Nada es sagrado martes, 13 de enero de 2015

EN LAS TIERRAS DEL ENEMIGO
por Esteban Podetti


“Papá, ¿puedo jugar con el abuelo?” “Bueno, pero después volvelo a guardar en el cajón”

El humor es degradación. Trabaja con la degradación de los valores, de las personas, del lenguaje y hasta de la autoestima. Al contrario del poeta, que trata de hacer al mundo más bello de lo que es, la misión del humor es rebajar al mundo a un nivel más bajo posible. ¿Por qué? Porque nos hace reir. Porque recordar que nada es tan sagrado nos produce un alivio y (si insistimos en encontrarle un lado noble) de alguna manera nos hermana.
Lo contrario de la degradación es, justamente, el homenaje. El homenaje y la elegía son el terreno del principal enemigo del humor, que es la solemnidad. Y de sus cultores, los recitadores de discursos y los ensalzadores de los valores y los nobles sentimientos. Porque aunque al humorista le gusta sentirse un filósofo o un revolucionario, en realidad es una especie de pibe medio rompepelotas en la edad del pavo: sus enemigos son el jefe tiránico y el dictador, pero también lo son el héroe, el santo, el poeta, el trabajador, la maestra de grado, la madre abnegada y hasta la víctima: la tarea del humor es encontrar el detalle estúpido en la cruzada más intachable y la tragedia más espantosa. En el camino se ofende a un montón de gente y nuestras abuelas nos quitan el saludo, claro, pero esa es la cruz que carga nuestra tarea.
Que un humorista homenajee a otro humorista es completamente contradictorio; va contra la naturaleza misma de nuestro trabajo. El humorista que se presta a un homenaje ha claudicado. Porque entramos a jugar el juego del enemigo (el juego de la frente surcada de arrugas y las palabras altisonantes), con sus armas, sus estrategias y sus ceremonias. He visto suficientes películas de artes marciales para saber que esto es un grave error. Durante un homenaje, el humorista debería ocuparse de lanzar ingeniosas ironías y, si esto no funciona, imitar al difunto con una voz graciosa, o tal vez bajarse los pantalones y mostrar el culo.
Pero claro, somos humanos. El otro día fueron asesinados humoristas por el hecho de hacer su trabajo (sea a causa del fanatismo o de una diabólica estrategia política pro-OTAN, el tiempo dirá) y que yo recuerde es la primera vez que pasa algo así en la historia de nuestro gremio. Y nuestra primera reacción es “¡Homenaje! ¡Homenaje! ¡Duelo! ¡Elegía! ¡Dibujo de lápiz ensangrentado!”
Atribuyamos esta claudicación al shock y el espanto, pero tratemos de recordar que este no es el orden natural de las cosas: Hemos entrado al reino de los plomos alegremente y entregado las armas, la armadura y el rosquete.
¿Qué puedo decir ante esta derrota? Lo único que debería decir un humorista en estos casos: ¡Patapúfete!
(Escribí esto junto al chiste adjunto publicado en Página 12, porque desde luego formo parte del ejército de entregadores del rosquete, quevachaché)

Readymades viernes, 9 de enero de 2015

I do not say that all Muslims are terrorists, but I have noticed that an alarmingly high proportion of terrorists are Muslim. A paranoid or depressive person —of whom we have many millions in our midst— does not have to end up screaming religious slogans while butchering his fellow creatures. But a paranoid or depressive person who is in regular touch with a jihadist 'spiritual leader' is presented with a ready-made script that offers him paradise in exchange of homicide.

Christopher Hitchens, "Hard Evidence", Slate, 16-11-2009

Los mejores tweets de 2014 lunes, 22 de diciembre de 2014

He aquí mi listado con los mejores posteos de Tuiter Argentina de los pasados doce meses, arrancando por el último del año pasado, que entró por la ventana. Criterio de selección: tuits en español, redactados por argentinos, no famosos.
Una observación: todos los años la lista viene siendo un poquito más graciosa que la anterior, pero este año nos fuimos a la mirta. Parece que es fuerte el deseo de escapar de la devaluación, el default y el era por abajo, Palacio.
El autor se autoexcluye aunque recuerda este mensaje a nuestros mayores.
Sugerencias y recomendaciones en los comentarios.







































































































































































Tour de force jueves, 27 de noviembre de 2014

























El periodista gráfico y la maestra de inglés alquilan. La maestra de inglés, además, recibe su sueldo en efectivo y sus empleadores la hacen facturar. (A fines prácticos y legales, digamos que está en negro.) Digamos que la pareja es una fiel exponente del modelo, "un país de inquilinos eternos que se mudan con sus LCDs a cuestas".

Las anteriores vacaciones no fueron precisamente tales. El periodista se la pasó escribiendo su primer libro, los ingresos extra no abundaban, la inmobiliaria venía de robarnos quince luquitas taka taka para poner un pie en el tres ambientes. El asunto vacacionil se resolvió con tres días en Miramar en departamento prestado. En el otro extremo del mediano plazo de la curva de la vida, fines de 2015 sonaba como un período de fuertes gastos. Había que renovar alquiler (ya lo decía John Lennon, la vida es aquello que pasa entre mudanzas y trámites asociados), mi hermana le puso fecha a su casamiento, todos con el culo en la pared. Y en el medio, una devalueta. Una linda, profusa devaluación que hasta hace apenas un par de meses amenazaba con convertirse en el "dólar a diez pesos" del Laje circa 2002.

Fue entonces que el periodista gráfico y la maestra se inglés dijeron: se van todos a la concha de la lora, si no tenemos plata nos endeudamos, si no tenemos valija pedimos prestada, si no tenemos seguro de viaje esperamos el 2x1, pero nos vamos a ir de vacaciones a Europa del Este.

Fueron arduos meses de ahorro, llegando con lo justo (o en rojo) a fin de mes, deliveries y salidas reducidas a la mínima expresión, préstamos y autopréstamos para tapar las cuentas en un año de descongelamiento de tarifas. Las compras en el Coto se convirtieron un mix entre descuentos con tarjetas y Precios Ciudados, el 70 por ciento sus cuerpos con agua Sierra de los Padres envase familiar, en fin. Pero hasta entonces, pensaban, el que viaja a Europa no llora y seguramente al final del día todo esto habrá valido la pena.
Luego empezaron los verdaderos quilombos.

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El periodista no cree en nada que no sea demostrable por evidencia. Ni el cuentito de Jebús, Jehová, el Renault 5 del Papa Francisco o el karma. Pero está empezando a pensar que lo que llamamos estar meado por los elefantes existe científicamente, y que viene por oleadas.

El periodista pensaba contar aquí toda su odisea con su factura de gas de seiscientos pesos, los trámites en las oficinas de Metrogas, el empleado tercerizado cortándole el suministro, el reclamo al consorcio, a la inmobiliaria, el desembolso de miles de pesos cash a proveedores con irrefrenables tendencias al pedido de coima, los trece días sin gas bañándose como en el Vietcong, el corte de luz que echó a perder la (poca) comida que quedaba en la heladera, el padre internado por una infección, dentistas de urgencia, la guerra fría de mails con la empresa en la que trabaja por una disputa de 137 pesos, la obra social de la maestra negreada diciendo que no podían cubrirla por ser monotributista a pesar de figurar en la página de la AFIP como una de las opciones, pero la verdad es que no revisten mayor interés para el lector que, suponemos, también tiene sus propios mambos, y en caso de querer asistir a un festival de frustraciones privadas puede ingresar cualquier día a Tuiter Argentina.

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Lo cierto es que a medida que el viaje se acercaba, las cosas se fueron solucionando como al final de la Bad Lieutenant de Herzog. El gas volvió (a solo dos días de viajar), la luz volvió (provisoriamente, suponemos: un país de desarrollo medio como Argentina aún no logró, en 2014, garantizar un servicio regular de energía eléctrica para todos sus habitantes), los demás trámites se fueron solucionando de una manera o de otra. Ahora al periodista y la maestra solo tienen por delante el "SE VAN TODOS A LA CONCHA DE LA LORA EASTERN EUROPEAN TOUR 2014"*, que durante las próximas dos semanas tendrá de estaciones las ciudades de Amsterdam, Berlin, Potsdam, Cracovia y Budapest.
So long and thanks for all the shoes.

* Todos menos la gente a la que quieren, por supuesto. Al resto, ni justicia. Y a las inmobiliarias, Metrogas y Edenor, la Santa Trinidad de los Hijos de Puta, expropiación sin juicio previo ni derecho a indemnización.

Euros al jamón lunes, 27 de octubre de 2014



















¿Por qué un empresario español con una compañía de juegos multinacional con negocios en todo el mundo y dueño de los dos mejores casinos de Capital querría vender su participación a un empresario argentino que solo buscaba competir con él en el mismo mercado? La misma pregunta se hicieron muchos el día en que Lao Hernández permitió el ingreso de Cristóbal López en el negocio de los casinos flotantes a cambio de un “negocio” a futuro: su participación en el Casino de Rosario.
Aunque esto sería como empezar por el final. ¿Qué sucedió antes? Un conflicto sindical hizo que los casinos flotantes cerraran sus puertas, provocando pérdidas millonarias por minuto, y una precisa (y llamativa) inspección de la AFIP en la Aduana en momentos en que ingresaba al país el presidente de la compañía española en un avión privado con quinientos mil euros sin declarar envueltos en jamones ibéricos. Luego de este episodio, Cristóbal se asoció con Cirsa.
Retomemos la historia desde el principio. Jueves 14 de diciembre de 2006. Lao Hernández aterriza en el aeropuerto Jorge Newbery en un vuelo privado de Executive Airlines proveniente de España, que había hecho escala en Recife. Viajan con él su flamante director general, Joaquín Agut (ex CEO de Terra Networks), y su jefe de seguridad, Fermín Ferrán. Personal de la Aduana revisa los bolsos y encuentra, dentro de regalos navideños, quinientos mil euros sin declarar.
“Cuando los bolsos de los ejecutivos pasaron por los escáneres, los agentes aduaneros detectaron que había dinero. Entonces los abrieron y hallaron 130.000 euros. Después revisaron las cajas que supuestamente tenían regalos navideños y, oculto entre los objetos, hallamos el resto”, explicó a Clarín Gustavo Mignone, director de la Aduana Metropolitana. La ley aduanera es muy clara: cuando la suma supera los diez mil dólares, el viajero debe declararlos. Los españoles no lo hicieron.
Santiago Blanco Bermúdez, apoderado de la firma, fue el encargado de dar su curiosa versión de los hechos.
—¿No es demasiado llevar para un viaje medio millón de euros? ¿No es más cómoda la tarjeta de crédito o la chequera?—le preguntó Página/12.
—Puede ser demasiado para una persona como usted o como yo, pero no para un multimillonario que, además, puede ir a ciudades que no estén bancarizadas. Imagínese que tienen que cargar combustible y pueden sufrir diversas contingencias en el camino, como un problema de salud, que tendrán que afrontar.
Bermúdez se refirió a un error del personal de tripulación “que no sabía que ese equipaje debía quedar a bordo”. El dinero fue incautado pero las patas de jamón se llevaron la peor parte: fueron destruidas por personal del Senasa, ya que está prohibido el ingreso de alimentos de origen animal o vegetal.
Lao, en tanto, respondió las preguntas del juez en lo Penal Económico Jorge Brugo, argumentó una molestia estomacal, se subió a su avión particular y voló a España. Él también compartiría su particular versión de lo sucedido.
“Siempre que viajo llevo dinero en efectivo por si surge algún imprevisto de tipo, por ejemplo, sanitario, o si, por ejemplo, tengo que llenar el tanque del avión en el que viajo. ¿Sabe cuánto cuesta llenar el depósito del avión? Pues mucho dinero, y hay que pagar al contado, ¿eh?”, se justificó. “Siempre en diciembre suelo llevar algunos regalos a mis directivos en la Argentina, Santo Domingo, Panamá... Para ellos eran las cestas. Pero ¿de verdad cree alguien que yo necesito esconder quinientos mil euros en la Argentina? ¡Pero si tengo allí dos negocios que me dan sesenta millones de euros de beneficios al año!”
¿Tuvo algo que ver Cristóbal López, quien luego entraría a su negocio? El patagónico lo niega. “Yo también fui víctima [de la requisa]. En ese vuelo, Lao me traía un jamón de Jabugo para comer durante las fiestas.”

Ramón Indart y Federico Poore. El poder del juego. El gran negocio de la política argentina, Aguilar, 2014, pp. 116-118


Los autores presentan su libro y responden preguntas mañana martes 28 de octubre a las 18 hs en la sede de ATE Capital, Carlos Calvo 1378


Tres tonos de mierda y a cobrar a SADAIC sábado, 20 de setiembre de 2014

No quiero caer en teorías decadentistas -después de todo, la música popular tiene sus exponentes baratos desde los Monkees- pero el mainstream del rock y del pop está en uno de sus puntos más bajos desde que tengo memoria. Concedo que la fragmentación de las audiencias (MTV no marca tendencias con la misma intensidad con la que lo hacía en 1994) generó nichos más o menos interesantes, y cualquiera que haya escuchado Arcade Fire o TV On the Radio sabe que los últimos quince años han producido grandes artistas. El problema, insisto, es el Top 20. Abandonada la pelea por meter grandes temas entre los más escuchados (el modelo de negocios es otro, alcanza con una audiencia estable de 500-900 mil tipos que de tanto en tanto vayan a tus recitales y "fuck selling records") en los últimos años emergió una nueva ola de singles producidos en base al a ley del menor esfuerzo que hasta comparten una serie de comunes denominadores: bobitos, alegres, semi-inspiracionales (algunos sobre "touch the sky", otros de "tonight's gonna be a good night") con todos los trucos de feria posibles, desde los coritos de cancha ABC1 en los primeros versos hasta esa percusión tipo batucada pasteurizada.

La antigua preocupación de los fanáticos para que su tema favorito no terminara en una publicidad de telefonía celular ha devenido abstracta: las nuevas bandas ya suenan, desde el vamos, como publicidades de Movistar.



Historias extraempresarias lunes, 1 de setiembre de 2014
















Cuando estés así, sacate el diablo de tu corazón
Fito Páez

I. El intenso debate en torno a las historias de Relatos Salvajes llega alimentado por su éxito comercial, fenómeno que excede a su campaña publicitaria (otras películas con similar despliegue propagandístico han tenido una peor performance en la taquilla) y que, a mí entender, tiene que ver con uno de los éxitos indiscutidos del film: que varios de sus relatos tocan una fibra sensible en el espectador local.
Lo primero que se me ocurre es que esta película viene a llenar un vacío. Un vacío de historias sobre "el porteño que dice basta", el equivalente al John Doe going postal que los norteamericanos ya trazaron, con distintos niveles de calidad, en Un día de furia o Breaking Bad. El cine (en especial el cine de ficción) no tiene por qué "reflejar" nada, pero el nivel de estrés, mala sangre, mala leche, prepotencia y dolor psicológico con el que convivimos a diario en Buenos Aires es una especie de enfermedad sin síntomas cinematográficos. Y Relatos Salvajes es el primer síntoma de esta enfermedad.

II. Las seis historias tienen un sesgo de clase (media): no por nada el cuento en las rutas salteñas con aires a Duel revisita los mismos tópicos que el debut de Spielberg — si bien el personaje de Duel era el típico lower-middle class y el personaje de Sbaraglia proyecta la suma de todos los miedos de la clase media-alta porteña.
En este contexto, el más divertido y efectivo (¿efectista?) de todos los relatos, aquel que tiene a Darín como vengador anónimo, es también el más problemático en términos ideológicos. Y no me refiero por "el contenido" de sus acciones o su discurso: toda película puede leerse más allá de lo que dicen sus personajes (existe la distancia irónica) o más allá de las intenciones de su director (The Fountainhead, basada en el libro de Ayn Rand, me parece tan apegada al discurso capitalista puro que es imposible no recibirlo en clave crítica).
El problema con Bombita, el personaje de Darín, es que su pasaje al acto contra el sistema de grúas del GCBA y los pedidos de la ciudadanía (en el relato) para que le ponga una bomba a la AFIP (la escena más festejada de la película por el público en cualquier cine Hoyts, hagan la prueba) no es más que eso: un acting out que convierte el individualismo anti-estado del tipo común y corriente en una especie de justicia poética, un V de Venganza que en lugar de torturar militantes y volar el Parlamento británico se contenta con reventar su propio auto en un estacionamiento municipal mientras Szifrón aclara, mediante uno de los diarios imaginarios que cubre la noticia, que, ojo, "no hubo heridos".

III. Si Relatos Salvajes es la gran película argentina sobre las personas que pierden el control, ¿dónde están las oficinas de Movistar, el servicio de atención al cliente de Fibertel, la cola del Rapipago, los 35 minutos de espera en Santander Río, el Answer Seguros que no responde por los daños de los autos que estaban al lado del Chevrolet de Darín? Suponiendo (como creo yo) que no hay nada malo en dedicarse a contar exclusivamente las historias de la clase media porteña (después de todo, las clases medias como tales llevan muy pocas décadas en ese planeta y desde entonces han echado mano al séptimo arte para ir forjando su identidad) hay un gran ausente acá y son las marcas, las empresas. Todo lo otro que se cuenta es un primer síntoma sobre el malestar en la cultura argentina. Pero faltan otros. Como diría la novia del último relato: también filmame esto, Néstor.