Apuntes mundialistas: destrucción jueves, 21 de junio de 2018

Yo no estoy fuera de lugar, tú estas fuera de lugar, todo el maldito sistema esta fuera de lugar.

Homero Simpson referenciando a ...And Justice for All


En 1934, Argentina envió al Mundial a un equipo amateur, compuesto por jugadores de Dock Sud, Estudiantil Porteño y Sportivo Barracas. Cuenta la agencia Télam que la selección jugó un solo partido, perdió 3-2 contra Suecia y se volvió a casa. Fue la única vez que Argentina se fue sin triunfos de un Mundial. Jorge Sampaoli está a una derrota de igualar esta marca.

Hay triunfos que solo sirven para ocultar fracasos. La Selección Argentina, con su derroche de talentos ofensivos y con el mejor del mundo entre sus filas, es experta en el tema. No hace falta repasar qué fue lo que se maquilló en 2010, con un arriesgado esquema hiperofensivo que naufragó apenas nos agarró el primer europeo, y en 2014, cuando un planteo conservador nos depositó en la final luego de sufrir cada paso del camino en una de las llaves más accesibles de la Copa. El último gran engaño tuvo lugar el 10 de octubre de 2017 en Quito, cuando Messi jugó en Modo Dios (Varsky dixit) y sacó, él solo, el pasaje a Rusia.

La Selección que agarró Sampaoli es esto. "El comando que tiene en las manos vibra de manera constante desde que asumió, haciéndose cargo de una selección angustiada, sin un plan de vuelo concreto en cuatro años, con la interrupción del mandato de Gerardo Martino y el cameo malogrado de Edgardo Bauza. Los tres técnicos, un 38 a 38, una comisión normalizadora, los torneos locales indescifrables y un paro de futbolistas formaron la geografía de post guerra que siguió a la muerte de Julio Grondona", escribió semanas atrás Alejandro Wall. Luego, claro, Sampaoli. Nada para agregar que no se haya dicho en estas horas. Apenas una nota personal: tengo 32 años y es la primera vez que antes de cada uno de los partidos de la Selección, con solo repasar la formación y los nombres elegidos, siento una mala vibra. Un miedo indescriptible, premonitorio





















Ya antes de llegar al Mundial de Rusia, mucho antes del debut del actual director técnico, mi idea de la Selección Argentina es la de un equipo que puede perder con cualquiera. Entonces, de vuelta al joven Al Pacino remixado por Homero Simpson: Caballero no está fuera de lugar, Messi no está fuera de lugar, Sampaoli no está fuera de lugar. Cuando un grupo de jugadores, incluyendo al mejor de todos y a varios de los más exitosos del planeta, no logran igualar la marca mundialista de un combinado amateur, todo el maldito sistema está fuera de lugar. Sorpresa hubiese sido ganar los dos primeros partidos. Sorpresa hubiese sido que en apenas quince días el técnico haya encontrado un equipo, cualquier equipo, y lo haya puesto a jugar a algo parecido al fútbol de élite que uno viene a disputar a una Copa del Mundo.

El de hoy fue el peor partido argentino en Mundiales del que tenga memoria. La selección se desmoronó en vivo y en directo. Croacia nos clavó tres y al último gol entró tocando como en un solteros contra casados. Fue un bochorno.

Los cálculos matemáticos y cuadros de doble entrada con las chances de clasificar están de más. ¿Llegar a octavos de final y que Francia nos clave siete? Alcanza con jugar con hidalguía el partido despedida de Mascherano el próximo martes. Me explican y explican que quizás se alinean los planetas, pero ése es exactamente mi punto. Ya está. No pido más de esta Copa.

"A favor de acelerar las contradicciones. Iniciar un proceso de purificación y destrucción creativa en el fútbol argentino en todos los niveles: renuncias masivas, intervención judicial, boicot, desafiliación, y destierro. Prender fuego todo y arrancar de cero." Lo escribí el 27 de junio de 2016. Al parecer, es momento de repetirlo.


Apuntes mundialistas: el 1-0-palooza miércoles, 20 de junio de 2018


El azar a veces es anti-laburante. Por fin un feriado para sentarse a ver partidos desde la cama al grito de soy un pastelito horneado de canela y el bolillero nos pone Marruecos, Irán y Arabia Saudita. Así es muy difícil.



La mañana argentina arrancó con Portugal-Marruecos. La última vez que se habían enfrentado en Mundiales, en México '86, fue victoria marroquí 3-1. Esta vez el trámite fue distinto, ya que Cristiano Ronaldo (hasta ahora, la estrella de Rusia 2018) conectó de cabeza un corner en el minuto cuatro y puso en ventaja al conjunto portugués. A partir de ese momento el partido mostró un leve dominio de Portugal. Marruecos, sorprendentemente, plantó un 4-3-3 ofensivo, casi atrevido, y generó muchas situaciones de la mano de Nordin Amrabat, la estrella del Leganés, que con sus desbordes lo tuvo de hijo a Raphaël Guerreiro. En el segundo tiempo, el conjunto de Cristiano se retrasó aún más y no tuvo empuje como para cerrar el partido, lo que terminó convirtiendo a Rui Patrício, el muy buen arquero portugués, en una de las figuras. Con este resultado, Marruecos -que no jugó mal y mereció mejor fortuna- se quedó afuera de todo.





















El concurso-de-grandes-equipos-ganando-lastimosamente en el que se ha convertido este Mundial continuó con un 1-0 de Uruguay sobre Arabia Saudita, conjunto que venía que comerse cinco frente a Rusia y que no quería más papelones. Juan Antonio Pizzi metió varios cambios con respecto a la humillante derrota del debut, incluyendo al arquero, pero fue precisamente el 22, Mohammed Alowais, quien salió a cazar mariposas en un corner y se la dejó servida a Luis Suárez, el primer uruguayo en convertir en tres Copas del Mundo. A los saudíes, que en general vienen a los mundiales a pasear, les faltó hambre y fútbol para si quiera buscar seriamente el empate. El tiempo se agotó y fue clasificación para la Banda Oriental, que sin sobrarle nada avanza nomás a la próxima ronda de la competencia. El lunes define con los anfitriones el primer puesto del Grupo A.





















Luego del electrizante empate frente a Portugal, España enfrentaba a Irán con la obligación de sumar de a tres para enderezarse en la tabla del Grupo B. Pero los partidos con la selección iraní siempre son complicados: si bien nunca pasó de la primera ronda en un Mundial, desde Francia '98 que nunca pierde por más de dos goles. Por estas pampas está fresco el recuerdo de aquel eficaz planteo del conjunto de Carlos Queiroz frente a la Argentina de Messi en el Mundial 2014, un cerco perfecto con el que los asiáticos mantuvieron la valla en cero hasta que el mejor de todos frotó la lámpara con aquel zurdazo salvador en el minuto 92. Lo de hoy fue parecido. Alguno podrá acusar al planteo de mezquino, pero ¿qué otra chance tiene una selección mediocre, de mitad de tabla para abajo, frente al all-star del Barcelona y del Real Madrid? España, como es costumbre, deslumbró con el tiki-tiki (y el cerebro inoxidable de Andrés Iniesta) pero fallaba en la definición, y si encontró el gol fue solo gracias a un rebote. Minutos más tarde tuvo lugar uno de esos momentos mágicos que solo puede brindar la Copa del Mundo, y fue cuando Vahid Amiri, delantero del Persepolis Tehran, le tiró un caño delicioso a Piqué. Acto seguido tiró un centro genial que casi se convierte en el empate de Irán. La igualdad, de hecho, llegaría en una de esas jugadas confusas donde pasa de todo en el área, pero mientras todo Irán (la selección y el país) estallaba en festejos, los burócratas del VAR se tomaron unos eternos dos minutos para concluir que todo estaba anulado por posición adelantada. Como si esto no fuera suficiente, hubo tiempo para otro de esos instantes inolvidables de Rusia 2018. Minuto 93 y monedas, el partido sigue 1-0, lateral para Irán. Última jugada del partido y la chance para apurarlo, hacerlo bien y llevarse un empate. Y Milad Mohammadi hace esto. (Se ve que estuvo practicando su saque en The Mauricio Macri School for Kids Who Can't Do a Proper Throw-in.) Sea como fuere, Irán sigue con vida tras su victoria sobre Marruecos en la primera fecha, y depende de sí mismo para ir con todo contra Portugal. En los papeles no tiene grandes chances, pero ya lo dijo Ricky Martin: nada es imposible si se funden los fusibles del corazón.

Apuntes mundialistas: sensación de inseguridad martes, 19 de junio de 2018

Hace dos días explicamos por qué en los últimos mundiales se había emparejado la cosa. En los tres partidos de ayer parecía que el fenómeno se había tomado un descanso, porque se dio la lógica, pero hoy regresó la sorpresa o, mejor dicho, esa sensación de inseguridad que atraviesa a los equipos supuestamente grandes y que los ha hecho naufragar en sus debuts mundialistas.





















Colombia arrancó con el pie izquierdo el mundial. No se me ocurre peor forma de comenzar el torneo que con un penal en contra y una expulsión en el minuto seis, y esto es exactamente lo que le ocurrió a los dirigidos por Pekerman, que se encontraron con diez hombres y un 0-1 en el tablero ya desde el vestuario. Enfrente tenían a Japón, una de las selecciones más flojas del Mundial, que ostenta el triste récord de haberse quedado afuera en la fase de grupos en tres de los últimos cinco mundiales (los otros dos, afuera en octavos). Los japoneses son un invento del mundial de 32 equipos y prueba de ello es que si bien vienen intentando clasificar desde las eliminatorias de Suiza '54, su debut fue recién en Francia '98. Pero cuando no es tu día, no es tu día. Y Japón no tuvo más que superar la tara de empate transitorio, aprovechar una pelota parada para ponerse adelante y aguantar el resultado.





















Una hora más tarde se vieron las caras Polonia y Senegal. El conjunto europeo llegaba en medio de una polémica por sus maniobras para terminar siendo cabeza de serie, lo que le permitió caer en uno de los grupos más accesibles del mundial. Y si bien hace rato que Polonia no es la selección mítica de Grzegorz Lato que obtuvo el tercer puesto en los campeonatos de 1974 y 1982, era la clara favorita para este partido.  Como contra -y esto ya se sabía desde antes del pitazo inicial- no contarían con Kamil Glik, el Otamendi polaco, estandarte y alma de la defensa. Su reemplazo fue Thiago Cionek, un brasileño de raíces polacas que tuvo el triste honor de mandarse uno de los bloopers más increíbles de Rusia 2018, marcando un extraño gol en contra que abriría la cuenta para el conjunto africano. Robert Lewandowski buscó el empate con un buen tiro libre, pero no hubo caso y minutos después otro horror defensivo terminó en el 2-0 para Senegal, que volvía a shockear al mundo del fútbol desde aquella brillante victoria por la mínima contra Francia en el Mundial 2002 (to a lesser extent, está claro). El gran cabezazo de Grzegorz Krychowiak sirvió, apenas, para la estadística y, quizás, para la diferencia de gol. Fue 2-1 y ahora Polonia se juega todo el domingo a las tres de la tarde contra Colombia en lo que promete ser un partidazo (o una carnicería).





















El plato fuerte del día era Rusia-Egipto, los primeros en disputar su segundo partido en este mundial. Con Uruguay en el grupo (y Arabia Saudita virtualmente sin chances), se sabía que este iba a ser el match clave del Grupo A. Los rusos venían a probar que eran mucho más que el anfitrión que había cumplido en ganarle al muerto del lote, y los egipcios estaban obligados a ir por todo tras la derrota ante los sudamericanos. Era el debut del ex-lesionado Mohamed Salah y todo hacía suponer que esta vez se les podía llegar a dar. Arrancó bien, con un excelente tiro a colocar de Mahmoud Hassan (aka "Trezeguet") y una media vuelta de Salah, pero todo comenzaría a desmoronarse con un gol en contra del veterano Ahmed Fathi y dos goles más de Rusia en un vendaval de quince minutos que dejó a Egipto con pie afuera del torneo. De poco sirvió el penal que Salah convirtió para el 3-1 final. Rusia está con un pie adentro, Egipto está con un pie afuera.

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"Goles en contra y penales: de eso se trata la fase de grupos", el mejor comentario que escuché hasta ahora en TyC Sports.

Apuntes mundialistas: superlógico lunes, 18 de junio de 2018

Y un día, volvió a darse la lógica.

Los desgraciados que creyeron que era una buena idea anotarse en un prode mundialista con amigos o compañeros de trabajo la estaban pasando muy mal. Nadie, ni siquiera el dueño de María Félix, había anotado 0-1 en Alemania-México y muy pocos, seguramente, se habían apuntado con un 1-1 en el debut del Brasil de Tite. Por suerte para ellos, hoy el orden volvió a regir en el mundo del fútbol, y muchos apostadores lograron anotarse su primer ronda de triunfos al hilo.

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En el primer turno, Suecia derrotó a Corea del Sur en el partido de fútbol más horrendo desde la primera final del Reducido de la Primera B Metropolitana entre UAI Urquiza y Defensores de Belgrano. Concurso de imprecisiones, festival de patadas: nada de lo rústico le fue ajeno a este soporífero encuentro entre la selección sueca (tercera en Estados Unidos '94) y el conjunto coreano (cuarto en Corea-Japón 2002), ambos lejos de aquellos momentos de gloria. El 0-0 solo se rompió con un penalazo que el recién ingresado Kim Minwoo le hizo a Viktor Claesson y que el capitán sueco Andreas Granqvist, estrella en el repechaje contra Italia, canjeó por gol. La performance coreana fue sencillamente lastimosa, con la excepción de la estrella del Tottenham Hotspur Son Heung-min (igual lejos de su nivel) y del arquero Kim seung-gyu, que de tanto despejar pelotazos se convirtió en la figura del equipo. Corea no gana en la Copa del Mundo desde aquella victoria frente a Grecia en Sudáfrica 2010. Suecia, por el contrario, queda bien posicionada en la tabla del grupo de cara al partido clave contra Alemania, el próximo sábado. Si gana, no solo clasifica a octavos sino que también elimina a los últimos campeones del mundo. Pero ojo: si juegan como hoy, van a ser los alemanes los que se vayan con una victoria.

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Luego fue el turno de Bélgica-Panamá. Los belgas, la eterna promesa del fútbol del siglo XXI (a cierto periodismo deportivo le gusta colgarle el mote de "tapados" y hasta de candidatos; siempre pierden en octavos de final) debían cumplir frente al débil Panamá, uno de esos regalos que cada tanto nos brinda el generoso programa de cupos de la Conacaf. En el primer tiempo el debutante hizo su juego. "Bélgica tiene la posesión, pero no puede desarmar la compleja red de sociedades fantasma que le plantea Panamá. Siempre que salta una línea, aparece un nuevo testaferro", escribió Esteban Rafele. Cero a cero y comisión de burócratas de la UE en el entretiempo craneando cómo entrarles a los caribeños en la segunda mitad. Insistencia, paciencia y técnica: en los segundos 45, tres buenos tantos (en especial este golazo de Dries Mertens) le devolvieron orden al cosmos, Bélgica se impuso 3-0, pero como dice Chilavert, tú no has ganado nada (aún).






















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Un fantasma recorre Rusia: el fantasma que acecha a las grandes selecciones en esta primera vuelta del Mundial. El soplo helado del congelamiento pectoral amenazó con alcanzar al equipo inglés, otro que en su estreno solo debía cumplir y vencer a Túnez, un conjunto que clasificó cinco veces a la Copa del Mundo pero que las cinco veces se quedó afuera en primera ronda. En el trámite del juego quedó claro que la selección inglesa fue mucho más que su contraparte africana: lo que no pudo (durante los noventa reglamentarios) fue plasmarlo en un resultado. Luego de 10 minutos iniciales que pintaban para goleada y donde parecía que Inglaterra se iba a llevar puesto el partido, Túnez enfrío las acciones, se defendió lo mejor que pudo y encontró el empate de la única manera en que podía hacerlo: mediante un disparo del punto del penal tras una infracción torpe durante un centro random. Inglaterra estuvo muy cerca de irse de Volgogrado con un 1-1 similar al que encontraron Argentina y Brasil en sus presentaciones, pero gracias al cabezazo de Kane en injury time se fueron con un 2-1 semejante al que encontró Francia jugando igual de mal. Encima su próximo partido es contra Panamá. Lucky bastards! 

Apuntes mundialistas: se empareja la cosa domingo, 17 de junio de 2018

Hace algunas décadas que en la Copa del Mundo casi no quedan cenicientas. Los motivos son varios, pero existe un momento de quiebre perfectamente identificable: viernes 15 de diciembre de 1995, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas declara ilegal que un futbolista de la Unión Europea ocupe plaza de extranjero. Desde entonces, los principales clubes de España, por caso, pudieron anotar un sinfin de jugadores de todas partes de Europa como españoles y gastarse los cupos de "extranjeros" en extracomunitarios. Cada país tiene su propia regulación (Italia es más estricta, mientras que en el otro extremo Alemania impone como única regla que doce jugadores sean nacidos en el país), pero en líneas generales la elite del fútbol se "globalizó" y es ahora mucho más permeable a la llegada de estrellas de África, Asia y América Latina.

Esto tiene dos consecuencias. La primera tiene que ver con cómo este fenómeno afecta la performance de los principales equipos europeos en Mundiales: Inglaterra, país de la Premier League donde 7 de cada 10 futbolistas son extranjeros, no llega a los cuartos de final de un Mundial desde Alemania 2006; Italia, otro país con una liga plagada de estrellas de afuera, se quedó afuera en fase de grupos en 2010 y 2014 y ni siquiera clasificó a Rusia 2018. La segunda, quizás la que más interesa a efectos de este análisis, es que esta mayor apertura permitió la llegada de promesas del Tercer Mundo a la élite del fútbol mundial. En otro momento histórico, un país africano o caribeño que lograba la clasificación podía llegar a la Copa del Mundo con mayoría de jugadores sin roce internacional, incluso algunos amateurs; hoy es difícil que una nación que llega al Mundial no tenga al menos media docena de talentos jugando en las mejores ligas de Europa. Lo mismo corre para la preparación física, campo que se profesionalizó en todo el mundo y donde se acortaron las distancias entre lo que podían acercar los diferentes países. En resumen: si antes se colaba algún amateur (los memoriosos recuerdan al Zaire de 1974, que en su presentación en la Copa del Mundo perdió sus tres encuentros, incluyendo un 9-0 con Yugoslavia, y cuyos jugadores no recibieron ingresos algunos por jugar), ahora —casi— cualquier equipo te hace partido. Parece una perogrullada, pero tiene raíces materiales concretas que acabamos de definir.
























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En el primer turno, Serbia se impuso ante Costa Rica por la mínima diferencia, en un partido discreto lleno de imprecisiones. La diferencia la hizo el capitán del equipo, la estrella de la Roma Aleksandar Kolarov, con un golazo de tiro libre que resultó intajable para Keylor Navas.

Luego fue el turno de Alemania-México, el otro partidazo que ha dado hasta ahora Rusia 2018 (el primer clásico había sido España-Portugal). Ya desde el inicio se notó a un conjunto mexicano enchufadísimo y al campeón del mundo vigente con muchísimas dudas abajo, con Hummels y Neuer sacando todo lo que Plattenhardt y Khedira no podían. Los desajustes del conjunto germano quedaban en evidencia ante cada contraataque mexicano (los conducidos por Osorio tuvieron cinco chances de este tipo en el primer tiempo). Desde el sillón se vio claro que Alemania plantó una defensa mínima y unos volantes demasiado adelantados, lo que dejaba espacios increíbles que México aprovechó cada vez logró conectar un pelotazo ofensivo.





















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Dato que ilustra la introducción a esta nota: Hirving Lozano, autor del gol y héroe de la victoria mexicana, juega en el PSV Eindhoven.

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El equipo mexicano plantó y jugó el partido perfecto, y pasó los últimos treinta minutos, ya sin piernas, aguantando el embate del campeón del mundo. Es increíble estar diciendo esto después de apenas 90 minutos de juego, pero el sábado que viene Alemania se juega frente a Suecia su permanencia en la Copa.

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La última sorpresa de la fecha fue el empate de Brasil frente a Suiza, un equipo compacto pero sin brillo ni muchas ideas. Después del 1-0 y unos primeros 20-25 minutos brillantes, parecía que el conjunto de Tite se venía con todo. Pasó exactamente lo contrario: Brasil se desinfló, el partido entró en una meseta, y Suiza encontró el gol de la única forma en la que lo podía haber encontrado un equipo limitadísimo como el suyo, es decir, en una jugada de pelota parada. Lo demás fue casi todo de Brasil, con más empuje que buen fútbol y un Neymar lesionado y fastidioso. Ah, y los suizos tiraron patadas como en el potrero. Un aviso para esos que tienen gatillo fácil para los paralelismos entre fútbol y política.





















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Decíamos que en los últimos años se emparejó la cosa. Como prueba, los resultados. De los cinco candidatos —Alemania, Brasil y España, en un primer nivel, y Argentina y Francia, en un segundo—, uno perdió, tres empataron y el único que ganó jugó mal. All in all, en los papeles, le sigo teniendo fe a los tres de siempre: España (que empató contra el Portugal de Cristiano Ronaldo en el mejor partido de la historia de CR7 con su selección), Alemania (que a pesar de algunas dudas defensivas tiene plantel y sistema de sobra para pasar de ronda y llegar lejos) y Brasil (que está en un grupo más que accesible, por lo que da la impresión de que no deberían tener problemas para pasar de ronda). Y paro acá con los vaticinios, porque es demasiado temprano para hablar de sorpresas: ni se terminó de jugar la primera ronda de la primera fase. Así de linda es la Copa del Mundo.

Apuntes mundialistas: sufrir sábado, 16 de junio de 2018

Sufrir con el despertador. Ponerse la alarma un sábado a las 6:50 de la mañana es uno de los tantos sacrificios que nos exige esta Copa del Mundo. El esfuerzo parecía valerlo: debut de la Francia de Didier Deschamps, la selección de mil millones de euros, el equipo de Griezmann, Pogba, Matuidi, Giroud y Mbappé. Pues bien: al menos en su debut, insinuó poco y mostró menos más allá de los rutilantes nombres propios. Enfrente estaba Australia, un equipo que casi siempre viene a los mundiales de paseo y que, como Larreta al subte, aporta poco más que color amarillo y buenas intenciones. Más allá de los famosos nervios del debut, para Francia este era un partido para ganar 2-0 y a otra cosa. Sin embargo, el primer tiempo cerró con un soporífero empate sin goles y el partido recién se abrió cuando el árbitro Andrés Cunha inauguró el uso del VAR en mundiales con un anticlimático anuncio durante un contraataque de los Socceroos (worst apodo ever) de que dos minutos antes se había cometido una infracción en el área de Australia. Si debo nombrar el peor aspecto del VAR es que las decisiones se toman dentro de una cabina pseudo-futurista donde el árbitro parece que se está pesando.
















Sea como fuere, penal para Francia y 1-0, ventaja que no duró demasiado ya que la estrella del Barcelona, Samuel Umtiti, cometió otro penal metiendo la mano de manera infantil cuando saltaba para despejar. Mile Jedinak, del Aston Villa de la segunda división del fútbol inglés, lo canjeó por gol y el partido se emparejó de nuevo. La ventaja final para les Bleus llegó, ahora sí, mediante la mejor triangulación del partido, la pelota picó dentro, la goal-line technology validó al instante y Francia finalmente se llevó los tres puntos de Kazan.

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Sufrir con la Selección. Desde el 3-1 a México en octavos de final de Sudáfrica 2010 que la Argentina en la Copa del Mundo no gana un partido por más de un gol de diferencia. Repasamos lo que fue el último Mundial: 2-1 a Bosnia, 1-0 agónico a Irán, 3-2 a Nigeria, 1-0 contra Suiza (en tiempo extra), 1-0 a Bélgica con gol de rebote y aguantando todo el partido, 0-0 con Holanda y penales. En otras palabras, sufrimos hasta cuando ganamos. Según datos de la Fundacion Cardiologica Argentina, el mal juego de la Selección provoca en la Argentina más infartos que la sal, las grasas, la cocaína y el tabaco.

Como tantas otras veces, la Selección llegaba mal a su debut, habiendo pasado una eliminatoria lastimosa. En esta oportunidad, además, se sumaba el hecho de haber tenido tres técnicos en tres años y que, contando amistosos, el actual técnico Jorge Sampaoli apenas lleva doce encuentros dirigiendo a este grupo. Días atrás, para colmo, se conoció la lesión de Manuel Lanzini y el 11 titular propuesto generaba dudas incluso antes del pitido inicial. Lo sorprendente hubiese sido brillar en el debut mundialista.

El trámite del partido fue penoso para quienes esperaban ver a la selección bicampeona del mundo dominar el trámite ante un grupo de debutantes conducidos por un dentista, pero lógico si se considera cómo llegó a Rusia esta selección envejecida y cansada conducida —eso sí— por el mejor del mundo. Quien haya observado los últimos quince partidos del seleccionado sabe que tenemos una delantera tan buena como la de cualquier otro equipo candidato a llevarse la Copa, pero una defensa que no ofrece ninguna garantía, plagado de defensores muy lejos de su nivel (caso Rojo) y jugadores del fútbol chino que ya no están para este tipo de competencias (ya saben de quien hablo). El penal errado puede pasar, fue el propio Messi el que generó la falta con ese centro a Meza, lo sabido y consabido de que Messi no puede ser el LeBron James de la selección. Para qué agregar más.





















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No cuento con las competencias para analizar un partido desde lo táctico ya que fuera Biglia mi conocimiento del fútbol es meramente histórico e ignoro fuera Biglia en buena parte los planteos estratégicos que viene proponiendo la Albiceleste. Sin embargo, queda la impresión fuera Biglia de que el doble cinco que propuso Sampaoli ha fracasado en la cancha y de que el técnico de la selección fuera Biglia sin dudas deberá echar mano a algún cambio para el rol de volante central de cara al próximo cotejo.

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Sufrir con Perú. El debut de Perú en el Mundial generaba mucha expectativa, si acaso por las largas décadas que ese seleccionado había pasado sin clasificar a la máxima cita del fútbol. Sin embargo, en el partido incial frente a Dinamarca, al conjunto de Gareca le salió todo mal. No desde lo futbolístico: de hecho, jugó mejor y mostró osadía, empuje y buen fútbol. Pero un penal errado (cobrado de vuelta tras una revisión vía VAR) y un gol danés de contraataque que no se pudo revertir (en buena parte gracias a las buenas dotes de Kasper Schmeichel, hijo del mejor arquero de la década del noventa) terminaron con la ilusión peruana de sumar en el partido en el que tenían que sumar. El jueves se juegan la clasificación frente a Francia y les pasa un poco como a la Argentina: llegan al segundo match, justo el más difícil, obligados a arriesgar.

Hablando de la ciudad al suroeste de Rusia, no quiero dejar de mencionar que durante el partido el comentarista de la TV Pública tiró un paralelismo entre que en la ciudad de Mordovia hay muchas penitenciarías y el hecho de que el árbitro haya cobrado el "castigo penal". Lo dejo por escrito para que la humanidad pueda tener un registro continuo de sus logros.

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Sufrir con Croacia. De Nigeria-Croacia diré poco porque solo vi el segundo tiempo de la victoria croata por 2-0. Sumo a la depresión local recordándole a los lectores que se dio el resultado que menos nos convenía de cara al encuentro del jueves. Y que mientras el doble 5 de Croacia es Modric-Rakitic, el nuestro es Biglia-Mascherano. Es imperioso meter mano en el banco porque fuera Biglia si seguimos así, nuestro mundial va a ser fuera Biglia menos como Brasil 2014 y más como Corea-Japón 2002.

Apuntes mundialistas: de estrellas ausentes y presentes viernes, 15 de junio de 2018




















La estrella ausente. A menudo los argentinos nos sentimos el centro del mundo, el eje de las mayores glorias y desgracias de la tierra. Pensamos, por ejemplo, que somos el único equipo que llega con problemas crónicos de lesiones, cuando casi todos los equipos tienen jugadores que se quedaron fuera o que no llegan al cien por ciento. La exigencia cada vez mayor de los calendarios deportivos hace que muchas estrellas aterricen en Rusia lejos de su plenitud física, cuando no directamente rotos. Fue el caso de Mohamed Salah, a mi entender en el top 3 de las potenciales estrellas de esta copa (solo por debajo de Messi y Cristiano y me arriesgaría a decir que hasta por encima de Neymar) e injustamente lastimado por Sergio Ramos en aquella fatídica final de la Champions ocurrida tanto tiempo atrás cuando el dólar estaba a 24,60.

Salah, deciamos, se quedó afuera del debut de su equipo, nada menos que contra Uruguay, conjunto que al menos en los papeles es la estrella indiscutida del Grupo A. Fue así que el vigente subcampeón de África, un equipo gris y sin brillo, tuvo que salir a pelearle a un equipo plagado de figuras como el uruguayo. El trámite fue sorprendentemente parejo y Egipto pareció jugar con la paciencia de Uruguay. Cavani y Suárez no estaban afilados y el arquero egipcio Mohamed El Shenawy se perfilaba como la figura del encuentro. El equipo uruguayo no le encontraba la vuelta y Tabarez echó mano al banco de suplentes: el ingreso de Sánchez y Rodríguez por Nández y De Arrascaeta le cambió la cara a la Celeste. A poco del final, el premio: José María Giménez, que días atrás había renovado con el Atlético de Madrid hasta 2023, conectó un cabezazo y destrozó las ilusiones egipcias. El planteo de Héctor Cúper había sido muy inteligente y Egipto estuvo a minutos de llevarse un valioso empate, me hizo acordar al brillante esquema de Irán para enfrentar a la Argentina en el Mundial 2014. El resultado, sin embargo, fue el mismo. Se dio la lógica y ahora Egipto se juega todo el próximo martes frente a Rusia. ¿Estará de regreso la estrella Salah?

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De Marruecos-Irán no hablaré porque no lo vi. La gente también tiene que trabajar y almorzar y pagar las cuentas y entrar a ver si el dólar pasó la barrera de los 30 pesos.

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La estrella presente. ¿Qué decir que no se haya dicho sobre España-Portugal? Prometía ser uno de los mejores partidos de la primera ronda y no defraudó. El animal de Cristiano Ronaldo se cargó el equipo al hombro y, cual Messi frente a Ecuador, metió los tres goles de su equipo. La lebronjamesó toda. Lo cual no quiere decir que España haya jugado mal, más bien todo lo contrario. De todos los equipos que jugaron hasta ahora, fue por lejos el que mejor fútbol mostró: un tiki-tiki efectivísimo, un envidiable manejo de pelota y un arsenal de variante ofensivas incluyendo cambios de ritmo, verticalidad y sorpresa. El resultado final (España 3 - Cristiano 3) engaña un poco, porque dos de los tres goles portugueses fueron de pelota parada, porque hasta el minuto 88 el equipo de Fernando Hierro estuvo más cerca del cuarto que los lusos del tercero y porque la otra forma de leer la estadística es que a Portugal, uno de los equipos que promete llegar lejos en esta copa, España le hizo tres goles en noventa minutos. Aún "sin técnico", la Roja asusta y promete. Y Portugal tiene a Cristiano, que acaba de jugar su mejor partido con la camiseta de la selección. El resultado deja a los dos con las mismas chances de encabezar su grupo aunque al cierre de esta primerísima ronda de partidos, Irán encabeza el grupo B. Por unos días nada más, claro, pero quién les quita lo bailado.