Los 10 mejores libros de 2015 martes, 29 de diciembre de 2015
















A continuación, los mejores 10 libros editados en Argentina durante 2015.

Mención especial I:
Derechos Humanos ® / Santiago O'Donnell (Sudamericana). El título y el prólogo no le hacen justicia a un otrora buen laburo de investigación sobre la historia, las internas y las tensiones con el poder político del organismo de derechos humanos más prestigioso del país. Acá plasmé mis dudas en esta entrevista para el Herald.

Mención especial II.
De la concentración a la convergencia / Martín Becerra (Paidós). El especialista en medios más equilibrado de estas pampas le pasa revista a las políticas de medios en Argentina y la región. Su epílogo, "estado de la cuestión del periodismo", vale el precio de la entrada, y si no me creen lean esta muy buena cita.

10.
Massa. La biografía no autorizada / Diego Genoud (Sudamericana). Además de una mirada crítica sobre el ex Ucedé (con buenos capítulos sobre cómo opera con la prensa y su relación con el artista anteriormente conocido como Jorge Bergoglio) el libro es una excelente radiografía de Tigre más allá del Puerto de Frutos, el casino y las camaritas. Al final incluye una imperdible entrevista con Eduardo Constantini sobre narcos y Nordelta.

9.
Las guerras de Internet / Natalia Zuazo (Debate). Economía política aplicada a la red, o periodismo tecnológico más allá de las reseñas de las reseñas de gadgets. Con estilo croniquero, baja "la nube" de un hondazo y nos lleva de las narices al backstage de la red local, donde conocemos (por fin) las granjas de servidores o los cables submarinos de Las Toninas. Libro necesario en tiempos de celebración acrítica de "la magia de Internet". Acá mi entrevista con ella para el Herald.

8.
Cartas de la Wehrmacht / Marie Moutier (ed.) (Crítica). Casi cien cartas de soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, publicadas en orden cronológico. Sus lectores podrán advertir cómo lo más extraordinario (las bombas, los ghettos, la crueldad, el dolor, las masacres) se une a lo más trivial (el "turismo de guerra", los momentos de aburrimiento, las críticas a los jefes), a veces en una misma carta, que podía estar dirigida a las esposas, madres, hermanas o hijos de aquellos que combatían en el frente.

7.
Born / María O'Donnell (Sudamericana). Tiene motivos de peso para haberse convertido en un best seller: aborda un episodio ganchero de una temática popular y lo narra como una película de suspenso. Un buen cronista, de esos que también investigaron "los setenta", señaló que hay capítulos enteros basados en una o dos fuentes de dudosa reputación ("Tata" Yofre, anyone?), lo que posiblemente sea cierto. Pero el plato fuerte del libro es otro: las entrevistas con Jorge Born sobre el rescate más caro de la historia, y es allí donde el libro cumple en su tarea de ayudar a completar la aparentemente saturada narrativa sobre esa década.

6.
Scioli Secreto / Pablo Ibáñez y Walter Schmidt (Sudamericana). Parece imposible entrarle a Daniel Osvaldo, un tipo que no tiene off, ejemplo cabal del WYSIWYG en el que se ha convertido la política argentina de candidatos conservadores salidos de universidades privadas y con relaciones más o menos utilitarias (parasitarias, en algunos casos) con el peronismo. Pero Ibáñez y Schmidt le encontraron al vuelta: le dedicaron años y paciencia al asunto, y el resultado es un libro muy entretenido, muy bien escrito sobre el presidente que no fue. Acá mi entrevista con el buen Pablo Ibañez.

5.
Open / Andre Agassi (Duomo). Adjudicarle este libro a Andre Agassi fue un abuso del marketing. La pluma detrás de este proyecto, y el que hace que Open se eleve por sobre el mar de biografías de estrellas deportivas escritas con los codos, es J. R. Moehringer, ganador del Pulitzer y autor de su propia biografía (The Tender Bar, que estoy promediando y promete). Agassi se abre como nunca antes -de ahí el juego de palabras del título- y cuenta detalles sobre sus adicciones, Brooke Shields, la fama, el tenis (interesante incluso para el que no es fan del deporte, como este servidor), la vida y todo lo demás. La parte sobre The Andre Agassi School for Kids Who Can't Play Tennis Good and Want to Do Other Stuff Good Too es media densa, aunque lo demás es brillante, y como digo, mérito del mejor ghost writer de la década.

4.
El impostor / Javier Cercas (Random House). La historia real de un impostor, el español Enric Marco Batlle, que durante décadas se hizo pasar por superviviente de los campos de concentración nazis. Tras una extensa investigación, el autor de Soldados de Salamina descubre que Marco también se había hecho pasar por antifranquista y mientras cuenta su historia se pregunta, en voz alta, por el Quijote (que también decidió, a los cincuenta años, que una gran historia de aventuras y valentía era mejor que vida gris que había llevado hasta el momento), por la verdad y la mentira y "la industria de la memoria". ¿No será que la izquierda está en declive, en parte, porque abrazó el papel de víctima que le dejaron los demás?

3.
Censores trabajando / Robert Darnton (Fondo de Cultura Económica). A menudo imaginamos al censor como un burócrata amargado que tacha párrafos a diestra y siniestra, algo así como un Edgardo Sorona, vicealmirante del Comfer. No obstante, y aún suponiendo que la caricatura se ajuste a determinados personajes, Robert Darnton cumple con su papel de eximio historiador al mostrarnos que esto no siempre fue así. Tras un repaso por la Francia de los Borbones, la India bajo dominio británico y los últimos años del gobierno comunista en Alemania Oriental, nuestro especialista concluye que, a menudo, el censor trabajaba junto a los autores, cumpliendo el rol que hoy se le adjudica a los editores modernos. El ida y vuelta no estaba exento de presiones, negociaciones y, sí, episodios de abierta censura, pero al terminar de leerlo uno tiene una visión mucho más acabada sobre el tema.

2.
Clarín. La era Magnetto / Martín Sivak (Planeta). Segundo volumen del opus de Sivak sobre la historia del Gran Diario Argentino que tiene, como frutilla del postre, la entrevista con uno de los hombres más poderosos del país. De la guerra de Malvinas ("el Clarín del '82 es un Clarín muy tramposo", cuenta Sivak en esta entrevista que le hice en julio) al apoyo abierto al gobierno de Néstor Kirchner, La era Magnetto es el retrato minucioso de un diario que vio pasar la hiperinflación, el menemismo, el gobierno de la Alianza (y un extenso período de gracia del que ningún presidente había gozado hasta el momento, veremos si Macri bate el récord), el interregno Duhalde y el mito de que Clarín licuó su deuda con la devaluación, el asesinato de Kosteki y Santillán, el ascenso del kirchnerismo, las ya famosas tapas negociadas con Alberto Fernández. El libro es también el relato de estos mismos hechos desde adentro de una redacción, con todas sus internas, agachadas, éxitos fugaces, el piloto automático de rutinas productivas y todo lo que los periodistas argentinos conocemos más que bien.

1.
Vaca Muerta / Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio (Planeta). ¿Cómo enganchar a la gente con un libro sobre el shale oil? Pensándolo como una buena película o, al menos, como un gran documental. De Texas a Añelo, y de Añelo al piso 30 de la torre de YPF en Puerto Madero, Vaca Muerta es, al mismo tiempo, una investigación periodística, un ensayo de economía política, un libro de divulgación y un storyboard pensado con personajes y conflictos. Por algún motivo nos gustan los libros escritos a cuatro manos, y la dupla Bercovich-Rebossio sacó uno de esos libros que, como el shale, requiren mucha inversión pero cuando sale, es oro (negro) puro.

Los mejores tweets de 2015 martes, 22 de diciembre de 2015

El año más cargado de noticias (y con devaluaciones más intensas) desde 2002 arrancó con Sergio Massa arriba en las encuestas, siguió con Daniel Scioli sintiéndose ganador y terminó con el ¿sorpresivo? triunfo de Mauricio Macri, que al cierre de esta edición aplicaba la primera etapa de su plan económico shock and awe, tal como resumíamos por acá.

Después, lo que sabemos: Charlie Hebdo, el FIFAgate, la marcha por #niunamenos, inundaciones en Córdoba y provincia de Buenos Aires, la muerte de Nisman, la apertura política (pero sobre todo comercial) de Cuba, el Panadero Díaz y el "tiraste gas, abandonaste" que culminó con River ganando la Libertadores y perdiendo el Mundial de Clubes, "el drama de los refugiados" (o el énfasis mediático por la llegada masiva a Europa de personas huyendo de sus países) así como su vinculación con el terrorismo modelo siglo XXI de ISIS, el atentado en Bataclán. El círculo rojo porteño cerraba el año con la declaración de la emergencia en seguridad y al ritmo de Gilda, mientras la etiqueta "prensa oficialista" cruzaba la grieta y se pegaba bien fuerte en el ex sector "independiente".

Este año el listado viene con yapa de previa: las cinco mejores frases políticas de 2015

5. "¿Durán Barba le regala una licuadora al dirigente de PRO que me insulta mejor?"
Martín Lousteau, antes de aceptar trabajar para el gobierno de Durán Barba, 11 de julio

4. "El único bono que conoce, es el de U2"
Aníbal Fernández sobre las críticas de Sergio Massa a las nuevas regulaciones de la CNV, 23 de septiembre

3. "Me encantaría ser Juan Carr, que es muy bueno, es realmente buenísimo. Siempre está buscando a un perrito, a una viejita que se perdió"
Miguel Ángel Pichetto, tras la derrota en las elecciones en Río Negro, 14 de junio

2. "No me hagan hablar mucho que a las 12 me convierto en calabaza"
Cristina Kirchner, 9 de diciembre

1. "A Eseverri lo mandamos a espiar, movió la ligustrina, lo vieron, entró a comer asado y no salió mas".
Felipe Solá sobre una de las últimas fugas en el massismo, 14 de junio

Como siempre, el criterio de selección es: tuits en español, redactados por argentinos, no famosos.
Recibimos sugerencias y recomendaciones en los comentarios.


























































































































































Citizen Kang miércoles, 28 de octubre de 2015




















Tal vez sea el cansancio de la campaña, pero desde esta posición no parece que el 22 de noviembre se vaya a jugar el futuro de la democracia popular (o de la República) en Argentina, sea quien gane las próximas elecciones presidenciales.

A pesar de estos años de "febrilidad estancada" (no existe mejor definición para los últimos cuarenta meses del kirchnerismo), colegas, amigos y conocidos han comprado una idea que dice más o menos así: si a partir de diciembre el Poder Ejecutivo queda en manos de la alianza PRO-UCR encabezada por Mauricio Macri descenderán sobre el país una serie de maldiciones, casi todas de índole económica.

Antes de entrar a diseccionar estos futuros planes, una pregunta: ¿Cuál es la alternativa que se le presenta a los votantes en este ballotage? Daniel Osvaldo Scioli, peronista tardío, gobernador saliente de la provincia de Buenos Aires y candidato por descarte de la presidenta Cristina Kirchner, quien no pudo, no quiso o no supo nombrar un sucesor que representara mejor los valores del movimiento político que encabeza.

No se trata solo de su gestion gris al frente de la provincia más poblada del país, ni de su dudoso historial en materia de derechos humanos, ni de los nombramientos cuestionables que propuso en todas las áreas sensibles de gobierno. En términos políticos, el sciolismo es una versión empeorada del kirchnerismo, que retiene todo lo malo y casi nada de lo bueno del partido político que le dio origen. (A tal punto que muchos de los que hoy lo apoyan desde el progresismo o la "izquierda peronista" se conforman con que su gestión no barra con los derechos sociales instalados durante los tres gobiernos Kirchner. Nadie habla de "profundizar" nada en 2016.)

Una posible excepción es el área económica. Pero incluso aceptando que el "equipo económico de Scioli" es mejor que "el equipo económico de Macri" -premisa a la que adhiero, con reservas-, no encuentro aquí una brutal oposición de modelos, como la que podía existir a fines de 2001 entre devaluadores y dolarizadores. El motivo es sencillo: el daño (económico) ya está hecho.

Los intentos, si acaso loables, de "incentivar el consumo" y "proteger a la industria" en un contexto donde el gobierno nacional propuso "vivir con lo nuestro" mientras se mantuvieron e instalaron medidas socialmentre regresivas como esos guiños/compensaciones a la clase media y media-alta llamados dólar ahorro y electricidad a 40 pesos el bimestre en Santa Fe y Scalabrini Ortiz derivó en una moneda prácticamente despojada de su valor, un mercado paralelo de divisas y un Banco Central reventado. Lo que comienza a aparecer como inevitable en el horizonte es que quien sea que reemplace a Cristina Kirchner en el sillón de Rivadavia deberá ajustar (esa es la palabra, tut mir leid) una serie de indicadores macroeconómicos con medidas que se caen de maduras y que serán, inevitablemente, impopulares (y no me refiero únicamente a su efecto en el humor social sino en cómo van a afectar, concretamente, el bosillo del laburante).

Dicho en otras palabras, si Scioli gana, no nos salvamos del ajuste. Si Scioli gana, él será el encargado del ajuste con rostro humano, a la Dilma.

***

La nueva ley de partidos políticos, con su sistema de elección en tres vueltas, fue "purificando" candidaturas. Por primera vez desde su creación, lo que solía ser un festival de narcicismo fue derivando en una oferta más clara de alianzas políticas. No faltaron opciones variadas en la primera vuelta, pero ahora solo quedan tres: Scioli, Macri o blanco/nulo.

Es cierto que la opción por esta versión peronista-conserva del FpV parece prometer -si no a partir de sus expertos, por su base corporativa de apoyos- una transición más moderada hacia (digámoslo como si fuésemos economistas pro-mercado) una macro sincerada, con el kirchnerismo emocional como guardián del modelo político. Pero en el paquete vienen otras cosas que, si se piensan en frío, no son mejores que lo que ofrece el macrismo. ¿O acaso Sergio Berni es mejor que Guillermo Montenegro? ¿O Ricardo Casal va a ser mejor ministro de Justicia que cualquiera que nombre Macri excepto, digamos, Martín Ocampo? ¿Alejandro Granados no es más o menos (o igual de) peligroso que cualquier outsider o famoso sin experiencia como los que el macrismo gusta "sumar" a su "equipo"?

Por otra parte, creer que el macrismo y su equipo pro-mercado va a barrer en cien días con "los logros sociales de los gobiernos populares de Néstor y Cristina" es (1) olvidar que Cambiemos seguirá siendo una fuerza minoritaria en el Congreso y deberá negociar, en el mejor de los casos, un gobierno de coalición con Sergio Massa, quien tiene su propia base de apoyos industriales y sindicales opuestos a cambios bruscos y, sobre todo (2) subestimar el tejido social que el kirchnerismo ayudó a construir en todos estos años. Por otro lado, la salida "institucionalista" del gobierno de CFK, con nuevos derechos sociales consagrados por ley, parece haber sellado las conquistas que los alarmistas parecen más preocupados en mantener. ¿Que habrá tensiones si el PRO resulta vencedor y comienza a circular su propio relato? Sin dudas. Ahora bien, no quiero sonar provocador, pero que ciertas organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos se vean obligadas a andar en bici sin rueditas resulta, cuanto menos, un desafío interesante a futuro.

(Una disgresión: en los últimos días, algunos personajes de Tuiter Argentina parecen entusiasmados con la idea de que una victoria macrista "desabroche del presupuesto público" a los "artistas K" y se pueda desarrollar el arte por el arte sin un star-system que, en algunos casos, es cuasi-parasitario. Me permito dudar: el PRO ha dado sobradas pruebas de que existen prácticas similares en su administración. De hecho, hablamos de un fenómeno que atraviesa a casi toda la clase política argentina y que también ocurre en el caso del periodismo, el sistema de medios y la publicidad oficial, aunque este último tema excede el espacio de estas líneas).

Mi punto es que si el scioli-kirchnerismo pierde el ballotage, lo habrá perdido antes del día de la elección, un poco como en 2013, cuando decidió llevar a Martín Insaurralde en provincia de Buenos Aires para mimetizarse con el rival político de turno. (La ironía última de tener que vender tus "ideales" para ganar, y encima no ganar). Las últimas dos grandes medidas del kirchnerismo -el plan Procrear y la estatización de YPF- datan de hace tres años. Ley de rendimientos decrecientes: hay muchísimo más estado (recursos, ministerios, nuevos tribunales) para muchísimos menos avances. Como ese intento desesperado por mantener, ni siquiera reducir, el índice que muestra que uno de cada tres trabajadores no está registrado o las cincuenta cadenas nacionales para inaugurar una fábrica de bochas de inodoro con una inversión de un millón de pesos. El lejano recuerdo de la tarjeta SUBE (2009) como una de las últimas medidas que le solucionan los problemas a la gente. Hipótesis: la potencia creadora del gobierno está tan en baja que casi le hacemos un favor si forzamos una renovación.

De la vereda de enfrente, lo que ya sabemos: que no hay futuro ni esperanza posible con Patricia Bullrich, Laura Alonso, Silvana Giudici, Prat-Gay, la alianza del Pacífico y el salto sin paracaídas a la "economía creativa".

Los doce años de gobiernos Kirchner terminan con un ambiente político, económico y periodístico denso, casi tóxico, y hay elementos para ganar y para perder gane quien gane las próximas elecciones (que haya más de lo segundo que de los primero es mi apreciación personal, que no todos comparten), por lo que la prescindencia es ciertamente una opción. Se entiende que varios no lo vean así y estén, por estos días, militando activamente el voto a favor de uno y otro, cosa que respeto, pero por todo lo expuesto no deberíamos comprar at face value ninguno de los dos "modelos" propuestos. O como dice uno que yo sé: "El drama del sobrepolitizado es que para seguir discutiendo se tiene que inventar un Scioli y un Macri que no existen".

No desperdiciemos saliva que, pase lo que pase, en julio de 2016 todos vamos a estar diciendo:
- A mí no me miren, yo voté por Kodos.

Victoria, de Sebastian Schipper martes, 27 de octubre de 2015

And the rich were so mean.

The Kinks, Victoria
(1969)


Top 10 recitales domingo, 27 de septiembre de 2015


















A continuación, el top 10 recitales internacionales a los que asistí.

10. Morrissey (GEBA, 2012)
Setlist

9. NOFX (Obras, 2006)
Setlist

8. Radiohead (Club Ciudad 2009)
Setlist

7. R.E.M. (Club Ciudad 2008)
Setlist

6. Pavement (Trastienda, 2010)
Setlist

5. Green Day (Costanera Sur, 2010)
Setlist

4. Pixies (Luna Park, 2010)
Setlist

3. The Hives (Obras, 2007)
Setlist

2. The White Stripes (Luna Park, 2005)
Setlist

1. Pearl Jam (Ferro, 2005)
Setlists uno y dos

Teflón jueves, 27 de agosto de 2015

Scioli es tan de amianto que creo que ni una inundación en La Plata con represión subacuática adentro de una casa de cambio ofreciendo dólar blue a $19 impedirá que se convierta en el próximo presidente.

It Follows, de David Robert Mitchell lunes, 27 de julio de 2015

Learn from the best, steal from the rest.