Apuntes mundialistas: se empareja la cosa domingo, 17 de junio de 2018

Hace algunas décadas que en la Copa del Mundo casi no quedan cenicientas. Los motivos son varios, pero existe un momento de quiebre perfectamente identificable: viernes 15 de diciembre de 1995, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas declara ilegal que un futbolista de la Unión Europea ocupe plaza de extranjero. Desde entonces, los principales clubes de España, por caso, pudieron anotar un sinfin de jugadores de todas partes de Europa como españoles y gastarse los cupos de "extranjeros" en extracomunitarios. Cada país tiene su propia regulación (Italia es más estricta, mientras que en el otro extremo Alemania impone como única regla que doce jugadores sean nacidos en el país), pero en líneas generales la elite del fútbol se "globalizó" y es ahora mucho más permeable a la llegada de estrellas de África, Asia y América Latina.

Esto tiene dos consecuencias. La primera tiene que ver con cómo este fenómeno afecta la performance de los principales equipos europeos en Mundiales: Inglaterra, país de la Premier League donde 7 de cada 10 futbolistas son extranjeros, no llega a los cuartos de final de un Mundial desde Alemania 2006; Italia, otro país con una liga plagada de estrellas de afuera, se quedó afuera en fase de grupos en 2010 y 2014 y ni siquiera clasificó a Rusia 2018. La segunda, quizás la que más interesa a efectos de este análisis, es que esta mayor apertura permitió la llegada de promesas del Tercer Mundo a la élite del fútbol mundial. En otro momento histórico, un país africano o caribeño que lograba la clasificación podía llegar a la Copa del Mundo con mayoría de jugadores sin roce internacional, incluso algunos amateurs; hoy es difícil que una nación que llega al Mundial no tenga al menos media docena de talentos jugando en las mejores ligas de Europa. Lo mismo corre para la preparación física, campo que se profesionalizó en todo el mundo y donde se acortaron las distancias entre lo que podían acercar los diferentes países. En resumen: si antes se colaba algún amateur (los memoriosos recuerdan al Zaire de 1974, que en su presentación en la Copa del Mundo perdió sus tres encuentros, incluyendo un 9-0 con Yugoslavia, y cuyos jugadores no recibieron ingresos algunos por jugar), ahora —casi— cualquier equipo te hace partido. Parece una perogrullada, pero tiene raíces materiales concretas que acabamos de definir.
























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En el primer turno, Serbia se impuso ante Costa Rica por la mínima diferencia, en un partido discreto lleno de imprecisiones. La diferencia la hizo el capitán del equipo, la estrella de la Roma Aleksandar Kolarov, con un golazo de tiro libre que resultó intajable para Keylor Navas.

Luego fue el turno de Alemania-México, el otro partidazo que ha dado hasta ahora Rusia 2018 (el primer clásico había sido España-Portugal). Ya desde el inicio se notó a un conjunto mexicano enchufadísimo y al campeón del mundo vigente con muchísimas dudas abajo, con Hummels y Neuer sacando todo lo que Plattenhardt y Khedira no podían. Los desajustes del conjunto germano quedaban en evidencia ante cada contraataque mexicano (los conducidos por Osorio tuvieron cinco chances de este tipo en el primer tiempo). Desde el sillón se vio claro que Alemania plantó una defensa mínima y unos volantes demasiado adelantados, lo que dejaba espacios increíbles que México aprovechó cada vez logró conectar un pelotazo ofensivo.





















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Dato que ilustra la introducción a esta nota: Hirving Lozano, autor del gol y héroe de la victoria mexicana, juega en el PSV Eindhoven.

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El equipo mexicano plantó y jugó el partido perfecto, y pasó los últimos treinta minutos, ya sin piernas, aguantando el embate del campeón del mundo. Es increíble estar diciendo esto después de apenas 90 minutos de juego, pero el sábado que viene Alemania se juega frente a Suecia su permanencia en la Copa.

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La última sorpresa de la fecha fue el empate de Brasil frente a Suiza, un equipo compacto pero sin brillo ni muchas ideas. Después del 1-0 y unos primeros 20-25 minutos brillantes, parecía que el conjunto de Tite se venía con todo. Pasó exactamente lo contrario: Brasil se desinfló, el partido entró en una meseta, y Suiza encontró el gol de la única forma en la que lo podía haber encontrado un equipo limitadísimo como el suyo, es decir, en una jugada de pelota parada. Lo demás fue casi todo de Brasil, con más empuje que buen fútbol y un Neymar lesionado y fastidioso. Ah, y los suizos tiraron patadas como en el potrero. Un aviso para esos que tienen gatillo fácil para los paralelismos entre fútbol y política.





















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Decíamos que en los últimos años se emparejó la cosa. Como prueba, los resultados. De los cinco candidatos —Alemania, Brasil y España, en un primer nivel, y Argentina y Francia, en un segundo—, uno perdió, tres empataron y el único que ganó jugó mal. All in all, en los papeles, le sigo teniendo fe a los tres de siempre: España (que empató contra el Portugal de Cristiano Ronaldo en el mejor partido de la historia de CR7 con su selección), Alemania (que a pesar de algunas dudas defensivas tiene plantel y sistema de sobra para pasar de ronda y llegar lejos) y Brasil (que está en un grupo más que accesible, por lo que da la impresión de que no deberían tener problemas para pasar de ronda). Y paro acá con los vaticinios, porque es demasiado temprano para hablar de sorpresas: ni se terminó de jugar la primera ronda de la primera fase. Así de linda es la Copa del Mundo.

Apuntes mundialistas: sufrir sábado, 16 de junio de 2018

Sufrir con el despertador. Ponerse la alarma un sábado a las 6:50 de la mañana es uno de los tantos sacrificios que nos exige esta Copa del Mundo. El esfuerzo parecía valerlo: debut de la Francia de Didier Deschamps, la selección de mil millones de euros, el equipo de Griezmann, Pogba, Matuidi, Giroud y Mbappé. Pues bien: al menos en su debut, insinuó poco y mostró menos más allá de los rutilantes nombres propios. Enfrente estaba Australia, un equipo que casi siempre viene a los mundiales de paseo y que, como Larreta al subte, aporta poco más que color amarillo y buenas intenciones. Más allá de los famosos nervios del debut, para Francia este era un partido para ganar 2-0 y a otra cosa. Sin embargo, el primer tiempo cerró con un soporífero empate sin goles y el partido recién se abrió cuando el árbitro Andrés Cunha inauguró el uso del VAR en mundiales con un anticlimático anuncio durante un contraataque de los Socceroos (worst apodo ever) de que dos minutos antes se había cometido una infracción en el área de Australia. Si debo nombrar el peor aspecto del VAR es que las decisiones se toman dentro de una cabina pseudo-futurista donde el árbitro parece que se está pesando.
















Sea como fuere, penal para Francia y 1-0, ventaja que no duró demasiado ya que la estrella del Barcelona, Samuel Umtiti, cometió otro penal metiendo la mano de manera infantil cuando saltaba para despejar. Mile Jedinak, del Aston Villa de la segunda división del fútbol inglés, lo canjeó por gol y el partido se emparejó de nuevo. La ventaja final para les Bleus llegó, ahora sí, mediante la mejor triangulación del partido, la pelota picó dentro, la goal-line technology validó al instante y Francia finalmente se llevó los tres puntos de Kazan.

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Sufrir con la Selección. Desde el 3-1 a México en octavos de final de Sudáfrica 2010 que la Argentina en la Copa del Mundo no gana un partido por más de un gol de diferencia. Repasamos lo que fue el último Mundial: 2-1 a Bosnia, 1-0 agónico a Irán, 3-2 a Nigeria, 1-0 contra Suiza (en tiempo extra), 1-0 a Bélgica con gol de rebote y aguantando todo el partido, 0-0 con Holanda y penales. En otras palabras, sufrimos hasta cuando ganamos. Según datos de la Fundacion Cardiologica Argentina, el mal juego de la Selección provoca en la Argentina más infartos que la sal, las grasas, la cocaína y el tabaco.

Como tantas otras veces, la Selección llegaba mal a su debut, habiendo pasado una eliminatoria lastimosa. En esta oportunidad, además, se sumaba el hecho de haber tenido tres técnicos en tres años y que, contando amistosos, el actual técnico Jorge Sampaoli apenas lleva doce encuentros dirigiendo a este grupo. Días atrás, para colmo, se conoció la lesión de Manuel Lanzini y el 11 titular propuesto generaba dudas incluso antes del pitido inicial. Lo sorprendente hubiese sido brillar en el debut mundialista.

El trámite del partido fue penoso para quienes esperaban ver a la selección bicampeona del mundo dominar el trámite ante un grupo de debutantes conducidos por un dentista, pero lógico si se considera cómo llegó a Rusia esta selección envejecida y cansada conducida —eso sí— por el mejor del mundo. Quien haya observado los últimos quince partidos del seleccionado sabe que tenemos una delantera tan buena como la de cualquier otro equipo candidato a llevarse la Copa, pero una defensa que no ofrece ninguna garantía, plagado de defensores muy lejos de su nivel (caso Rojo) y jugadores del fútbol chino que ya no están para este tipo de competencias (ya saben de quien hablo). El penal errado puede pasar, fue el propio Messi el que generó la falta con ese centro a Meza, lo sabido y consabido de que Messi no puede ser el LeBron James de la selección. Para qué agregar más.





















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No cuento con las competencias para analizar un partido desde lo táctico ya que fuera Biglia mi conocimiento del fútbol es meramente histórico e ignoro fuera Biglia en buena parte los planteos estratégicos que viene proponiendo al Albiceleste. Sin embargo, queda la impresión fuera Biglia de que el doble cinco que propuso Sampaoli ha fracasado en la cancha y de que el técnico de la selección fuera Biglia sin dudas deberá echar mano a algún cambio para el rol de volante central de cara al próximo cotejo.

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Sufrir con Perú. El debut de Perú en el Mundial generaba mucha expectativa, si acaso por las largas décadas que ese seleccionado había pasado sin clasificar a la máxima cita del fútbol. Sin embargo, en el partido incial frente a Dinamarca, al conjunto de Gareca le salió todo mal. No desde lo futbolístico: de hecho, jugó mejor y mostró osadía, empuje y buen fútbol. Pero un penal errado (cobrado de vuelta tras una revisión vía VAR) y un gol danés de contraataque que no se pudo revertir (en buena parte gracias a las buenas dotes de Kasper Schmeichel, hijo del mejor arquero de la década del noventa) terminaron con la ilusión peruana de sumar en el partido en el que tenían que sumar. El jueves se juegan la clasificación frente a Francia y les pasa un poco como a la Argentina: llegan al segundo match, justo el más difícil, obligados a arriesgar.

Hablando de la ciudad al suroeste de Rusia, no quiero dejar de mencionar que durante el partido el comentarista de la TV Pública tiró un paralelismo entre que en la ciudad de Mordovia hay muchas penitenciarías y el hecho de que el árbitro haya cobrado el "castigo penal". Lo dejo por escrito para que la humanidad pueda tener un registro continuo de sus logros.

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Sufrir con Croacia. De Nigeria-Croacia diré poco porque solo vi el segundo tiempo de la victoria croata por 2-0. Sumo a la depresión local recordándole a los lectores que se dio el resultado que menos nos convenía de cara al encuentro del jueves. Y que mientras el doble 5 de Croacia es Modric-Rakitic, el nuestro es Biglia-Mascherano. Es imperioso meter mano en el banco porque fuera Biglia si seguimos así, nuestro mundial va a ser fuera Biglia menos como Brasil 2014 y más como Corea-Japón 2002.

Apuntes mundialistas: de estrellas ausentes y presentes viernes, 15 de junio de 2018




















La estrella ausente. A menudo los argentinos nos sentimos el centro del mundo, el eje de las mayores glorias y desgracias de la tierra. Pensamos, por ejemplo, que somos el único equipo que llega con problemas crónicos de lesiones, cuando casi todos los equipos tienen jugadores que se quedaron fuera o que no llegan al cien por ciento. La exigencia cada vez mayor de los calendarios deportivos hace que muchas estrellas aterricen en Rusia lejos de su plenitud física, cuando no directamente rotos. Fue el caso de Mohamed Salah, a mi entender en el top 3 de las potenciales estrellas de esta copa (solo por debajo de Messi y Cristiano y me arriesgaría a decir que hasta por encima de Neymar) e injustamente lastimado por Sergio Ramos en aquella fatídica final de la Champions ocurrida tanto tiempo atrás cuando el dólar estaba a 24,60.

Salah, deciamos, se quedó afuera del debut de su equipo, nada menos que contra Uruguay, conjunto que al menos en los papeles es la estrella indiscutida del Grupo A. Fue así que el vigente subcampeón de África, un equipo gris y sin brillo, tuvo que salir a pelearle a un equipo plagado de figuras como el uruguayo. El trámite fue sorprendentemente parejo y Egipto pareció jugar con la paciencia de Uruguay. Cavani y Suárez no estaban afilados y el arquero egipcio Mohamed El Shenawy se perfilaba como la figura del encuentro. El equipo uruguayo no le encontraba la vuelta y Tabarez echó mano al banco de suplentes: el ingreso de Sánchez y Rodríguez por Nández y De Arrascaeta le cambió la cara a la Celeste. A poco del final, el premio: José María Giménez, que días atrás había renovado con el Atlético de Madrid hasta 2023, conectó un cabezazo y destrozó las ilusiones egipcias. El planteo de Héctor Cúper había sido muy inteligente y Egipto estuvo a minutos de llevarse un valioso empate, me hizo acordar al brillante esquema de Irán para enfrentar a la Argentina en el Mundial 2014. El resultado, sin embargo, fue el mismo. Se dio la lógica y ahora Egipto se juega todo el próximo martes frente a Rusia. ¿Estará de regreso la estrella Salah?

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De Marruecos-Irán no hablaré porque no lo vi. La gente también tiene que trabajar y almorzar y pagar las cuentas y entrar a ver si el dólar pasó la barrera de los 30 pesos.

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La estrella presente. ¿Qué decir que no se haya dicho sobre España-Portugal? Prometía ser uno de los mejores partidos de la primera ronda y no defraudó. El animal de Cristiano Ronaldo se cargó el equipo al hombro y, cual Messi frente a Ecuador, metió los tres goles de su equipo. La lebronjamesó toda. Lo cual no quiere decir que España haya jugado mal, más bien todo lo contrario. De todos los equipos que jugaron hasta ahora, fue por lejos el que mejor fútbol mostró: un tiki-tiki efectivísimo, un envidiable manejo de pelota y un arsenal de variante ofensivas incluyendo cambios de ritmo, verticalidad y sorpresa. El resultado final (España 3 - Cristiano 3) engaña un poco, porque dos de los tres goles portugueses fueron de pelota parada, porque hasta el minuto 88 el equipo de Fernando Hierro estuvo más cerca del cuarto que los lusos del tercero y porque la otra forma de leer la estadística es que a Portugal, uno de los equipos que promete llegar lejos en esta copa, España le hizo tres goles en noventa minutos. Aún "sin técnico", la Roja asusta y promete. Y Portugal tiene a Cristiano, que acaba de jugar su mejor partido con la camiseta de la selección. El resultado deja a los dos con las mismas chances de encabezar su grupo aunque al cierre de esta primerísima ronda de partidos, Irán encabeza el grupo B. Por unos días nada más, claro, pero quién les quita lo bailado.

Apuntes mundialistas: el día de sumar de a tres jueves, 14 de junio de 2018


Me preparé para Rusia 2018 sabiendo que sería uno de los mundiales más anti-laburante del mundo. Y por anti-laburante no me refiero a los informes de oenegés con cifras de cientos de obreros que perdieron la vida construyendo estadios contrarreloj a tiempo para la Copa del Mundo: hablo de la diferencia horaria entre Argentina y las ciudades rusas, que nos condena a ver partidos a las nueve de la mañana, a las doce del mediodía, a las tres de la tarde en la oficina, entre reuniones, llamados, informes. Si Brasil fue el mundial de las redes sociales, Rusia será el mundial del streaming con carpa.


























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Para el público local, la apertura no podía haber sido más anticlimática. La Argentina llegaba como uno de los países más informados sobre el Mundial y, sin embargo, a minutos del puntapié incial en el Estadio Luzhniki de Moscú nueve de los diez trending topics en Buenos Aires estaban vinculados a la discusión por el aborto legal que estaba teniendo lugar en el Congreso de la Nación. (De qué manera "interrupción voluntaria del embarazo" pudo tener más rating que los memes de Putin, Ronaldo o cual sea el tipo de boludeces que nos gusta comentar en vivo en la aldea de Twitter Argentina como señoras mirando el Martín Fierro merece otro análisis, más profundo, sobre la intensidad con la que la sociedad civil argentina empuja algunos debates.) Y sin embargo, ahí estaba, la esperada ceremonia inaugural. Cuatro años tuvieron para prepararla. Se sabía que iba a durar poco, pero no que iba a ser tan floja, tan... de manual. Ronaldo de la mano de un nene X, un medley por los greatest hits de Robbie Williams, la cantante o modelo rusa de rigor, los bailecitos con pelotas onda United Colors of Benetton. Como se dijo por ahí: mucha cartulina, mucho papel maché. Y, sobre todo, la sensación de que esta apertura se programó sin ganas, como si Putin le hubiese dado enter al Random World Cup Opening Ceremony Generator a ver si le daba más tiempo para conversar con el jeque sobre la cotización del barril de petróleo WTI.

























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Rusia hace tiempo que dejó de ser una potencia futbolística. Entre 1958 y 1982, el país -como Unión Soviética- participó de cinco Copas del Mundo y nunca bajó del séptimo puesto. Ya para México '86 e Italia '90 sus años de gloria habían quedado atrás y desde la desintegración del socialismo real participó solo tres veces y en todas ellas quedó eliminada en primera ronda. Este año, más allá del impulso de la localía, nada hace suponer que puedan hacer un gran papel, aunque tienen uno de los grupos más accesibles del Mundial. Enfrente tenían a Arabia Saudita, país que no pasa de ronda desde Estados Unidos '94 y que siempre cae a los mundiales de relleno, lista para comerse entre 7 y 12 goles en tres partidos y volverse rápido a la monarquía. Conducida por Juan Antonio Pizzi, habían cumplido un buen papel en los amistosos previos con victorias ante Algeria y Grecia y derrotas dignas con Italia y Alemania. Pero hay días en los que todo sale mal, y en este caso el trámite del encuentro fue de ensueño para los locales. Yury Gazinsky abrió el marcador al minuto 12 y desde entonces el plan de Pizzi se fue desmoronando. Para sorpresa de muchos, sin embargo, el man of the match terminó siendo Denis Cheryshev, un ex Real Madrid nacido en Nizhny Novgorod (la ciudad que visitará la selección argentina para enfrentar a Croacia) que ahora juega para el Villareal. Decimos sorpresa ya que Cheryshev venía arrastrando varias lesiones y encima es muy zurdo, por lo que los comentaristas le aseguraban pocos minutos en el Mundial. Hoy le tocó entrar por la lesión del talentoso Alan Dzagoev y al poco tiempo metió un golazo, el segundo de Rusia. El segundo tiempo sirvió para decorar el resultado, con errores infantiles del conjunto árabe que derivaron en los goles tres, cuatro (otro de Cheryshev, un tres dedos exquisito) y cinco de la selección rusa.





















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El resultado engaña porque Rusia no es un gran equipo y el debut fue con acaso el peor equipo que veremos en este mundial (hay que ver Panamá, quizás). El martes el anfitrión enfrenta a Egipto y ahí puede cambiar la cosa. Si se da la lógica -cosa que no se viene dando en los últimos mundiales, al menos en los grupos que tienen a Uruguay-, los charrúas deberían ganar cómodamente el grupo y el segundo lugar deberá definirse entre Rusia y el Egipto de Mohamed Salah. Arrancó el mundial y todavía no estamos en clima: hoy "sumar de a tres" fue que Verna gestionara los votos clave de La Pampa para el aborto legal.

Argentine Crime Story: el caso Nisman jueves, 15 de febrero de 2018

Netflix presenta
Argentine Crime Story: el caso Nisman


CON

Bill Paxton como Alberto Nisman (CGI mediante)

Lena Headey como Sandra Arroyo Salgado


Jason Biggs como Diego Lagomarsino


Tommy Lee Jones como Stiuso


Dean Norris como Berni


Allison Janney como Viviana Fein

Nancy Marchand como Sara Garfunkel (CGI mediante)


Rooney Mara como La Moza de Puerto Madero
















Y LA PARTICIPACIÓN ESPECIAL DE

Ben Kingsley como El Cerrajero


y Diane Lane como La Señora Bisman
















Casting assistants: @roy_, @pat_pat, @mparadalopez
Ejercicio satírico. El que se lo toma en serio, perdió.

El coreano ausente martes, 23 de enero de 2018






















Esta mañana se conocieron las nominadas al Oscar y entre las películas que competirán por el premio al mejor film extranjero están una chilena, una rusa, una húngara, una libanesa, una japonesa y una sueca (The Square, de Ruben Östlund, desigual película de un director que había sacado una mucho mejor en 2014: Force Majeure). Una vez más, la academia decidió ignorar la postulación de Corea del Sur.

Ustedes dirán: "Obvio, Federico, trabajás en el Centro Cultural de la Embajada de Corea, qué vas a hacer sino hinchar por la película coreana". Sumémosle que A Taxi Driver, la entrada surcoreana de este año, era muy buena pero tampoco excelente. Pero resulta que por mera curiosidad me puse a revisar el listado completo de películas nominadas desde la creación de la categoría en 1947. Resulta que jamás en la historia los Oscar se nominó a una película de Corea del Sur.

LA PAJA EN EL OJO AJENO. Esto quiere decir que la Academia ignoró por completo a películas como Primavera, verano, otoño, invierno... de Kim Ki-duk (2003), Secret Sunshine de Lee Chang-dong (2007) o Mother de Bong Joon-ho (2009, año en que El secreto de sus ojos se impuso a La cinta blanca de Michel Haneke). El dato me dejó perplejo y me puse a pensar si detrás de estas decisiones no se encuentra algún tipo de intencionalidad política. Desarrollo mi punto: Corea del Sur es una de las cinematografías más potentes del mundo y cuenta con una de las industrias más estimuladas y protegidas del planeta. El surcoreano promedio va al cine 4,4 veces al año, una cifra altísima. Solo el año pasado se vendieron 220 millones de entradas y el 53% del público fue a ver películas coreanas. El buen maridaje entre arte e industria (películas "comerciales" con sello de autor, algo que tanto le falta a nuestro país más allá de Burman, Szifrón, Campanella, Caetano y Trapero) logró que el cine surcoreano de los últimos veinte años sea, además, un cine de exportación: en Japón, China, Indonesia y Malasia se ven muchísimas películas coreanas, fenómeno que no se da al revés. ¿Será entonces que Hollywood recela de este potencial competidor, y que al no nominarlas evita darles entidad? Lo dejo como pregunta y sumo un dato que alimenta mi hipótesis: en los últimos diez años, Francia —el otro gran país que compite culturalmente con el cine norteamericano y resiste con políticas activas la invasión de tanques de Hollywood— recibió solo dos nominaciones.

CULPARSE A UNO MISMO. Pero esta historia tiene otra arista, mucho más crítica hacia Corea del Sur. Un tribunal local acaba de condenar a la ex ministra de Cultura, Cho Yoon-sun, a dos años de prisión por crear y manejar una lista negra de artistas a la que el Estado les negaba apoyo en un intento por silenciar voces críticas. Uno no puede sino preguntarse si acaso existió una mano "política" en la decisión de postular o no a ciertas películas como representantes del país en los Oscar, tal como se denunció en su momento con la excelente Aquarius de Kleber Mendonça Filho, film que el gobierno de Michel Temer intentó sabotear por todos los medios disponibles. De hecho, sorprende que las tres mejores películas surcoreanas de la historia (Memories of MurderThe Host y Oldboy) ni hayan sido propuestas para representar al país en los Premios de la Academia. ¿Hizo Corea lo mejor posible por postular a sus mejores películas cada año?

Los mejores tweets de 2017 jueves, 21 de diciembre de 2017

"El asombro, el temor, la adoración, el conocimiento, el uso, el acostumbramiento, el maltrato, la indiferencia y el abandono son secuencias de nuestra relación con el dispositivo técnico". Esta frase de Carlos Mangone bien podría utilizarse para ilustrar nuestra cambiante y contradictoria relación con Twitter. ¿Cuál de ellas es la reacción dominante en este momento, ahora que la red social del pajarito (7,2 millones de usuarios únicos en Argentina) pasó a formar parte del léxico diario por estas pampas?

Por lo pronto, se observa una característica compartida: la intensidad. Twitter siempre fue el lugar de la hipérbole, resultado natural de la combinación de tres factores: (1) el espacio limitado para decir algo, (2) el tirapostismo, fenómeno alentado por un soporte en el que todos somos emisores, y (3) la cotidianidad rampante que atraviesa las vidas mayormente ordinarias de sus usuarios. Pero si ya el año pasado habíamos detectado ciertas señales de agotamiento, la característica saliente de la aldea de Twitter Argentina en 2017 fue el enturbiamiento, la sensación de que la cancha está embarrada. Son los bots y los trolls, sí, pero también la paranoia, la persecución a los tibios y la crueldad gratuita, elementos que caracterizan por estos días a este antro semi-endogámico.
























Esta es la séptima edición consecutiva de los mejores tuits de los últimos doce meses. En comparación con años anteriores, se observa en varios tuits la incorporación masiva de mayúsculas para énfasis, el uso de memes por parte de todo tipo de usuarios —algo que dejó de ser potestad exclusiva de los "chistosos"— y la rápida adopción del (inicialmente resistido) pasaje a los 280 caracteres.

Emparentar el armado de una selección de tuits con un trabajo de curadoría es un movimiento, si acaso, algo chanta: se supone que uno favea tuits que le gustan, suma algunas sugerencias, corta y pega y voilà. Pero lo cierto es que a medida que el dispositivo se masifica, la tarea comienza a requerir un verdadero laburo de edición, parecida a la de —digamos— un productor de la Warner al que le piden un compilado con las mejores canciones de artistas emergentes. ¿Qué incluir? ¿Los más populares? ¿Los más gancheros? ¿Algún tuit "de autor" a descubrir? Luego aparecen preguntas vinculadas a la extensión y ritmo de la lista. ¿Narramos el año que pasó a través de los tuits, o les damos entidad propia y ponemos sólo aquellos que valen la pena (parafraseando al New York Times, all the tweets that's fit to print)? ¿Se sacrifica calidad por variedad, poniendo un gran tuit de diez usuarios distintos en lugar de diez tuits excelentes del mismo? ¿Se busca el chascarillo, la observación aguda, el chiste fácil, el comentario solemne pero certero, todo lo anterior?

Tiro las preguntas como tensiones sin resolver; dejo, también, enlaces a dos brevísimos listados asociados: Cómo te ven, te tratan (la mirada extranjera sobre Argentina, curada por Mark Healey) y los 16 mejores tuits en inglés de 2017.


El año que se fue

Dos mil diecisiete fue el año de la asunción de Donald Trump, un bravucón que se movió entre escándalos nacionales e internacionales, del ban travel a seis países musulmanes a su guerra de tuits contra Kim Jong-un; de la crisis casi terminal en Venezuela, cuya prolongación en el tiempo solo prueba aquello de que "siempre se puede estar un poco peor"; del terremoto en México; de la burbuja del bitcoin; de la llegada de Emmanuel Macron al gobierno en Francia; de otra temporada de atentados, de Barcelona a Manchester y Londres, pasando por Somalia y Egipto; de las protestas en Charlottesville y el auge del neonazismo en el país que combatió a los nazis en la Segunda Guerra Mundial; del referéndum secesionista en Cataluña; del mass shooting más mortífero de la historia de los Estados Unidos; del huracán María y la destrucción casi total de Puerto Rico; todo esto, en el primer año con António Guterres como secretario general de la ONU. Estos doce meses fueron testigo de fenómenos internacionales como el movimiento #MeToo, un esfuerzo encomiable en un momento en el que cada vez más mujeres comienzan a elevar sus voces, el cual sucede —esto también hay que decirlo— en un clima de culto a la corrección política, con todo lo que ello trae aparejado: "la histeria sectaria, la intolerancia juvenil, la paranoia y el solipsismo", según enumeraba Christopher Hitchens.

El año llegó a su fin con un golpe total a la neutralidad de la red en los Estados Unidos y la compra de Fox a manos de Disney, que por estos días inundaba las pantallas de cine del planeta con la última entrega de la saga de "Star Wars". Antes, habíamos presenciado el falso Oscar a "La La Land" y el boom de la nostalgia ochentosa, de "It" a "Stranger Things", la cual, obviamente, vimos en Netflix, que junto a Spotify fue uno de los sistemas de streaming que más se consolidaron este año, todo al ritmo de "Despacito" de Luis Fonzi. También en 2017 volvimos a amar a David Lynch (con esa película de 16 horas y media llamada "Twin Peaks: The Return") y se cimentó como nunca antes el poder de Facebook y Google, en especial en lo que hace a la producción de contenidos y a los ingresos por publicidad.

Las muertes de Malcolm Young, Tom Petty, Hugh Hefner, Harry Dean Stanton, Frank Vincent, Jerry Lewis, Martin Landau, Adam West, John Hurt, Chuck Berry, George A. Romero, Roger Moore, Chris Cornell, Jonathan Demme, Mary Tyler Moore y Miguel Ferrer nos golpearon, algunas más que otras, mientras seguimos extrañando horrores a Prince y a David Bowie, dos de los que se habían ido en 2016.

A nivel local fue el año de la contundente victoria electoral de Cambiemos en los principales distritos del país y de la crisis de identidad del peronismo, en sus distintas variantes; de la desaparición y posterior hallazgo sin vida de Santiago Andrés Maldonado, que protestaba en Cushamen cuando la Gendarmería desplegó un operativo de desalojo; del arresto de Julio de Vido, Amado Boudou, Carlos Zannini, Héctor Timerman y Cristóbal López; del 2x1 a represores pero también del fallo contra la enseñanza religiosa en escuelas públicas; de la (hasta ahora, infructuosa) búsqueda del submarino ARA San Juan; del kirchnerismo que en términos de voto popular está como el gato de Schrödinger, vivo y muerto al mismo tiempo; de ciudadanos detenidos e incomunicados por protestar en marchas infiltradas por los servicios de inteligencia; del cierre del Buenos Aires Herald, de la agencia DyN, del diario La Razón y siguen las firmas, en un mapa de medios cada vez más monocorde; de los dos muertos en el recital del Indio Solari; de otra clasificación agónica al Mundial, del Boca puntero todo el año en el fútbol recodificado y de la vigencia del "joven de 40" Manu Ginobili, el mejor jugador latinoamericano de básquet de todos los tiempos.

En el plano económico, los famosos "brotes verdes" finalmente hicieron su aparición, aunque la fallida cumbre de la OMC, la continuidad argentina como mercado de frontera y el acelerado ritmo del endeudamiento le hicieron advertir a Carlos Melconian: "ojo que se puede ir todo a la mierda". Las reservas están en niveles récord, la economía crece sin creación de empleo y el año cierra con el gobierno modificando hacia la baja la fórmula de las jubilaciones con las fuerzas de seguridad en la calle.



Los mejores tuits de 2017