Las cien mejores películas de la década 2000-2009. Puestos 40 a 31 martes, 4 de diciembre de 2012

# 40 | Tideland
de Terry Gilliam
Jodelle Ferland, Jennifer Tilly y Jeff Bridges
Reino Unido / Canadá, 2005, 120'
Posición anterior en el ranking: # 24

La crítica odió esta película. "Cruel", sentenció el Washington Post. "Creepy, and not in a good way", lanzó el New York Times. "Demasiado inquietante para chicos y demasiado rara para la mayor parte de los adultos", cerró Variety. Me extrañó, porque mi recuerdo de ella (en un BAFICI, sentado en la tercera fila del hoy extinto Atlas Santa Fe) era muy bueno. Por eso volví a verla este año, y no hice más que confirmar mis impresiones iniciales: la película es un clásico del futuro. Retorcida, grotesca, tensa y con un ritmo desigual (pero que no hace más que aportar a su clima pesadillezco), la película es mucho más que un vehículo para Jodelle Ferland, la talentosísima protagonista que encarna a Jeliza-Rose. Más bien vendría a ser un alegato, en clave de género, sobre la locura como única forma de escapismo. Y qué final explosivo...




# 39 | El Aura
de Fabián Bielinski
con Ricardo Darín, Pablo Cedrón y Dolores Fonzi
Argentina / Francia / España, 2005, 138'
Posición anterior en el ranking: # 34

A lo largo de la última década, el cine argentino se debatió entre dos polos opuestos, aparentemente irreconciliables. En esta esquina, la pedorrada comercial mal actuada, peor dirigida, de la que fueron exponentes como Incorregibles o Bañeros 3. En la otra esquina, con premios y sin espectadores locales, las bazofias festivaleras "de autor", material como para un corto pero con formato de largo, noventa y cinco minutos con "climas" pero sin una puta idea. Estoy esquematizando, por supuesto, ya que la idea es destacar a la -reducida- camada de directores argentinos que han intentado unir masividad y calidad. Me refiero a Adrián Caetano (Crónica de una fuga), Pablo Trapero (Leonera), Daniel Burman (El abrazo partido), Damián Szifron (Tiempo de valientes) y, por supuesto, Fabián Bielinski, que ya en Nueve reinas había demostrado que con un millón y medio de pesos y una buena historia alcanzaba para hacer buen cine de género en Argentina. En esta, su última película, hace una suerte de Noches blancas patagónica, con un antihéroe genial lleno de elucubraciones, ataques de epilepsia y el robo a un casino. No puede fallar.


# 38 | El Gran Pez
Big Fish
de Tim Burton
con Ewan McGregor, Albert Finney y Billy Crudup
Estados Unidos, 2003, 125'
Posición anterior en el ranking: # 12

Tim Burton es un delincuente. No es una metáfora o una provocación: digo que mucho de lo que este director produjo en la última década y media puede encuadrarse objetivamente dentro de las figuras penales del hurto y el (auto) plagio. Puesto de otra forma: no se me ocurre otro director del mainstream hollywoodense que haya vivido, durante tanto tiempo, adentro del mismo "mundo" (ficcional) que él mismo contribuyó a crear entre, digamos, 1988 y 1994 (Bettlejuice, Ed Wood, las dos primeras Batman). Desde entonces, Burton ha vivido en piloto automático, una zona de comfort caracterizado por jugosas regalías y proyectos "fantasiosos", "oscuros", "infantiles pero con un toque adulto" protagonizados, en general, por la dupla Depp-Bonham Carter.
La excepción a esta hipótesis (que sigue probándose, año tras año) es Big Fish, que el guionista John August adaptó a partir de una novela de Daniel Wallace. Más allá de la historia de amor, el encanto visual y los toques fellinescos, la clave está en cómo la película aborda una temática tan universal como la relación entre padres e hijos, y de cómo los relatos terminan teniendo un peso real, concreto ("no fantasioso", justamente) en nuestras vidas y en la forma en la que procesamos aquello que nos ocurre.


# 37 | Goodbye Lenin!
de Wolfgang Becker
con Daniel Brühl, Katrin Saß y Chulpan Khamatova
Alemania, 2003, 121'
Posición anterior en el ranking: # 31

En Goodbye Lenin, un joven alemán se encuentra con que su madre, una honesta creyente en la RDA, sufre un ataque al corazón y entra en un profundo coma. Al despertar, el doctor le advierte que nada debe sobresaltarla, y es a estos fines que el muchacho pronto monta todo un escenario para que ella crea que aún está viviendo en un país socialista. Según Slavoj Zizek, la escena más notable del film -aquella que habilita una gran lectura política- es el noticiero falso que el protagonista le arma a su madre: "Cuando [según el informativo] el nuevo líder de Alemania Oriental decide abrir el Muro, permitiendo que los ciudadanos alemanes de occidente escapen del terrorsmo de consumo, la vida y el racismo, está claro que la necesidad por un escape utópico semejante es verdadero".
Lo que opera aquí es lo mismo que hace funcionar a Bombita Rodríguez: la idea de "repetir" la experiencia de Montoneros o de los comunistas a destiempo, en un momento donde la hegemonía capitalista es incontestada. Lo que se respira en estas obras es que más allá de los (trágicos) fracasos de los proyectos socialistas queda la idea (inocente, por eso divierte; subversiva, por eso incomoda) de que la sociedad puede ser otra.
Además, ya lo dijimos: el mejor humor es, siempre, de izquierda.



# 36 | My Winnipeg
de Guy Maddin
con Ann Savage, Louis Negin y Amy Stewart
Canadá, 2007, 80'
Posición anterior en el ranking: # 51

En dos de cada tres folletos del Bafici, el nombre de Guy Maddin aparece irremediablemente unido al de David Lynch. El lugar común cobra sentido si entendemos que tanto el canadiense como el norteamericano son de los pocos cineastas reconocidos de la actualidad cuya filmografía transita una especie de revival surrealista, elección bienvenida en tiempos donde la película más celebrada de los últimos años (Inception) cree que lo más radical que puede producir un sueño es un tren sobre el asfalto o una ciudad que se dobla. Frente a estas (sobre)explicaciones racionales y cerebrales, cualquier producción que experimente un poco con la lógica de ensueño es, a priori, bienvenida.
En esa oportunidad, Guy Maddin nos trae una especie de documental sobre Winnipeg, la ciudad en la que nació, en el que su familia está representada por actores (salvo su madre, que hace de sí misma). Si tuviera que elegir un punto de contacto local vendría a ser Balnearios, de Llinás: esta idea de que todo pueblo esconde secretos, pactos comunes, historias compartidas, peleas privadas que se materializan en políticas públicas y otros hitos que van tejiendo la memoria colectiva de un grupo social. La clave es que este espíritu irreverente (de por sí destacable) del formato mockumentary se apoya en una indudable maestría en la forma de contar. No es sólo un homenaje al cine mudo (que Maddin ensaya película tras película, incluso en aquellas que no funcionan tan bien, como Archangel o Keyhole; y que en este caso no termina de ser totalmente muda por la omnipresente voz en off, en tono de poema) sino además un uso mágico de las posibilidades del celuloide, que genera en los espectadores un sentido de escape que pocas películas nos pueden brindar a esta altura.


# 35 | Imperio
Inland Empire
de David Lynch
con Laura Dern, Justin Theroux y Jeremy Irons
Estados Unidos / Francia / Polonia, 2006, 180'
Posición anterior en el ranking: #33

No hay mucho que pueda decirse sobre esta película que no se haya dicho ya. Se sabe que es el film más inescrutable de David Lynch, su magnum opus, en el que el director condensa ideas y motivos que vienen dando vueltas desde Lost Highway. "El aumento de complejidad respecto a su predecesora estriba, principalmente, en la inclusión del tercer plano espacial -la ficción, la película dentro de la película- en los dos que ya enloquecían Mulholland Drive: realidad y sueño", escribe Daniel Quinn, y suscribimos. La actuación de Laura Dern es monumental y nos hace pensar que está tan loca como Lynch (me arriesgaría a decir que la sociedad Lynch-Dern en Inland Empire vendría a ser lo que el dúo Tarantino-Thurman a Kill Bill). Pero lo más increíble de todo esto es que el director de El Hombre Elefante logró hacer cine puro con Final Cut Pro y una cámara (la Sony PD150) que se consigue en cualquier local de electrónica. En otras palabras, algo de talento tiene que tener un tipo que te mantiene al borde de la butaca en una película de ¡tres horas! en la que no sabes qué carajo está pasando durante todo el metraje y que te pega unos cuantos sustos y otras tantas emociones con apenas una habitación, una lamparita y luces que titilan. Radical.


# 34 |  El Viaje de Chihiro
Sen to Chihiro no kamikakushi
de Hayao Miyazaki
Japón, 2001, 125'
Nueva en el ranking

Todos recordamos la primera vez que nos subimos al viaje de Chihiro. Dueña de una riqueza visual envidiable, la película de Hayao Miyazaki es una de esas experiencias entre ensoñadoras y pesadillezcas, como El mago de Oz, que nos transportan automáticamente a otro mundo con reglas propias. Huelga señalar que la calidad de la animación es algo no visto desde la época de oro de Disney (o de películas anteriores del propio Miyazaki). Sólo hay que sentarse y dejarse llevar.










# 33 | Un maldito policía en Nueva Orleans
The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans
de Werner Herzog
con Nicolas Cage, Eva Mendes y Val Kilmer
Estados Unidos, 2009, 122'
Nueva en el ranking

No vamos a hablar mucho de Werner Herzog porque tal vez lo encontremos más adelante en esta cuenta regresiva. Vamos a hablar, en cambio, de Nicolas Cage, el workaholic de Hollywood, el tipo que te hace cinco papeles cinematográficos al año y que, además, suele elegir bastante mal las películas que protagoniza. Vamos a hablar de él porque acá tiene un papel a medida de su sobreactuación, un policía drogadicto y sacado en la New Orleans post huracán Katrina. Vamos a hablar él porque su papel de teniente corrupto es pura desmesura en un film que, se supone, debería transitar los carriles previsibles del género. Vamos a hablar de él, también, porque hacia el final lanza una de las mejores líneas cinéfilas de los últimos diez años: "Shoot him again. His soul is still dancing".



# 32 | Ratatouille
de Brad Bird y Jan Pinkava
Estados Unidos, 2007, 111'
Posición anterior en el ranking: # 70

A lo largo de la década que nos ocupa (2000-2009), Pixar Animation Studios produjo siete largometrajes. Todos ellos (con la excepción, quizás, de las flojitas Cars y Los Increíbles) son grandes trabajos y merecen un reconocimiento mayor al que usualmente reciben por ser películas animadas (un "género menor", se dirá). En este contexto, Ratatouille aparece no no sólo como la mejor película de los estudios Pixar, sino también como uno de los grandes clásicos que dio el cine en estos últimos cinco o seis años. La historia es querible, movilizante; los personajes están muy bien delineados; el conflicto es sólido, nos involucra como espectadores; y hasta se puede adviertir un subtexto casi autorreferencial vinculado a la crítica y los críticos. ¿Qué más pedirle a una película?






# 31 | Triángulo
Jerichow
de Christian Petzold
con Benno Fürmann, Nina Hoss y Hilmi Sözer
Alemania, 2008, 93'
Posición anterior en el ranking: # 77

Conocí a Christian Petzold en el Bafici 2007, cuando el director era apenas una de las promesas del nuevo cine alemán. No recuerdo qué me llevó hasta Yella, pero luego de aquella película me decidí seguir su trabajo más de cerca. Jerichow confirmó que estábamos frente a un artista top-notch, aunque aún me cuesta definir con exactitud qué es eso que Petzold hace para lograr trabajos tan atrapantes. Su lenguaje es clásico pero intenso; sus técnicas (desde el uso de la música hasta la paleta de colores, pasando por los sonidos más imperceptibles) están al servicio de un tono; las manchas temáticas presentes en sus películas -vinculadas sobre todo a esa herida abierta en la Unión Europea o entre las dos Alemanias- se repiten en otros clásicos del cine alemán reciente (Goodbye Lenin, La vida de los otros), pero aquí dejan de ser el trasfondo para cobrar vida propia. "Para mí no se trataba de la RDA -dijo Petzold en una entrevista reciente- sino de sistemas que se derrumban y de cómo se puede sobrevivir en ellos".













1 comentarios:

Pat- dijo...

Esta ha sido una entrega casi temática. Una de esas entregas donde abunda aquello que "no me gusta": lo onírico, lo pesadillezco, lo ficticio que no terminamos de saber si era real o no... en fin ya sabés lo que opino de las peliculas que juegan con esto. También está Chihiro, otra que no me va :P
Pero, cabe destacar como siempre que las reseñas son una delicia. Buena, polémica, discutible entrega. La entrega más "Billie" hasta ahora ;)
Besos!