Apuntes mundialistas: se perfilan las ilusiones y los desencantos domingo, 24 de junio de 2018


Desde el primer día dijimos que Panamá sería, junto a Arabia Saudita, una de las dos cenicientas de esta Copa del Mundo. Hablamos de equipos que están a años luz del fútbol de élite y que llegaban a Rusia con la idea de hacer, si acaso, un papel decoroso. El fenómeno nunca estuvo más claro que al término del primer tiempo en la tarde de Nizhni Nóvgorod, cuando las pantallas LED del estadio indicaban Panamá 0 - Inglaterra 5.

"Bolillo" Gómez, el técnico que llevó al conjunto centroamericano a un Mundial por primera vez en su historia, metió mano en el banco e hizo ingresar al histórico Felipe Baloy, de 37 años, quien a la postre sería el encargado de meter el hasta ahora único gol de Panamá en mundiales (Harry Kane, por su parte, clavó hat-trick y ya suma cinco goles). El tanto panameño llegó a los 33 del segundo tiempo y fue el 1-6, el del honor, pero en las gradas se celebró como si hubiera sido el tanto de la victoria. Por un lado, ternura infinita para un equipo que vino al Mundial "a aprender", como lo definió el DT ("nos podrían haber hecho diez", admitió una vez finalizado el encuentro). Por el otro, lo que venimos señalando en este espacio desde hace casi una década: las más que generosas 3,5 plazas de la Concacaf —¿armado para asegurar la clasificación de las siempre redituables selecciones de Mexico y Estados Unidos?— terminan falicitando la llegada a la máxima cita de equipos que claramente no están a la altura. Así fue Panamá este año y así fue Honduras en los Mundiales de 2010 (dos derrotas y un empate; ni un solo gol a favor en todo el torneo) y 2014 (tres derrotas, ocho goles en contra). Basta, chicos.





















Más cantado que "Despacito": consumada la eliminación de Panamá y de Túnez, el grupo G ya está resuelto. Solo queda por definir, en la última fecha, quién queda como cabeza de grupo. Lo insólito del asunto es que, luego de los resultados de hoy, Inglaterra y Bélgica están empatados en diferencia de gol y hasta en goles a favor, por lo que en caso de empate terminará prevaleciendo el fair play. Y como la llave de octavos y de cuartos parece más facil para quien salga segundo, un portal sugirió a ambos equipos cagarse a patadas, a ver quien suma más tarjetas amarillas, para evitar cruzarse en cuartos con Brasil o Alemania (si pasan). Hay una sola cosa más fascinante que estos cálculos complejos, y es que en la Copa del Mundo una sola jugada alcanza para barrer con todo este tipo de especulaciones.





















En el segundo turno, Japón y Senegal entregaron uno de los partidos más entretenidos de este Mundial. Los asiáticos, que venían de imponerse ante Colombia en uno de los partidos más atípicos de Rusia 2018, iban en busca de una victoria que sellara su pasaporte a octavos: claro que enfrente tenían al Senegal de Aliou Cissé, que está en su mejor momento desde aquella memorable participación en el Mundial 2002 y que también había sumado de a tres tras imponerse ante Polonia. Senegal pasó al frente dos veces. La primera, con un tanto oportunista de Sadio Mané tras una seguidilla de errores defensivos de Japón. La segunda, gracias a la inteligencia del joven de 19 años Moussa Wagué, que apareció en el segundo palo tras un centro cruzado y definió con clase para su primer gol con la camiseta de los Leones de la Teranga. Pero Japón empató cada vez (primero con un golazo de Takashi Inui, que le dio con efecto desde el costado izquierdo y la clavó al lado del segundo palo; y luego, a doce del final, con un gol de fútbol 5 de Keisuke Honda tras una salida en falso del arquero de Senegal). La selección nipona incluso pudo haberse pasado al frente en el marcador de no ser por la rusticidad de Yuya Osako, que en la segunda parte pifió un gol hecho debajo de los tres palos, y de la mala fortuna de Inui, que reventó un disparo en travesaño. Fue un empate que tuvo sabor a victoria para los japoneses, quienes en la última fecha enfrentan a un rival eliminado y que hoy cuentan con más chances que ningún otro equipo del grupo para pasar a la segunda ronda.





















En el cierre de la jornada, duelo de perdedores de la primera fecha. Colombia enfrentaba a Polonia con ganas de tomarse revancha por ese mal comienzo con el 1-2 frente a Japón. Se sabía que el equipo de James Rodríguez y compañía tenía mucho más para ofrecer que lo que se vio en los primeros 90 minutos, y su hambre de gol quedó en claro desde los primeros minutos del encuentro en Kazán. Un gol de Yerry Mina, otro de Radamel Falcao —el que esperó toda su vida para marcar luego de haberse quedado fuera de Brasil 2014 por una lesión— y el último de Juan Guillermo Cuadrado sentenciaron un encuentro que tuvo sólo un equipo en cancha. Ahora se juega la clasificación frente a Senegal en lo que promete ser un partidazo.

Lo de Polonia es inenarrable. Perdió en el debut con Senegal tras dos horrores defensivos, una vulnerabilidad que volvió a mostrar en el partido de hoy mientras sufrían la ausencia de Kamil Glik (estandarte de la defensa, venía de una lesión y recién ingresó en el segundo tiempo). Pero lo peor de todo es que jamás mostró algún tipo de poderío ofensivo real. La pelota nunca le llegó al pie a Robert Lewandowski, que se vio obligado a bajar hasta la mitad de la cancha para acercarse al juego. Los polacos nunca metieron más de tres pases seguidos y mostraron un nivel bajísimo para un equipo que llegaba como cabeza de serie (ya explicamos cómo pudo suceder algo así) y con una chance inmejorable de meterse en octavos por primera vez desde 1986. Por el contrario, su falta de ambición y su pobrísimo juego resultaron en su temprana eliminación, una de las mayores decepciones de la Copa del Mundo. Lo que estará pensando Grzegorz Lato.

Ya pasaron 32 de los 64 partidos del Mundial. Como dijo Jon Bon Jovi: woah, we're half way there.

Apuntes mundialistas: de Sochi a Constitución sábado, 23 de junio de 2018


















CONSTITUCIÓN, Buenos Aires – No entraba un alfiler en el bar alemán de Solís al 1600. Nuestra mesa, la del cartel de "Patricia - reserviert", estaba ocupada desde las dos menos cuarto de la tarde. Para amenizar la espera, le entramos al currywurst y bratwurst mit pommes mientras un porcentaje nada desdeñable de la comunidad germana en Argentina se hacía presente en el barcito de la esquina, copado por globos negros, amarillos y rojos, y chopps de cerveza. El idioma oficial era el alemán, y así encaraban por default a la clientela André y Michael, los dueños del lugar. Había menú especial "para días de partido" y en el mercado de la bebida no había mucho para elegir: las opciones eran rubia, negra o de trigo.

Alemania arrancó con todo, dispuesta a llevarse a Suecia por delante. A tal punto fue así que la tarjeta con el número de pases que había dado cada equipo mostraba un inapelable 122 a 6. Una locura. El equipo de Joachim Löw se plantó con una línea de cuatro mentirosa, con Héctor y Kimmich sumándose al instante a cada ataque alemán: en la práctica, los últimos campeones llegaban a la ofensiva con ocho jugadores (todos menos Rüdiger, Boateng y Neuer). Esta falta absoluta de especulación los dejó algo desguarnecidos en el fondo, y al minuto 12 Suecia sorprendió con un veloz contraataque que sólo pudo ser abortado gracias a las intactas dotes del arquero alemán. Al segundo intento, y apenas pasada la media hora, Suecia encontró su premio tras un error de Toni Kroos y marcó el primero con una soberbia vaselina de Ola Toivonen. Era 0-1 y los alemanes se estaban quedando afuera de Rusia 2018.

En el entretiempo hubo caras largas, pedidos de refill de cerveza y largas colas para ir al baño como correspondía a este mini-Oktoberfest del sur porteño. Pero los ánimos no decayeron y en el comienzo de la segunda mitad arrancaron las palmas para alentar al último campeón del mundo, que salió del vestuario con mucho amor propio a buscar el partido. Löw, que en algún momento de descanso pudo oler el miedo a ser eliminados, echó mano al banco y cambió mediocampista (Julian Draxler) por delantero (Mario Gomez). La recompensa llegó al minuto 48, cuando Marco Reus, gran jugador del Borussia y fan de Justin Bieber, conectó un centro del joven Timo Werner y la envió al fondo de la red. Desde entonces, fue casi todo de Alemania, que tuvo que enfrentar los últimos quince minutos con uno menos tras la expulsión de Boateng, que se fue a las duchas por doble amarilla.

Cuando todo parecía indicar que el partido moría en empate, asistimos a uno de esos momentos mágicos de la Copa del Mundo. Una falta infantil de Durmaz en el cuarto minuto de descuento derivó en un tiro libre para Alemania — la última bola.  Toni Kroos, que tanto se había equivocado en el primer tiempo, movió para Marcos Reus, que la dejó muerta mientras Kroos cruzaba un disparo combado que se hundió en la red. Descontrol absoluto en la Little Berlín de Constitución, el dueño anuncia que hay una ronda de cerveza gratis para todos. La Copa del Mundo es hermosa.



















Bonus track: para escuchar el audio que ilustra cómo se vivió en Extrawurst el momento en el que Kroos marca el agónico gol de la victoria, hacer click acá.

Apuntes mundialistas: templanza, política y dos de Musa viernes, 22 de junio de 2018


La templanza de Brasil. En un mundial de 32 equipos con grupos de todos contra todos es fácil dejar puntos en el camino, más cuando los planteos de los equipos chicos hace tiempo que son más inteligentes, acaso amarretes, de lo que eran en el pasado. Lo sabe Brasil, que en su debut frente a Suiza iba 1-0 y pisteando como un campeón hasta que el conjunto europeo le empató y aguantó. Esta tarde en Rusia (mañana para el GMT-3 del oficinista argentino) iban cuarenta minutos del segundo tiempo y todo parecía indicar que a seleção no iba a robarle más que un empate a Costa Rica, selección que hace tiempo se especializó en este tipo de trámites ante los equipos más poderosos del planeta.





















Sin embargo, Brasil no se desesperó. Mientras Keylor Navas despejaba objetos voladores a diestra y siniestra, el conjunto de Tite siguió atacando, sin prisa y sin pausa, haciendo su juego y hasta entrando tocando al área. Como un equipo seguro de sí mismo, sabía que el gol estaba al caer. Y así fue: en tiempo de descuento, Philippe Coutinho rompió el cero con su segundo gol en esta competencia, y en el minuto 97 Neymar tuvo el suyo. Pitido final y llanto de desahogo para la estrella del PSG. Fue la primera victoria de Brasil gracias a un gol en tiempo de descuento en toda la historia de la Copa del Mundo.





















Para el bajón, dos de Musa. Luego del papelón de ayer y de la dramática situación argentina en la tabla del Grupo D, era obvio que el futuro del otro partido del lote iba a suscitar entusiasmos desmedidos. La transmisión de Nigeria-Islandia tuvo picos de 32 puntos, lo cual demuestra que Sampaoli hizo más por el rating de la TV Pública que Hernán Lombardi en toda su gestión. Las águilas verdes mostraron muy poco en la primera parte, pero se redimieron en los segundos 45 con mucho desenfado y dos goles de Ahmed Musa, crack del Leicester City que hoy tuvo una jornada consagratoria.

Con toda honestidad debo admitir que tras el bochorno del 0-3 no tenía (ni tengo, al escribir estas líneas) demasiado interés en el futuro de la Selección en esta Copa del Mundo. De pronto era obligación patria hinchar por un un conjunto africano (pero solo hoy, contra Islandia, porque después lo enfrentamos el martes con la obligación de sumar de a tres). En palabras de la imprescindible cuenta de Twitter @RusiaParaTodos: "En el bar se gritó con furia el gol nigeriano. Acto seguido, todos nos reímos a carcajadas de nuestra miseria".

Tras el 2-0 hubo bocinazos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y no alcancé a comprender la euforia. "¡Argentina depende de sí misma!", dijo uno. La inconsciencia de no entender que ese, precisamente, viene siendo el problema. La selección argentina no tiene el sistema o el temple para ganarle a nadie. Incluso si vence a Nigeria y se dan los otros resultados (no resulta irrazonable pensar que esta Croacia le puede ganar bien a Islandia), el pasaje a octavos promete ser otro dolor de ojos. Esta selección juega mal o, peor, no juega a nada. No quiero más oportunidades. No lo digo de provocador, pour épater les supporters de football. Va en serio: basta de barrer bajo la alfombra los infinitos problemas de este grupo de jugadores, técnicos y dirigentes. "Lo que vayas a hacer, hazlo pronto". Si es volver a casa, now's the fucking time.





















Emoción política. Serbia arrancó el último partido de la fecha con todo, a sabiendas de que una victoria los colocaría entre los 16 mejores, y a los cinco minutos encontró la ventaja mediante un certero cabezazo de Aleksandar Mitrovic. Desde entonces dominó el partido y se fue al descanso con la sensación de que estaba para liquidarlo en los segundos cuarenta y cinco. Sin embargo, el suizo Xherdan Shaqiri envió un "ME VAS A DEJAR EMPATAR O NO HIJO DE PUTA - PRIMER AVISO" con forma de mediavuelta que se estrelló en el ángulo del arco defendido por Vladimir Stojkovic. Al poco tiempo Granit Xhaka consiguió el empate tras capturar un zurdazo afuera del área: latigazo y adentro. El partido se puso picante. Tras un centro de Serbia, dos suizos lo agarraron a Mitrovic y se lo enfiestaron en el área. Era penalazo para los dirigidos por Krstajić pero el árbitro dijo siga, siga. El VAR, ausente. Para sorpresa de todos, y coronando un partido repleto de emociones (uno de los mejores de la primera ronda), Suiza liquidó el partido en el minuto 90 —bajo la lluvia, para más dramatismo— con un contraataque letal que Shaqiri resolvió con entereza. Así, mientras se cerraba el telón de la novena jornada de Rusia 2018, Suiza se convirtió el primer equipo en dar vuelta un partido en esta Copa del Mundo. Ahora tiene un pie adentro de octavos.

El dato político de la fecha es que los goleadores suizos, Xhaka y Shaqiri, tienen una subhistoria muy intensa por su pasado albano-kosovar, y festejaron sus tantos imitando al águila bicéfala de la bandera de Albania. En general no me dejo llevar por las rivalidades nacionalistas en la Copa del Mundo: me gusta la cerveza fría, la tele fuerte y los conflictos de clase. ¿Cuando volverán aquellos buenos viejos tiempos en los que un Cristiano Lucarelli jugaba para la selección de Italia?

Apuntes mundialistas: destrucción jueves, 21 de junio de 2018

Yo no estoy fuera de lugar, tú estas fuera de lugar, todo el maldito sistema esta fuera de lugar.

Homero Simpson referenciando a ...And Justice for All


En 1934, Argentina envió al Mundial a un equipo amateur, compuesto por jugadores de Dock Sud, Estudiantil Porteño y Sportivo Barracas. Cuenta la agencia Télam que la selección jugó un solo partido, perdió 3-2 contra Suecia y se volvió a casa. Fue la única vez que Argentina se fue sin triunfos de un Mundial. Jorge Sampaoli está a una derrota de igualar esta marca.

Hay triunfos que solo sirven para ocultar fracasos. La Selección Argentina, con su derroche de talentos ofensivos y con el mejor del mundo entre sus filas, es experta en el tema. No hace falta repasar qué fue lo que se maquilló en 2010, con un arriesgado esquema hiperofensivo que naufragó apenas nos agarró el primer europeo, y en 2014, cuando un planteo conservador nos depositó en la final luego de sufrir cada paso del camino en una de las llaves más accesibles de la Copa. El último gran engaño tuvo lugar el 10 de octubre de 2017 en Quito, cuando Messi jugó en Modo Dios (Varsky dixit) y sacó, él solo, el pasaje a Rusia.

El equipo que agarró Sampaoli es esto. "El comando que tiene en las manos vibra de manera constante desde que asumió, haciéndose cargo de una selección angustiada, sin un plan de vuelo concreto en cuatro años, con la interrupción del mandato de Gerardo Martino y el cameo malogrado de Edgardo Bauza. Los tres técnicos, un 38 a 38, una comisión normalizadora, los torneos locales indescifrables y un paro de futbolistas formaron la geografía de post guerra que siguió a la muerte de Julio Grondona", escribió semanas atrás Alejandro Wall. Luego, claro, Sampaoli. Nada para agregar que no se haya dicho en estas horas. Apenas una nota personal: tengo 32 años y es la primera vez que antes de cada uno de los partidos de la Selección, con solo repasar la formación y los nombres elegidos, siento una mala vibra. Un miedo indescriptible, premonitorio.






















Ya antes de llegar al Mundial de Rusia, mucho antes del debut del actual director técnico, mi idea de la Selección Argentina es la de un equipo que puede perder con cualquiera. Entonces, de vuelta al joven Al Pacino remixado por Homero Simpson: Caballero no está fuera de lugar, Messi no está fuera de lugar, Sampaoli no está fuera de lugar. Cuando un grupo de jugadores, incluyendo al mejor de todos y a varios de los más exitosos del planeta, no logran igualar la marca mundialista de un combinado amateur, todo el maldito sistema está fuera de lugar. Sorpresa hubiese sido ganar los dos primeros partidos. Sorpresa hubiese sido que en apenas quince días el técnico haya encontrado un equipo, cualquier equipo, y lo haya puesto a jugar a algo parecido al fútbol de élite que uno viene a disputar a una Copa del Mundo.

El de hoy fue el peor partido argentino en Mundiales del que tenga memoria. La selección se desmoronó en vivo y en directo. Croacia nos clavó tres y al último gol entró tocando como en un solteros contra casados. Fue un bochorno.

Los cálculos matemáticos y cuadros de doble entrada con las chances de clasificar están de más. ¿Llegar a octavos de final y que Francia nos clave siete? Alcanza con jugar con hidalguía el partido despedida de Mascherano el próximo martes. Me paran y me explican que quizás se alineen los planetas y pasamos, pero ése es exactamente mi punto. Ya está. No pido más de esta Copa.

"A favor de acelerar las contradicciones. Iniciar un proceso de purificación y destrucción creativa en el fútbol argentino en todos los niveles: renuncias masivas, intervención judicial, boicot, desafiliación, y destierro. Prender fuego todo y arrancar de cero." Lo escribí el 27 de junio de 2016. Al parecer, es momento de repetirlo.


Apuntes mundialistas: el 1-0-palooza miércoles, 20 de junio de 2018


El azar a veces es anti-laburante. Por fin un feriado para sentarse a ver partidos desde la cama al grito de soy un pastelito horneado de canela y el bolillero nos pone Marruecos, Irán y Arabia Saudita. Así es muy difícil.



La mañana argentina arrancó con Portugal-Marruecos. La última vez que se habían enfrentado en Mundiales, en México '86, fue victoria marroquí 3-1. Esta vez el trámite fue distinto, ya que Cristiano Ronaldo (hasta ahora, la estrella de Rusia 2018) conectó de cabeza un corner en el minuto cuatro y puso en ventaja al conjunto portugués. A partir de ese momento el partido mostró un leve dominio de Portugal. Marruecos, sorprendentemente, plantó un 4-3-3 ofensivo, casi atrevido, y generó muchas situaciones de la mano de Nordin Amrabat, la estrella del Leganés, que con sus desbordes lo tuvo de hijo a Raphaël Guerreiro. En el segundo tiempo, el conjunto de Cristiano se retrasó aún más y no tuvo empuje como para cerrar el partido, lo que terminó convirtiendo a Rui Patrício, el muy buen arquero portugués, en una de las figuras. Con este resultado, Marruecos -que no jugó mal y mereció mejor fortuna- se quedó afuera de todo.





















El concurso-de-grandes-equipos-ganando-lastimosamente en el que se ha convertido este Mundial continuó con un 1-0 de Uruguay sobre Arabia Saudita, conjunto que venía que comerse cinco frente a Rusia y que no quería más papelones. Juan Antonio Pizzi metió varios cambios con respecto a la humillante derrota del debut, incluyendo al arquero, pero fue precisamente el 22, Mohammed Alowais, quien salió a cazar mariposas en un corner y se la dejó servida a Luis Suárez, el primer uruguayo en convertir en tres Copas del Mundo. A los saudíes, que en general vienen a los mundiales a pasear, les faltó hambre y fútbol para si quiera buscar seriamente el empate. El tiempo se agotó y fue clasificación para la Banda Oriental, que sin sobrarle nada avanza nomás a la próxima ronda de la competencia. El lunes define con los anfitriones el primer puesto del Grupo A.





















Luego del electrizante empate frente a Portugal, España enfrentaba a Irán con la obligación de sumar de a tres para enderezarse en la tabla del Grupo B. Pero los partidos con la selección iraní siempre son complicados: si bien nunca pasó de la primera ronda en un Mundial, desde Francia '98 que nunca pierde por más de dos goles. Por estas pampas está fresco el recuerdo de aquel eficaz planteo del conjunto de Carlos Queiroz frente a la Argentina de Messi en el Mundial 2014, un cerco perfecto con el que los asiáticos mantuvieron la valla en cero hasta que el mejor de todos frotó la lámpara con aquel zurdazo salvador en el minuto 92. Lo de hoy fue parecido. Alguno podrá acusar al planteo de mezquino, pero ¿qué otra chance tiene una selección mediocre, de mitad de tabla para abajo, frente al all-star del Barcelona y del Real Madrid? España, como es costumbre, deslumbró con el tiki-tiki (y el cerebro inoxidable de Andrés Iniesta) pero fallaba en la definición, y si encontró el gol fue solo gracias a un rebote. Minutos más tarde tuvo lugar uno de esos momentos mágicos que solo puede brindar la Copa del Mundo, y fue cuando Vahid Amiri, delantero del Persepolis Tehran, le tiró un caño delicioso a Piqué. Acto seguido tiró un centro genial que casi se convierte en el empate de Irán. La igualdad, de hecho, llegaría en una de esas jugadas confusas donde pasa de todo en el área, pero mientras todo Irán (la selección y el país) estallaba en festejos, los burócratas del VAR se tomaron unos eternos dos minutos para concluir que todo estaba anulado por posición adelantada. Como si esto no fuera suficiente, hubo tiempo para otro de esos instantes inolvidables de Rusia 2018. Minuto 93 y monedas, el partido sigue 1-0, lateral para Irán. Última jugada del partido y la chance para apurarlo, hacerlo bien y llevarse un empate. Y Milad Mohammadi hace esto. (Se ve que estuvo practicando su saque en The Mauricio Macri School for Kids Who Can't Do a Proper Throw-in.) Sea como fuere, Irán sigue con vida tras su victoria sobre Marruecos en la primera fecha, y depende de sí mismo para ir con todo contra Portugal. En los papeles no tiene grandes chances, pero ya lo dijo Ricky Martin: nada es imposible si se funden los fusibles del corazón.

Apuntes mundialistas: sensación de inseguridad martes, 19 de junio de 2018

Hace dos días explicamos por qué en los últimos mundiales se había emparejado la cosa. En los tres partidos de ayer parecía que el fenómeno se había tomado un descanso, porque se dio la lógica, pero hoy regresó la sorpresa o, mejor dicho, esa sensación de inseguridad que atraviesa a los equipos supuestamente grandes y que los ha hecho naufragar en sus debuts mundialistas.





















Colombia arrancó con el pie izquierdo el mundial. No se me ocurre peor forma de comenzar el torneo que con un penal en contra y una expulsión en el minuto seis, y esto es exactamente lo que le ocurrió a los dirigidos por Pekerman, que se encontraron con diez hombres y un 0-1 en el tablero ya desde el vestuario. Enfrente tenían a Japón, una de las selecciones más flojas del Mundial, que ostenta el triste récord de haberse quedado afuera en la fase de grupos en tres de los últimos cinco mundiales (los otros dos, afuera en octavos). Los japoneses son un invento del mundial de 32 equipos y prueba de ello es que si bien vienen intentando clasificar desde las eliminatorias de Suiza '54, su debut fue recién en Francia '98. Pero cuando no es tu día, no es tu día. Y Japón no tuvo más que superar la tara de empate transitorio, aprovechar una pelota parada para ponerse adelante y aguantar el resultado.





















Una hora más tarde se vieron las caras Polonia y Senegal. El conjunto europeo llegaba en medio de una polémica por sus maniobras para terminar siendo cabeza de serie, lo que le permitió caer en uno de los grupos más accesibles del mundial. Y si bien hace rato que Polonia no es la selección mítica de Grzegorz Lato que obtuvo el tercer puesto en los campeonatos de 1974 y 1982, era la clara favorita para este partido.  Como contra -y esto ya se sabía desde antes del pitazo inicial- no contarían con Kamil Glik, el Otamendi polaco, estandarte y alma de la defensa. Su reemplazo fue Thiago Cionek, un brasileño de raíces polacas que tuvo el triste honor de mandarse uno de los bloopers más increíbles de Rusia 2018, marcando un extraño gol en contra que abriría la cuenta para el conjunto africano. Robert Lewandowski buscó el empate con un buen tiro libre, pero no hubo caso y minutos después otro horror defensivo terminó en el 2-0 para Senegal, que volvía a shockear al mundo del fútbol desde aquella brillante victoria por la mínima contra Francia en el Mundial 2002 (to a lesser extent, está claro). El gran cabezazo de Grzegorz Krychowiak sirvió, apenas, para la estadística y, quizás, para la diferencia de gol. Fue 2-1 y ahora Polonia se juega todo el domingo a las tres de la tarde contra Colombia en lo que promete ser un partidazo (o una carnicería).





















El plato fuerte del día era Rusia-Egipto, los primeros en disputar su segundo partido en este mundial. Con Uruguay en el grupo (y Arabia Saudita virtualmente sin chances), se sabía que este iba a ser el match clave del Grupo A. Los rusos venían a probar que eran mucho más que el anfitrión que había cumplido en ganarle al muerto del lote, y los egipcios estaban obligados a ir por todo tras la derrota ante los sudamericanos. Era el debut del ex-lesionado Mohamed Salah y todo hacía suponer que esta vez se les podía llegar a dar. Arrancó bien, con un excelente tiro a colocar de Mahmoud Hassan (aka "Trezeguet") y una media vuelta de Salah, pero todo comenzaría a desmoronarse con un gol en contra del veterano Ahmed Fathi y dos goles más de Rusia en un vendaval de quince minutos que dejó a Egipto con pie afuera del torneo. De poco sirvió el penal que Salah convirtió para el 3-1 final. Rusia está con un pie adentro, Egipto está con un pie afuera.

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"Goles en contra y penales: de eso se trata la fase de grupos", el mejor comentario que escuché hasta ahora en TyC Sports.

Apuntes mundialistas: superlógico lunes, 18 de junio de 2018

Y un día, volvió a darse la lógica.

Los desgraciados que creyeron que era una buena idea anotarse en un prode mundialista con amigos o compañeros de trabajo la estaban pasando muy mal. Nadie, ni siquiera el dueño de María Félix, había anotado 0-1 en Alemania-México y muy pocos, seguramente, se habían apuntado con un 1-1 en el debut del Brasil de Tite. Por suerte para ellos, hoy el orden volvió a regir en el mundo del fútbol, y muchos apostadores lograron anotarse su primer ronda de triunfos al hilo.

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En el primer turno, Suecia derrotó a Corea del Sur en el partido de fútbol más horrendo desde la primera final del Reducido de la Primera B Metropolitana entre UAI Urquiza y Defensores de Belgrano. Concurso de imprecisiones, festival de patadas: nada de lo rústico le fue ajeno a este soporífero encuentro entre la selección sueca (tercera en Estados Unidos '94) y el conjunto coreano (cuarto en Corea-Japón 2002), ambos lejos de aquellos momentos de gloria. El 0-0 solo se rompió con un penalazo que el recién ingresado Kim Minwoo le hizo a Viktor Claesson y que el capitán sueco Andreas Granqvist, estrella en el repechaje contra Italia, canjeó por gol. La performance coreana fue sencillamente lastimosa, con la excepción de la estrella del Tottenham Hotspur Son Heung-min (igual lejos de su nivel) y del arquero Kim seung-gyu, que de tanto despejar pelotazos se convirtió en la figura del equipo. Corea no gana en la Copa del Mundo desde aquella victoria frente a Grecia en Sudáfrica 2010. Suecia, por el contrario, queda bien posicionada en la tabla del grupo de cara al partido clave contra Alemania, el próximo sábado. Si gana, no solo clasifica a octavos sino que también elimina a los últimos campeones del mundo. Pero ojo: si juegan como hoy, van a ser los alemanes los que se vayan con una victoria.

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Luego fue el turno de Bélgica-Panamá. Los belgas, la eterna promesa del fútbol del siglo XXI (a cierto periodismo deportivo le gusta colgarle el mote de "tapados" y hasta de candidatos; siempre pierden en octavos de final) debían cumplir frente al débil Panamá, uno de esos regalos que cada tanto nos brinda el generoso programa de cupos de la Conacaf. En el primer tiempo el debutante hizo su juego. "Bélgica tiene la posesión, pero no puede desarmar la compleja red de sociedades fantasma que le plantea Panamá. Siempre que salta una línea, aparece un nuevo testaferro", escribió Esteban Rafele. Cero a cero y comisión de burócratas de la UE en el entretiempo craneando cómo entrarles a los caribeños en la segunda mitad. Insistencia, paciencia y técnica: en los segundos 45, tres buenos tantos (en especial este golazo de Dries Mertens) le devolvieron orden al cosmos, Bélgica se impuso 3-0, pero como dice Chilavert, tú no has ganado nada (aún).






















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Un fantasma recorre Rusia: el fantasma que acecha a las grandes selecciones en esta primera vuelta del Mundial. El soplo helado del congelamiento pectoral amenazó con alcanzar al equipo inglés, otro que en su estreno solo debía cumplir y vencer a Túnez, un conjunto que clasificó cinco veces a la Copa del Mundo pero que las cinco veces se quedó afuera en primera ronda. En el trámite del juego quedó claro que la selección inglesa fue mucho más que su contraparte africana: lo que no pudo (durante los noventa reglamentarios) fue plasmarlo en un resultado. Luego de 10 minutos iniciales que pintaban para goleada y donde parecía que Inglaterra se iba a llevar puesto el partido, Túnez enfrío las acciones, se defendió lo mejor que pudo y encontró el empate de la única manera en que podía hacerlo: mediante un disparo del punto del penal tras una infracción torpe durante un centro random. Inglaterra estuvo muy cerca de irse de Volgogrado con un 1-1 similar al que encontraron Argentina y Brasil en sus presentaciones, pero gracias al cabezazo de Kane en injury time se fueron con un 2-1 semejante al que encontró Francia jugando igual de mal. Encima su próximo partido es contra Panamá. Lucky bastards!