***

El año pasado mi buen amigo Fedefer publicó un ambicioso ranking en el que se detallaban las que eran, a su entender, "las 100 mejores canciones del rock". La idea de poder acercar una lista jerarquizada, comentada a un público más amplio me pareció sencillamente genial. Aquí arranco, pues, con un listado quizás más modesto, presentando lo que a mi entender son Las mejores 100 canciones de la década.

A la tarde arrancamos. Por lo pronto, vayan preparando sus auriculares.

Dime como cubres la protesta social, y te diré quién eres miércoles 22 de abril de 2009

Como anticipamos hace algunas semanas, hoy miércoles la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) realizó una Jornada Nacional de Lucha.

Esto dio pie para realizar un breve ejercicio de cómo se construye la noticia de acuerdo a los diferentes intereses que defiende cada matutino porteño.





Página/12: Breve recuadro. La noticia es que la CTA realiza una jornada de protesta. La volanta explica uno de los motivos del reclamo.





Crítica: La imagen es la de los manifestantes, el título hace referencia a una futura medida de fuerza y el resto de la bajada explica, con una buena economía de recursos, los motivos de la medida y el recorrido de la marcha, incluso dándole voz autorizada al secretario de la Central. La volanta es el único lugar que advierte sobre "demoras de tránsito en la Ciudad".





Perfil: "ATE se manifiesta contra los despidos y corta...". Lo que se destaca es la protesta, el motivo ("pide por un cambio de políticas laborales"), pero señala en toda la volanta -más una parte del título y el copete- el temita de los cortes, las demoras y el "tránsito complicado".





Ámbito Financiero: Para este diario, la noticia es que es un "día complicado". ¿Quiénes son los responsables? Los que cortan calles: los sindicalistas. El copete es eterno y hace una suerte de informe del tránsito, pero en ningún lugar se hace un lugar para explicar los motivos del reclamo. La segunda noticia más importante de la mañana era: "Otro asalto en un country de Pilar".





Clarín: El gran diario argentino, preso de sus frases gancheras de alto impacto, habla de una mañana "caótica". El eje, claro, es el temita de la circulación. Otro largo copete que se limita a enumerar los lugares en donde habrá "cortes" y "demoras". De los motivos de la protesta, ni noticias.





La Nación: "Inconvenientes en el tránsito", otro gran criterio de noticiabilidad. Por "una" protesta sindical, están tapados todos estos puntos de la Ciudad -y pasamos a enumerar las zonas "bloqueadas". "Envianos tu testimonio o imágenes si te perjudican las manifestaciones". ¿Y si nos ocupamos del evento que motiva la protesta? No, qué va. Ni siquiera mostró una cobertura propia, por ende las cuatro imágenes que aparecían en el artículo eran tomas sacadas de la televisión.





Infobae: "Complicaciones en el tránsito", dramón y noticia principal. ¿La culpa? "Los sindicalistas", "columnas de gremialistas". Lo mejor, claro, "Hay miles de conductores rehenes [en negrita] de los sindicalistas".



Hace dos años realizamos junto a un grupo de estudiantes un análisis pormenorizado del tratamiento que le daban algunos canales de televisión a la protesta social. Las conclusiones fueron similares:

En el caso del [noticiero de Canal] 13, el testimonio de los miembros del gremio puede leerse en oposición a los de los “usuarios comunes” afectados por la situación. Decía Bourdieu con respecto a un programa francés en el que justamente se debatía una huelga, y que es, mutatis mutandis, aplicable a este caso. “De un lado un pequeño número de actores percibidos y presentados como gente comprometida, con una posición tomada, y del otro algunos observadores introducidos como árbitros, perfectamente neutros. Es decir, los presuntos culpables –de molestar a los usuarios–, de quienes se espera una explicación, y los árbitros imparciales o los expertos que pasarán a juzgar” . Desde allí se construye la imagen de los huelguistas en Telenoche, más desde el cómo o por qué molestan que desde el qué o por qué reclaman.

Más sobre la idea de conflicto y su tratamiento periodístico, aquí.

La paja ajena martes 21 de abril de 2009



por Martín Caparrós

Nunca fui un fan de la prensa americana, y sus sanatas sobre la verdad, la honestidad, la independencia del periodista siempre –dicho en buen mexicano– me valieron madre. Pero el otro día me encontré en el New York Times un artículo que me produjo admiración, envidia, admiración.

El artículo se titulaba “Carlos Slim Helú: el empresario reticente” y empezaba contando que “Carlos Slim Helú estaba claramente molesto. Un día del otoño pasado, en la Ciudad de México, había invitado a docenas de corresponsales extranjeros a almorzar y, tras muchas preguntas sobre tendencias comerciales, un periodista quiso saber cómo se sentía al ser tan rico en un país donde tanta gente no llega a fin de mes. El señor Slim cortó la pregunta y defendió su manejo de su vasto imperio económico. Su tono intransigente mostraba que no estaba a favor de esa línea de preguntas. (…) Dueño de telefónicas, constructoras, hipermercados, el señor Slim proyecta una sombra importante sobre el paisaje mediático de su país. Notoriamente quisquilloso, no necesita levantar el teléfono y rugir a los que publican algo que no le gusta. Sus vastos recursos suelen asegurarle una cobertura mucho menos que crítica”, dice el artículo del New York Times, y cuenta cómo un diario mexicano, El Universal, fue amenazado con el retiro de toda la publicidad de las empresas de Slim tras una columna en que cuestionaba algunas de sus decisiones. Después explica que “Slim construyó su fortuna adquiriendo compañías en dificultades y reflotándolas, pero llegó a los primeros puestos de la riqueza mundial cuando le compró al gobierno el monopolio telefónico mexicano, Teléfonos de México, conocido como Telmex, en 1990. Sus críticos dicen que sus conexiones políticas le aseguraron el negocio, pero él responde que su oferta de 1.760 millones de dólares superaba el precio de mercado. Hoy, aunque el mercado telefónico mexicano está ostensiblemente abierto a la competencia, sus tarifas están entre las más caras del mundo. (…) Slim puede poner sordina a algunos críticos, pero no a todos: ‘Pasar a la historia como un malvado monopolista que peló a los consumidores mexicanos no es una imagen de sí mismo que le guste’, dice Denise Dresser, una cientista política mexicana, ‘pero es una imagen verdadera’”.

Y así sucesivamente. Hasta ahí, nada de qué sorprenderse: un gran diario americano mirando, una vez más, la paja en ojo ajeno mientras las vigas llueven en llamas a su alrededor. Un clásico, si no fuera porque –como el artículo también dice– Carlos Slim es uno de los principales accionistas de la empresa que publica el New York Times. El año pasado Slim compró 9,1 millones de acciones –el 6,9 por ciento del total–, que entonces valían unos 127 millones de dólares y esta semana, en plena crisis, alrededor de 35. Y a principios de año le prestó a la compañía editora del Times 250 millones de dólares convertibles en acciones. Por todo lo cual Slim es el tercer accionista más poderoso de la empresa: uno de los dueños.

Digo: casas más, casas menos. Y me pregunto cuándo Clarín va a contar las maniobras de Héctor Magnetto, La Nación las tretas de vaya a saber quién –porque ni siquiera está muy claro de quién es. Cuándo van a salir por América TV los curros de la pareja Vila-Manzano, cuándo en Radio América los negocitos del nuevo magnate Sergio Spolsky. O si, por ejemplo, sin ir más lejos, Crítica de la Argentina escribirá sobre sus dueños. (Antes de que saliera el diario, Lanata dijo que daría una conferencia de prensa con toda la información societaria; después, en algún momento, se cansó: se preguntó por qué debía hacer lo que ninguno hacía, por qué tenía que rendir examen –y supongo que tenía razón).

Lo cierto es que no sucede: nunca sucede. Y hay una explicación pragmática –casi– razonable: en la Argentina, los medios de comunicación son empresas que se rigen, como cualquier empresa, por sus intereses. Por eso no tiene sentido que un diario con intereses sojeros importantes publique nada en contra de los transgénicos, un suponer. O por eso sí tiene sentido que los nuevos dueños de radio del Plata echen a un tipo como Nelson Castro: si yo tengo una empresa de neumáticos y uno de mis vendedores recomienda a mis clientes que compren gomas de la competencia, le pago su finiquito y lo mando a la casa. Yo, empresa privada, no tengo por qué pagarle a alguien para que diga lo que no quiero que diga, para que hable mal de mis amigos, mis socios o de mí. Dentro de la lógica de mercado, una empresa periodística tiene derecho a definir que ciertas cosas no se dicen, que algunas deben decirse de tal o cual manera, que otras deben decirse sin parar. Y elegir quiénes las van a decir y quiénes no. Para eso son los dueños.

No hay, supongamos, por qué sorprenderse de ese mecanismo. En un mundo ideal, ciertas empresas mediáticas deberían pertenecer a un Estado tolerante, plural, que asegurara el libre acceso a la información de todos sus ciudadanos, y otras a grupos de personas, asociaciones, partidos, cooperativas –y que nadie pensara en hacer negocio con ellas. No parece que nada de eso esté por suceder. Nos quedan, entonces, las reglas del mercado: empresas haciendo guita con productos berretas que supuestamente los clientes prefieren, y cuidando esa guita con el sencillo expediente de no meterse con los intereses de sus dueños o de esos dueños remotos y esporádicos que son sus grandes anunciantes, públicos o privados.

El mercado triunfa: en esos términos, en la Argentina actual, el problema no son las empresas sino los clientes. Si yo voy al súper y me compro un kilo de carne verde esmeralda con gusanitos bailarines –y si a mi lado cientos hacen lo mismo–, los señores súper, después de reírse un rato, van a respirar hondo y entender que bueno, ya no es necesario conservar fresca la carne. Distinto sería si no resultara, si la mayoría de los carnívoros de ese súper saliera corriendo y no volviera nunca más: entonces intentarían vender carne fresca o que parezca fresca. Si el New York Times publica una nota dura sobre los negocios de uno de sus dueños es, en parte, porque a sus editores les gusta esa imagen inflexible de sí mismos y, mayormente, porque saben que sin esa imagen su negocio se derrumba: que su público espera eso de ellos, y no los toleraría –dejaría de consumirlos– si fueran muy claramente de otro modo. Entonces publica ese artículo –que al fin y al cabo no tiene grandes revelaciones, que dice lo mismo que todos dicen y nadie puede ignorar del todo, y que le sirve para salvar la cara. Pero ése es el punto: que crean que tienen que hacerlo, que su público les exija que lo hagan.

Aquí los medios no necesitan siquiera simularlo porque su público no se lo exige. Entonces los periodistas seguimos haciéndonos los boludos, enunciando grandes imperativos morales que siempre se aplican a los otros. Si empezáramos por casa –si simuláramos, al menos, que empezamos por casa– quizá tendríamos cierto derecho a ocuparnos de lo que hacen los demás y derecho, sobre todo, a que nos crean cuando lo hacemos. Pero nadie nos lo exige, y seguimos así. Y no es del todo nuestra culpa, sino más bien la de ustedes, mis queridos, que también somos nosotros: los argentinos no sólo tenemos los políticos que nos merecemos; también –faltaba más– el periodismo que ustedes nosotros, sus lectores, hemos sabido conseguir. ¿Quieren mejores medios? Exíjanlos a su proveedor habitual, a ver qué dice.

The Salchicha Times - Número 66 sábado 18 de abril de 2009

Otra victoria de película

Contra viento y marea, el salchichismo venció ayer por la tarde al Fedefer Team y sumó así su quinta victoria en seis partidos. Comenzó ganando desde el minuto uno y jamás estuvo abajo en el marcador; golpeó en los momentos justos, defendió muy bien y manejó -durante gran parte del partido- los ritmos del juego.

Si bien el partido fue duro, sin lugar para los débiles, el equipo rápidamente le encontró la vuelta haciendo circular la pelota, jugando por abajo y atacando con mucha gente: el plan perfecto. A los cuarenta minutos de juego el salchichismo ya se imponía por 4 a 1. La novedad fue que el empate transitorio que siguió no desmotivó al equipo, sino más bien todo lo contrario: renovó los aires de todo el plantel, que en un último esfuerzo liquidó el match. A partir de ahí no recibieron más goles y empezaron a marcar desde todos los ángulos. Ya con el 6-4 el salchichismo manejaba todos los hilos, pero antes de partir dieron el gran golpe con dos tantos más para un contundente 8-4 final.

Mati - 9 Benji Prices
No hay mucho que decir sobre la impresionante performance de Mati como arquero. Únicamente que en los pasillos de la villa se comenta que el puesto de trabajo del Tío corre peligro. Tapó todo tipo de pelotas desde todos los ángulos. Marcó uno o dos goles en sendas subidas, y siempre estuvo a tiempo para bajar -nunca dejó el nido vacío. Ah, y esa salida picando la pelota cuando lo fueron a marcar los contrarios fue sencillamente sublime.

Fede - 8 Tom Misakis
El luchador del fondo salchicha estuvo impasable. Trabó, peleó, quitó, despejó: el ABC de la defensa. Si bien no marcó, fue una de sus mejores tardes con la casaca azul. Sus incursiones arriba dejaron de ser promesas del este y se concretaron una verdadera tarea de rueda de auxilio en los ataques salchichas, capturando rebotes e incluso colocando una exquisita habilitación en una pared que armó con Gonza para que el ex San Miguel definiera con clase ante la salida del arquero fedeferero.

Mante - 7 Bruce Harpers
Rápido y furioso, fue a trabar todas en el mediocampo. Robó muchísimas pelotas y siempre salió a presionar cuando le correspondía. No siempre resolvió las jugadas de la mejor manera, pero por primera vez en varios partidos dejó de ser un Gran Torino que sólo corre: ayer mostró Una mente brillante y jugó con muchas más pausas. El mejor partido de Mante en mucho tiempo.

Gonza - 8 Oliver Attons
Fue muy difícil calificar adecuadamente la performance de este muchacho. Sus salidas desde abajo a veces fueron Crímenes y pecados, pero cuando se enchufó cambiando de velocidad o desbordando por una punta le aportó un vértigo fundamental al equipo. Fue quién mejor supo manejar los tiempos del equipo. No siempre fue hacia adelante: según cómo lo pidiera la jugada, tocó atrás, abrió el juego o buscó el pase en profundidad.

Agus - 7 Andy Johnsons
Venía de no marcar en el anterior partido contra Beto, pero esta vez aportó los tantos que siempre le pedimos, además de una buena presión arriba. Eso sí: tiene que frenar más la bocha para poder mirar el pase atrás: cuando lo hace, funciona. Además de solidaridad, el resto del equipo le exigió un poco más de pique. Si bien es cierto que la pelota estaba más rápida que de costumbre -debido al estado húmedo del campo de juego- no siempre se anticipó al pase largo y en ocasiones se quedó esperando la carroza. Cabe destacar que varios de sus goles llegaron en momentos claves del encuentro, en especial hacia el final.

Armar un nuevo crucigrama miércoles 15 de abril de 2009



por Eduardo Grüner

(...) Hoy, en el mundo, se gana siempre con el slogan apenas matizadamente único del miedo. Si es por “centroderecha”, es el miedo al “otro” (sin mayúsculas); si es por “centroizquierda” (la mediaclase progre de hoy, sabemos, es extremista de centro y fundamentalista de la moderación) es por “miedo al miedo”: reacción especular del que quiere diferenciarse dentro de la cancha que ha marcado el adversario. Reconozcamos que también aquí hay un cierto declive cultural en nuestros fantasmas. Con una modesta metáfora literaria: si el Quasimodo de Victor Hugo gritaba “¡las campanas, las campanas!”, o el Kurtz de Conrad gritaba “¡el horror, el horror!”, nuestro burgués asustado grita “¡los negros, los negros!”, y nuestro progre bienpensante “¡el campo, el campo!” (todavía no hemos llegado, pero llegaremos, a: “¡el country, el country!”).

Dicho sea esto último no para minimizar el desagrado ante la conformación de un sólido bloque de derecha que –miedos y medios mediante– viene galopando al son de los bombos sojeros, sino para establecer que aún nos falta ver, en la vereda de enfrente de la nueva guardia restauradora, algo realmente diferente, y no un tironeo (...) en el interior del mismo “campo”. No es entre el miedo y el “miedo al miedo” que hay que elegir. No es entre la “seguridad” y la “inseguridad” (resignada), o entre la pena de muerte y el “garantismo”, que hay que definirse. Desde ya: los ciudadanos argentinos tienen derecho a sentirse protegidos de los delincuentes. Pero “seguridad” es mucho más que un concepto policial: es –o debería ser– una categoría política completa, que incluye la seguridad al acceso de alimentos, vivienda, empleo, educación, salud. Pero estas ampliaciones del campo semántico, claro, son siempre “a largo plazo”, y no entran en los nítidos dualismos. Así presentados, esos sistemas de oposición binaria son de una insanable mediocridad ideológica y de un avieso cinismo clasista, aunque se los anuncie desde diez radios al mismo tiempo. El efecto que pretenden –al igual que en su momento la oposición blanquinegra “Gobierno/Campo”– es el de dividir a esa entelequia llamada “opinión pública” en bandos congelados, “ontológicos”, que no responden a ninguna relación “dialéctica”, mucho menos a un debate político sustantivo o a una interrogación crítica sobre las condiciones integrales de enunciación de las palabras que se naturalizan. Lo que sí logran es un inmediato efecto “performativo”: si alguien está a favor de la legalización del aborto es automáticamente un asesino de nonatos, si está en contra de la pena de muerte es cómplice de los delincuentes. Hay que escupir esa sopa de letras y armar un nuevo crucigrama.

Separados al nacer * lunes 13 de abril de 2009


Jean-Luc Godard, grosso cinematográfico / Elvis Costello, grosso musical

* Propuesto por Eze

The Salchicha Times - Número 65 sábado 11 de abril de 2009

Tiene recambio

"¡Dame una S, dame una A, dame una L..., Sal-chi-cha!" cantaban Fede y Santi desde atrás del alambrado. Estos jóvenes talentos (bueno, convengamos: lo de talento va sólo por Santi) se encontraban inactivos por sendas lesiones y habían devenido, provisoriamente, porristas oficiales. Desde ese lugar alentaban a su equipo, que se encontraba frente a una difícil parada: el equipo titular del Beto Team.


El trámite del partido resultó bastante parejo y su marcador, muy cambiante. A tal punto que, si bien el team betense se puso adelante rápidamente mediante un gol de tiro libre del propio Beto, el salchichismo comenzó a marcar el paso con cuatro goles al hilo. Entre esta ráfaga y el próximo gol salchicha apenas hubo un descuento por parte de Nacho, y pasada la media hora de partido el joven equipo se imponía 5-2.

Beto aprovechó otro polémico tiro libre cobrado en la puerta del área salchicha y lo canjeó por gol, comenzando un principio de reomontada betense que cerraría con un desafortunado gol en contra de Emi y otro tanto de Nacho. El partido iba 5-5 y estábamos en tiempo cumplido. (En el interín El Negro, uno de los integrantes del betismo, se retiró lesionado --tal como sucediera con este cronista en el partido anterior.)

A pesar de la insistencia del tipo de las canchas -que afirmaba tener que "hacer caja" y otras huevadas-, ambos equipos estuvieron de acuerdo en hacer un "gol gana", que se extendió unos diez minutos más. A esta altura podría haber estado para cualquiera, ya que hubo chances para ambos equipos, pero finalmente una mala salida del arquero betense -que salió a marcar a Augusto bastante adelante- permitió a nuestro futuro abogado hacer un pase atrás a Dante quien, con arco vacío, la metió de sombrero para el 6-5 definitivo.

De esta manera, el salchichismo se recuperó rápidamente de su derrota frente al Fedefer Team la semana pasada, y ahora lleva ganados 4 de sus últimos 5 partidos, algo que no sucedía desde 1917 cuando el Команда Salchichovski -aprovechando la confusión general en Rusia- venció en numerosas ocasiones veces a "los colorados de San Petersburgo" cuyo plantel titular se había ido a hacer la Revolución rusa dejando en su lugar a un par de viejos tomavodka.

El Tío - 7 salchichas
Algo está claro: sus cinco kilos menos claramente le permitieron a este joven portero volver a volar como en sus épocas doradas. Si bien se puede permitir dudar de su responsabilidad en alguos de los primeros goles, tapó pelotas importantísimas en todos los segmentos del partido, incluyendo algunas venenosas -abajo al palo- en los tensos tramos finales. Lo que sí debería intentar mejorar -algo que, se nota, intentó al menos por momentos- son esas salidas de puntín y al voleo en las que termina rifándola al mejor postor en lugar de jugar más inteligentemente, por abajo.

Nico - 8 salchichas
Otro partido francamente sólido de este joven talento del semillero. Impasable, atento en las marcas y dispuesto a despejar con ganas toda pelota con peligro que se acerque al área que defiende, Nico fue, una vez más, una garantía en el fondo. Podría ponerle más actitud a sus salidas desde el fondo -alguna pisada, algún enganche, más levantar la cabeza-, pero nos quejamos de lleno. Con últimos hombres como éste, los salchicha pueden dormir sin frazada.

Tobi - 8 salchichas
Debut con la casaca salchicha para este talento de cosecha dandista, que intentó reemplazar el rol que tuvo Gonza en el anterior partido en cuanto a las salidas desde abajo y el armado de juego. Fue, lejos, quien mejor supo salir con la pelota y logró controlar, con bastante éxito, los ritmos del partido y la posesión de la pelota. Sus incursiones arriba culminaron en dos oportunos goles.

Dante - 7 salchichas
Otro buen encuentro para el mediocampista de extracción dandista. Intentó organizar juego en la mitad, con diversos niveles de éxito. Sufrió bastante cuando sus compañeros no se encontraban desmarcados, ya que sus intentos de enganche pasando la mitad de cancha culminaron en la pérdida del balón, pero supo estar en los momentos justos para el último toque, y así lo testimonian sus dos goles. Cabe resaltar que, por segunda vez consecutiva, marca el tanto que cierra el partido.

Emi - 7 salchichas
Difícil evaluar la tarea de este guerrero peón del Emi Team. Por un lado, se destacó su tenacidad para pelear cada bocha y las sensacionales habilitaciones en los momentos precisos: es un jugador que, dentro de los márgenes que les deja el equipo contrario, sabe parar la pelota y buscar un buen pase. Dicho esto, y cómo él mismo se encargó de señalar con lástima, su balance fue -1 goles, ya que hacia el final del partido se encontró con una pelota complicada en el área propia y, en sus intentos por despejarla al coño, la terminó metiendo adentro de su propia valla. Algo que, entendemos, no opaca su muy buena producción.

Dandy - 7 salchichas
Le costó mucho jugar de primera y tuvo bastantes dificultades para encontrarse cómodo en su papel de mediocampista-delantero. La pelota no siempre le llovía tan bien a los pies, y sus decisiones (patear o pasarla, intentar enganchar a último momento) no siempre tuvieron el mejor timing. Pero, al igual que Dante, supo estar en el lugar justo en el momento justo, y cuando le tocó enfrentar al portero no dudó, colocando el primer y el tercer gol salchichense.

Agus - 6 salchichas
Quizás hayamos sido testigos anoche del primer partido oficial -de 65 jugados- en el que Augusto no convierte. Es cierto que esto se debió, en parte, a que estuvo más solidario con sus compañeros: colocó un par de habilitaciones que terminaron en gol, incluyendo el pase a tiempo a Dante para el gol final. Pero llama la atención que no haya encontrado los espacios para patear al arco en prácticamente todo el encuentro. Parte de esto tiene que ver con su ya notable cansancio en ciertos tramos del partido, que le impide ir a buscar las pelotas que no llueven automáticamente. No jugó mal: pero esperamos mucho más de él.

Goles
Equipo Salchicha: Dandy (2), Tobi (2), Dante (2)
Beto Team: Beto (2), Nacho (2), Emi (E/C)

Pixar: arte y mercado jueves 9 de abril de 2009

Hace unos años señalábamos en este espacio las complejas relaciones que existían entre arte y mercado, aplicándolas al caso Disney a propósito del lanzamiento compulsivo de remakes y fórmulas seguras. En los últimos días se sucedieron algunas novedades y comentarios que quizás ayuden a trazar conclusiones adicionales.

Disney-Pixar: de encuentros y desencuentros

A pesar de exhibir una nutrida historia, que incluyó algunos hitos impresionantes en la historia de la animación (en especial en lo referido a adaptaciones de viejos clásicos), la empresa del ratón Mickey comenzó, a mediados de los '90, un marcado declive en la calidad de sus producciones. O bien las ideas se estaban agotando, o bien no había una decisión desde la gerencia en jugarse por ellas.

Sin embargo, algo cambia por aquellos años. En 1995, Disney produce Toy Story, el primer largometraje enteramente hecho por computadora, en sociedad con un estudio de animación que por entonces se encontraba en ascenso: Pixar. El film fue un regreso a las mejores tradiciones del buen cine animado: los méritos iban para su director, John Lasseter, quién además era uno de los socios fundadores de la joven compañía.



A la Walt Disney Company le convenía esta sociedad: valoraba los aportes de la empresa de Emeryville, que ostentaba una filosofía mucho más fresca y relajada. Mientras que los nietos de Walt seguían obstinados en producir paupérrimas secuelas directo-a-DVD como Tinkerbell Movie, El Libro de la Selva 2 o El Rey León 3, las principales cabezas creativas de Pixar ponían el acento en las historias memorables y los personajes queribles. “La calidad es el mejor plan de negocios”, afirmaba Lassater.

La postura de Pixar con respecto a la fábrica de chorizos industrial es bastante sencilla: sólo producir una segunda parte si hay una gran historia detrás de ella. La excelente Toy Story 2 -única secuela de Pixar hasta el momento- es el mejor ejemplo de ello. Todos sus otros films fueron ideas originales, con el riesgo que eso conlleva en una industria como el cine mainstream y sus altísimos costos de producción. Todos resultaron ser grandes éxitos de crítica y taquilla.



En 2004 se acabó el contrato estipulado para la sociedad -cinco largometrajes- y las empresas rompieron relaciones. ¿Los motivos? Pixar cargaba con la producción de las películas, y Disney con el marketing y la distribución -un laburo más sencillo, sobre canales ya instalados. Para colmo, el contrato estipulaba que la empresa de Mickey retenía todos los derechos sobre las potenciales secuelas. Por más que regía un acuerdo de palabra sobre la instalación de franquicias (debía ser consultada previamente), Lassater ya se imaginaba un Buscando a Nemo 7...

El divorcio duró hasta principios de 2006, cuando Disney finalmente compró a Pixar por un total de 7,4 billones de dólares. A partir de ahora, John Lassater trajaba para Roy Disney (el sobrino de Walt), pero con un grado de libertad bastante amplio para crear y desarrollar proyectos animados. El acuerdo le garantizaba el control de Walt Disney Feature Animation, y aquí comienza una nueva levantada en calidad.

Pixar inyecta originalidad

Ya antes de la adquisición, Lasseter se había quejado públicamente acerca de la pésima calidad de las secuelas, sosteniendo que “erosionaban el valor de las producciones originales”. Una vez en control, cerró el grupo DisneyToon Studios y prometió que no se harían más secuelas directo-a-video de las producciones animadas. Gracias a dios, dejaremos de cruzarnos en el maxikiosco con títulos del estilo “Cenicienta 4 + reviposter”.

Este nuevo margen de libertad creativa permitió que Lassater impulsara películas que, sin dejar de ser atractivas para los grandes públicos, desafiaran algunas de las reglas más conservadoras de Disney y el mercado en general.

Ahora bien, ¿no podríamos pensar que los accionistas están sencillamente encantados con estos tipos? No tanto. La línea de pensamiento de la ortodoxia de mercado es: (a) los tipos estos hacen buenas películas; (b) estas buenas películas nos dejan guita; (c) pero, ¿nos están dejando toda la que podrían?

Recordemos que los principales personajes de todas las películas de Disney son rápidamente traducidos a cínco líneas de negocios: juguetes, moda, útiles escolares y salud y belleza -tal como cuenta MaryBeech, Manager de Desarrollo de Franquicias Globales de Disney Consumer Products. Esto explica por qué algunos ejecutivos temblaban cuando oyeron la historia de Ratatouille: ¿una rata en una cocina? O por qué desconfiaron de Wall-E: ¿una película para chicos casi sin diálogos? A medida que pasa el tiempo, las películas de Pixar se van alejando de las fórmulas fáciles y los estilos reconocibles.



Up, o el miedo al riesgo

El domingo pasado el New York Times publicó un artículo en el que accionistas y grandes tiendas de juguetes expresaban su preocupación con respecto a Up, la nueva película de Pixar.

El film trata sobre un septagenario vendedor de globos que, luego de la muerte de su esposa, se va a conocer Sudamérica. El film está co-dirigido por Pete Docter -director de Monsters Inc. y uno de los guionistas de Toy Story-, y su productor ejecutivo es el propio Lassater, fanático declarado del prestigioso animador japonés Hayao Miyazaki.

Thinkway Toys, colaborador regular de Pixar, anunció que esta vez no producirá merchandising, arguyendo que la historia es “inusual” y “difícil de promocionar”. Wall Street también le baja el pulgar: “Las preocupaciones crecen porque cada película lanzada parece ser menos comercial que la anterior”, se queja Doug Creutz de la financiera Cowen and Company.

Up abre el mes próximo... en Cannes.

La CTA y el Día Nacional de Lucha martes 7 de abril de 2009

Difundo la solicitada publicada el domingo pasado por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Explica Página/12: "Hacía siete años que la CTA no convocaba a un paro nacional como parte de un plan de lucha; la última vez fue durante el gobierno de Eduardo Duhalde, el 29 de mayo de 2002."
Los paros y movilizaciones están convocados para el 22 de abril.



A continuación el texto de la solicitada:

Después de 5 años de crecimiento económico siguen existiendo millones de argentinos sometidos al flagelo de la indigencia y la pobreza.

Esta deuda social no puede seguir esperando. Ahora que se empiezan a ver los primeros efectos de la crisis que generó la ley de la selva del libre mercado en los países del norte, sería inmoral pretender que esos millones de argentinos sigan indefinidamente sumidos en la miseria.

Por eso, hoy más que nunca, la primera asignatura a resolver tiene que ser la justa distribución de la riqueza para terminar con la desigualdad social.

La salida a la crisis no es la que plantean los agrupamientos empresarios. No se puede aceptar la devaluación con congelamiento salarial que promueven los del sector industrial, ni la extorsión de la eliminación de las retenciones por parte de los ruralistas. En cualquiera de las dos variantes, terminamos perdiendo los asalariados para que ellos se sigan asegurando mayores ganancias.

Son necesarias políticas públicas que protejan a los más vulnerables.

Por ello, el Congreso Nacional de Delegados de la CTA resolvió reclamar al Gobierno nacional:

* Una Ley de Emergencia Ocupacional que prohíba los despidos por 180 días, defendiendo los puestos de trabajo, los salarios y los derechos de los trabajadores.

* Discusiones paritarias libres para sostener el nivel adquisitivo de los salarios y convocatoria inmediata al Consejo del Salario.

* Universalización de la Asignación por Hijo y reformulación del Seguro de Empleo y Formación para que alcance a todos los jefes y jefas de hogar desocupados.

* Aumento de emergencia para jubilados y pensionados hasta llegar al 82% móvil.

* Profundizar el proceso de nacionalizaciones, empezando por el sector energético.

* Sancionar una nueva Ley de Entidades Financieras, con una regulación que tenga en cuenta los intereses sociales y el desarrollo del país, fomentando el crédito productivo.

* Iniciar una Reforma Impositiva que modifique la regresión del actual sistema, comenzando por el inmediato rediseño del impuesto a las ganancias, eliminando las actuales exenciones a las rentas financieras, las operaciones de bolsa y a las ganancias de capital.

* Sancionar leyes que resguarden el medio ambiente contra la explotación indiscriminada de los recursos naturales, poniendo fin a la acción depredatoria de la explotación minera y la expansión de la frontera agrícola sobre bosques y humedales.

* Obrar en consecuencia con la OIT y el fallo de la Suprema Corte de Justicia y otorgar la Personería gremial a la CTA.

* Asimismo, se expresa el apoyo a la sanción de una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que garantice los 21 puntos impulsados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática.

Por todo ello, con la participación de 359 congresales de todo el país y la presencia de 16 centrales sindicales internacionales, el 9º Congreso Extraordinario de la CTA resolvió por unanimidad:

Convocar el 22 de abril a un Día Nacional de Lucha, con paros y movilizaciones en todo el país.
De no haber respuesta, se facultó a la conducción de nuestra Central a convocar a la Mesa Nacional para disponer la realización de un Paro Nacional.

Lo que dejó el BAFICI 2009 lunes 6 de abril de 2009



Si, hay mucha histeria cool. Si, hay mucho -demasiado- caretaje. Sí, el jet set del cine alternativo local lidia con lo triste. Sin embargo, ¿a quién le interesa eso? O en todo caso, ¿a quién le importa? Uno viene a buscar un cine diferente, alguna película que sorprenda, cinematografías emergentes, un poco de riesgo. Y a 6 pesos la entrada.
Después, si me encuentro con alguna veinteañera con anteojos de marco grueso, morral cruzado, corte Amélie y pollera verde a la Princess Fiona, ¿cual hay? Todo circuito más o menos cerrado tiene su fauna autóctona. Si en vez de preocuparnos por el zoológico nos ocupamos de las películas, vamos a poder disfrutar al BAFICI como lo que es, después de todo: una gran movida cultural.

***

Me sigue sorprendiendo que los aplausos al final de cada película sean la regla y no la excepción. Se siente extraño: la última vez que los recuerdo al término de una obra en salas comerciales, fue con Bowling for Columbine, en 2003/2004.

***

¿Quién no concoe al administrador del edificio, al tesorero de la cooperadora del colegio, al guardia del Musimundo? Esos tipos grises, mediocres, que hacen uso y abuso de su parcelita de poder, con orgullo desmedido y un desconocimiento absoluto de su papel subordinado, menor, ingnificante, negado (inútilmente) mediante gestos ampulosos y decisiones caprichosas. Pues bien: esta descripción pinta de piez a cabeza al prototipo de joven que labura para el BAFICI, en áreas de "control".
- No te puedo dejar entrar, son las 15:02
- No, no te puedo guardar la entrada
- No podés sentarte acá

***

Es notable cómo los jubilados que van masivamente al BAFICI porque la entrada les sale solo 6 pesos. Ellos elijen las películas por título, o directamente por horario, ya que lo que dicen las sinopsis o comentarios les es, a esta altura, directamente ilegible.
Con el cine comercial con entradas a 20 mangos, no quedan demasiadas alternativas y el fenómeno se consolida. Habría que estudiarlo: miles y miles de jubilados y jubiladas cuyo gusto cinematográfico se va orientando, debido a motivos estrictamente económicos, hacia el cine coreano o al francés más independiente.

Mientras tanto, las pocas salas alternativas que quedan en Buenos Aires se empeñan en cobrar precios cercanos a los de los multipantallas, y entonces el gusto de los públicos se va orientando, cada vez más, hacia las películas seguras y las superproducciones. "Si voy a pagar 40 mangos por un par de entradas, que al menos sea Watchmen o Spiderman 3".

***

Están cambiando las formas de exhibir y distribuir cine en la Argentina.
¿Tiene sentido estrenar un film indie en un multipantallas, y mandarla a competir con 300 por los veinte pesos que sale una entrada? (En el medio, crecen los rumores de que el Village Recoleta achicará su número de salas. Con menor oferta cinematográfica, adivinen cuáles películas van a ser las primeras en volar...) Las últimas películas argentinas independientes en lograr un número sorprendente de público -Río arriba e Historias extraordinarias-, tuvieron otra estrategia: estrenaron en una o dos salas -el Malba y en el 25 de Mayo-, durante varios meses, beneficiándose así del boca a boca. Pero para lograr eso habría que consolidar un circuito independiente, en vez de seguirlo matando con malas políticas, o con la absoluta falta de apoyo público.

BAFICI 2009: Jerichow



Jerichow
Christian Petzold
Alemania, 2008


Uno podría pensar que, a esta altura del partido, a las artes narrativas no les queda mucho para decir sobre los llamados "Grandes Temas". ¿Existe alguna forma nueva de contar el amor, la traición, la ambición?

Sin dudas, respondería Christian Petzold. Este joven director alemán ya había resignificado, con Yella, varios de los motivos presentes en el clásico de culto Carnival of Souls en una obra con sabor y potencia propias, y en esta oportunidad se encarga de transformar libremente la novela El cartero siempre llama dos veces. Los elementos son reconocibles: acá están el matrimonio por conveniencia, los problemas de pareja, las infidelidades, los amantes, el deseo, el alcohol, el chantaje... Pero hay más.

Jerichow, un pueblo de Alemania del Este, es el escenario donde se cruzan por azar las vidas de Thomas -un alemán del este, ex-soldado en Afganistán- con la de un empresario turco (Ali) y su mujer (Laura). El nudo no está tanto en lo que sucede en la superficie -un melodrama policial, tal como lo definió Sergio Wolf al presentarla-, sino en las sutiles subtramas que se van tejiendo, conformando una particular visión del mundo transnacional moderno.

Petzold probablemente sea el mayor auteur actual del cine alemán y aquí construye un relato en apareiencia sencillo pero que admite varios niveles de lectura a propósito de la infidelidad, la traición, el poder y el deseo en el siglo XXI.


8 billies

BAFICI 2009: RiP: A Remix Manifesto sábado 4 de abril de 2009



RiP: A Remix Manifesto
Brett Gaylor
Canadá, 2009


El "manifiesto remix" al que el film hace referencia fue escrito por Lawrence Lessig, un abogado norteamericano que durante varios años lideró el movimiento open source. De allí que este documental lidie, justamente, con un tema bastante poco poco tratado en el mundo cinematográfico: el copyright.

La propiedad intelectual ha sido una cuestión muy poco discutida por fuera de los círculos informáticos --entre otras cosas porque estamos hablando de un tipo de propiedad privada, el núcleo incuestionable del capitalismo monopolista, sistema económico hegemónico e incontestado de las últimas décadas.

El principal problema con el artificio legislativo del concepto de "derecho de autor" es que parte de un concepto de "creación" individual, autónomo, absolutamente falaz. Y en este sentido la principal tesis del documental es muy clara: toda cultura se elabora en base a algo pasado. Cualquier obra se teje sobre otras obras previas, en un juego intertextual al que ni los mayores "genios" le han escapado.

La película prueba, de manera lúdica, desafiante, irreverente, cómo Walt Disney o los propios Rolling Stones han bebido de otras fuentes libremente, para luego intentar imponer su obra resultante como punto de llegada de la cultura. Cualquiera use estas imágenes acabadas (aunque sea para pintar un Mickey Mouse en la pared de un jardín de infantes) es considerado un criminal y será demandado. Como lo prueba el ya célebre caso de Jammie Thomas, una madre soltera de Texas, que fue obligada a pagar u$s 222,000 por haberse bajado 24 canciones en el Kazaa. En él, la Corte determinó que el 25% de su sueldo quede retenido hasta que termine de pagarle la multa a las discográficas. Los artistas supuestamente "perjudicados" jamás vieron un dólar.

¿Qué significa que un dibujo, una película o un par de notas de una canción serán propiedad privada? Que priva a otros de poder hacer lo que quieran con ella. Impide que las mismas pasen al dominio público por un período de tiempo que, en 1998, pasó de catorce a ¡70! años. En tal caso, ¿la propiedad intelectual alienta el desarrollo? ¿O más bien lo impide, beneficiando a los seis grandes conglomerados cinematográficos y los cuatro gigantes discográficos que hoy controlan el 90% de la música que circula en el planeta? Es interesante lo que señala Gaylor (dicho sea de paso, lo mismo que marca Joseph Stiglitz en Los felices 90): los propios Estados Unidos lograron su despligue económico ignorando las leyes de propiedad intelectual, hasta que alcanzaron un cierto desarrollo y -ahí sí- comenzaron a hacérselos valer a todos los demás.

Lejos de ser un ente inamovible, dado, el derecho de autor es hoy, más que nunca, un terreno de batalla. Artistas y usuarios tendrán que decidir qué ganan y qué pierden con seguir sosteniendo un modelo caduco, regresivo y privativo en donde los grandes ganadores son los gigantes de la industria cultural.

Los límites de lo que es posible compartir son tan estrechos que dan verguenza. Una muestra local: como denunció la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, si yo tengo un almacén y pongo la radio para pasar el rato, tengo que pagarle a SADAIC 55 pesos mensuales en concepto de "compensaciones por la difusión pública de obras registradas". Estas son las leyes que tenemos. Los usuarios salen perdiendo, no hay dudas. ¿Y los artistas? La postura patética, persecutoria, mercantilista del grupo Metallica (algo así como "vamos a caerles con todos nuestros abogados, nuestro poder y nuestros millones hasta lograr destrozar al último adolescente que quiera compartir nuestra música con otros amigos sin que antes pasen por la caja") contrasta con la apuesta de Radiohead, ya fuera de EMI y pateando el tablero. La postura de la banda de Oxford: hagan lo que quieran con nuestra obra, para eso está. ¿No es la idea en un mundo híbrido, de mezcla, collage y reconversión?

Con respecto a esto último, existe un punto que la película no problematiza (aunque no es la idea, tampoco, ya que merecería otro documental aparte). El film destaca las maravillas del "ripeo", señalando que esto era lo que hacían -en su momento y a su manera- surrealistas, dadaístas y artistas pop como Warhol. Al hacer esto, iguala conceptualmente a estos artistas con cualquier usuario más o menos talentoso de una Mac que hoy quiera armar una canción sampleando una canción de Madonna. Algo, al menos, discutible.

Esta cuestión, me parece, merece un debate más profundo porque no está considerando uno de los principales aspectos de la intertextualidad en el arte: cuál es la distancia irónica, crítica, sarcástica de una obra con aquello a lo que hace referencia. Un ejemplo: el mundo en el que una obra como la Mona Lisa fue concebida podía ser resignificado, en la década de 1920, de una manera mucho más potente a lo que lo pueden hacer los nuevos productos del remix digital, que ya nacen en un contexto posmoderno, y cuyas obras referenciadas ya conciben de antemano un uso desviado, un ripeo futuro (cuando no son un ripeo ya en sí mismo).

Quiero decir: la celebración de la era digital que realiza este documental -muy efectiva en la lucha contra el concepto corporativo del copyright- está dejando de lado una aspecto central que tiene más que ver con la cuestión del status del arte, y que es: ¿Cómo son convocadas las citas, las referencias? ¿En qué casos la obra conserva una distancia paródica genuina, y en cuales es apenas un pastiche, una cita de la cita?


8 billies

BAFICI 2009: Hooked


Hooked
Pescuit sportiv
Adrian Sitaru
Rumania/Francia, 2007


Mihai, un profesor de matemáticas, está en pareja con Lubi. Una mañana, ambos se suben al auto para pasar un día de campo en las afueras de Bucarest. En el camino irán surgiendo algunas rencillas más o menos importantes relacionadas con la cotidianeidad afectiva -discusiones en torno al trabajo, el día a día, los proyectos... e incluso el blanqueo, por parte de Lubi, de la relación de ellos dos, con un tercero que aparenta ser su verdadero novio o marido. Todo esto, que hastá acá aparecía incipientemente, se ve interrumpido por un accidente, que colocará en el centro de la escena -y de la salida lúdica que pretendían armar- a una tercera persona. Persona que, a través de seducciones, jugarretas y cierto aire misterioso, pondrá a prueba la relación y las convicciones de esta pareja.
Como por allí se dijo, este ejercicio de bajo presupuesto de Sitaru es una especie de Haneke más benigno, un interesante estudio de personajes, un film tenso pero luminoso. Una mezcla entre Caché y El cuchillo en el agua.


8 billies

Al final de la proyección estuvieron el director Sitaru, la actriz Maria Dinulescu (que terminó llevándose el premio a la mejor actriz del BAFICI) y las dos productoras, respondiendo las inquietudes del público. Les pregunté cómo colocaban su película en relación a los otros films rumanos que estuvieron circulando por el mundo en los últimos tiempos (La noche del señor Lazarescu, Bucarest 12:08, 4 meses, 3 semanas y 2 días). Sitaru, bastante humilde, dijo ni intentar compararse con aquellas grandes películas dado que, además, ellas hacían referencia a momentos bastante particulares de la historia o la actualidad rumana, mientras que Hooked parecía ser una historia más universal. Por otra parte, afirmó el director, fue un gran desafío el hecho de presentar algo así en el momento en el que se hizo, ya que ésta fue la primera película de su país en comenzar a circular por los distintos festivales después de Bucarest y todo el éxito de la new wave rumana...
En todo caso estuvieron muy contentos por el hecho de que esas películas hayan tenido un estreno comercial y ganado cierta notoriedad en Argentina.

BAFICI 2009: Breathless



Breathless
Ddongpari
Ik-June Yang
Corea del Sur, 2009


El tema con las óperas primas es que, en general, todas sufren del mismo problema: son demasiado abarcativas. Donde quiera que se hayan formado estos nuevos directores, da la impresión de que vinieron arrastrando todo lo que tenían para decir sobre el mundo y sobre el cine, y encontraron en su primer película la ocasión ideal para ponerlo. Todo. Al mismo tiempo.
Sin embargo, lo más sorprendente de Breathless es que durante buena parte del metraje, la cinta promete ser mucho más que la "película coreana de acción" promedio, todo dentro de un guión sólido y un relato intenso --pero coherente.
Song-Hoon es un matón ultraviolento de poca monta que trabaja cobrando a morosos, maltratando a propios y ajenos y llevándose puesto todo lo que encuentra a su paso. Un día se cruza con Han Yeon-heui, una adolescente que cursa el último año del colegio, y comienza una amistad torpe y levemente desencontrada que lo hará ir encaminando su vida.
El problema es que, a pesar de sus indudables méritos, en la última media hora el film empieza a decaer vertiginosamente. No sólo se suceden una serie de hechos inexplicables medio berretas -por medio de esas vueltas de tuerca gratuitas de las que hacen ganar premios en festivales- sino que incluso, luego del moco el director tampoco supo bien qué descartar. La película se vuelve muy "epiloguista": con el núcleo del relato ya cerrado, se extiende innecesariamente en brindar conclusiones y sobreexplicar escenas. Esta falla inexplicable en la economía de recursos arrastra el relato hacia interminables escenas póstumas que no hacen sino restarle puntos a algo que, hasta ese entonces, venía de maravillas.
Para colmo, los votos contabilizados hasta el momento hacen suponer que este fallido film coreano puede llegar a ser la gran premiada por el público en este BAFICI. Ojalá el dios del cine independiente -¿Cassavetes?- no lo permita.


7 billies

Ser Alfonsín viernes 3 de abril de 2009



Ser Alfonsín
por Martín Caparrós

Debe haber sido duro ser Alfonsín. Debe ser duro haber sido Alfonsín. Debe ser duro, sobre todo, morirse. Y debe serlo haber agonizado. Raúl Ricardo Alfonsín, presidente que fue de la Argentina y de los argentinos, ya pasó por esa situación que nadie puede siquiera imaginar hasta que no precisa imaginarla: un hombre que sabe que se muere y que pelea, si acaso, por seguir siendo un hombre un rato más, unas horas, un día –sabiendo que no hay triunfo que no lo lleve a la derrota. Solemos creer que en esas situaciones un hombre revisa su vida; es probable que no pueda hacerlo, ocupado como está en respirar y esquivar el dolor y ver últimas luces, pero cómo saberlo: quizás Alfonsín haya podido hacer memoria. Si fue así, habrá atravesado esa perplejidad que todos, alguna vez, recorreremos –la de un hombre que sabe que, aunque no lo haya hecho tan mal, no le sirve de nada porque está por dejarlo–, y esa otra reservada para pocos: la de un hombre que sabe que hizo mucho más que lo que suele hacer un hombre pero podría haber hecho tanto más. Debe ser raro saber que uno llegó adonde nadie y que, una vez allí, no pudo dar los pasos decisivos; debe ser raro, tan cerca de la muerte, recordarlo.

Raúl Ricardo Alfonsín se murió y lo enterraron y lo cubrieron de loas y de incienso y él, supongo, sabía: por suerte, para salvarnos de nosotros mismos, siempre está la memoria de los otros. Que ha sido, en estos días –como suele–, débil, fantasiosa; quizá cuando las nubes se vayan deshaciendo podamos hablar un poco más en serio. Por ahora todo son ditirambos, alabanzas. Me aburrí, en estos días, de escuchar “el padre de la democracia” –y no podía dejar de preguntarme quién sería su madre, o si tendría una abuela. ¿Por qué tanta cháchara sobre paternidades? ¿Tanto necesitamos creer que hay grandes hombres –jefes, caudillos, sacerdotes, padres– que conducen la realidad y nos conducen? ¿Tanto necesitamos reproducir este sistema de próceres heroicos, que aún en este caso inverosímil debemos convertir al muerto en otra figurita de manual? Así se arman las historias para convencernos de que nuestras vidas no dependen de lo que podamos conseguir sino de la intervención de un Gran Padre bueno o malo, que las encarrile o descarrile, que las ordene o desbarate. Es un modo de ver el mundo, el que más les conviene a los que quieren ser padres o tíos, tutores o encargados: a los que tienen algún tipo de poder y quieren mantenerlo, propagarlo.

Es una forma de escribir la historia. El culto del nuevo Padre parece ocultar, por ejemplo, la obviedad de que la vuelta de la democracia en el 83 fue el producto de muchos factores: que los militares ya habían cumplido su trabajo, que se arruinaron con la estupidez de las Malvinas, que había cada vez más que los peleaban, cada vez menos miedo. Y que por eso tuvieron que convocar a elecciones y que, recién entonces, un personaje como Alfonsín –un respetable político de la “izquierda radical”, abogado de derechos humanos– entró en el escenario: cuando ya estaba decidida y decretada la vuelta de la democracia, por aquellas razones y otras más –lo cual lo vuelve, si es necesario el parentesco, más un hijo que un padre.

Pero no hay caso: nos resulta más fácil, más tranquilizador pensar la historia y la política y nuestras vidas en términos de líderes que nos llevan y nos traen, grandes papás. Por eso, en estos días, se está construyendo un Alfonsín de mármol y opereta, un secundario con diálogo en Aurora, un dibujo de simulcop a media página.

Gracias al honestismo imperante, el rasgo principal del personaje es su decencia: no robó, dicen, siguió en la misma casa, dicen, intentando de nuevo la Gran Illia: hacer de un rasgo menor pero infrecuente una categoría ontológica suficiente para levantar bustos y monumentos. Se entiende que lo hagan los políticos: alegar que existe al menos uno que era honesto supone que la corporación no está perdida, que podría haber más. Se entiende que los hagan muchos otros, honestistas convencidos: decirles a los políticos que hubo uno y lo quieren por eso es decirles por qué no los quieren –y dan risa tantos que lo usan como argumento contra K olvidando que fueron, en su momento, feroces contra Alfonso. Algunos le agregan un matiz de tragedia criolla: era un buen hombre al que no le fue tan bien porque los buenos, en la Argentina, pierden. El típico pobre mi padre querido, qué buen tipo era el viejo: para los que siempre piden padres no hay mejor padre que el padre muerto, el que ya no va a ordenarte nada, el que se puede manejar como una marioneta grácil. La operación, estos días, parece funcionar, y así nos conseguimos alguien a quien respetar en un momento en que no tenemos a quien respetar, un símbolo común en una época en que no tenemos símbolos comunes; un prócer, que es lo contrario de un político.

Lo contrario: un prócer no tiene banderas, trabaja para el supuesto “bien común”, para lo indiscutible. Alfonsín prócer padre de la democracia parece un bien de todos; recuerdo las peleas de Alfonsín con variados sectores –desde los militares hasta el peronismo, desde los sindicatos hasta los grandes empresarios, desde Reagan y el FMI hasta la Iglesia Católica y la Sociedad Rural– que muestran que sí tomaba partidos, que era beligerante y parcial, que hacía política. Y que había hecho ciertas elecciones –aunque no siempre pudiera sostenerlas.

Alfonsín –sabemos– fue presidente cuando nadie lo esperaba. Y lo fue de un modo extraordinario: no tanto por reemplazar a militares que –cumplido con creces su trabajo– pedían la escupidera, sino por vencer al peronismo en elecciones libres por primera vez. Con los militares y los peronistas en derrota, con millones entusiasmados por la nueva democracia, con una economía razonable, Alfonsín tuvo la mayor oportunidad de las últimas décadas para cambiar algo serio en la Argentina: para intentar otra cultura política, para acabar con las corporaciones, para dar vuelta la tendencia socioeconómica que los militares habían implantado –y no lo hizo. Lo intentó, al principio, chocó contra poderes, y en algún momento decidió –o debió– resignarse. Es cierto que consiguió cosas: recuperó cierto tejido social, juzgó a las Juntas, legitimó el divorcio, y nos dejó para siempre una frase que resume todas nuestras frustraciones y que, algún día, va a convertirse en epitafio irónico: “Con la democracia se come, se cura, se educa”. Es cierto que parecía buena persona; es otro asunto. Fue el último político en quien millones de argentinos creyeron de verdad; después hubo algunos que produjeron satisfaccción, alivio, sorpresa, simpatía, pero ya no esperanza. Fue la última vez que esperamos algo serio de un proyecto político, y su fracaso tuvo mucho que ver con la antipolítica y el pragmatismo noventistas. Su fracaso abrió el camino del menemismo y la culminación de la onda neoliberal que la dictadura había lanzado; su fracaso es más culpable porque podía haber sido un gran triunfo.

Debe haber sido duro ser, después de todo eso, Raúl Ricardo Alfonsín. Leía aquí mismo su discurso de cierre de campaña –y me preguntaba cómo habría hecho, en los años siguientes, en el gobierno y después del gobierno, para digerir el hecho de que tantas de sus ilusiones, tantas de sus promesas no se habían concretado. Debe haber sido duro ser Alfonsín, el nombre de la esperanza 1983, y pasarse estos veinte últimos años viendo cómo la Argentina caía, recaía. Debe haber sido duro, sobre todo, saber que pudo más que tantos y que, sin embargo, no supo poder lo que importaba.

BAFICI 2009: Um lugar ao sol



Um lugar ao sol
Gabriel Mascaro
Brasil, 2009


Un lugar en el sol es lo que buscan los más privilegiados en Brasil, y lo encuentran por medio de la adquisición de lujosos penthouses que dan al mar en Rio de Janeiro. ¿Islas? Uno de los dueños corrije la definición: no solo están aislados (valga el juego de palabras), sino que además elevados. La sensación de poder es instantánea, automática, gráfica.
Desde esa altura, una feliz pareja narra las guerras entre pandillas que "escuchan" desde el piso 40: apenas bellos fuegos artificiales. Abajo estará el drama de la guerra de pobres contra pobres. Pero desde arriba, "las balas se ven tan bonitas, tan coloridas..."
Las entrevistas continúan, y avanzan hacia una suerte de revelación cuando un hombre y su madre -perro embalsamado en mano- explican cómo "la naturaleza, la vista al mar, está para todos", y es sólo cuestión de quererlo mucho. Quien quiere, tiene (un piso frente al Atlántico). Cómo que no.
Esto último nos revela que este sólido documental no sólo intenta exponernos ante esa otredad radical que son los ricos de toda riqueza, sino que además nos permite reflexionar sobre cuáles son las formas que tienen estos millonarios de explicar la pobreza, o su propio lugar en el mundo. Un adolescente al que le gusta tocar la guitarra eléctrica en su piso 25 comentaba, contento: "Mis papás se esforzaron mucho. Tanto que me compraron un penthouse". Es decir, el lugar de privilegio como un designio divino ("born to be") o el famoso, viejo y peludo mito del esfuerzo, cada vez más dificil de sostener en tiempos de capitalismo de casino.


7 billies

BAFICI 2009: The Karamazovs jueves 2 de abril de 2009



The Karamazovs
Karamazovi
Petr Zelenka
República Checa/Polonia, 2008


Un grupo de actores teatrales checos llega a Cracovia, Polonia, para interpretar una versión de Los hermanos Karamazov. ¿El lugar? Un enorme galpón en Nowa Huta, es decir, lo que supo ser una enorme fábrica de acero en los años del realismo socialista. Al llegar, los artistas se desayunan con que tendrían que interpretar la obra ahí nomás, entre los fierros y las vigas. A esta incomodidad inicial se le suman otros conflictos que no tardan en surgir: los egos e intereses de cada uno de los actores y, sobre todo, las vidas de las personas que aún trabajan allí y su relación con lo que está siendo representado. Ni bien comienza el ensayo de la obra, las realidades comenzarán a fundirse...
Esta película "de Petr Zelenka y sus amigos", tal como se afirma en los créditos, cuenta con algunas escenas memorables (como la del títere epiléptico de Dostoievski), excelentes actuaciones, y un guión que deslumbra, intriga y desorienta en iguales proporciones.


8 billies

BAFICI 2009: Let's Make Money



Let's Make Money
Erwin Wagenhofer
Austria, 2008


La prensa diaria está obligada a vender cada acontecimiento que cobre como algo novedoso, impredecible, como para poder justificar su lugar de noticia, a partir de ciertos criterios de noticiabilidad. En otras palabras: si no es novedoso, impestivo, extraordinario o sorprendente, no es noticia.
La llamada "crisis mundial" ha sido tratada, desde los medios masivos, como algo tan impredecible como un tsunami. ¿Las causas? Muchas, todas, vagas: ninguna. ¿Es tan así? ¿Es el "fuimos todos" para decir, en realidad, que no fue ninguno? ¿Hay que elegir un malo maloso (el actual: Bernard Madoff --de profesión, estafador) y los demás nos vamos todos a comer un churro hasta que pase el temblor? ¿Nadie la vio venir?
Patrañas. Hay causas más o menos identificables, cadenas causales, distintos niveles de responsabilidad. De eso se encarga el documental austríaco Let's Make Money.
He aquí el gran ejercicio: de Basilea a Ghana, de Génova a la India, se trata de enfrentar las variables dominantes (inversión, PBI, todos los indicadores mágicos y "buenos" para los liberales) con sus efectos sociales. El capital fluye hacia los países "abiertos al mercado" y no paga impuestos. Quienes sí pagan, claro, son los trabajadores, tipos que en ocasiones ganan 50 euros al año. Con su tributo -al consumo, como en el caso del IVA- financian, entre otras cosas, los "rescates" a empresas con gerentes que cobran un par de millones en bonos, premios y comisiones. En fin, el famoso juego de contrastes a los que tan acostumbrados nos tiene el neoliberalismo salvaje. En ese sentido, a Let's Make Money le pasa lo mismo que a Deuda de Lanata: cobra valor sólo para aquellos que hayan vivido en un tupper durante los últimos diez años y necesiten algún tipo de pantallazo general.
Para los demás, quizás sólo aporten las declaraciones cínicas de ciertos garcas europeos y norteamericanos, y algunas imágenes grotescas, impactantes, de la burbuja inmobiliaria española.
Lamentablemente, su director no tomó las decisiones estéticas y narrativas correctas, ya que el relato no sigue un hilo claro y a menudo se contrastan voces que no tienen demasiado de qué dialogar entre sí, poniendo -por ejemplo- a un sociólogo denuncista como la voz que se adivina más cercana a la del realizador. Hubiese funcionado mejor el simplemente dejar hablar a los banqueros y especuladores, y que sus relatos caigan por su propio peso por la radicalidad de sus planteos -algo que logró, con mejores resultados, Gabriel Mascaro cuando se limitó a entrevistar a dueños de penthouses cariocas en Um Lugar Ao Sol.
Más allá de eso, el documental es una prueba más de que los medios, en su frenético día a día, se equivocan al naturalizar la crisis y al mostrarse sorprendidos frente a este estado terminal del mercado especulador. Le ayudará a vender más, sí (en época de crisis, justamente), pero a costa de obviar lo que afirma este trabajo y vienen sosteniendo tantos otros: que este capitalismo de casino no da para más. Que es hora de barajar y dar de nuevo, porque sino esto se va al caño.


6 billies

BAFICI 2009: A L'Ouest de Pluton



A L'Ouest de Pluton
Henry Bernadet y Myriam Verreault
Canadá, 2008


Un día en la vida de una serie de adolescentes suburbanos del primer mundo, vagando por las calles de su pequeña ciudad. Antes que puedan decir "Gus van Sant", nos encontramos en Quebeq, en horario de clase. Una chica que da un oral sobre Matt Damon o Ben Affleck, dos pibes que componen un tema para su banda "Wet Dreams", y un muchacho que se lamenta por Plutón y su pérdida de estatus como planeta del sistema solar. Un día más. El climax del relato es la fiesta más o menos infantil-alocada que se organizan estos pendex para esa noche, muy a la "1979" -el video de los Smashing Pumpkins.
La cámara sigue al grupito de quebequoises con curiosidad casi antropológica, aunque -a diferencia de una tendencia cada vez más marcada dentro del circuito indie- no se conforma con mostrar tomas largas e improvisadas sino que presenta una edición muy ajustada, que hace funcionar muy bien a los diálogos y tanto mejor a los momentos cómicos. Es una edición precisa, sí, pero puesta al servicio del efecto de realidad, de la mirada tímida, y no de algún supuesto "mensaje". Por todo esto, A L'Ouest de Pluton termina siendo una suerte de Elephant menos grave, más lúdica, pero igual de interesada por dejar planteadas una serie de preguntas sobre estos muchachos achatados, posmodernos y algo perdidos.


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BAFICI 2009: Sell Out! miércoles 1 de abril de 2009



Sell Out!
Joon Han Yeo
Malasia, 2008


Eric es un talentoso ingeniero que trabaja para la corporación FONY. Rafflesia, hasta donde sabemos, no lo conoce: es la conductora de un ciclo televisivo sobre cine-arte. Ni bien comienza la cinta, ella se encuentra entrevistando a un popular director indie del momento, preguntándole cosas como si él hace películas lentas y con pocos diálogos para que el público Occidental alcance a leer los subtítulos. Mientras tanto, Eric presenta en el trabajo algunos diseños originales, asumiendo que el lema de la empresa es "Be original". Sus jefes le rechazan el producto y lo corrigen: el slogan de "sé original" se lo copiaron de una compañía taiwanesa. El verdadero lema, por supuesto, es "Make money". Y le preguntan dónde está el chip que hace que el producto se rompa ni bien vence la garantía.
Claro que, en tiempos de concentración económica, los dueños de FONY también poseen el canal de televisión del cual nuestra protagonista forma parte. Esto hará que las vidas y objetivos de estos dos jóvenes se crucen rápidamente. En el medio habrá humor negro, slapstick, realities sobre moribundos, sátira social y canciones -excelentes- que salen de la nada, hasta que de repente nos damos cuenta, entre chiste y chiste, que la película comenzó a desplegar no sólo el cruce entre Eric y Rafflesia, sino además también aquel que se da, a menudo paradójicamente, entre arte y comercio.


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