Apuntes mundialistas: We were dead before the ship even sank sábado, 30 de junio de 2018

A mediados de la década pasada se puso de moda en Estados Unidos el "major-label indie rock", un oxímoron que inundó las FM de todo el planeta al tiempo que el formato CD comenzaba su declive. Una de mis bandas preferidas de este lote era Modest Mouse. Originaria de una ciudad cercana a Seattle, en 2004 alcanzó el platino de la mano del hit "Float On" y tres años más tarde sacó un nuevo disco, más oscuro y casi sin ganchos. El título era genial: We Were Dead Before the Ship Even Sank.

Los argentinos —encarnados simbólicamente en los 23 representantes de la selección nacional de fútbol— ya estábamos muertos antes de llegar a Rusia. La selección estaba muerta cuando Messi nos clasificó él solo, con tres goles, para la Copa del Mundo; estaba muerta cuando empató con un equipo debutante compuesto por directores de cine y empleados de fábricas de sal; estaba muerta cuando perdió bochornosamente con Croacia; y estaba muerta (lo dijimos) cuando le ganó de manera agónica a Nigeria con un gol de diestra de un central zurdo desde el punto del penal en el minuto 86.

Al decir de Diego Batlle: hace años que para esta selección las derrotas son tragedias y las victorias, un desahogo. En Rusia 2018, y ante la falta de preparación, lo que se intentó de manera casi anárquica fue reeditar una versión turbo de 2014: luego de un comienzo a los tumbos, los líderes de este grupo de jugadores quisieron "cuerpear" experiencia y organizaron, desde el vestuario, un equipo de históricos que prometió inmolarse por última vez. "Soy un soldado que ahora va directo a morir", dijo Javier Mascherano, emulando a un japonés en 1944. El equipo más viejo de todos los que quedaba en competencia se enfrentó al equipo más joven del torneo. Los resultados hablan por sí solos.

Nadie podrá achacarle a esta camada que faltó voluntad, empuje o "huevo", como piden, desde el sillón, los deforestados mentales. Pero ya lo dijo esta tarde Juan Pablo Varsky: "El fútbol es tan generoso que las casualidades te pueden dejar alegrías, pero siempre vas a estar más cerca del éxito con proyectos serios que con papeles al viento, cargos a la marchanta, micrófonos circenses. Argentina desarrolló una adicción a su mística y eso es venenoso."

Sin sistema definido, sin estrategia clara de juego —en suma, sin jugar bien al fútbol— uno puede ganar una vez, dos veces. Hasta te puede entrar un gol de otro partido (Di María) y uno de carambola (Mercado) y ponerte a tiro en los encuentros más difíciles. Pero esto que hemos dado en llamar mundial de fútbol es un torneo de élite de siete partidos. Sin un mediocampo competitivo, con una de las peores defensas del mundial (nueve goles recibidos en cuatro partidos, anyone?), no había forma. Se dijo que antes de criticar a Sampaoli hay que detenerse en una serie de cuestiones, en especial en el hecho de que no ha tenido tiempo para armar un plan de juego definido. Bienvenidos todos los reparos, con énfasis y acentos allí donde corresponda. Pero la Argentina de Jorge Luis Sampaoli Moya —como el Portugal de Fernando Santos, que se quedó afuera esta tarde— no ha logrado plantear un equipo a la altura de sus individualidades. Ni los jugadores quedaron en shock tras quedar eliminados: como si el duelo ya hubiese tenido lugar en algún momento del camino y esto fuera, simplemente, la constatación. Ya estábamos muertos antes de que el barco se hundiera.





















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El mundial sigue sin nosotros. Sigue la dupla Cavani-Suárez, al frente de un equipo efectivo y previsible como el uruguayo. Sigue Kylian Mbappé, hijo de madre argelina y padre camerunés, un crack nacido en diciembre de 1998, cinco meses después de que Zinedine Zidane levantara la copa de campeones en el Stade de France. Sigue Benjamin Pavard, un pibe de veintitrés años que el 17 de mayo lloró cuando Deschamps leyó su nombre en la lista definitiva. Hoy clavó un derechazo sublime, demencial. Fue su primer gol con la camiseta de Francia.






















Esta tarde, los canales con venticuatro horas de deportes, las reuniones familiares y los grupos de mensajería instantánea se llenaron de puteadas al aire, de discusiones sobre el futuro del director técnico, de nombres de los jugadores que —se dice— deberá tener la nueva camada. En este espacio no pontificamos porque en el fondo no sabemos y levantar el dedito nos da un poquito de calor. Intentamos, si acaso, compartir el placer de ver cómo ingresa al arco una pelota cuando se juntan 22 que le pegan más o menos bien; nos gusta la fiesta, el cosmpolitismo, observamos con interés antropológico y deseo de ser parte esta comunión laica que se celebra cada cuatro años en un punto casi random del planeta. Pero sospechamos que un país con nuestras características y tradición futbolística está para más. De cara a lo que viene, el diagnóstico deberá ser compartido y el proceso que comienza, bien liderado. Es una apuesta, un proceso, que recién comenzará cuando el 15 de julio, temprano a la tarde, un equipo que no es el nuestro levante un trofeo de de oro sólido en el Estadio Luzhniki.


Apuntes mundialistas: manchas y brillos perdidos jueves, 28 de junio de 2018


La primera ronda de Rusia 2018 ha llegado a su fin y el momento parece oportuno para ensayar un breve balance. Si se me permite el juego de palabras: con tantas sorpresas durante los partidos, lo más sorprendente es que al final del día no haya habido tantas sorpresas entre los clasificados. Con excepción de Alemania (y, en menor medida, de Polonia) a octavos de final pasaron los que se esperaba pasarían — o como dice aquel tuit inmortal de Ricardo Fort: GANÓ QUIEN TENÍA QUE GANAR. Sí hubo algunos batacazos en los primeros puestos —Croacia, Suecia y Bélgica ganaron sus grupos—, lo que terminó desequilibrando las llaves que arrancan con la Round of 16. Del lado de Argentina aparecen Francia, Uruguay, Brasil (campeones mundiales) y Portugal (el último campeón de Europa). Del otro lado, apenas España e Inglaterra, aunque equipos como Colombia, Croacia e incluso Suiza dieron una buena impresión hasta ahora. La verdad de perogrullo sobre las instancias eliminatorias que alimenta la esperanza argentina post partido con Nigeria es la misma que explica por qué no aventuramos candidaturas: en noventa minutos puede pasar cualquier cosa.

La última jornada mundialista de cuatro partidos por día comenzó con lo que prometía ser una electrizante definición en el Grupo G, donde Japón, Senegal y Colombia se disputaban dos plazas para los octavos de final.






















En Volgogrado, la selección japonesa jugó un partido sin brillo y a principios del segundo tiempo perdía ante Polonia, ya eliminada, por 1-0. En paralelo, Colombia y Senegal se jugaban el todo por el todo en Samara en el último partido de la fecha. El equipo de José Pekerman se había puesto al frente en la primera parte con un buen gol de Yerry Mina y pasaba al primer puesto del grupo con seis puntos. A pesar de todo, el resultado igual le cerraba al conjunto japonés, empatado con Senegal en el segundo lugar de la tabla en todo menos en los puntos por "fair play" (tenía menos tarjetas amarillas que el equipo africano). Se produjo aquí uno de los momentos más vergonzosos de Rusia 2018, y es que Japón, a pesar de la derrota, no intentó siquiera ir por el empate. "Decidí mantener el status quo y confiar en el resultado del otro partido", admitió el DT Akira Nishino en la conferencia de prensa posterior al partido que terminó con los japoneses haciendo la jaula del pájaro pasándose la pelota de un lado a otro sin acercarse al área rival (y con los polacos, aparentemente conformes con estarse llevando al menos una victoria de Rusia). "Cuando metí el tercer cambio le dije (al jugador que entraba) que le diga a sus compañeros 'no tomen riesgos innecesarios y no reciban más tarjetas amarillas'," agregó Nishino. "Le dije que pasaran a defenderse porque no podíamos conceder otro gol y por suerte Polonia no estaba muy interesada en volver a marcar".

La paradoja, pues, de que el equipo que finalmente terminó pasando por "fair play" sea éste mismo que acaba de definir su director técnico. Un deseo: que este lunes Bélgica les llene la canasta de goles.





















Cerraban la jornada los equipos del Grupo G, donde ya todo estaba decidido: los eliminados Túnez y Panamá se enfrentaban en Saransk (fue victoria tunecina por 2-1) mientras que Inglaterra y Bélgica, ambos ya con pasaje a octavos bajo el brazo, se enfrentaban —es un decir— para definir la punta del grupo. El partido en Kaliningrado fue un embole: los dos jugaron con suplentes y nadie parecía con demasiadas ganas de ganar el partido. Recuerdos del Argentina-Holanda del mundial 2006, también por la última fecha de la primera rueda. Fue Adnan Januzaj, el mediocampista de la Real Sociedad que de casualidad entró en la lista final de 23 jugadores que Bélgica presentó este mes, el encargado de marcar el solitario tanto de la victoria, un verdadero golazo con pisadita en el área incluida. En 2013, Januzaj había llegado al Manchester United con la etiqueta de "gran promesa" pero nunca terminó de funcionar en el club y luego de un breve paso por el Borussia Dortmund y el Sunderland terminó en el Real Sociedad, donde marcó tres goles en 28 partidos. "Me criticaron mucho en el pasado, sobre todo en Inglaterra. Hoy intenté mostrarle a la gente que estoy acá", dijo Januzaj.

Apuntes mundialistas: Deutschland ist raus! miércoles, 27 de junio de 2018

Contra todos los pronósticos, Alemania llegaba con lo justo al tercer partido de fase inicial de la Copa del Mundo. La pincelada de Toni Kroos contra Suecia en el minuto 95 había sido un auxilio de otro planeta para un conjunto acostumbrado a obtener resultados por mérito propio a partir de paciencia y la planificación. Al momento del pitido inicial contra Corea, equipo sin puntos y prácticamente eliminado, la matemática colocaba a los alemanes segundos en su grupo, detrás de México. Y si bien un empate podía darles la clasificación, era claro que la Mannschaft estaba obligada a salir a buscar el partido para no depender de lo que ocurriera en Ekaterimburgo.

"Todo listo para que lluevan goles", tuiteó la cuenta oficial de la selección alemana. Lo que llovieron, en cambio, fueron centros sobre el área de Jo Hyeonwoo, el notable arquero titular de Corea del Sur y el mejor —junto a Keylor Navas— de todos los eliminados en esta primera ronda. Como muestra, un botón: busquen en YouTube el cabezazo que le sacó, a puro reflejo, a Leon Goretzka cuando iban dos minutos del segundo tiempo. Un poco por experiencia y otro en base a la caricatura que tenemos de los germanos, muchos imaginamos que Alemania no corría ni le ponía ganas porque ya había sacado un cálculo tipo Moneyball de que un jugador X va a clavar el 1-0 en el minuto 79, el punto de máximo aprovechamiento de recursos. La realidad fue mucho más pedestre: Alemania volvió a jugar un mal partido, que para colmo perdió con dos goles en tiempo de descuento (el último, con Neuer entregadísimo jugando de 8, otra de las imágenes inolvidables que nos regala esta Copa del Mundo). Terminó última en su grupo.





















"Lo que casi nadie creía posible es hoy una amarga realidad", tituló Die Welt. "El mayor papelón de la historia alemana en Copas del Mundo. Final vergonzoso para una catastrófica fase de grupos", agregó Bild. Fue uno de los partidos más singulares de la historia de los mundiales, en especial porque —a tono con los cierres de grupo para el infarto que se vienen dando— mientras todo esto sucedía, Suecia estaba goleando a México. El gol de Kim Young-Gwon (¡un defensor!) ayudó a la clasificación del conjunto de Osorio y los mexicanos se pasaron el resto del día abrazando, fotografiando y llevando en andas a cuanto coreano se les cruzara. Los coreanos lo festejaron como un campeonato y alrededor del mundo se multiplicaron los pedidos para que, a pesar de la eliminación, Heung-Min Son no tenga que hacer el servicio militar obligatorio, del cual podría haber zafado de haber igualado la increíble performance del mundial 2002. ¡Ah! Y Suecia, que esta mañana estaba fuera de la Copa, se adueñó del grupo. I love this game.

Nota al pie, de Federico Yáñez: "Que la eliminación de Alemania no haga olvidar que el camino a seguir es lo que hicieron ellos y que la victoria de Argentina no cambie que hay que refundar el fútbol argentino". Eso.





















En Moscú, Brasil hizo honor a su historia y selló su pase a octavos con una victoria clara sobre Serbia, un equipo que había llegado a la mitad de la primera ronda (a los 52 minutos de su partido con Suiza, para ser más precisos) con puntaje perfecto y que desde entonces no hizo más que conceder goles y dilapidar todo lo obtenido hasta el momento. El principio del fin ocurrió a los 36 minutos, cuando Paulinho corrió a buscar un sublime pase en profundidad de Philippe Coutinho y alcanzó a meter el pie antes de la (tardía) llegada de Vladimir Stojkovic. Hubo un amague de reacción en el arranque del segundo tiempo, cuando se vio en los Orlovi un cambio de actitud y hasta cierta bienvenida irreverencia para enfrentar a las figuras del mediocampo brasileño, pero cualquier sueño serbio de meterse en octavos se hizo trizas cuando Thiago Silva logró conectar de cabeza un buen córner de Neymar. Como dato de color del internismo en a Seleção, la jugada terminó por amigar a Ney y Thiago luego de que el 10 lo insultara a su compañero por devolverle una pelota a Costa Rica. Anécdotas al margen, Brasil clasificó primera en su grupo y sin mayores sobresaltos. Los brasileños dieron una buena impresión porque incluso en los días donde no las cosas no salían (el empate de Suiza en el debut, el cero a cero contra Costa Rica que nunca parecía quebrarse) nunca dejaron de buscar y de jugar bien. Su chapa de candidatos está intacta.





















A todo esto, el encuentro que nadie estaba viendo (Suiza-Costa Rica) resultó ser un partidazo. Cuatro goles, tres tiros en los palos y un penal con suspenso en tiempo de descuento: si hay algo que no le faltó al cierre del Grupo E fueron emociones. Suiza, un equipo de segunda línea y sin brillo pero relativamente efectivo cuando se enchufa, se recuperó de su derrota ante Serbia y logró colarse entre los mejores 16.

Pensamiento del día: este Mundial está lleno de equipos que ganan los partidos más difíciles y pierden los partidos que tienen que ganar.

Apuntes mundialistas: I saw red martes, 26 de junio de 2018

It makes no sense at all / I saw red, I saw red, I saw red

Sublime, 1994


Escribo estas líneas a dos horas del cierre del partido y de la clasificación, agónica, a octavos de final de un equipo que, por jerarquía, historia y plantel, debería estar entre los cuatro, cinco mejores equipos de la Copa del Mundo. Una foto: a los 76 minutos, mientras los partidos en simultáneo en San Petersburgo y Rostov del Don estaban empatados 1 a 1, la Argentina estaba última en la tabla de posiciones en el grupo que hasta hace instantes compartía con Nigeria, Croacia e Islandia. Nada de lo que se diga hoy, o en los días eternos de aquí el sábado, podrá opacar este dato duro de la selección argentina de fútbol. Lo que pase al día siguiente de la experiencia albiceleste en Rusia obligará a algún tipo de refundación que excede las vicisitudes de estos noventa minutos.

La selección arrancó su match con unas ganas que no había encontrado en los anteriores encuentros y abrió el marcador con uno de los goles más lindos del Mundial. Un pase filtrado y perfecto de Ever Banega —un teledirigido— que Lionel Andrés Messi bajó como un dios y definió como el genio que es. El resto del primer tiempo se fue apagando entre pases laterales y errores defensivos que casi se pagan caro.

Y qué decir con el agarrón de Mascherano que, VAR mediante, derivó en penal para Nigeria. Vista así, toda la escena parecía de otro partido, pero la jugada clave es la anterior: tres defensores van por una pelota y no se hablan, lo que resulta en un córner casi tan insólito como el penal posterior. Como decía Mariana Enríquez, bajar es lo peor, y la Argentina sabe mucho de golpes anímicos, casi más que cualquier otra selección grande del planeta. A tal punto de que las piernas empezaron a flaquear y la sombra de la eliminación se hizo presente, omnipresente, como cuando faltan veinte minutos en una de suspenso y ya sabés que todo termina mal.

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Cuando habla del Mundial, el lenguaje cojea. Es imposible describir lo que pasó por la cabeza de millones de espectadores, locales y de los otros, cuando en el minuto 86 —cuando ya todo estaba dicho y la Argentina se encaminaba a una eliminación en primera ronda a manos de un equipo africano— Gabriel Mercado tiró un centro y alguien conectó y la red se infló. (No sé si les pasa a ustedes: a mí, en ese segundo crucial, la cabeza se me nubla, llega más tarde. Lo primero que pensé es que había sido gol de Sergio Agüero: es que creí ver a un nueve que no era Gonzalo Higuaín clavando una certera volea desde el punto del penal. No había chance alguna de que Marcos Rojo estuviese ahí, en ese momento.)






















A partir de ahí, el nudo en la garganta, la misma sensación que contra Suiza en el Mundial 2014. La sensación es una mezcla entre euforia, desahogo, alivio y bronca. Se parece mucho a la mueca incontenible de Pablo Giralt tras relatar el gol de la victoria. ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así?

Leído, al pasar, en Twitter: "Otra vez nos salió. Nunca vamos a aprender nada. NOS AMO".

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Sid Lowe escribe para The Guardian desde el estadio de San Petersburgo. Leo su columna y me emociono. El suyo es un relato bien completo del partido pero me detengo en la descripción que hace del gol de Messi. O mejor dicho, de cómo lo festeja. Dice Lowe:

"He turned and ran, arms outstretched, towards the corner, teammates running after him, slowed and sank to his knees. There he pointed to the sky, neck tilted back, with a look on his face that was almost manic. All around him, the noise. Oh, the noise."
 

Apuntes mundialistas: anatomía de un instante lunes, 25 de junio de 2018





















All quiet on the Eastern front. Uruguay enfrentaba a los anfitriones en el Samara Arena, y con ambos conjuntos ya clasificados lo único caliente detrás del choque parecían ser los 32 grados de temperatura en la sexta ciudad más grande del país. No hubo sorpresas cuando el conjunto de Luis Suárez y Edinson Cavani se encontró con el gol a los diez minutos, tras un tiro libre en el borde del área que el Pistolero ejecutó de manera brillante. Rusia, que había ganado con comodidad sus primeros dos partidos, se encontró por primera vez con uno de los diez mejores equipos del momento y lo cierto es que no supo mucho qué hacer. Atacó poco y, para colmo, recibió otro gol tras un disparo de Diego Laxalt que rebotó en Denis Cheryshev (jugador destacado del debut contra Arabia Saudita, que con este lleva cuatro goles en este mundial: tres a favor y uno en contra). A los 36 minutos, Igor Smolnikov vio la doble amarilla y a partir de entonces el partido —de por sí previsible— completó su metamorfosis: Rusia tratando de evitar una goleada y Uruguay bajando un cambio como pide el senador Pinedo. La segunda mitad estuvo de más y cerca del final Cavani decoró el resultado. La Celeste avanza a paso firme en la Copa del Mundo. Pero la revalidación de credenciales recién arranca ahora.

Dos apuntes breves sobre Egipto-Arabia Saudita, el duelo de eliminados. Primero: en Egipto ingresó el arquero Essam El-Hadary, que jugó noventa minutos en la Copa del Mundo con ¡45 años! Y como si fuera poco, atajó un penal. Segundo: una lástima enorme lo de Mohamed Salah. Debido a su lesión no pudo estar en la ajustadísima derrota frente a Uruguay. Cuando su cuerpo lo dejó, entró y metió dos goles en dos partidos para un equipo que amenazaba con ser uno de los tapados y al final quedó última en el grupo. Decepción total.





















Te amo, te odio, dame más. Mi conclusión tras las dos primeras fechas era que el Grupo B era el más parejo de Rusia 2018. La tercera jornada terminó por confirmar mis sospechas. Celebrados en paralelo, Irán-Portugal y España-Marruecos fueron una montaña rusa de emociones.

Primero, en Kaliningrado, Andrés Iniesta se equivoca en un pase y de ese error nace el gol de Marruecos, conjunto que shockeaba al mundo del fútbol al ponerse al frente en el partido contra el all-stars ibérico; cuatro minutos después, Iniesta se redime y de sus pies nace la jugada del empate. Mientras tanto, en Saransk, Ricardo Quaresma —el portugués de origen gitano que tiene tatuadas dos lágrimas que simbolizan, según quien analice, la muerte de dos seres queridos o dos asesinatos en prisión— mete un tres dedos exquisito para poner a los lusos al frente. Las emociones siguen en el segundo tiempo: el ex pastor, ex pizzero, ex barrendero y ex lavacoches Alireza Beiranvand le ataja un penal a Cristiano Ronaldo: una para contarle a tu nietos. De vuelta en Kaliningrado, el pibe Youssef En-Nesyri, que había entrado por la ventana a la convocatoria cuando el técnico decidió viajar con un defensor menos y un delantero más, mete un cabezazo formidable al ángulo a falta de nueve minutos por jugar.


Anatomía de un instante: en el minuto noventa, España estaba segunda y Portugal clasificaba primera en el grupo. Casi al mismo tiempo, Aspas marcaba el 2-2 para España (el árbitro no terminaba por confirmar, lo que sumaba al suspenso) y en Portugal-Irán todo era confusión por una supuesta mano en el área de los europeos. Dos minutos más tarde, el VAR le otorga el gol a España y marca un dudoso penal para Irán. Irán convierte su penal y deja a España primera en el grupo. ¿No es suficiente? Agrego: en el minuto 93, el iraní Mehdi Taremi queda solo frente al arco pero su disparo da en la parte de afuera de la red. Si la pelota entraba, Irán eliminaba a Cristiano Ronaldo de Rusia 2018 y clasificaba a octavos primera en el grupo.

Qué bien maridan el Mundial y los infartos.

Apuntes mundialistas: se perfilan las ilusiones y los desencantos domingo, 24 de junio de 2018


Desde el primer día dijimos que Panamá sería, junto a Arabia Saudita, una de las dos cenicientas de esta Copa del Mundo. Hablamos de equipos que están a años luz del fútbol de élite y que llegaban a Rusia con la idea de hacer, si acaso, un papel decoroso. El fenómeno nunca estuvo más claro que al término del primer tiempo en la tarde de Nizhni Nóvgorod, cuando las pantallas LED del estadio indicaban Panamá 0 - Inglaterra 5.

"Bolillo" Gómez, el técnico que llevó al conjunto centroamericano a un Mundial por primera vez en su historia, metió mano en el banco e hizo ingresar al histórico Felipe Baloy, de 37 años, quien a la postre sería el encargado de meter el hasta ahora único gol de Panamá en mundiales (Harry Kane, por su parte, clavó hat-trick y ya suma cinco goles). El tanto panameño llegó a los 33 del segundo tiempo y fue el 1-6, el del honor, pero en las gradas se celebró como si hubiera sido el tanto de la victoria. Por un lado, ternura infinita para un equipo que vino al Mundial "a aprender", como lo definió el DT ("nos podrían haber hecho diez", admitió una vez finalizado el encuentro). Por el otro, lo que venimos señalando en este espacio desde hace casi una década: las más que generosas 3,5 plazas de la Concacaf —¿armado para asegurar la clasificación de las siempre redituables selecciones de Mexico y Estados Unidos?— terminan falicitando la llegada a la máxima cita de equipos que claramente no están a la altura. Así fue Panamá este año y así fue Honduras en los Mundiales de 2010 (dos derrotas y un empate; ni un solo gol a favor en todo el torneo) y 2014 (tres derrotas, ocho goles en contra). Basta, chicos.





















Más cantado que "Despacito": consumada la eliminación de Panamá y de Túnez, el grupo G ya está resuelto. Solo queda por definir, en la última fecha, quién queda como cabeza de grupo. Lo insólito del asunto es que, luego de los resultados de hoy, Inglaterra y Bélgica están empatados en diferencia de gol y hasta en goles a favor, por lo que en caso de empate terminará prevaleciendo el fair play. Y como la llave de octavos y de cuartos parece más facil para quien salga segundo, un portal sugirió a ambos equipos cagarse a patadas, a ver quien suma más tarjetas amarillas, para evitar cruzarse en cuartos con Brasil o Alemania (si pasan). Hay una sola cosa más fascinante que estos cálculos complejos, y es que en la Copa del Mundo una sola jugada alcanza para barrer con todo este tipo de especulaciones.





















En el segundo turno, Japón y Senegal entregaron uno de los partidos más entretenidos de este Mundial. Los asiáticos, que venían de imponerse ante Colombia en uno de los partidos más atípicos de Rusia 2018, iban en busca de una victoria que sellara su pasaporte a octavos: claro que enfrente tenían al Senegal de Aliou Cissé, que está en su mejor momento desde aquella memorable participación en el Mundial 2002 y que también había sumado de a tres tras imponerse ante Polonia. Senegal pasó al frente dos veces. La primera, con un tanto oportunista de Sadio Mané tras una seguidilla de errores defensivos de Japón. La segunda, gracias a la inteligencia del joven de 19 años Moussa Wagué, que apareció en el segundo palo tras un centro cruzado y definió con clase para su primer gol con la camiseta de los Leones de la Teranga. Pero Japón empató cada vez (primero con un golazo de Takashi Inui, que le dio con efecto desde el costado izquierdo y la clavó al lado del segundo palo; y luego, a doce del final, con un gol de fútbol 5 de Keisuke Honda tras una salida en falso del arquero de Senegal). La selección nipona incluso pudo haberse pasado al frente en el marcador de no ser por la rusticidad de Yuya Osako, que en la segunda parte pifió un gol hecho debajo de los tres palos, y de la mala fortuna de Inui, que reventó un disparo en travesaño. Fue un empate que tuvo sabor a victoria para los japoneses, quienes en la última fecha enfrentan a un rival eliminado y que hoy cuentan con más chances que ningún otro equipo del grupo para pasar a la segunda ronda.





















En el cierre de la jornada, duelo de perdedores de la primera fecha. Colombia enfrentaba a Polonia con ganas de tomarse revancha por ese mal comienzo con el 1-2 frente a Japón. Se sabía que el equipo de James Rodríguez y compañía tenía mucho más para ofrecer que lo que se vio en los primeros 90 minutos, y su hambre de gol quedó en claro desde los primeros minutos del encuentro en Kazán. Un gol de Yerry Mina, otro de Radamel Falcao —el que esperó toda su vida para marcar luego de haberse quedado fuera de Brasil 2014 por una lesión— y el último de Juan Guillermo Cuadrado sentenciaron un encuentro que tuvo sólo un equipo en cancha. Ahora se juega la clasificación frente a Senegal en lo que promete ser un partidazo.

Lo de Polonia es inenarrable. Perdió en el debut con Senegal tras dos horrores defensivos, una vulnerabilidad que volvió a mostrar en el partido de hoy mientras sufrían la ausencia de Kamil Glik (estandarte de la defensa, venía de una lesión y recién ingresó en el segundo tiempo). Pero lo peor de todo es que jamás mostró algún tipo de poderío ofensivo real. La pelota nunca le llegó al pie a Robert Lewandowski, que se vio obligado a bajar hasta la mitad de la cancha para acercarse al juego. Los polacos nunca metieron más de tres pases seguidos y mostraron un nivel bajísimo para un equipo que llegaba como cabeza de serie (ya explicamos cómo pudo suceder algo así) y con una chance inmejorable de meterse en octavos por primera vez desde 1986. Por el contrario, su falta de ambición y su pobrísimo juego resultaron en su temprana eliminación, una de las mayores decepciones de la Copa del Mundo. Lo que estará pensando Grzegorz Lato.

Ya pasaron 32 de los 64 partidos del Mundial. Como dijo Jon Bon Jovi: woah, we're half way there.

Apuntes mundialistas: de Sochi a Constitución sábado, 23 de junio de 2018


















CONSTITUCIÓN, Buenos Aires – No entraba un alfiler en el bar alemán de Solís al 1600. Nuestra mesa, la del cartel de "Patricia - reserviert", estaba ocupada desde las dos menos cuarto de la tarde. Para amenizar la espera, le entramos al currywurst y bratwurst mit pommes mientras un porcentaje nada desdeñable de la comunidad germana en Argentina se hacía presente en el barcito de la esquina, copado por globos negros, amarillos y rojos, y chopps de cerveza. El idioma oficial era el alemán, y así encaraban por default a la clientela André y Michael, los dueños del lugar. Había menú especial "para días de partido" y en el mercado de la bebida no había mucho para elegir: las opciones eran rubia, negra o de trigo.

Alemania arrancó con todo, dispuesta a llevarse a Suecia por delante. A tal punto fue así que la tarjeta con el número de pases que había dado cada equipo mostraba un inapelable 122 a 6. Una locura. El equipo de Joachim Löw se plantó con una línea de cuatro mentirosa, con Héctor y Kimmich sumándose al instante a cada ataque alemán: en la práctica, los últimos campeones llegaban a la ofensiva con ocho jugadores (todos menos Rüdiger, Boateng y Neuer). Esta falta absoluta de especulación los dejó algo desguarnecidos en el fondo, y al minuto 12 Suecia sorprendió con un veloz contraataque que sólo pudo ser abortado gracias a las intactas dotes del arquero alemán. Al segundo intento, y apenas pasada la media hora, Suecia encontró su premio tras un error de Toni Kroos y marcó el primero con una soberbia vaselina de Ola Toivonen. Era 0-1 y los alemanes se estaban quedando afuera de Rusia 2018.

En el entretiempo hubo caras largas, pedidos de refill de cerveza y largas colas para ir al baño como correspondía a este mini-Oktoberfest del sur porteño. Pero los ánimos no decayeron y en el comienzo de la segunda mitad arrancaron las palmas para alentar al último campeón del mundo, que salió del vestuario con mucho amor propio a buscar el partido. Löw, que en algún momento de descanso pudo oler el miedo a ser eliminados, echó mano al banco y cambió mediocampista (Julian Draxler) por delantero (Mario Gomez). La recompensa llegó al minuto 48, cuando Marco Reus, gran jugador del Borussia y fan de Justin Bieber, conectó un centro del joven Timo Werner y la envió al fondo de la red. Desde entonces, fue casi todo de Alemania, que tuvo que enfrentar los últimos quince minutos con uno menos tras la expulsión de Boateng, que se fue a las duchas por doble amarilla.

Cuando todo parecía indicar que el partido moría en empate, asistimos a uno de esos momentos mágicos de la Copa del Mundo. Una falta infantil de Durmaz en el cuarto minuto de descuento derivó en un tiro libre para Alemania — la última bola.  Toni Kroos, que tanto se había equivocado en el primer tiempo, movió para Marcos Reus, que la dejó muerta mientras Kroos cruzaba un disparo combado que se hundió en la red. Descontrol absoluto en la Little Berlín de Constitución, el dueño anuncia que hay una ronda de cerveza gratis para todos. La Copa del Mundo es hermosa.



















Bonus track: para escuchar el audio que ilustra cómo se vivió en Extrawurst el momento en el que Kroos marca el agónico gol de la victoria, hacer click acá.

Apuntes mundialistas: templanza, política y dos de Musa viernes, 22 de junio de 2018


La templanza de Brasil. En un mundial de 32 equipos con grupos de todos contra todos es fácil dejar puntos en el camino, más cuando los planteos de los equipos chicos hace tiempo que son más inteligentes, acaso amarretes, de lo que eran en el pasado. Lo sabe Brasil, que en su debut frente a Suiza iba 1-0 y pisteando como un campeón hasta que el conjunto europeo le empató y aguantó. Esta tarde en Rusia (mañana para el GMT-3 del oficinista argentino) iban cuarenta minutos del segundo tiempo y todo parecía indicar que a seleção no iba a robarle más que un empate a Costa Rica, selección que hace tiempo se especializó en este tipo de trámites ante los equipos más poderosos del planeta.





















Sin embargo, Brasil no se desesperó. Mientras Keylor Navas despejaba objetos voladores a diestra y siniestra, el conjunto de Tite siguió atacando, sin prisa y sin pausa, haciendo su juego y hasta entrando tocando al área. Como un equipo seguro de sí mismo, sabía que el gol estaba al caer. Y así fue: en tiempo de descuento, Philippe Coutinho rompió el cero con su segundo gol en esta competencia, y en el minuto 97 Neymar tuvo el suyo. Pitido final y llanto de desahogo para la estrella del PSG. Fue la primera victoria de Brasil gracias a un gol en tiempo de descuento en toda la historia de la Copa del Mundo.





















Para el bajón, dos de Musa. Luego del papelón de ayer y de la dramática situación argentina en la tabla del Grupo D, era obvio que el futuro del otro partido del lote iba a suscitar entusiasmos desmedidos. La transmisión de Nigeria-Islandia tuvo picos de 32 puntos, lo cual demuestra que Sampaoli hizo más por el rating de la TV Pública que Hernán Lombardi en toda su gestión. Las águilas verdes mostraron muy poco en la primera parte, pero se redimieron en los segundos 45 con mucho desenfado y dos goles de Ahmed Musa, crack del Leicester City que hoy tuvo una jornada consagratoria.

Con toda honestidad debo admitir que tras el bochorno del 0-3 no tenía (ni tengo, al escribir estas líneas) demasiado interés en el futuro de la Selección en esta Copa del Mundo. De pronto era obligación patria hinchar por un un conjunto africano (pero solo hoy, contra Islandia, porque después lo enfrentamos el martes con la obligación de sumar de a tres). En palabras de la imprescindible cuenta de Twitter @RusiaParaTodos: "En el bar se gritó con furia el gol nigeriano. Acto seguido, todos nos reímos a carcajadas de nuestra miseria".

Tras el 2-0 hubo bocinazos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y no alcancé a comprender la euforia. "¡Argentina depende de sí misma!", dijo uno. La inconsciencia de no entender que ese, precisamente, viene siendo el problema. La selección argentina no tiene el sistema o el temple para ganarle a nadie. Incluso si vence a Nigeria y se dan los otros resultados (no resulta irrazonable pensar que esta Croacia le puede ganar bien a Islandia), el pasaje a octavos promete ser otro dolor de ojos. Esta selección juega mal o, peor, no juega a nada. No quiero más oportunidades. No lo digo de provocador, pour épater les supporters de football. Va en serio: basta de barrer bajo la alfombra los infinitos problemas de este grupo de jugadores, técnicos y dirigentes. "Lo que vayas a hacer, hazlo pronto". Si es volver a casa, now's the fucking time.





















Emoción política. Serbia arrancó el último partido de la fecha con todo, a sabiendas de que una victoria los colocaría entre los 16 mejores, y a los cinco minutos encontró la ventaja mediante un certero cabezazo de Aleksandar Mitrovic. Desde entonces dominó el partido y se fue al descanso con la sensación de que estaba para liquidarlo en los segundos cuarenta y cinco. Sin embargo, el suizo Xherdan Shaqiri envió un "ME VAS A DEJAR EMPATAR O NO HIJO DE PUTA - PRIMER AVISO" con forma de mediavuelta que se estrelló en el ángulo del arco defendido por Vladimir Stojkovic. Al poco tiempo Granit Xhaka consiguió el empate tras capturar un zurdazo afuera del área: latigazo y adentro. El partido se puso picante. Tras un centro de Serbia, dos suizos lo agarraron a Mitrovic y se lo enfiestaron en el área. Era penalazo para los dirigidos por Krstajić pero el árbitro dijo siga, siga. El VAR, ausente. Para sorpresa de todos, y coronando un partido repleto de emociones (uno de los mejores de la primera ronda), Suiza liquidó el partido en el minuto 90 —bajo la lluvia, para más dramatismo— con un contraataque letal que Shaqiri resolvió con entereza. Así, mientras se cerraba el telón de la novena jornada de Rusia 2018, Suiza se convirtió el primer equipo en dar vuelta un partido en esta Copa del Mundo. Ahora tiene un pie adentro de octavos.

El dato político de la fecha es que los goleadores suizos, Xhaka y Shaqiri, tienen una subhistoria muy intensa por su pasado albano-kosovar, y festejaron sus tantos imitando al águila bicéfala de la bandera de Albania. En general no me dejo llevar por las rivalidades nacionalistas en la Copa del Mundo: me gusta la cerveza fría, la tele fuerte y los conflictos de clase. ¿Cuando volverán aquellos buenos viejos tiempos en los que un Cristiano Lucarelli jugaba para la selección de Italia?

Apuntes mundialistas: destrucción jueves, 21 de junio de 2018

Yo no estoy fuera de lugar, tú estas fuera de lugar, todo el maldito sistema esta fuera de lugar.

Homero Simpson referenciando a ...And Justice for All


En 1934, Argentina envió al Mundial a un equipo amateur, compuesto por jugadores de Dock Sud, Estudiantil Porteño y Sportivo Barracas. Cuenta la agencia Télam que la selección jugó un solo partido, perdió 3-2 contra Suecia y se volvió a casa. Fue la única vez que Argentina se fue sin triunfos de un Mundial. Jorge Sampaoli está a una derrota de igualar esta marca.

Hay triunfos que solo sirven para ocultar fracasos. La Selección Argentina, con su derroche de talentos ofensivos y con el mejor del mundo entre sus filas, es experta en el tema. No hace falta repasar qué fue lo que se maquilló en 2010, con un arriesgado esquema hiperofensivo que naufragó apenas nos agarró el primer europeo, y en 2014, cuando un planteo conservador nos depositó en la final luego de sufrir cada paso del camino en una de las llaves más accesibles de la Copa. El último gran engaño tuvo lugar el 10 de octubre de 2017 en Quito, cuando Messi jugó en Modo Dios (Varsky dixit) y sacó, él solo, el pasaje a Rusia.

El equipo que agarró Sampaoli es esto. "El comando que tiene en las manos vibra de manera constante desde que asumió, haciéndose cargo de una selección angustiada, sin un plan de vuelo concreto en cuatro años, con la interrupción del mandato de Gerardo Martino y el cameo malogrado de Edgardo Bauza. Los tres técnicos, un 38 a 38, una comisión normalizadora, los torneos locales indescifrables y un paro de futbolistas formaron la geografía de post guerra que siguió a la muerte de Julio Grondona", escribió semanas atrás Alejandro Wall. Luego, claro, Sampaoli. Nada para agregar que no se haya dicho en estas horas. Apenas una nota personal: tengo 32 años y es la primera vez que antes de cada uno de los partidos de la Selección, con solo repasar la formación y los nombres elegidos, siento una mala vibra. Un miedo indescriptible, premonitorio.






















Ya antes de llegar al Mundial de Rusia, mucho antes del debut del actual director técnico, mi idea de la Selección Argentina es la de un equipo que puede perder con cualquiera. Entonces, de vuelta al joven Al Pacino remixado por Homero Simpson: Caballero no está fuera de lugar, Messi no está fuera de lugar, Sampaoli no está fuera de lugar. Cuando un grupo de jugadores, incluyendo al mejor de todos y a varios de los más exitosos del planeta, no logran igualar la marca mundialista de un combinado amateur, todo el maldito sistema está fuera de lugar. Sorpresa hubiese sido ganar los dos primeros partidos. Sorpresa hubiese sido que en apenas quince días el técnico haya encontrado un equipo, cualquier equipo, y lo haya puesto a jugar a algo parecido al fútbol de élite que uno viene a disputar a una Copa del Mundo.

El de hoy fue el peor partido argentino en Mundiales del que tenga memoria. La selección se desmoronó en vivo y en directo. Croacia nos clavó tres y al último gol entró tocando como en un solteros contra casados. Fue un bochorno.

Los cálculos matemáticos y cuadros de doble entrada con las chances de clasificar están de más. ¿Llegar a octavos de final y que Francia nos clave siete? Alcanza con jugar con hidalguía el partido despedida de Mascherano el próximo martes. Me paran y me explican que quizás se alineen los planetas y pasamos, pero ése es exactamente mi punto. Ya está. No pido más de esta Copa.

"A favor de acelerar las contradicciones. Iniciar un proceso de purificación y destrucción creativa en el fútbol argentino en todos los niveles: renuncias masivas, intervención judicial, boicot, desafiliación, y destierro. Prender fuego todo y arrancar de cero." Lo escribí el 27 de junio de 2016. Al parecer, es momento de repetirlo.


Apuntes mundialistas: el 1-0-palooza miércoles, 20 de junio de 2018


El azar a veces es anti-laburante. Por fin un feriado para sentarse a ver partidos desde la cama al grito de soy un pastelito horneado de canela y el bolillero nos pone Marruecos, Irán y Arabia Saudita. Así es muy difícil.



La mañana argentina arrancó con Portugal-Marruecos. La última vez que se habían enfrentado en Mundiales, en México '86, fue victoria marroquí 3-1. Esta vez el trámite fue distinto, ya que Cristiano Ronaldo (hasta ahora, la estrella de Rusia 2018) conectó de cabeza un corner en el minuto cuatro y puso en ventaja al conjunto portugués. A partir de ese momento el partido mostró un leve dominio de Portugal. Marruecos, sorprendentemente, plantó un 4-3-3 ofensivo, casi atrevido, y generó muchas situaciones de la mano de Nordin Amrabat, la estrella del Leganés, que con sus desbordes lo tuvo de hijo a Raphaël Guerreiro. En el segundo tiempo, el conjunto de Cristiano se retrasó aún más y no tuvo empuje como para cerrar el partido, lo que terminó convirtiendo a Rui Patrício, el muy buen arquero portugués, en una de las figuras. Con este resultado, Marruecos -que no jugó mal y mereció mejor fortuna- se quedó afuera de todo.





















El concurso-de-grandes-equipos-ganando-lastimosamente en el que se ha convertido este Mundial continuó con un 1-0 de Uruguay sobre Arabia Saudita, conjunto que venía que comerse cinco frente a Rusia y que no quería más papelones. Juan Antonio Pizzi metió varios cambios con respecto a la humillante derrota del debut, incluyendo al arquero, pero fue precisamente el 22, Mohammed Alowais, quien salió a cazar mariposas en un corner y se la dejó servida a Luis Suárez, el primer uruguayo en convertir en tres Copas del Mundo. A los saudíes, que en general vienen a los mundiales a pasear, les faltó hambre y fútbol para si quiera buscar seriamente el empate. El tiempo se agotó y fue clasificación para la Banda Oriental, que sin sobrarle nada avanza nomás a la próxima ronda de la competencia. El lunes define con los anfitriones el primer puesto del Grupo A.





















Luego del electrizante empate frente a Portugal, España enfrentaba a Irán con la obligación de sumar de a tres para enderezarse en la tabla del Grupo B. Pero los partidos con la selección iraní siempre son complicados: si bien nunca pasó de la primera ronda en un Mundial, desde Francia '98 que nunca pierde por más de dos goles. Por estas pampas está fresco el recuerdo de aquel eficaz planteo del conjunto de Carlos Queiroz frente a la Argentina de Messi en el Mundial 2014, un cerco perfecto con el que los asiáticos mantuvieron la valla en cero hasta que el mejor de todos frotó la lámpara con aquel zurdazo salvador en el minuto 92. Lo de hoy fue parecido. Alguno podrá acusar al planteo de mezquino, pero ¿qué otra chance tiene una selección mediocre, de mitad de tabla para abajo, frente al all-star del Barcelona y del Real Madrid? España, como es costumbre, deslumbró con el tiki-tiki (y el cerebro inoxidable de Andrés Iniesta) pero fallaba en la definición, y si encontró el gol fue solo gracias a un rebote. Minutos más tarde tuvo lugar uno de esos momentos mágicos que solo puede brindar la Copa del Mundo, y fue cuando Vahid Amiri, delantero del Persepolis Tehran, le tiró un caño delicioso a Piqué. Acto seguido tiró un centro genial que casi se convierte en el empate de Irán. La igualdad, de hecho, llegaría en una de esas jugadas confusas donde pasa de todo en el área, pero mientras todo Irán (la selección y el país) estallaba en festejos, los burócratas del VAR se tomaron unos eternos dos minutos para concluir que todo estaba anulado por posición adelantada. Como si esto no fuera suficiente, hubo tiempo para otro de esos instantes inolvidables de Rusia 2018. Minuto 93 y monedas, el partido sigue 1-0, lateral para Irán. Última jugada del partido y la chance para apurarlo, hacerlo bien y llevarse un empate. Y Milad Mohammadi hace esto. (Se ve que estuvo practicando su saque en The Mauricio Macri School for Kids Who Can't Do a Proper Throw-in.) Sea como fuere, Irán sigue con vida tras su victoria sobre Marruecos en la primera fecha, y depende de sí mismo para ir con todo contra Portugal. En los papeles no tiene grandes chances, pero ya lo dijo Ricky Martin: nada es imposible si se funden los fusibles del corazón.

Apuntes mundialistas: sensación de inseguridad martes, 19 de junio de 2018

Hace dos días explicamos por qué en los últimos mundiales se había emparejado la cosa. En los tres partidos de ayer parecía que el fenómeno se había tomado un descanso, porque se dio la lógica, pero hoy regresó la sorpresa o, mejor dicho, esa sensación de inseguridad que atraviesa a los equipos supuestamente grandes y que los ha hecho naufragar en sus debuts mundialistas.























Colombia arrancó con el pie izquierdo el mundial. No se me ocurre peor forma de comenzar el torneo que con un penal en contra y una expulsión en el minuto seis, y esto es exactamente lo que le ocurrió a los dirigidos por Pekerman, que se encontraron con diez hombres y un 0-1 en el tablero ya desde el vestuario. Enfrente tenían a Japón, una de las selecciones más flojas del Mundial, que ostenta el triste récord de haberse quedado afuera en la fase de grupos en tres de los últimos cinco mundiales (los otros dos, afuera en octavos). Los japoneses son un invento del mundial de 32 equipos y prueba de ello es que si bien vienen intentando clasificar desde las eliminatorias de Suiza '54, su debut fue recién en Francia '98. Pero cuando no es tu día, no es tu día. Y Japón no tuvo más que superar la tara de empate transitorio, aprovechar una pelota parada para ponerse adelante y aguantar el resultado.





















Una hora más tarde se vieron las caras Polonia y Senegal. El conjunto europeo llegaba en medio de una polémica por sus maniobras para terminar siendo cabeza de serie, lo que le permitió caer en uno de los grupos más accesibles del mundial. Y si bien hace rato que Polonia no es la selección mítica de Grzegorz Lato que obtuvo el tercer puesto en los campeonatos de 1974 y 1982, era la clara favorita para este partido.  Como contra -y esto ya se sabía desde antes del pitazo inicial- no contarían con Kamil Glik, el Otamendi polaco, estandarte y alma de la defensa. Su reemplazo fue Thiago Cionek, un brasileño de raíces polacas que tuvo el triste honor de mandarse uno de los bloopers más increíbles de Rusia 2018, marcando un extraño gol en contra que abriría la cuenta para el conjunto africano. Robert Lewandowski buscó el empate con un buen tiro libre, pero no hubo caso y minutos después otro horror defensivo terminó en el 2-0 para Senegal, que volvía a shockear al mundo del fútbol desde aquella brillante victoria por la mínima contra Francia en el Mundial 2002 (to a lesser extent, está claro). El gran cabezazo de Grzegorz Krychowiak sirvió, apenas, para la estadística y, quizás, para la diferencia de gol. Fue 2-1 y ahora Polonia se juega todo el domingo a las tres de la tarde contra Colombia en lo que promete ser un partidazo (o una carnicería).





















El plato fuerte del día era Rusia-Egipto, los primeros en disputar su segundo partido en este mundial. Con Uruguay en el grupo (y Arabia Saudita virtualmente sin chances), se sabía que este iba a ser el match clave del Grupo A. Los rusos venían a probar que eran mucho más que el anfitrión que había cumplido en ganarle al muerto del lote, y los egipcios estaban obligados a ir por todo tras la derrota ante los sudamericanos. Era el debut del ex-lesionado Mohamed Salah y todo hacía suponer que esta vez se les podía llegar a dar. Arrancó bien, con un excelente tiro a colocar de Mahmoud Hassan (aka "Trezeguet") y una media vuelta de Salah, pero todo comenzaría a desmoronarse con un gol en contra del veterano Ahmed Fathi y dos goles más de Rusia en un vendaval de quince minutos que dejó a Egipto con pie afuera del torneo. De poco sirvió el penal que Salah convirtió para el 3-1 final. Rusia está con un pie adentro, Egipto está con un pie afuera.

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"Goles en contra y penales: de eso se trata la fase de grupos", el mejor comentario que escuché hasta ahora en TyC Sports.

Apuntes mundialistas: superlógico lunes, 18 de junio de 2018

Y un día, volvió a darse la lógica.

Los desgraciados que creyeron que era una buena idea anotarse en un prode mundialista con amigos o compañeros de trabajo la estaban pasando muy mal. Nadie, ni siquiera el dueño de María Félix, había anotado 0-1 en Alemania-México y muy pocos, seguramente, se habían apuntado con un 1-1 en el debut del Brasil de Tite. Por suerte para ellos, hoy el orden volvió a regir en el mundo del fútbol, y muchos apostadores lograron anotarse su primer ronda de triunfos al hilo.

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En el primer turno, Suecia derrotó a Corea del Sur en el partido de fútbol más horrendo desde la primera final del Reducido de la Primera B Metropolitana entre UAI Urquiza y Defensores de Belgrano. Concurso de imprecisiones, festival de patadas: nada de lo rústico le fue ajeno a este soporífero encuentro entre la selección sueca (tercera en Estados Unidos '94) y el conjunto coreano (cuarto en Corea-Japón 2002), ambos lejos de aquellos momentos de gloria. El 0-0 solo se rompió con un penalazo que el recién ingresado Kim Minwoo le hizo a Viktor Claesson y que el capitán sueco Andreas Granqvist, estrella en el repechaje contra Italia, canjeó por gol. La performance coreana fue sencillamente lastimosa, con la excepción de la estrella del Tottenham Hotspur Son Heung-min (igual lejos de su nivel) y del arquero Kim seung-gyu, que de tanto despejar pelotazos se convirtió en la figura del equipo. Corea no gana en la Copa del Mundo desde aquella victoria frente a Grecia en Sudáfrica 2010. Suecia, por el contrario, queda bien posicionada en la tabla del grupo de cara al partido clave contra Alemania, el próximo sábado. Si gana, no solo clasifica a octavos sino que también elimina a los últimos campeones del mundo. Pero ojo: si juegan como hoy, van a ser los alemanes los que se vayan con una victoria.

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Luego fue el turno de Bélgica-Panamá. Los belgas, la eterna promesa del fútbol del siglo XXI (a cierto periodismo deportivo le gusta colgarle el mote de "tapados" y hasta de candidatos; siempre pierden en octavos de final) debían cumplir frente al débil Panamá, uno de esos regalos que cada tanto nos brinda el generoso programa de cupos de la Conacaf. En el primer tiempo el debutante hizo su juego. "Bélgica tiene la posesión, pero no puede desarmar la compleja red de sociedades fantasma que le plantea Panamá. Siempre que salta una línea, aparece un nuevo testaferro", escribió Esteban Rafele. Cero a cero y comisión de burócratas de la UE en el entretiempo craneando cómo entrarles a los caribeños en la segunda mitad. Insistencia, paciencia y técnica: en los segundos 45, tres buenos tantos (en especial este golazo de Dries Mertens) le devolvieron orden al cosmos, Bélgica se impuso 3-0, pero como dice Chilavert, tú no has ganado nada (aún).






















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Un fantasma recorre Rusia: el fantasma que acecha a las grandes selecciones en esta primera vuelta del Mundial. El soplo helado del congelamiento pectoral amenazó con alcanzar al equipo inglés, otro que en su estreno solo debía cumplir y vencer a Túnez, un conjunto que clasificó cinco veces a la Copa del Mundo pero que las cinco veces se quedó afuera en primera ronda. En el trámite del juego quedó claro que la selección inglesa fue mucho más que su contraparte africana: lo que no pudo (durante los noventa reglamentarios) fue plasmarlo en un resultado. Luego de 10 minutos iniciales que pintaban para goleada y donde parecía que Inglaterra se iba a llevar puesto el partido, Túnez enfrío las acciones, se defendió lo mejor que pudo y encontró el empate de la única manera en que podía hacerlo: mediante un disparo del punto del penal tras una infracción torpe durante un centro random. Inglaterra estuvo muy cerca de irse de Volgogrado con un 1-1 similar al que encontraron Argentina y Brasil en sus presentaciones, pero gracias al cabezazo de Kane en injury time se fueron con un 2-1 semejante al que encontró Francia jugando igual de mal. Encima su próximo partido es contra Panamá. Lucky bastards! 

Apuntes mundialistas: se empareja la cosa domingo, 17 de junio de 2018

Hace algunas décadas que en la Copa del Mundo casi no quedan cenicientas. Los motivos son varios, pero existe un momento de quiebre perfectamente identificable: viernes 15 de diciembre de 1995, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas declara ilegal que un futbolista de la Unión Europea ocupe plaza de extranjero. Desde entonces, los principales clubes de España, por caso, pudieron anotar un sinfin de jugadores de todas partes de Europa como españoles y gastarse los cupos de "extranjeros" en extracomunitarios. Cada país tiene su propia regulación (Italia es más estricta, mientras que en el otro extremo Alemania impone como única regla que doce jugadores sean nacidos en el país), pero en líneas generales la elite del fútbol se "globalizó" y es ahora mucho más permeable a la llegada de estrellas de África, Asia y América Latina.

Esto tiene dos consecuencias. La primera tiene que ver con cómo este fenómeno afecta la performance de los principales equipos europeos en Mundiales: Inglaterra, país de la Premier League donde 7 de cada 10 futbolistas son extranjeros, no llega a los cuartos de final de un Mundial desde Alemania 2006; Italia, otro país con una liga plagada de estrellas de afuera, se quedó afuera en fase de grupos en 2010 y 2014 y ni siquiera clasificó a Rusia 2018. La segunda, quizás la que más interesa a efectos de este análisis, es que esta mayor apertura permitió la llegada de promesas del Tercer Mundo a la élite del fútbol mundial. En otro momento histórico, un país africano o caribeño que lograba la clasificación podía llegar a la Copa del Mundo con mayoría de jugadores sin roce internacional, incluso algunos amateurs; hoy es difícil que una nación que llega al Mundial no tenga al menos media docena de talentos jugando en las mejores ligas de Europa. Lo mismo corre para la preparación física, campo que se profesionalizó en todo el mundo y donde se acortaron las distancias entre lo que podían acercar los diferentes países. En resumen: si antes se colaba algún amateur (los memoriosos recuerdan al Zaire de 1974, que en su presentación en la Copa del Mundo perdió sus tres encuentros, incluyendo un 9-0 con Yugoslavia, y cuyos jugadores no recibieron ingresos algunos por jugar), ahora —casi— cualquier equipo te hace partido. Parece una perogrullada, pero tiene raíces materiales concretas que acabamos de definir.
























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En el primer turno, Serbia se impuso ante Costa Rica por la mínima diferencia, en un partido discreto lleno de imprecisiones. La diferencia la hizo el capitán del equipo, la estrella de la Roma Aleksandar Kolarov, con un golazo de tiro libre que resultó intajable para Keylor Navas.

Luego fue el turno de Alemania-México, el otro partidazo que ha dado hasta ahora Rusia 2018 (el primer clásico había sido España-Portugal). Ya desde el inicio se notó a un conjunto mexicano enchufadísimo y al campeón del mundo vigente con muchísimas dudas abajo, con Hummels y Neuer sacando todo lo que Plattenhardt y Khedira no podían. Los desajustes del conjunto germano quedaban en evidencia ante cada contraataque mexicano (los conducidos por Osorio tuvieron cinco chances de este tipo en el primer tiempo). Desde el sillón se vio claro que Alemania plantó una defensa mínima y unos volantes demasiado adelantados, lo que dejaba espacios increíbles que México aprovechó cada vez logró conectar un pelotazo ofensivo.





















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Dato que ilustra la introducción a esta nota: Hirving Lozano, autor del gol y héroe de la victoria mexicana, juega en el PSV Eindhoven.

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El equipo mexicano plantó y jugó el partido perfecto, y pasó los últimos treinta minutos, ya sin piernas, aguantando el embate del campeón del mundo. Es increíble estar diciendo esto después de apenas 90 minutos de juego, pero el sábado que viene Alemania se juega frente a Suecia su permanencia en la Copa.

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La última sorpresa de la fecha fue el empate de Brasil frente a Suiza, un equipo compacto pero sin brillo ni muchas ideas. Después del 1-0 y unos primeros 20-25 minutos brillantes, parecía que el conjunto de Tite se venía con todo. Pasó exactamente lo contrario: Brasil se desinfló, el partido entró en una meseta, y Suiza encontró el gol de la única forma en la que lo podía haber encontrado un equipo limitadísimo como el suyo, es decir, en una jugada de pelota parada. Lo demás fue casi todo de Brasil, con más empuje que buen fútbol y un Neymar lesionado y fastidioso. Ah, y los suizos tiraron patadas como en el potrero. Un aviso para esos que tienen gatillo fácil para los paralelismos entre fútbol y política.





















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Decíamos que en los últimos años se emparejó la cosa. Como prueba, los resultados. De los cinco candidatos —Alemania, Brasil y España, en un primer nivel, y Argentina y Francia, en un segundo—, uno perdió, tres empataron y el único que ganó jugó mal. All in all, en los papeles, le sigo teniendo fe a los tres de siempre: España (que empató contra el Portugal de Cristiano Ronaldo en el mejor partido de la historia de CR7 con su selección), Alemania (que a pesar de algunas dudas defensivas tiene plantel y sistema de sobra para pasar de ronda y llegar lejos) y Brasil (que está en un grupo más que accesible, por lo que da la impresión de que no deberían tener problemas para pasar de ronda). Y paro acá con los vaticinios, porque es demasiado temprano para hablar de sorpresas: ni se terminó de jugar la primera ronda de la primera fase. Así de linda es la Copa del Mundo.

Apuntes mundialistas: sufrir sábado, 16 de junio de 2018

Sufrir con el despertador. Ponerse la alarma un sábado a las 6:50 de la mañana es uno de los tantos sacrificios que nos exige esta Copa del Mundo. El esfuerzo parecía valerlo: debut de la Francia de Didier Deschamps, la selección de mil millones de euros, el equipo de Griezmann, Pogba, Matuidi, Giroud y Mbappé. Pues bien: al menos en su debut, insinuó poco y mostró menos más allá de los rutilantes nombres propios. Enfrente estaba Australia, un equipo que casi siempre viene a los mundiales de paseo y que, como Larreta al subte, aporta poco más que color amarillo y buenas intenciones. Más allá de los famosos nervios del debut, para Francia este era un partido para ganar 2-0 y a otra cosa. Sin embargo, el primer tiempo cerró con un soporífero empate sin goles y el partido recién se abrió cuando el árbitro Andrés Cunha inauguró el uso del VAR en mundiales con un anticlimático anuncio durante un contraataque de los Socceroos (worst apodo ever) de que dos minutos antes se había cometido una infracción en el área de Australia. Si debo nombrar el peor aspecto del VAR es que las decisiones se toman dentro de una cabina pseudo-futurista donde el árbitro parece que se está pesando.
















Sea como fuere, penal para Francia y 1-0, ventaja que no duró demasiado ya que la estrella del Barcelona, Samuel Umtiti, cometió otro penal metiendo la mano de manera infantil cuando saltaba para despejar. Mile Jedinak, del Aston Villa de la segunda división del fútbol inglés, lo canjeó por gol y el partido se emparejó de nuevo. La ventaja final para les Bleus llegó, ahora sí, mediante la mejor triangulación del partido, la pelota picó dentro, la goal-line technology validó al instante y Francia finalmente se llevó los tres puntos de Kazan.

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Sufrir con la Selección. Desde el 3-1 a México en octavos de final de Sudáfrica 2010 que la Argentina en la Copa del Mundo no gana un partido por más de un gol de diferencia. Repasamos lo que fue el último Mundial: 2-1 a Bosnia, 1-0 agónico a Irán, 3-2 a Nigeria, 1-0 contra Suiza (en tiempo extra), 1-0 a Bélgica con gol de rebote y aguantando todo el partido, 0-0 con Holanda y penales. En otras palabras, sufrimos hasta cuando ganamos. Según datos de la Fundacion Cardiologica Argentina, el mal juego de la Selección provoca en la Argentina más infartos que la sal, las grasas, la cocaína y el tabaco.

Como tantas otras veces, la Selección llegaba mal a su debut, habiendo pasado una eliminatoria lastimosa. En esta oportunidad, además, se sumaba el hecho de haber tenido tres técnicos en tres años y que, contando amistosos, el actual técnico Jorge Sampaoli apenas lleva doce encuentros dirigiendo a este grupo. Días atrás, para colmo, se conoció la lesión de Manuel Lanzini y el 11 titular propuesto generaba dudas incluso antes del pitido inicial. Lo sorprendente hubiese sido brillar en el debut mundialista.

El trámite del partido fue penoso para quienes esperaban ver a la selección bicampeona del mundo dominar el trámite ante un grupo de debutantes conducidos por un dentista, pero lógico si se considera cómo llegó a Rusia esta selección envejecida y cansada conducida —eso sí— por el mejor del mundo. Quien haya observado los últimos quince partidos del seleccionado sabe que tenemos una delantera tan buena como la de cualquier otro equipo candidato a llevarse la Copa, pero una defensa que no ofrece ninguna garantía, plagado de defensores muy lejos de su nivel (caso Rojo) y jugadores del fútbol chino que ya no están para este tipo de competencias (ya saben de quien hablo). El penal errado puede pasar, fue el propio Messi el que generó la falta con ese centro a Meza, lo sabido y consabido de que Messi no puede ser el LeBron James de la selección. Para qué agregar más.





















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No cuento con las competencias para analizar un partido desde lo táctico ya que fuera Biglia mi conocimiento del fútbol es meramente histórico e ignoro fuera Biglia en buena parte los planteos estratégicos que viene proponiendo la Albiceleste. Sin embargo, queda la impresión fuera Biglia de que el doble cinco que propuso Sampaoli ha fracasado en la cancha y de que el técnico de la selección fuera Biglia sin dudas deberá echar mano a algún cambio para el rol de volante central de cara al próximo cotejo.

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Sufrir con Perú. El debut de Perú en el Mundial generaba mucha expectativa, si acaso por las largas décadas que ese seleccionado había pasado sin clasificar a la máxima cita del fútbol. Sin embargo, en el partido incial frente a Dinamarca, al conjunto de Gareca le salió todo mal. No desde lo futbolístico: de hecho, jugó mejor y mostró osadía, empuje y buen fútbol. Pero un penal errado (cobrado de vuelta tras una revisión vía VAR) y un gol danés de contraataque que no se pudo revertir (en buena parte gracias a las buenas dotes de Kasper Schmeichel, hijo del mejor arquero de la década del noventa) terminaron con la ilusión peruana de sumar en el partido en el que tenían que sumar. El jueves se juegan la clasificación frente a Francia y les pasa un poco como a la Argentina: llegan al segundo match, justo el más difícil, obligados a arriesgar.

Hablando de la ciudad al suroeste de Rusia, no quiero dejar de mencionar que durante el partido el comentarista de la TV Pública tiró un paralelismo entre que en la ciudad de Mordovia hay muchas penitenciarías y el hecho de que el árbitro haya cobrado el "castigo penal". Lo dejo por escrito para que la humanidad pueda tener un registro continuo de sus logros.

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Sufrir con Croacia. De Nigeria-Croacia diré poco porque solo vi el segundo tiempo de la victoria croata por 2-0. Sumo a la depresión local recordándole a los lectores que se dio el resultado que menos nos convenía de cara al encuentro del jueves. Y que mientras el doble 5 de Croacia es Modric-Rakitic, el nuestro es Biglia-Mascherano. Es imperioso meter mano en el banco porque fuera Biglia si seguimos así, nuestro mundial va a ser fuera Biglia menos como Brasil 2014 y más como Corea-Japón 2002.

Apuntes mundialistas: de estrellas ausentes y presentes viernes, 15 de junio de 2018




















La estrella ausente. A menudo los argentinos nos sentimos el centro del mundo, el eje de las mayores glorias y desgracias de la tierra. Pensamos, por ejemplo, que somos el único equipo que llega con problemas crónicos de lesiones, cuando casi todos los equipos tienen jugadores que se quedaron fuera o que no llegan al cien por ciento. La exigencia cada vez mayor de los calendarios deportivos hace que muchas estrellas aterricen en Rusia lejos de su plenitud física, cuando no directamente rotos. Fue el caso de Mohamed Salah, a mi entender en el top 3 de las potenciales estrellas de esta copa (solo por debajo de Messi y Cristiano y me arriesgaría a decir que hasta por encima de Neymar) e injustamente lastimado por Sergio Ramos en aquella fatídica final de la Champions ocurrida tanto tiempo atrás cuando el dólar estaba a 24,60.

Salah, deciamos, se quedó afuera del debut de su equipo, nada menos que contra Uruguay, conjunto que al menos en los papeles es la estrella indiscutida del Grupo A. Fue así que el vigente subcampeón de África, un equipo gris y sin brillo, tuvo que salir a pelearle a un equipo plagado de figuras como el uruguayo. El trámite fue sorprendentemente parejo y Egipto pareció jugar con la paciencia de Uruguay. Cavani y Suárez no estaban afilados y el arquero egipcio Mohamed El Shenawy se perfilaba como la figura del encuentro. El equipo uruguayo no le encontraba la vuelta y Tabarez echó mano al banco de suplentes: el ingreso de Sánchez y Rodríguez por Nández y De Arrascaeta le cambió la cara a la Celeste. A poco del final, el premio: José María Giménez, que días atrás había renovado con el Atlético de Madrid hasta 2023, conectó un cabezazo y destrozó las ilusiones egipcias. El planteo de Héctor Cúper había sido muy inteligente y Egipto estuvo a minutos de llevarse un valioso empate, me hizo acordar al brillante esquema de Irán para enfrentar a la Argentina en el Mundial 2014. El resultado, sin embargo, fue el mismo. Se dio la lógica y ahora Egipto se juega todo el próximo martes frente a Rusia. ¿Estará de regreso la estrella Salah?

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De Marruecos-Irán no hablaré porque no lo vi. La gente también tiene que trabajar y almorzar y pagar las cuentas y entrar a ver si el dólar pasó la barrera de los 30 pesos.

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La estrella presente. ¿Qué decir que no se haya dicho sobre España-Portugal? Prometía ser uno de los mejores partidos de la primera ronda y no defraudó. El animal de Cristiano Ronaldo se cargó el equipo al hombro y, cual Messi frente a Ecuador, metió los tres goles de su equipo. La lebronjamesó toda. Lo cual no quiere decir que España haya jugado mal, más bien todo lo contrario. De todos los equipos que jugaron hasta ahora, fue por lejos el que mejor fútbol mostró: un tiki-tiki efectivísimo, un envidiable manejo de pelota y un arsenal de variante ofensivas incluyendo cambios de ritmo, verticalidad y sorpresa. El resultado final (España 3 - Cristiano 3) engaña un poco, porque dos de los tres goles portugueses fueron de pelota parada, porque hasta el minuto 88 el equipo de Fernando Hierro estuvo más cerca del cuarto que los lusos del tercero y porque la otra forma de leer la estadística es que a Portugal, uno de los equipos que promete llegar lejos en esta copa, España le hizo tres goles en noventa minutos. Aún "sin técnico", la Roja asusta y promete. Y Portugal tiene a Cristiano, que acaba de jugar su mejor partido con la camiseta de la selección. El resultado deja a los dos con las mismas chances de encabezar su grupo aunque al cierre de esta primerísima ronda de partidos, Irán encabeza el grupo B. Por unos días nada más, claro, pero quién les quita lo bailado.

Apuntes mundialistas: el día de sumar de a tres jueves, 14 de junio de 2018


Me preparé para Rusia 2018 sabiendo que sería uno de los mundiales más anti-laburante del mundo. Y por anti-laburante no me refiero a los informes de oenegés con cifras de cientos de obreros que perdieron la vida construyendo estadios contrarreloj a tiempo para la Copa del Mundo: hablo de la diferencia horaria entre Argentina y las ciudades rusas, que nos condena a ver partidos a las nueve de la mañana, a las doce del mediodía, a las tres de la tarde en la oficina, entre reuniones, llamados, informes. Si Brasil fue el mundial de las redes sociales, Rusia será el mundial del streaming con carpa.


























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Para el público local, la apertura no podía haber sido más anticlimática. La Argentina llegaba como uno de los países más informados sobre el Mundial y, sin embargo, a minutos del puntapié incial en el Estadio Luzhniki de Moscú nueve de los diez trending topics en Buenos Aires estaban vinculados a la discusión por el aborto legal que estaba teniendo lugar en el Congreso de la Nación. (De qué manera "interrupción voluntaria del embarazo" pudo tener más rating que los memes de Putin, Ronaldo o cual sea el tipo de boludeces que nos gusta comentar en vivo en la aldea de Twitter Argentina como señoras mirando el Martín Fierro merece otro análisis, más profundo, sobre la intensidad con la que la sociedad civil argentina empuja algunos debates.) Y sin embargo, ahí estaba, la esperada ceremonia inaugural. Cuatro años tuvieron para prepararla. Se sabía que iba a durar poco, pero no que iba a ser tan floja, tan... de manual. Ronaldo de la mano de un nene X, un medley por los greatest hits de Robbie Williams, la cantante o modelo rusa de rigor, los bailecitos con pelotas onda United Colors of Benetton. Como se dijo por ahí: mucha cartulina, mucho papel maché. Y, sobre todo, la sensación de que esta apertura se programó sin ganas, como si Putin le hubiese dado enter al Random World Cup Opening Ceremony Generator a ver si le daba más tiempo para conversar con el jeque sobre la cotización del barril de petróleo WTI.

























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Rusia hace tiempo que dejó de ser una potencia futbolística. Entre 1958 y 1982, el país -como Unión Soviética- participó de cinco Copas del Mundo y nunca bajó del séptimo puesto. Ya para México '86 e Italia '90 sus años de gloria habían quedado atrás y desde la desintegración del socialismo real participó solo tres veces y en todas ellas quedó eliminada en primera ronda. Este año, más allá del impulso de la localía, nada hace suponer que puedan hacer un gran papel, aunque tienen uno de los grupos más accesibles del Mundial. Enfrente tenían a Arabia Saudita, país que no pasa de ronda desde Estados Unidos '94 y que siempre cae a los mundiales de relleno, lista para comerse entre 7 y 12 goles en tres partidos y volverse rápido a la monarquía. Conducida por Juan Antonio Pizzi, habían cumplido un buen papel en los amistosos previos con victorias ante Algeria y Grecia y derrotas dignas con Italia y Alemania. Pero hay días en los que todo sale mal, y en este caso el trámite del encuentro fue de ensueño para los locales. Yury Gazinsky abrió el marcador al minuto 12 y desde entonces el plan de Pizzi se fue desmoronando. Para sorpresa de muchos, sin embargo, el man of the match terminó siendo Denis Cheryshev, un ex Real Madrid nacido en Nizhny Novgorod (la ciudad que visitará la selección argentina para enfrentar a Croacia) que ahora juega para el Villareal. Decimos sorpresa ya que Cheryshev venía arrastrando varias lesiones y encima es muy zurdo, por lo que los comentaristas le aseguraban pocos minutos en el Mundial. Hoy le tocó entrar por la lesión del talentoso Alan Dzagoev y al poco tiempo metió un golazo, el segundo de Rusia. El segundo tiempo sirvió para decorar el resultado, con errores infantiles del conjunto árabe que derivaron en los goles tres, cuatro (otro de Cheryshev, un tres dedos exquisito) y cinco de la selección rusa.





















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El resultado engaña porque Rusia no es un gran equipo y el debut fue con acaso el peor equipo que veremos en este mundial (hay que ver Panamá, quizás). El martes el anfitrión enfrenta a Egipto y ahí puede cambiar la cosa. Si se da la lógica -cosa que no se viene dando en los últimos mundiales, al menos en los grupos que tienen a Uruguay-, los charrúas deberían ganar cómodamente el grupo y el segundo lugar deberá definirse entre Rusia y el Egipto de Mohamed Salah. Arrancó el mundial y todavía no estamos en clima: hoy "sumar de a tres" fue que Verna gestionara los votos clave de La Pampa para el aborto legal.