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Ernesto Laclau (1935-2014) domingo, 13 de abril de 2014

A fines de agosto de 2010 entrevisté a Ernesto Laclau para Página/12 en el marco del Congreso de Ciencia Política de San Juan. La entrevista salió en el diario del domingo, aunque la última pregunta que le hice (tal vez por demasiado puntual) no entró en el reportaje. (Nunca estuve demasiado de acuerdo con las posturas de Laclau, aunque destaco enormemente Hegemonía y estrategia socialista, en colaboración con su esposa y compañera Chantal Mouffe.) Laclau murió hoy en Sevilla de un paro cardíaco y esa respuesta nunca publicada me volvió a la mente.

El filósofo Slavoj Zizek, a quien se lo asocia con su corriente teórica, lo acusa de defender una postura reformista y plantea, en cambio, la organización de los excluidos.
Dudo mucho que exista una postura política de Zizek, porque es alguien que puede decir las cosas más contradictorias de un día al otro. Él se pasea por todo el mundo denunciando a los regímenes liberal-democráticos, hasta el momento en que vuelve a su Eslovenia natal, donde es un miembro prominente del Partido Liberal Democrático, o sea que no hay allí una coherencia política. En un momento dado, llegó a decir que los primeros territorios liberados de América latina eran las favelas, cuando todo el mundo sabe lo que está pasando en las favelas: violencia policial, drogas, gangs. Es simplemente hablar por hablar. Hay otras posiciones que son más interesantes, como las de (Michael) Hardt y (Antonio) Negri, con la que yo disiento en ciertos aspectos pero en donde hay un modelo coherente de política con el que se puede discutir.

"Hay policías claramente involucrados en generar caos" domingo, 15 de diciembre de 2013


por Federico Poore

Para el sociólogo Máximo Sozzo, profesor de criminología en la Universidad Nacional del Litoral, los bajos salarios de las fuerzas policiales solo explican uan parte de los amotinamientos de las últimas semanas.

¿Qué factores explican la crisis policial?
Estas protestas estuvieron fuertemente ligadas a dos tendencias, que no han sido homogéneas pero que se combinaron para producir este resultado. Por un lado, una progresiva pérdida de la calidad de condiciones laborales de las personas que trabajan en las instituciones policiales en los rangos bajos y medio-bajos, vinculadas no sólo a cuestiones salariales sino también a los turnos de trabajo y a las formas de asegurar la disciplina al interior de la fuerza. Todo esto combinado con la falta de voz de estos sectores, algo que no cambió demasiado con respecto a los años de la dictadura. En 2008 hicimos una encuesta en Santa Fe sobre una muestra representativa de policías. Una de las cosas que descubrimos es que el 88 por ciento (casi 9 de cada 10) reclamaba la posibilidad de crear algún tipo de asociación sindical. Es decir que la necesidad de que se los reconozca como trabajadores viene de hace tiempo.

¿Que beneficios puede traer la sindicalización policial?
Ante todo, transparentar los debates políticos al interior de la institución political. Hoy esos debates ya existen — y enfrentan a distintos grupos. Transparentar esa discusión puede ser interesante. Obviamente, no creo que algo así vaya a marcar modificar radicalmente la composición democratica de la fuerza — de hecho, en Gran Bretaña o en España la sindicalización no ha traido aparejada un crecimiento de la cultura democrática de la fuerza policial. Pero dada la situación en la que nos encontramos, creo es una posibilidad a explorar.

¿Qué diferencia encuentra entre Gendarmería, Policía Federal y las policías provinciales? ¿Alguna de estas fuerzas alcanzó un mayor grado de profesionalización que las otras?
La pregunta es, ¿qué entendemos por profesionalización? Si hablamos del gobierno democrático de las fuerzas policiales, en ninguna provincia se han producido avances sustantivos. Las quejas con respecto al servicio policial (es decir, si un oficial hace algo ilegal) aún son tramitadas por órganos policiales. Y en los casos donde hay un híbrido entre policías y civiles, la participación civil es mínima. De hecho, no hay participación de representantes electos, como legisladores y concejales.

En ese sentido, ¿qué evaluación hace del paso de Nilda Garré por el Ministerio de Seguridad?
Instaló una retórica de contenido democratizador y produjo algunas iniciativas puntuales, laterales, que podríamos considerar positivas. Pero esto no se traduce mágicamente en la transformación de las estructuras organizativas de la policía. En ese terreno, la experiencia con respecto a las fuerzas federales del Ministerio de Seguridad de la Nación fue inconcluso, y ahora sufrió un cambio de dirección. Se generó una especie de impasse. Es difícil que de 2011 en adelante se hayan producido cambios estructurales. Hubo mucha voluntad política, quizás voluntarismo, con decisiones que han sido valiosas pero no tienen la magnitud que el desafío requiere.

La Gendarmería nació como una fuerza de frontera, luego se trasladó al conurbano y se envía, de tanto en tanto, como fuerza militarizada a las provincias. ¿No se desvirtuó su rol?
Completamente. Esta conjunción de Gendarmería y Prefectura resolviendo problemas que las fuerzas provinciales no pueden es problemática. Ambas tienen una tradición y una cultura organizacional fuertemente ligada a la fuerza militar, nacieron para otros fines. Por otra parte, la idea de que estas fuerzas sólo hacen patrullajes y nunca incurren en abusos no es real, tal como lo muestran algunos estudios hechos en el Conurbano bonaerense.

Familiares y representantes de los policías que iniciaron la protesta en Córdoba pedían el aumento que luego les dio De la Sota con el argumento de que querían una fuerza sin corrupción. Como si un mayor sueldo fuese a terminar con las prácticas ilegales al interior de la fuerza.
Ese pensamiento es de una violenta ingenuidad. Primero porque todos sabemos que el involucramiento en redes ilegales puede garantizarles ingresos muy superiores a los 13,000 pesos. Segundo, porque ese agumento supone creer que la corrupción policial nace de la necesidad, cuando no es así. Sólo hace falta estudiar su reproducción al interior de las cadenas de mando. Esta crisis es la respuesta a las iniciativas en algunas provincias de combatir ciertos nudos de corrupción. Hay policías claramente involucrados en generar caos para enfrentar al poder político. Lo que está en juego es un desafío político sobre quién gobierna la policía.

¿Cómo se resuelve este problema?
La única forma de reconstruir la autoridad política es generar instancias de construcción de consensos para una reforma policial a través de los partidos políticos y con la ayuda de los segmentos de las fuerzas que estén de acuerdo en avanzar en una agenda reformista. Algo como la CONAREPOL (Comisión Nacional para la Reforma Policial) en Venezuela — una de las pocas propuestas de Hugo Chávez que logró el apoyo de la oposición.

* La edición en inglés de esta entrevista apareció en la edición del 15 de diciembre de 2013 del Buenos Aires Herald.

Entrevista a Felipe Solá * miércoles, 7 de agosto de 2013


por Federico Poore

Fueron 45 días bastante movidos para Felipe Solá. Muy cerca del cierre de listas, el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires decidió unirse al intendente de Tigre, Sergio Massa, como candidato a diputado, y ahora busca continuar su carrera política por fuera del Frente para la Victoria y de la fallida experiencia del Peronismo Federal. Solá recibe al Herald en su despacho, en un séptimo piso a la vuelta del Congreso, y se sienta delante de dos mapas gigantes de la provincia.

¿Por qué decidió integrar la lista del Frente Renovador?
Desde 2011 yo estaba en una situación intermedia, de indecisión, porque había renunciado al bloque del Peronismo Federal y además había decidido irme del bloque porque ese año habían sucedido cosas notables, como por ejemplo que algunos se habían ido con Alfonsín, otros habían hecho unas internas espantosas, un cocoliche, una especie de gran conventillo entre Rodríguez Saá y Duhalde, se habían enfrentado de tal manera que en un momento Rodríguez Saá dijo “prefiero mil veces a Cristina antes que Duhalde”, y yo tenía que estar ahí en el bloque opositor sin pensar igual que los líderes. En septiembre dije: “Basta”, y me fui del bloque, porque me di cuenta que lo único que unía al bloque era la bronca a la Presidenta. No había nada ahí que no fuera extrañar al pasado. Me quedé con tres diputados, una especie de aventura solitaria. Es difícil un bloque chico. Uno tiene menos poder o voluntad de meter una ley. Y yo buscaba un discurso intermedio: no ser opositor por ser opositor. Había hecho aclaraciones un poco confusas pero porque yo también estaba un poco confundido. Y ese discurso intermedio lo encontré con Massa. Al principio tenía miedo, pero después ya no. Cuando vi que Massa iba, decidí que yo iba a ir con él. Creo que haber aportado para convencerlo.

¿Por qué en 2011 no regresó al bloque del FpV?
Acercarse al FpV significaba aceptar la férrea conducción de Cristina, vertical, y yo no aceptaba eso. Cristina nunca me condujo, más allá de poder estar de acuerdo con una ley u otra. Pero no puedo pasar a ser un soldado. Los hombres del Frente para la Victoria son soldaditos.

¿Cómo se lleva con sus compañeros de lista? ¿Los conocía a todos?
Salvo a Mirta Tundis, los conocía a todos.

¿Qué le parece Tundis?
Me parece que las listas tienen que ser diversas y llevarla, con sus pros y sus contras, al parlamento. No es una lista de profesionales de la política sino de gente que también despunta, o que se han dedicado, de una u otra manera, a los temas que le interesan a la sociedad. Y Tundis estuvo muy metida con el tema de los jubilados.

Con respecto al Fútbol Para Todos, ella había estado en contra...
Ella no tiene que estar de acuerdo con todo lo que decimos. Vino a aportar algo, no a recibir adoctrinamiento político. Cuando ella dijo que estaba en contra del Fútbol Para Todos puedo interpretar que lo que quiso decir es que estaba en contra de la propaganda en los entretiempos, que debería ser publicidad privada y paga.

¿Hasta dónde llega el acuerdo entre el Frente Renovador y el PRO, si es que hay uno?
El acuerdo fue con Jorge Macri. Ellos se habían sin candidato en la provincia. Los esfuerzos desesperados de algunos para tratar de mostrar que triunfaron con este acuerdo son deplorables. En realidad no tenían candidato y nos pidieron a nosotros que allí donde tuvieran listas fuertes pudieran competir con nosotros en internas, que es lo que estamos haciendo. Luego pidieron tener dos diputadas dentro de la lista nacional. Además, si hubo acuerdo entre Mauricio Macri y Sergio Massa, ¿dónde está la foto? Por último, los macristas siguen insistiendo que su candidato presidencial es Macri, y en ese sentido estamos a mil kilómetros de distancia.

¿Qué opinión le merece Martín Insaurralde?
Es nuevo y creo que no ha sido mal intendente de un municipio complejo como Lomas de Zamora, al menos mejor que las anteriores. Seguramente está bien elegido, pero no era conocido y me parece que es un poco light. Con él el kirchnerismo se disfraza un poco. Tiene un estilo diferente al estilo natural del kirchnerismo. El kirchnerismo oculta un poco a los que siempre dicen cosas inconvenientes y muestran a los light.

¿Y qué diferencias hay, a los ojos del electorado, entre este Kirchnerismo light de Insaurralde y la lista del Frente Renovador?
Por que detrás de los supuestos lights del FpV está Cristina, están estos diez años y, sobre todo, los últimos dos años del gobierno que han sido pésimos. Si no fueran pésimos, ¿por qué estamos discutiendo si este muchacho tiene 30 o 32 (por ciento de los votos) cuando tuvo 56 en la provincia? ¿Cómo se hace para en 20 meses para perder 20 o 25 puntos? No es magia, es mal gobierno.

¿Qué piensa de Margarita Stolbizer?
La respeto. Es una dirigente pensante, inteligente. Su único problema es que a pesar de que es progresista la palabra peronismo la pone muy nerviosa, y en eso se parece a los gorilas. No tengo el peronómetro para decir quién es más peronista, ni lo uso. No soy juez de nadie. Pero sé detectar cuando alguien es visceralmente antiperonista.

Su hipótesis es que no se puede gobernar la provincia de Buenos Aires sin el peronismo.
No es mi hipótesis: es una realidad de los últimos años, y como toda realidad, puede cambiar.

¿Qué piensa de Francisco De Narváez?
Es un inversor. Invirtió en el peronismo y le está yendo mal.

Arriesgue un resultado para el domingo.
Las encuestas verdaderas son las que van a salir el jueves. Las otras siempre tienen un poquito de retoque hasta donde la ciencia lo permite. Nos damos por conformes si ganamos por poco. Es un paso, vamos a octubre. Hay que estar en el territorio de la provincia para ver la potencia electoral del Frente para la Victoria, el poder de la Anses (que lo vi en Tandil, donde inunda de plata a los jubilados). Hay que ver esa maquinaria en acción, pero que tiene cada vez menos poder.

¿Pero cuál es su pálpito para agosto?
No voy dar un pálpito. Sí puedo decir que si ganamos podemos empezar a crecer, y si crecemos podemos hacer que mucha gente pierda el miedo.

¿Miedo a qué?
Miedo a perder el trabajo, a perder el contrato, a perder el Plan Trabajar, a perder la Asignación Universal por Hijo (AUH). Los argentinos que viven del Estado viven con el miedo del llamado telefónico. Se instalado el apriete y la extorsión con dinero del Estado y hoy se admite como algo normal. Yo nunca goberne así. Y ese miedo puede empezar a terminarse, incluso de quienes no tendrían que tener miedo para dar su posición frente a la sociedad como muchos empresarios, que son cagones.

¿Qué pasa si el Frente Renovador pierde el domingo?
No sé qué puede pasar. No soy mago ni analista político.

Dígame dos proyectos de ley que piensa llevar al Congreso si es reelecto como diputado.
Ya metimos uno sobre Ganancias que creo que hay que pelearlo. Hay que impulsar el cambio de reglamentación de los DNU: hoy los DNU se aprueban con una sóla cámara, en cambio una ley requiere de ambas, es un absurdo. Empezaría a ver el alcoholismo en los jóvenes e impulsaría una ley mucho más dura que la actual, que ponga en el centro a los grandes productores y distribuidores y no a los comercios. Al descubrir que se le vende alcohol a menores en un lugar sin licencia, el penado sería el que baja la mercadería del camión. Prohibiría que alcohol y deporte tuvieran algo que ver. Prohibiría que una marca de cervezas sea sponsor de un equipo de fútbol. La idea de la vitalidad y el alcohol están divorciadas.

¿Tiene en mente alguna política para el agro?
Modernizar la comercialización de carnes. Prohibición de comercializar medias reses en casi todo el territorio. La obligación de, por lo menos, comercializar en cuartos, para ir en el futuro en comercializar a cortes separados. Eso permitiría que la parte más barata se abarate y que la parte más cara se encarezca. La res valdría igual o más, pero todos comerían más carne. Y exportaríamos más.

Cuando fue gobernador llevó adelante una política de seguridad, encarnada en la figura de León Arslanian, que fue bien vista por sectores progresistas. Las propuestas contra la inseguridad presentadas por Massa, como la imprescriptibilidad de los homicidios dolosos, ¿no va a contramano de su pasado?
No. Lo que nosotros hicimos en la provincia fue llevar adelante una serie de políticas vinculadas al comportamiento policial. Mejores salarios, mejor formación.

¿Es decir que votaría en el Congreso los siete puntos presentados por Massa?
Sí, son preventivos. Entre que haya una cámara (de seguridad) y que no la haya, prefiero que la haya. Hay que ir más allá, también.

Massa apunta a ser presidente en 2015. ¿Apoyaría su candidatura presidencial?
No me apresuraría. Primero está el domingo, luego está octubre, y después hay que ver qué tal somos como legisladores. No podés cenar si no almorzaste.

Le pregunto porque en 2011 había carteles que decían “Mejor Felipe”, con la idea de que podía ser presidente. Todavía están los carteles, de hecho.
En 2011 no sabía qué hacer y los carteles que me quedaron los usé (risas). Es una forma de decir que sigo estando en política.

¿Sigue apuntando a ser presidente en 2015?
No, me parece que ya no va a ser mi tiempo.

* Una versión editada de esta entrevista se publicó el 7 de agosto de 2013 en el Buenos Aires Herald.

Entrevista a Beto Pianelli martes, 13 de marzo de 2012

“Ahora los empresarios tienen que hacerse responsables”

por Federico Poore

Volvió de sus vacaciones creyendo que la Policía Metropolitana ya estaba a cargo de la seguridad del subte. Pero con el correr de los días, se dio cuenta que el plan del Gobierno porteño era otro. “Todo apareció como un teleteatro, porque ya sabíamos que la Policía Federal se iba a ir”, asegura Roberto “Beto” Pianelli, secretario general del Sindicato del Subte (AGTSyP), enfrentado a la dirigencia de la UTA.
En diálogo con Debate, Pianelli explica su visión sobre el conflicto por la administración de la red de subtes y reflexiona sobre el estado del sistema de transportes en la Argentina luego de la tragedia de Once.

¿Cuál es su opinión sobre la cuestión ferroviaria?
Lo primero que hay que decir es que ha habido una política de abandono del transporte de cincuenta, sesenta años. Esto inevitablemente lleva a problemas no solo de mantenimiento, sino también en relación al resto del transporte automotor. Hoy estamos presenciando el entierro de un proceso largo de agonía. No funcionan la mitad de las cosas que tendrían que funcionar, y lo que anda está armado con el desguace de otros trenes. Esto sale en la superestructura comunicacional luego de la muerte de cincuenta personas, pero cualquiera que tomara el tren podría haber hecho una nota de diez páginas o sacar una apostilla todas las semanas contando los hechos que iban sucediendo en los distintos ramales.

¿Observa los mismos problemas de seguridad en el subte que en los trenes?
Algunos son iguales, otros distintos. Aparece la falta de mantenimiento de las unidades, que en el subte pareciera no tener la misma gravedad que en el Sarmiento, que venimos denunciando. Hemos mostrado imágenes de trenes atados con alambre, o unidades que entraban al taller para que se hagan determinados mantenimientos que salían al otro día sin ninguno. Aparte están los negociados que tiene la empresa para el mantenimiento, algo que está en el informe (del legislador porteño Rafael) Gentili. Los trenes de la línea H tienen sesenta años de antigüedad. La estación nueva de la línea A Macri la inauguró arriba de un tren belga que tiene noventa años. Es el abandono absoluto.

¿Quién controla esta falta de inversión?
Presentamos cada denuncia a medio planeta. Años atrás aprendimos a triangular las denuncias para que no te las cajoneen. Mandamos a la CNRT, a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, a SBASE, a la empresa Metrovías en el Ministerio de Trabajo…

¿Observaron alguna mejora?
La Superintendencia hace muchas inspecciones. Viene una vez por mes o cada quince días: podemos decir que funciona. La CNRT está en los subtes, pero lo único que puede hacer es multar. Y la empresa prefiere pagar. Es una deficiencia que viene de la época de la Ley de Reforma del Estado, donde los organismos de control no tienen poder de policía.

¿Qué propone?
No hay que caer en el facilismo de decir “hay que estatizarlo”. Tenés que desarmar lo que está, porque hoy la lógica es la de la empresa. Así funciona el personal, los técnicos, los armadores… Hace falta una modificación paradigmática que incluye al sindicato. Además, hoy no existe una industria ferroviaria. ¿Dónde se fabrican rieles? En Somisa, que se privatizó. Ese horno hoy está cerrado. Tenemos que volver a montar una industria del armado. Es complejo, no hace falta con decir: “Vamos a poner una fábrica de galletitas”, entonces buscás en Google “galletitas” y te sale ‘agarre la masa, póngale vainilla…”. Necesitás un acuerdo con empresas internacionales que manejen la nueva tecnología en trenes.

Todo esto en el marco de una ley nacional de transportes que hoy no existe.
Sin dudas. Si no le vas a dar trenes nuevos a una empresa que te los va a destruir. Los coches nuevos cuentan con ATP (Automatic Train Protection), un limitador de velocidad computarizado, con sensores que permiten saber en qué tramo del trayecto tenés tal velocidad según el reglamento. Con este sistema, lo del Sarmiento no hubiera ocurrido. Porque, convengamos, el maquinista fue un héroe. Pero vamos a suponer por un segundo que el pibe era un suicida: el tipo tiene un brote psicótico y cuando está entrando a Once dice: “Me mato, no bajo de los 48 kilómetros por hora, me voy a reventar contra la pared y hasta la avenida Pueyrredón no paro”. No hay nada que se lo impida. Es el sistema el que no te lo tiene que permitir.

Usted dice que teniendo mejores unidades son no sólo se viaja más rápido sino también más seguro.
Son rápidas, seguras y, sobre todo, están en buen estado. Ojo, nosotros tenemos algunos trenes con ATP. Son los que vinieron de España. El problema es que no hay sistema que lo aguanta, entonces se lo anulan. El tren de la línea A ni siquiera tiene el sistema de “hombre muerto”. Si hoy el conductor se muere en el momento que está pasando por la estación Plaza de Mayo, aparece en la Casa Rosada.

¿Es posible tener un buen servicio bajo el sistema de concesiones?
No, en ninguna parte del mundo es así. Es lo que le pasó a Gran Bretaña en la época del thatcherismo. Liquidaron a tal punto los ferrocarriles que tuvieron que armar una empresa con el Estado y los usuarios. Otro ejemplo: el subte, el colectivo y el tren de Nueva York son de la misma empresa, estatal. Hoy el subsidio que paga el Estado es la ganancia de Metrovías. Está en el informe de Gentili.

Algo que se desliza en las declaraciones oficiales sobre la tragedia de Once es la responsabilidad de los trabajadores.
Nosotros tenemos una responsabilidad civil. Pero hay algo perverso. Se trabaja con una estructura que sabés que no es la correcta, llevando a un montón de tipos que no tienen otra alternativa que viajar así. Si algo anda mal, como el famoso “freno largo”, al conductor lo tenés que sacar. Ahora, si estás en Morón con 1500 tipos arriba, sabés que el tren que viene atrás trae otros 1500, y decís “hay que bajarse”, te queman el tren. Entonces tratás de llegar a la terminal como puedas.

Por eso le preguntaba qué lectura hacía de estos discursos.
Los trabajadores hemos sido los más responsables. Venimos haciendo las denuncias sistemáticamente. Ahora tienen que hacerse responsables los empresarios, y hay pruebas suficientes de que no lo son. Esto tiene que ver con un concepto general. El transporte es un servicio público, y los servicios no dan ganancia. Si se los quiere poner al servicio del lucro, nunca van a brindar un buen servicio. Por eso cerraron los ferrocarriles. ¿Qué ganancia tenía llevar el tren a un pueblo de veinte mil personas? ¡Ninguna! Si es por las empresas, que se mueran todos. Si dan “pérdida”…

¿Cómo ven los trabajadores la pelea entre el Gobierno nacional y el porteño en torno al subte?
Hay mucha indignación con el macrismo porque todo apareció como un teleteatro, cuando nosotros ya sabíamos que la Policía Federal se iba a ir. Semanas antes los Federales nos comentaban a dónde los habían asignado, el día anterior se habían despedido de los trabajadores… Estábamos esperando que viniera la Metropolitana. Y a medida que se acercaba el día observamos que no venían. Y no tuvo que ver con lo de Once: antes del accidente tanto (María Eugenia) Vidal como (Horacio Rodríguez) Larreta decían que no querían agarrar el subte.

Hubo declaraciones cruzadas sobre el paro del jueves 1° de marzo.
Escuchamos que (el titular de UTA, Roberto) Fernández había convocado a un paro por “problemas de seguridad”: el mismo tipo que nos había acusado de terroristas por denunciar falta de mantenimiento. El paro llega en una combinación entre la empresa y la UTA. De hecho estaban las puertas cerradas, bajó la patota de mantenimiento. Eran tres tipos del subte y el resto venía de afuera. Nosotros no nos íbamos a cagar a trompadas en ese momento y menos sin policía. (Nilda) Garré sale a decir: “Esto ya se lo trasladamos dos veces, tiene que venir la Metropolitana”. Entonces viene Macri y dice que no hay seguridad. Si la UTA no convocaba, hubiésemos hecho lo que siempre hicimos. ¿No hay policía? Cerramos las boleterías. Lo único que no anda es el Premetro: lo demás hubiera funcionado y los medios iban todos a Bolívar 1. Antes que hablara Macri, no había nadie en este país que entendiera que la Ciudad ya no tenía el subte. Más cuando ya había aumentado la tarifa, diciendo explícitamente “vamos a pagar el costo político”.

La Presidenta chicaneó a Macri pidiéndole que ponga “240 personas con uniforme policial” en las estaciones. ¿Cree que el Gobierno porteño tiene capacidad para hacerlo?
La Ciudad está custodiada por Gendarmería, por Prefectura, por la Federal, y el macrismo dice que tienen 3000 agentes de la Metropolitana. No digo que falten 240 policías, porque esos son los fijos. Pero incluso sumando adicionales, ¿qué le cuesta al Gobierno de la Ciudad poner cuatrocientos tipos?


El sindicato y la CTA
¿En qué estado está la pelea de los Metrodelegados?
Tendríamos que estar en paritarias. Pero le preguntamos a la empresa con quién tenemos que hablar y nos dicen: “vamos a la Ciudad y nos dicen que vayamos a la Nación, vamos a la Nación y nos dicen que vamos a la Ciudad”. Va a ser complicado sentarse. Después está la situación legal nuestra, donde estamos terminando el papelerío para poder ir a la compulsa con la UTA. Calculamos que estará lista para fin de año.

¿Existe una forma de saldar la disputa con Pablo Micheli en torno a la titularidad de la CTA o ya se alcanzó el punto de no retorno?
No hay vuelta atrás. Aunque mañana el Gobierno gire a la derecha, vamos a seguir teniendo diferencias: nosotros vemos este trayecto como progresivo, ellos como regresivo. Acá hablan de menemismo: yo ganaba 435 mangos en el subte y alquilaba en una casa que salía 500, laburando ocho horas. Hoy gano 7000, pago 1800 y trabajo seis. La peleamos, claro. Pero en el kirchnerismo si vos la peleás y la ganás, te levantan la mano y te dicen: ganaste. Con De la Rúa si ganaste no importaba, iban con la hinchada y te pegaban. Ahora, a mí me parece mucho más importante la pelea paradigmática que dio el kirchnerismo en torno al rol del Estado que lo que efectivamente cambió el Estado. Hace diez años atrás todo el mundo decía: “No quiero el Estado”. Hoy un sector importante de la población sostiene que dice que el Estado tiene que estar presente. Los que piensan que esto es más de lo mismo, tienen un problema político: se vuelven conservadores cuando tienen grandes oportunidades.

¿Cómo ve el enfrentamiento entre el Gobierno y la CGT?
No creo que el Gobierno quiera meter en cana a Moyano ni que Moyano sea un cuco. Si este modelo avanzó es que porque ciertos sectores estuvieron a la cabeza de la pelea por la distribución. Nosotros desprecarizamos el subte, pero es una dimensión pequeña. ¡Moyano desprecarizó el Coto! Ni los dichos de Hugo ni los últimos discursos de la Presidenta fueron precisamente brillantes. Las declaraciones contra los docentes son innecesarias. Es como cuando nos pegó a nosotros con lo de la tendinitis. Son cosas feas.

Una versión a página doble de esta entrevista se publicó en la revista Debate el sábado 10 de marzo de 2012.

Entrevista a Carlos Heller martes, 25 de enero de 2011

CARLOS HELLER, DIPUTADO Y LIDER DEL PARTIDO SOLIDARIO
“No corremos por izquierda al Gobierno”

por Federico Poore
Página/12, 22-01-2011

Luego de una estadía en la Posada del Qenti, un spa de Córdoba en el que trabajó los problemas en sus rodillas, el diputado Carlos Heller empezó el 2011 más relajado. “Estuve tranquilo, comí a horario y me acosté a las diez de la noche”, celebra el economista en diálogo con Página/12, mientras se prepara para un año movido. El titular del Partido Solidario destaca la gestión de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central y mira de cerca la definición de la fórmula kirchnerista en la ciudad. “No descartamos ir con una candidatura propia”, revela.

–¿Es éste el año para impulsar la Ley de Entidades Financieras?
–Creo que sí. Ya avanzamos en la comisión y este año esperamos que el tema pueda tratarse en el recinto. Aquellos que pensamos en profundizar el modelo debemos encarar una reforma del sistema financiero y eso requiere un marco legal distinto y reformar la carta orgánica del Banco Central.

–¿No le teme a la poca productividad legislativa de los años electorales?
–Tal vez es cierto que sean poco productivos. Sin embargo, recordemos que la iniciativa viene acompañada de 700 mil firmas y miles de adhesiones de entidades. En un año electoral, eso también puede sumar.

–¿Cuáles son las diferencias entre su proyecto y aquellos presentados por Gerardo Milman, del GEN, o Federico Pinedo, del PRO?
–Son conceptualmente diferentes. Nosotros partimos de la idea de que el sistema financiero debe ser considerado un servicio público, esencial para la gente, las empresas y las economías regionales, y que no debe quedar librado al mercado. Lo entendemos como un derecho. Los demás tienden a dejar las decisiones en el mercado y en la competencia. Nosotros creemos que hay que orientar el crédito a los sectores productivos y eso no se va a lograr sólo con “recomendaciones”. El nuestro es el único que concibe la actividad financiera desde el lado de los usuarios y no de las entidades.

–¿En qué partidos buscará apoyos?
–Es un proyecto autónomo, pero tratamos de que reciba apoyos transversales. Desde ya esperamos que el oficialismo nos apoye, porque sin esos votos es imposible la aprobación. Además, porque el Gobierno habla permanentemente de la necesidad de profundizar y esta medida sería coherente con ello.

–¿Cómo evalúa la gestión de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central?
–Es muy buena. Hay muchísimas cosas que se han ido planteando con las que estamos totalmente de acuerdo. Creemos que su gestión marca cambios importantes en lo que han sido las definiciones de los anteriores presidentes del Banco Central. Su actual orientación refleja en muchas cosas el espíritu de lo que queremos dejar con el proyecto de ley.

–El año pasado también se discutió el 82 por ciento móvil a los jubilados. ¿De qué manera es posible dar un aumento sustancial y con qué recursos?
–El objetivo del 82 por ciento móvil debía ser respetado y defendido, pero no de la manera en que lo planteaba el Grupo A, desfinanciando al Estado o recortando recursos como salud, educación o la asignación universal. Estábamos dispuestos a acompañar un proyecto que planteara el 82 por ciento, pero al mismo tiempo generara los mecanismos que lo hicieran posible: aumento de los aportes patronales, una reforma impositiva...

–¿Cómo se hace para correr por izquierda al Gobierno sin dejar de reconocer los avances en las distintas áreas?
–Nosotros no pretendemos correr por izquierda a nadie. Creemos que el país viene transitando una senda y estamos de acuerdo con muchas de las cosas que se han hecho, como la orientación en política exterior, derechos humanos, el rol del Estado, el fortalecimiento del mercado de trabajo... Hay cosas que faltan, insuficiencias, pero no planteamos correr por izquierda al Gobierno.

–El kirchnerismo en la ciudad se debate entre tres candidatos. ¿Tiene preferencias o reservas por alguno en particular?
–Debemos ser respetuosos de los procesos de discusión de otras fuerzas. Los tres candidatos del kirchnerismo tienen pergaminos y forman –o han formado parte– de este gobierno en distintos roles. Indudablemente tengo un vínculo personal con Daniel Filmus que me hace tener una mayor simpatía hacia él, pero ello no implica que hayamos tomado una definición.

–En caso de no coincidir con el candidato que surja, ¿el Partido Solidario se presentará por su cuenta?
–No descarto ninguna posibilidad. En la ciudad compartimos espacio con el Encuentro por la Democracia y la Equidad (de Martín Sabbatella), con el PC, con el SI, con un sector del socialismo... Esto nos permite no descartar, a priori, la posibilidad de ir con una candidatura propia. Algunos integrantes de nuestra coalición creen que debemos ir por nuestra cuenta en primera ronda y apoyar, en la segunda vuelta, al candidato que enfrente al macrismo. Igual, es muy difícil decidir algo cuando ni siquiera se sabe cuándo van a ser las elecciones.

Entrevista a Pino Solanas martes, 18 de enero de 2011

FERNANDO “PINO” SOLANAS, CANDIDATO A PRESIDENTE DE PROYECTO SUR
“Los radicales se olvidaron de Yrigoyen”

por Federico Poore
Página/12, 18-01-2011


Luego de pasar unos días en familia en Brasil y Uruguay, Fernando “Pino” Solanas volvió a Buenos Aires para trabajar en el agitado año electoral que tiene por delante. El cineasta mantiene intensos contactos con la titular del GEN, Margarita Stolbizer, pero se niega a acompañarla en un frente con la UCR. “Los radicales ponen el acento en lo institucional, pero se olvidaron de Yrigoyen”, dispara. Mientras trabaja en el montaje de su nueva película, Oro Negro, insiste en que no se va a presentar como candidato en la Ciudad. “No queremos regalar nuestros votos nacionales”, asegura.

–¿Todavía existe la posibilidad de que Proyecto Sur cierre un acuerdo con el GEN, el socialismo y la UCR?
–Lo vamos a buscar hasta las últimas instancias. De hecho, estoy por llamar a Margarita (Stolbizer), le tengo que devolver una carta muy atenta. Nos enorgullecería conformar un gran armado junto a ella.

–Sus socios insisten en llevar el frente al radicalismo...
–Ese es nuestro punto de discordia. Tiene que ver con estructuras del bipartidismo con las que no pensamos hacer ninguna alianza, porque representan los intereses neocoloniales y del establishment. Nuestra fuerza nació para desplazarlas. Con el kirchnerismo nos ha dividido su línea de continuidad con la entrega de recursos mineros y petroleros, es decir, la cuestión nacional. Con el radicalismo ha pasado lo mismo. Ellos ponen el acento en la cuestión democrática, republicana, institucional, pero en la cuestión nacional hace varias décadas que se olvidaron de Yrigoyen. Para nosotros, los castillos que (Eduardo) Brizuela del Moral tiene en Catamarca no tienen ninguna diferencia con (José Luis) Gioja.

–O sea que descartaron acompañar a la UCR, lleve a quien lleve de candidato.
–Por supuesto. Que no lo tome a mal ninguno de los dirigentes radicales, tengo relaciones afectuosas con la mayor parte de ellos, pero ellos saben bien que después no gobierna su partido, sino el núcleo duro, con los Nosiglia a la cabeza. Es igual que en el PJ.

–Stolbizer sostuvo que la mejor opción en un potencial armado es que usted compita en la Ciudad, ya que tiene la chance de ganarle a Mauricio Macri...
–El proyecto nuestro no es si le ganamos a Fulano o a Mengano, sino transformar el país. Somos de las pocas fuerzas que pueden explicar su proyecto, decir cómo se financia y cómo se hace. A mí me causa gracia que la gente del Gobierno, los radicales, Alfonsín, Stolbizer... todos me quieren colocar en la Ciudad de Buenos Aires. Es cierto, nuestro espacio atrae simpatías tanto del progresismo como del peronismo, pero no queremos regalarle nuestros votos nacionales al bipartidismo.

–¿Cree que puede llegar a ser presidente en 2011?
–No quiero hacer futurología ni parecer un chanta. Parecería que los crecimientos son lentos, pero nosotros tuvimos una sorpresa muy grande en 2009. Nadie imaginó que íbamos a multiplicar nuestros votos por cuatro. Además, los candidatos de 2011 ¿son tan invencibles? La fuerza nueva es la nuestra y aspiramos llegar al ballottage. La lógica parecería decir que estamos lejos, pero ¿quién puede asegurarnos quiénes van a ser los candidatos en junio, julio? ¿Alguno puede afirmar que Cristina va a ser candidata? ¿La señora aguantará la presión de las fieras salvajes en la disputa por los espacios? Ese trabajo sucio, desagradable, lo hacía Néstor, ¿quién va a manejar todo eso? ¿Y si la señora da un paso al costado y el que va es Scioli? En el radicalismo, una cosa es Alfonsín, otra es Sanz y otra es Cobos. El GEN con unos va y con otros no. Por eso hemos dejado casi todos los espacios abiertos hasta marzo o abril, diciéndoles a nuestros amigos que no hay que perder esta oportunidad histórica.

–¿Cómo evalúa la actuación de su bloque en el Congreso durante 2010?
–Nuestro interbloque presentó más de cuatrocientos proyectos. Con 11 diputados, el 4 por ciento de la Cámara, elaboramos el 14 por ciento de todas las iniciativas. Fuimos uno de los bloques que más trabajaron y colocamos grandes temas en el debate: repusimos la ley de protección de glaciares, se llegó a votar afirmativamente en todas las comisiones el tema de la deuda externa... Tuvimos un gran éxito en el proyecto de sanciones a las empresas que operan en la Argentina ligadas a las petroleras que operan en Malvinas, votado por unanimidad.

–¿Qué sucedió con la iniciativa sobre la producción de papel para diarios? El bloque había presentado un proyecto, pero más tarde fue desautorizado...
–Ese proyecto tuvo un error (N.d.R.: la iniciativa de Cecilia Merchán establecía que ninguna empresa de medios podía participar de una papelera; según se adujo, la idea no era ésa, sino limitar al 10 por ciento las acciones de un medio en una fábrica de papel), y políticamente sabíamos que no se iba a tratar en ese momento. El proyecto es válido, pero tenía ese error que hacía que el objetivo final se desdibujara. Lo vamos a volver a impulsar este año.

Pino Solanas: "Es una tontería creer que esta ley es kirchnerista" sábado, 19 de septiembre de 2009



"Este proyecto nace muchísimos años antes de que los Kirchner llegaran a la Casa Rosada"

Sostiene, acertadamente, Pino Solanas, en una entrevista otorgada a La Nación que reproduzco a continuación:

Horas después del avance en la Cámara de Diputados del proyecto de ley de medios que impulsa el Gobierno, el diputado electo de Proyecto Sur, Pino Solanas, defendió hoy la posición de su bloque que apoyó la iniciativa y aseguró que "es una tontería" pensar que está alineado con el Gobierno.

Aunque criticó las modificaciones impulsadas en el órgano de aplicación de la ley -que se amplió de cinco a siete miembros-, señaló que "en el balance" la mayor parte de los cambios planteados desde ese sector político fueron implementados.

En diálogo con lanacion.com, sostuvo que desde la oposición "se exagera mucho" respecto de la posibilidad de que con la iniciativa kirchnerista se viole la libertad de prensa. (...)

- Con respecto a la autoridad de aplicación ¿No cree que es riesgoso que el Gobierno mantenga el control de este organismo? ¿Más allá de todas las modificaciones que se incorporaron, no es éste un punto esencial?

- Por supuesto que sí. No todos los puntos que hemos planteado los hemos conseguido, pero en el balance, la mayor parte de ellos, empezando por el de las telefónicas, se consiguió. Además, esta autoridad de aplicación es mejor que la que estaba planteada en sus orígenes y mejor a la que hoy rige. Además, el consejo asesor tiene la facultad de remover a los miembros de este comité.

- ¿Si usted hubiera estado en el recinto, hubiese tomado la misma decisión que Lozano?

- Por supuesto. Las leyes son siempre perfectibles. Lo importante es que por primera vez en más de 30 años se discute una ley que va a reemplazar la norma de la dictadura, que es muy inferior a esta.

- La diputada socialista Laura Sesma, la única de ese bloque que votó en contra del proyecto, sostuvo que "la letra de la ley no tiene nada que ver con lo que viene diciendo" el Gobierno sobre la democratización del sistema de medios.

- No, esa es una opinión de ella. No estoy de acuerdo con eso. La ley diversifica, descentraliza, desmonopoliza, tiende a asegurar el desarrollo realmente independiente. Incluso este consejo de control introdujo dos miembros más. Antes era mayoría absoluta del Ejecutivo. Es muy difícil que con siete miembros las trapisondas queden ocultas. (...)

- ¿No cree que está en riesgo la libertad de prensa, como denuncian otros partidos de la oposición?

- Creo que se exagera mucho. Todo eso depende del organismo de control. Es una exageración porque los poderes de la República como la Justicia y el Parlamento no han dejado de existir. Es como si esta ley anulara todo. Esta ley introduce el control de la Sigen y de la Auditoría General de la Nación.

- Usted fue votado en los últimos comicios como la mejor opción de centroizquierda opositora al Gobierno. ¿Qué sensación piensa que puede tener la gente que lo votó en los últimos comicios tras el apoyo a la iniciativa oficial?

- Hemos recibido todo tipo de apoyos. En general, las encuestas nos están dando al tope.

- Desde la oposición, lo acusan de haberse alineado con el Gobierno y señalan que este voto es una prueba de ello.

- Cada uno dice lo que se le da la gana. Tendrían que decir que 25 diputados de centroizquierda hoy son kirchneristas. Eso es una tontería. Es como creer que esta ley es kirchnerista. Eso es ignorar la cantidad de años que decenas de organizaciones sociales, de derechos humanos, de comisiones de comunicación, de legisladores y dirigentes, hemos luchado para cambiar la ley de la dictadura. Pocos han organizado tantos encuentros nacionales sobre la materia como yo. No se puede decir eso. Ya en la campaña se me decía que yo era kirchnerista porque que apoyaba el proyecto de reforma de la ley de radiodifusión. Este proyecto nace muchísimos años antes de que los Kirchner llegaran a la Casa Rosada. El kirchnerismo ha tomado esto, lo manipuló mucho. Su proyecto inicial era muy contestado por muchos de nosotros y este proyecto creemos que es todo un triunfo de todo ese trabajo anterior. El proyecto Kirchner fue abierto y modificado en muchos puntos sustanciales. (...)

- ¿Pero avalaría comenzar un debate para impulsar modificaciones?

- Nos hemos cansado de decir que no tenemos prejuicios. Hay otras fuerzas que piensan que todo lo que viene del Gobierno o de la oposición hay que patearlo. Todo lo que es bueno para el país lo vamos a apoyar y vamos a criticar lo que es criticable. Acá para no confundir a nadie hay que estar todos en contra o todos a favor. La política no es ni blanco ni negro. Consiste en zonas grises.

"Aprendimos a construir un centroizquierda territorial" miércoles, 15 de julio de 2009

ENTREVISTA A NICOLÁS TERESCHUK
“Aprendimos a construir un centroizquierda territorial”

por Federico Poore

Nicolás Tereschuk tiene 32 años, es Licenciado en Ciencia Política (UBA) y Master en Sociología Económica por la Universidad de San Martín. En las últimas elecciones legislativas participó como primer candidato a concejal de Vicente López por el partido Nuevo Encuentro que lidera Martín Sabbatella, con el que consiguió casi un 8% de los sufragios y se quedó a apenas unos cientos de votos de obtener el puesto.
Tereschuk también es un afamado blogger, conocido en el mundo virtual como El Escriba. Es, asimismo, uno de los fundadores del sitio Artepolítica.



¿Cómo llegaste a la política?
Me interesó desde siempre. En mi familia fue un tema constante de conversación y discusión. Nadie se había “dedicado” antes a la política pero, para el caso, yo tampoco me dedico a eso. Había estudiado periodismo y ciencia política como algo paralelo. Quise hacer periodismo como un terciario, pero sumándole algo más y me pareció que en Política podía tener un aspecto más cercano a una ciencia social.

¿Y cómo fue que desembarcaste en Nuevo Encuentro?
Por medio de gente amiga, compañeros de trabajo y de facultad. Teníamos un contacto y fuimos a ver qué tal. Habíamos escuchado la experiencia, pero no teníamos mucha más información. Esto fue en 2004, cuando Martín [Sabbatella] llamó a hacer un partido nacional, Encuentro por la Democracia y la Equidad. Hizo una convocatoria y desembocamos ahí porque nos pareció interesante la experiencia. Teníamos una idea favorable a algunas cosas del kirchernismo, pero tampoco había ahí lugares claros donde poder participar. En Encuentro estaban armando un instituto de estudio del partido, y nos terminamos enganchando por ese lado. Coordiné una comisión de Economía –tengo una maestría en Ciencias Económicas– y empezamos a ver las distintas actividades en un momento en el que el partido no estaba participando -en 2007 sólo fue con boletas locales. El instituto era un nexo entre la gente que estaba en el territorio y el partido: capacitaciones, organización de algún evento…

En 2004 fue la época del Encuentro de Rosario, el Espacio de Rosario…
La primera actividad en la que participé fue la organización de un evento en Morón con Martín [Sabbatella], [Hermes] Binner, [Luis] Juez y un dirigente entrerriano, [Emilio] Martínez Garbino. Ese fue un polo progresista. El conflicto del campo generó algunas divergencias, pero durante un tiempo fue un espacio de sectores progresistas que no estaban en el PJ pero que estaban buscando formas de vincularse.

¿Creés que de a poco se van armando cuadros dentro del partido?
Sí, haciendo distintas funciones. Dentro del instituto hubo una parte de formación, pero la formación viene de distintas formas de participar. Fui viendo qué cuestión se podía hacer algo en Vicente López, y fui encontrándome con otros compañeros, con gente que había tenido vinculación con la experiencia en Morón, que había visto lo que hacíamos y se había entusiasmado. Vinieron de varios lugares y se fueron metiendo. Así se forman cuadros, quienes después pueden llegar a convertirse en dirigentes.

Ustedes como Nuevo Encuentro hicieron, para las elecciones legislativas, una suerte de “pacto de no agresión” con Pino Solanas: ustedes no se presentaban en Capital, él no se presentaba en provincia.
Fue el mejor formato que se encontró. El partido de Martín en Capital era muy joven, mientras que Proyecto Sur venía hace tiempo, incluso medio de antes con lo de [Claudio] Lozano, con lo cual tenía otra trayectoria que el Encuentro por la Democracia y la Equidad no, porque era nuevo, recién estaba juntando sus avales, dando sus primeros pasos… y en provincia la cosa era distinta. La figura de Martín tenía un peso diferente y el aval de haber gobernado una región. También junto a Nuevo Encuentro hubo gente que estaba con De Gennaro, que a su vez tenía muy buena relación con Pino Solanas… con lo cual la alianza es un poco más compleja de lo que parece. Pero se fue dando así. Nuevo Encuentro era más nuevo en Capital, entonces prefirió no presentarse en un contexto en el que el progresismo se presentaba dividido, con distintas expresiones… Como se sabe, luego del ascenso de Macri existe aún todo un debate en el progresismo de Capital que todavía se va ordenando. Requiere un poco de tiempo…

Se va a ir decantando…
Sí, como Ibarra, como Telerman, como el socialismo en Capital, como Zamora…

¿Cuál es la lectura que hacés de las elecciones legislativas?
Me parece que se dio la posibilidad para que mucha gente expresara un descontento con el kirchernismo. De distintas formas, con distintas motivaciones… pero lo coincidente fue que las provincias o los distritos más grandes expresaron un voto de diferencia con el gobierno. Ahora bien, no son las mismas en todos los casos. Hay distintas expresiones y distintas razones. Algunas tienen una orientación social, otras tienen que ver con la falta de un proyecto –que no se está viendo–, otras con un “estilo”, otras con demandas puntuales que se perciben como no resueltas: para algunos será la seguridad, para otros la educación, etc. El resultado expresó esto. Esto es algo que el gobierno debería revisar. Ahora bien: ese voto no canalizó una expresión sola. Y no es sólo –como sostienen algunos– el conflicto del campo. Yo creo que si mañana bajan las retenciones a cero, esta situación de descontento no se descomprime.

Sin embargo, apenas concluidas las elecciones, Sabbatella sale a alertar sobre el avance de la derecha. Porque dentro de ese gran descontento que señalás, la mayor parte del electorado volcó su voto hacia expresiones de centroderecha.
Tiene que ver con que el kirchnerismo ocupó en los hechos en la expresión más concreta de una centroizquierda. Esto de que “a la izquierda mía está la pared” fue una pose, pero en los hechos, lo cierto es que de las expresiones grandes, partidarias, hubo determinadas cosas que el gobierno hizo desde el gobierno que eran sacadas directamente de la agenda de centroizquierda.
Entonces, el hecho de que de pronto haya un descontento con el gobierno a veces se expresa con esos formatos. Fijate que incluso dirigentes que ven que da “rating” o votos estar en contra del gobierno, se tiran hacia la centroderecha. Puede ser que haya un corrimiento hacia la derecha más que nada de las opciones políticas, yo no sé si es que el electorado fue el que hizo ese movimiento, esa demanda. El mejor ejemplo es el voto de Capital. No sólo por comparar los porcentajes actuales de Macri con los del ballotage, pero de todas maneras, el perder la mitad de los votos es un dato. El voto cambia mucho, en especial el de los sectores medios: primero el Frepaso, después Ibarra, después no…

Es que de alguna manera el voto a Macri en 2007 puede ser leído como una suerte de voto castigo al “ladriprogresismo”, por usar el neologismo de Artemio López. Pero esa expresión, un año y medio después, no se revalida.
Eso demuestra que todas las grandes opciones tienen chances si logran tomar decisiones acertadas.

¿Vos creés, retrospectivamente, que de alguna manera el gobierno estuvo a la izquierda de la sociedad?
Yo creo que estaba adelante, más que a la izquierda (risas). Creo que llevó a cabo algunos temas de la agenda en un momento muy particular, cuando hubo espacio para meterlos. El gobierno logró instalar determinadas cuestiones en un momento de recuperación económica. Desde el tema de las AJFP hasta si las empresas estaban aumentando precios de más, la renegociación de la deuda, la crítica del gobierno a los organismos de crédito internacionales…

Hubo también una coyuntura internacional, un clima de época que ayudó.
Por supuesto. Lo que pasó después con la crisis internacional demostró que el gobierno estaba bien encaminado en determinados aspectos. Si eso significa que estaba la izquierda de la sociedad, no lo sé. Lo que sí leo es que últimamente el gobierno no registró determinados cambios en las demandas… La sociedad te apoya mientras vos le resuelvas determinadas cuestiones, y le des ciertas perspectivas de crecimiento. Es decir: no hubo una explicación única para el resultado de las urnas, pero fijate que cuando los indicadores del ingreso empiezan a dejar de tener la misma velocidad de recuperación que habían tenido al principio, las cosas se empiezan a poner más tensas. Parece que hubo un techo de gravedad de los indicadores sociales con la crisis de 2001; después hubo una recuperación, pero todavía no llegamos a los de la década del ‘90 en algunas cuestiones. Para superar eso hay que hacer algunas reformas, meter algunos cambios que no se estaban metiendo. Pero hay una paradoja: porque para meter esa reforma, esos cambios, necesitás fortaleza política. Con lo que la sociedad percibe es que a este gobierno le va a ser complicado pasar ese techo. Y ahí empiezan a pasar ciertas cosas, incluso que la sociedad vote a la derecha, por más que a uno le parezca un contrasentido, por más que uno sepa que las mejoras no pasan por ese lado. La sociedad va buscando. No es sólo que funcionen, o no, sino en qué medida la sociedad deja de percibir que funcionan.

El techo del kirchernismo también pasa por la profundidad de los cambios. Los indicadores sociales, como pobreza o distribución del ingreso, mostraron una lenta mejora durante 2003-2006… pero al llegar una crisis, caen tanto que parece que todos esos años de trabajo no hubiesen significado un avance estructural. Eso también parece ser un límite propio del kircherismo como expresión, el no avanzar sobre determinados intereses.
Esos temas no tienen soluciones por sí solos. Yo pienso por ejemplo en la CTA, que está a la izquierda del gobierno, pero que sin embargo por sí sola no tiene las herramientas para hacer los cambios. Hay que buscar un formato que permita hacerlo. El kircherismo, cuando se va quedando solo, tampoco puede meter los cambios. Por eso se alía con el PJ: “lo que pasa es que sino cerramos con estos tipos se nos cae lo que tenemos”… Son decisiones que hay que tomar en el momento. La política precisa los mejores acuerdos posibles en los mejores momentos posibles. Los gobiernos, como muchos sectores políticos, van haciendo cosas con un sentido, con un formato, con un estilo que les sirve para llegar, incluso para ganar y ganar… pero hay un momento en que lo mismo dejar de servir. Es algo propio de la política. En un momento tal herramienta te ayuda a crecer, pero al siguiente tenés que cambiarla porque lo que cambió es el contexto, y si vos no modificás las herramientas, el contexto te come a vos… Pensalo con el “estilo”. Este estilo “servía”…

… pero cuando no demostraste, a nivel comunicacional, un cambio en el discurso frente a –supongamos– la crisis global, cómo la vas a enfrentar, etc... de alguna manera quedás en offside.
En la Argentina los sectores medios son los que más capacidad tienen para decir: un día voto acá, un día voto allá... Como comentábamos el ejemplo de la Capital: mientras no sea la boleta del PJ con Perón y Evita, vota cualquier cosa. Los sectores medios-bajos también pueden meter un cambio marginal, como el PJ en la Provincia de Buenos Aires, que tiene, sí, un piso fijo de 30% pero con un 10% más que vos lo tenés que traer. Hay entonces un sector de la sociedad que fluctúa, influida por los medios nacionales, por el mensaje...

Los medios construyen un mensaje mesocrático: en las semanas previas a las elecciones se arman mensajes y temas armados a medida de la clase media. El gobierno debería poder traducir mejor este tipo de demandas a nivel comunicacional: “para enfrentar la crisis, estamos haciendo esto, esto y esto”
En ese plano no logra enfrentar la situación correctamente. Fijate que el mensaje de algunos medios durante los primeros cuatro años de Kirchner era el mismo que ahora. Sin embargo, ahora tiene otro efecto: antes hacía eco sólo en un sector, ahora está penetrando en capas más amplias de la sociedad. Y esto sucede porque hay algo real que está teniendo lugar, y que la sociedad entiende que no está siendo resuelto.

La semana pasada hiciste referencia en tu blog al politólogo Pierre Ostiguy, para quien –cito– “el ‘error’ estratégico de Néstor Kirchner fue atrincherarse en el espacio bajo-izquierdo, es decir, tanto en el peronismo como en la centro-izquierda. No pudo ganar la centro-izquierda no peronista, a pesar de haberlo claramente intentado, y ahora pierde el peronismo ‘ortodoxo’.”
Es una visión de análisis, centrada, tiene lugar antes de las elecciones… Es más difícil para uno, que está en el terreno político, que debe operar sobre la realidad o estarse posicionando. Es decir: yo no sé si es un “error” como tal. Me parece que a nivel de política, concreto, hay dos agendas: una que marca cómo mantener el poder y cómo cambiar la Argentina. Una cosa es cómo mantener el poder. Puede ser, suponete, Kirchner: hago un pacto con el PJ, otro día te arma la transversalidad… Pero después tenés que ver cómo cambiás el país. Ahora llega una coyuntura en la cual al gobierno se le complica mantener una coalición que lo sostenga, entonces se ve obligado a pensar cómo mantiene el poder pero, a la vez, cómo cambia las cosas. Ahí es que uno no haría cualquier pacto, pero el que está ahí te dice “si no hago este pacto, me caigo” o “no podemos hacer tal o cual cosa”.

Ya que hablábamos de las herramientas que tiene CTA para imponer cambios: el otro día charlaba con un amigo esta idea de construcción de poder propia del kirchnerismo. Él justificaba las bases sobre las cuales Kirchner construía poder diciendo: “vos con la CTA no metés 100.000 personas en la plaza”. Era un ejemplo medio simple pero ilustra bien cuáles son las necesidades de construcción política. Algo así como “para seguir haciendo lo que quiero hacer necesito tener este apoyo”
Sí, aunque es más complicado. Un conocido me comentaba: cuando Moyano el otro día movió gente en el último acto de la CGT, fue mucha más gente que cuando fue el conflicto del campo. A la CGT le traés el tema de las retenciones, y te apoya hasta ahí. El PJ también apoyaba, pero tampoco del todo: vio que eso no daba rating y una parte se fue. De hecho, si Kirchner hubiese tenido todos los votos del PJ en el Congreso, Cobos no hubiese existido.
El problema de todo esto es que la derecha logró armar una coalición que ahora hegemoniza la cosa. Acá está lo que marca Sabbatella, este es el peligro. Hasta ahora, el kirchnerismo venía hegemonizando esto. Con muchas contradicciones, pero con una agenda en donde algunos temas de centroizquierda iban. Ahora, la nueva fuerza que puede hegemonizar eso es la derecha. Fijate que hoy por hoy los principales candidatos presidenciales son de esa extracción.

¿Creés que Nuevo Encuentro le “sacó” votos a Kirchner en la provincia de Buenos Aires? ¿O considerás que esos votos salieron de un sector “antipolítica”?
Los votos del kirchnerismo estaban perdidos. Hasta hace muy poco, Nuevo Encuentro no existía. El partido está conformado por gente que estuvo en algún momento en el kirchnerismo, pero también por muchos otros que no, como el caso de Martín. Lo que me parece es que hay es una situación previa de sectores que están buscando otro voto que no sea el del kirchnerismo. Hay sectores que tienen un enfoque más bien de izquierda: la opción K no les satisface. Al mismo tiempo, ven que las otras propuestas mayoritarias están tiradas bien al centroderecha, y entonces buscan otra fuerza.

Es similar a la lectura que se puede hacer de la elección de Solanas en Capital: evidentemente no hay un 24% de electorado identificado con la izquierda peronista, o que habrían votado la opción de Kirchner. Sabbatella y Solanas sacaron muchos votos de la antipolítica: de aquellos que, de otra manera, el día de la elección se hubiesen quedado en sus casas.
Son de un voto que está buscando algo. Llamalo como quieras. Puede ser por la honestidad, puede ser por la gestión prolija. Es decir, la agenda institucionalista está. Pero, la Coalición Cívica también la tiene. ¿Por qué a nosotros y no a la UCR? Me parece que ahí la agenda de Nuevo Encuentro marca las dos cosas: la mejora de la democracia a la vez que la distribución del ingreso.

Pero ahí me parece que está la ambigüedad: que se apueste a determinada imagen de transparencia y honestidad, que atraiga varios tipos de votos... frente a una serie de propuestas y posicionamientos políticos más fuertes cómo la distribución del ingreso o la reforma tributaria, banderas que “ahuyentan” al electorado más difuso.
Depende cómo lo vayas construyendo y cómo se vayan posicionando los principales dirigentes. Sabbatella es muy coherente con sus posturas, lo único que va a tener ahora es más visibilidad, porque va a ser un dirigente nacional, un diputado en el Congreso. Lo mismo que Solanas: antes lo llamaban y sólo le preguntaban sobre el tema energético, ahora le pueden preguntar sobre cualquier cosa, es un referente nacional. Ahí se van definiendo las políticas. Lo importante es fortalecer los distintos partidos que fueron conformando Nuevo Encuentro. El viernes pasado se formó una mesa de coordinación en donde se planteó cómo seguía esto. Nuevo Encuentro nació en unos meses: la idea es que sea mucho más que un frente electoral, es ir armando una institucionalidad. Habrá congresos partidarios, mesas de negociaciones, en donde a la sociedad le irá quedando cada vez más claro qué vota cuando vota a Nuevo Encuentro. La idea es que la plataforma resulte previsible. Cuando vos le dijiste que sí a esto, que no a tal otra cosa, y sos consecuente, vas generando una coherencia. A diferencia del radicalismo, que cada dos años inventa algo: primero presenta los Radicales K, en 2009 te inventa que el kirchnerismo fue lo peor que le pasó a la Argentina…

Luego de las elecciones, Unión-Pro quedó colocado como el principal referente de la oposición, como el que setea agenda y que marca qué cosas deben cambiar –hacia la derecha–. Prácticamente no tiene cuadros, pero cuenta con el apoyo del establishment y de buena parte del sistema de medios.
Me animaría a decir que el Pro de provincia de Buenos Aires, el de Francisco De Narváez, no va a durar mucho. Es difícil saber si Duhalde va a tejer otra alianza en el PJ provincial, o si de repente Solá se va a hacer su propio armado político. Depende de cómo lleguen a 2011, si hay internas… estamos muy lejos de eso. Son opciones malas porque no resuelven ninguno de los problemas concretos de la agenda, de hecho probablemente los empeoren. Te venden eficacia y eficiencia pero no hay nada detrás de eso.

¿Hasta qué punto el crecimiento de la derecha es el resultado de méritos propios, y hasta qué punto nace de los errores del gobierno?
Creo que acá juegan mucho los ciclos de la política. La tercera elección de cualquier gobierno siempre es complicada, y más en Argentina. Y al desgaste natural se le suma esto que decíamos: hay un momento en el que tus falencias –en el caso del kirchnerismo: la falta de construcción política sólida, la falta de lugares para participar, las decisiones que se toman entre tres y nunca bajan a la estructura– pasan a ser mucho más visibles, y se te cobran los errores del pasado.

¿Cuál es el plan de acá a dos años? ¿Armar algo más allá de Buenos Aires, pelear la gobernación de la provincia, algún objetivo más modesto?
Tiene que ir avanzando a su ritmo, no hay que volverse loco. Pienso en un formato de partido que pueda ir ganando espacios en lo local. Que sean sectores que puedan ir demostrando en lo local cómo se puede, y de ahí ir creciendo. El voto de Nuevo Encuentro en la provincia de Buenos Aires pesó, sobre todo, en Morón, Merlo, Ituzaingó, La Matanza, Tres de Febrero, Vicente López... La idea es defenderlo con trabajo, no hay mucho misterio. A veces el contexto te da muchos más votos de los que podés captar. El tema consiste en que tu trabajo territorial esté cerca de lo que vos sos, que no te venga muchos votos de arriba que vos no puedas manejar.

Por eso te preguntaba por la construcción de cuadros.
Y ahí tenés que laburar. Para lo que vos estás representando en votos se pueda representar con trabajo territorial.

¿Cómo fue la experiencia tuya en Vicente López?
Buenísima. Trabajamos mucho con las otras fuerzas de Nuevo Encuentro que ya venían: no hubo demasiados problemas ideológicos, discursivos. Mucha gente se terminó entusiasmando con la propuesta cuando se empezó a dar cuenta que era de verdad. Hicimos algo de ruido político en Vicente López, porque la forma en la que conseguimos semejante caudal de votos fue distinta a la del resto de los partidos. De hecho el comentario posterior giró sobre lo sorpresivo y lo interesante de la apuesta. Ahora lo mejor que podemos hacer es demostrar continuidad y que podés estar a la altura de este nivel de representatividad, que en este caso no alcanzó para concejal, pero que la próxima seguramente se dará.

Me resultó curioso comparar tu elección con la de Guido Lorenzino, diputado provincial por el PJ, que tuvo una campaña millonaria en Vicente López y que terminó sacando una cantidad de votos muy parecida a la tuya. Digo, de cómo –al menos a este nivel– se puede generar un efectivo boca a boca.
Yo pensaba, salvando las distancias, en la experiencia del Frente Amplio en Uruguay o el PT en Brasil. Ellos van ganando mucha confianza en las gestiones locales. Entonces el electorado responde: “Ah, esto es la izquierda, centroizquierda”. Y es lo que pasa de alguna manera con el ejemplo de Morón. Fue la primera ciudad del país en donde hubo un Museo de la Memoria en un ex Centro de Detención, en el año 2000… pero a la vez un lugar donde se ve la gestión de todos los días, la de resolver los problemas –el bache o la luminaria. Entonces: la transparencia, pero que baje el dinero que tiene que llegar; la participación ciudadana, pero la resolución de problemas o el poner la cara con plazos concretos. Si vos creás esa idea, recibís votos, cortes de boleta. Esa cercanía, esa presencia, te da la posibilidad de ir demostrando hechos concretos.

Y, además, despegarse ante el electorado de la imagen romántica…
Ese es el mayor logro que tiene la experiencia de Martín. Poder decir que, cuando tuvo la oportunidad de gobernar, mejoró el municipio.

¿Cuál es la clave para ir creciendo en un espacio de centroizquierda sin caer en lo que fue el Frepaso?
La coherencia y, sobre todo, el no perder de vista lo que te da sustentabilidad política: el trabajo político concreto, territorial. En otras palabras, estar en cada distrito, en cada municipio, con militantes de verdad. Esto es lo que te permite crecer. Lo otro –TN, el horario central de Canal 13 con Tinelli– da para cualquier cosa. El Frepaso tuvo determinados dirigentes como Carlos Álvarez –muy vivo mediáticamente– que crecieron sin que su partido fuese armando un piso institucional. Él iba muchísimo más rápido que lo que iba el resto del movimiento. ¿Qué pasa después? El día que hacés una alianza te llevan de la nariz a vos. ¿Y qué tenés vos para contrapesarles? Nada: hacen una interna, no tenés estructura, perdés. Lo que acá importa es que lo que puedas traccionar con votos tenga un correlato en trabajo político. Fijate que en el ‘99 el se ganaron varias intendencias: Morón, Avellaneda, Lomas de Zamora… ¿Cuál fue la única que sobrevivió? Morón, en donde Sabbatella logró estructurar un sustento político que lo mantuvo en el poder: con militantes reales, con un trabajo territorial real. Ahora, si vos sos solamente un afiche, un cartel y saliste en la tele… mañana te lanzan por el aire.

Cómo López Murphy en 2003
O Meijide. Llegar así es muy fácil. El tema es: ¿qué es lo que hay por debajo? Ese fue uno de nuestros mayores aprendizajes.

Entrevista con el Financial Times: Slavoj Žižek martes, 12 de mayo de 2009

Almuerzo con el FT: Slavoj Žižek

por John Thornhill
Editor de noticias del Financial Times

06-03-2009


Mientras viajo a Ljubljana para encontrarme con Slavoj Žižek, leo dos interpretaciones diferentes del hombre y su obra. Una describe a este culto filósofo esloveno marxista (aprecio la improbabilidad de aquella descripción mientras la escribo) como un valiente intelectual que revoluciona la manera en la que entendemos al mundo. La otra sugiere que es un bufón fatal, cuyo humor ingenioso y “confusión desorientante” esconden sus intentos de absolver al totalitarismo y de rehabilitar varias de las ideas más malvadas del siglo XX.

De cualquier forma que se lo mire, Žižek ciertamente tiene un talento para inspirar polémica intelectual. Autor de una serie de provocativos libros sobre política, psicoanálisis, ideología y cine, da charlas apasionantes alrededor del mundo, yuxtaponiendo teoría marxista, psicoanálisis freudiano y cultura pop. Es el héroe de una película, Žižek!, en la cual grabó algunas de sus conferencias más cómicas, y el narrador de otra, The Pervert’s Guide to Cinema, una anárquica interpretación crítica de 43 películas populares.

Actualmente instalado como el director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities de la Universidad de Londres, Žižek fue votado uno de los 25 intelectuales más importantes del mundo por los lectores de la revista Foreign Policy. También es celebrado en el International Journal of Žižek Studies, una revista digital lanzada en 2007 por un grupo de admiradores con el fin de debatir sus ideas y superar “el ruido intelectual de frases insistentes”.

Žižek parece un paquete de encanto desalineado al llegar al restaurant Pri Vitezu, en el corazón de la pintoresca capital de Eslovenia, lugar donde nació. Vestido con jeans y una camisa azul a cuadros, despeinado y con barba desprolija, el filósofo de 59 años es una maníaca y perpetua máquina de pensar. Con su acento eslavo, lenguaje vulgar y sintaxis ocasionalmente torturada, las palabras salen de su boca en como un torrencial fluir de la conciencia. Antes incluso de haber abierto el menú, ya discutió su diabetes incipiente y sus palpitaciones cardíacas, las dificultades que conlleva criar un hijo de nueve años, la inaceptable falta de “buena diversión burguesa”, alimentos digeribles o juguetes atractivos en el Eurodisney de París, sus días como estudiante en París, y sus problemas favoritos en Berlín. “Mi vida es totalmente confusa”, dice.

Intentamos simplificar nuestras vidas pidiendo algo de comida. Pero Žižek está sorprendido por la mezcla de cocina internacional estándar y las especialidades eslovenas locales en el menú de lo que una vez fue un punto de encuentro para los intelectuales comunistas de Yugoslavia ahora transformado en una bodega burguesa con arcos en el techo y retratos antiguos de oficiales condecorados de la armada. “Para ponerlo en mis términos estalinistas, este restaurant no tiene un claro perfil ideológico”, bromea. Recomienda la sopa hecha de sabrosos hongos locales y elige los medallones de carne. Yo paso y elijo un cordero sazonado. Para tomar, agua con gas.

Le pregunto sobre la crisis financiera, esperando algún comentario político incendiario sobre la agonía del capitalismo. ¿La crisis trae noticias de una revolución? “No, no, no. Soy un marxista extremadamente modesto”, responde, de manera decepcionante. “No soy una persona catastrófica. No digo que la revolución esté a la vuelta de la esquina. Soy perfectamente consciente de que no habrá ninguna solución comunista a la vieja usanza”.

De todas formas, insiste, la crisis financiera terminó por matar la utopía liberal que floreció luego del colapso de la Unión Soviética en 1991 y toda esa gran charla sobre “el fin de la historia”. Los ataques terroristas de septiembre de 2001 y el bajón financiero acabaron con el mito de que la economía de mercado y la democracia liberal tienen todas las respuestas a todas las preguntas. En el corto plazo, al menos, los gobiernos intervendrán más desde el Estado y coordinarán globalmente la intensificación del sistema capitalista. En este sentido, sugiere que el liberal Barack Obama quizás algún día sea recordado como uno de los mejores presidentes conservadores de la historia de los Estados Unidos.

Pero aunque el capitalismo sea temporalmente reparado, dice Žižek, esto no resolverá sus contradicciones inherentes. El colapso alarmante de la sociedad llevará a nuevas formas de apartheid y estados de emergencia. Žižek subraya la creciente militarización de Italia, donde el gobierno envió a las fuerzas armadas a Nápoles para lidiar con la mafia. Sostiene que São Paulo está mutando en una versión verdadera de la película Blade Runner. La ciudad ahora tiene 70 helipuertos en donde los ricos viajan, literalmente, a otro nivel que los pobres.

El capitalismo, afirma, es incapaz de resolver los grandes desafíos del momento: la catástrofe ambiental y el abuso de la tecnología de la información, los derechos de propiedad intelectual y la biogenética. Las sociedades deberán inventar nuevas formas de propiedad y de bienes comunes o perecerán. “Mi principal crítica al capitalismo liberal no es que sea malo, sino que no puede durar para siempre. El comunismo debe ser reinventado”, subraya.

Mientras deglutimos nuestras ensaladas verdes y le entramos a nuestros deliciosos platos principales, Žižek dice que lo que le más le fascina en este momento es la batalla ideológica sobre cómo interpretar la crisis financiera. La clase dominante está tratando de correr la culpa del sistema capitalista global como tal hacia sus desviaciones accidentales –como la blanda regulación o la corrupción de las grandes instituciones financieras. En algunos aspectos esto le permitió a los capitalistas afirmar sus valores más agresivamente: al tiempo que salvaban a Wall Street, destruyeron acuerdos colectivos en General Motors y relegaron los problemas del calentamiento global, el sida y el hambre.

“El problema hoy es que al tener caos y desorden, las personas pierden su mapa cognitivo. Entonces se vuelve una lucha abierta sobre cuál interpretación se impondrá”, afirma. “No hay que olvidar que así fue como Hitler ganó”. Según Žižek, la razón por la cual Hitler llegó al poder en la década del ’30 fue porque ofreció la interpretación más atractiva de eventos desastrosos. Simplemente complació a los alemanes asegurando que su ejército había sido traicionado en la Primera Guerra Mundial y echándole toda la culpa a los judíos.

Pedimos ensalada de frutas.

Žižek está obsesionado con la manera en la que las sociedades interpretan los eventos y en los sistemas de creencias que sostienen a la política. Una de las “fábricas” ideológicas más poderosas –argumenta– es Hollywood, la cual ayuda a forjar nuestra comprensión del mundo. Žižek admite que disfruta muchas películas de Hollywood y dice que las mejores, como Short Cuts de Robert Altman, merecen ser llamadas arte y son superiores a muchas “falsas” películas europeas. Pero, sugiere, Hollywood también cumple una función ideológica, moldeando la manera en la que guiamos nuestras vidas. “No me refiero a grandes esquemas ideológicos. Todo eso murió, ya lo sé. Lo que me interesa es la ideología como parte de la vida cotidiana”, sostiene. “Lo que me interesa es: ¿cuál es el mensaje? Me gusta encontrar texturas diferentes que den como resultado una historia distinta”.

Por ejemplo, Titanic. La mayor parte de los espectadores lo ve como una simple historia de amor. Žižek no. Muchos críticos notaron el tono anti-establishment de la película: cómo los pasajeros ricos son crueles, mientras que aquellos en los compartimentos inferiores eran más considerados. Pero –afirma Žižek– el film, lejos de subvertir el orden social, lo refuerza. La verdadera narrativa trata sobre una chica rica y malcriada que perdió su identidad. Toma a un amante de clase baja para restaurar su vitalidad, para rearmar su ego. El amante literalmente dibuja su imagen. “Y luego, después de que su trabajo terminó, el puede irse al carajo y desaparecer. Él es lo que en teoría llamaría un mediador puro que se desvanece. No es una historia de amor: es una explotación vampírica, egoísta.”
Luego de discutir los “mensajes” ideológicos de Batman, Kung Fu Panda y La Vida de los Otros, los cuales todos –cada uno a su manera, bien diferente– exploran cómo podemos (con)vivir felizmente con la traición, llegamos a los parecidos entre la película de cine catástrofe de Armageddon y La Caída de Berlín, la gran película estalinista de 1949. Esto dispara el argumento de Žižek sobre la fascinación mutua entre Hollywood y las altas esferas estalinistas: cómo los productores de King Kong le robaron la idea de un gorila gigante en la cima de un rascacielos a los arquitectos futuristas que querían instalar una estatua gigante de Lenin en la cima del Palacio de los Soviets; y cómo las estrellas de cine favoritas de Stalin eran Ginger Rogers y Fred Astaire.

Lo que le intriga particularmente a Žižek es cómo películas que aparentemente resisten la ideología hegemónica, como Titanic, a menudo sirven para consolidarla. Algo parecido sucedía, sugiere, en los tiempos comunistas, cuando quienes contaban chistes aparentemente subversivos sólo conseguían expandir el cinismo y la indiferencia –exactamente lo que la nomenclatura del partido necesitaba para sostener su mandato. Como miembro del partido Comunista en los últimos años de Yugoslavia, Žižek recuerda muy bien cómo los líderes del país sostenían el régimen explotando la pasividad de la población.

“Si me preguntás a punta de pistola qué es lo que realmente amo, diría que leer idealismo alemán, Hegel. Lo que más me gusta, lo que más amo, es la objetividad de la creencia”, dice. A pesar de que la gente puede asegurar que no cree en el sistema político, su cinismo inerte lo valida por sí solo. Esto puede explicarse, de acuerdo con Žižek, por la teoría marxista del fetichismo de la mercancía, esta idea según la cual la manera en la que nos comportamos en sociedad está determinada por fuerzas objetivas de mercado más que en creencias subjetivas. “La importancia está en lo que hacés, no en lo que pensás. Me encanta esta transposición dialéctica”.

Žižek continúa hablando sobre marchas militares, que comenzó a apreciar durante su tiempo en la armada yugoslava. Canta una de las que aparece en la película Nacido para matar, silenciando por un momento todas las otras conversaciones en el restaurant. “I don’t know but I’ve been told / Eskimo pussy is mighty cold.” Continúa, en cualquier caso: “Lo que aprendí de mi propio servicio militar es que todos los chistes obscenos, esas aparentes formas de rebelión, son exactamente lo que el poder precisa para reproducirse a sí mismo. No hay nada subversivo en ello.”

¿Pero qué hay del propio uso del humor por parte de Žižek? En un artículo condenatorio aparecido el año pasado en The New Republic, Adam Kirsch, uno de sus principales editores, acusó a Žižek de corrupción moral, preguntándose si su audiencia no estaba demasiado ocupada riéndose de sus chistes como para poder escuchar lo que realmente tenía para decir. Debajo de la superficie cómica, sostenía Kirsch, Žižek intentaba “deshacer todos los logros de los pensadores de posguerra, que nos enseñaron a considerar al totalitarismo, el terror revolucionario, la violencia utópica y el antisemitismo como inadmisibles en el discurso político serio”. ¿Qué podemos hacer, después de todo, con el argumento aparentemente absurdo del último libro de Žižek, En defensa de las causas perdidas, según el cual Stalin, autor de alguno de los crímenes más monstruosos del siglo XX, “salvó a la humanidad del hombre”?

Claramente dolido por el ataque de Kirsch, Žižek denuncia a su crítico norteamericano como un estúpido. Luego clarifica su actitud aparentemente ambigua hacia el estalinismo. En primer lugar, reconoce sin matices todos los sufrimientos humanos que ocurrieron durante los tiempos de Stalin y enumera una serie de “bonitas, horribles” historias ilustrando la crueldad excepcional de aquellos años. Pero, insiste, tendríamos que hacer un esfuerzo por entender al estalinismo como fenómeno. “Uno puede argumentar que hubo más violencia, incluso, que bajo el régimen de Hitler”, dice. “Pero Hitler era un tipo malvado que anunció que haría cosas malvadas y las hizo. La verdadera tragedia del estalinismo es que comenzó como una explosión popular de igualdad emancipatoria. No tenemos una buena teoría de por qué esto se transformó en una pesadilla aún peor.”

Lo que a menudo no comprendemos, sostiene, es cómo el estalinismo fue una contrarrevolución, reaccionando contra las ambiciones utópicas, “post-humanas” de los líderes bolcheviques en la década del 20. Los extremistas comunistas predijeron el día en el que los trabajadores vivirían en una sociedad perfecta, sin la necesidad de emociones, siquiera nombres, y en donde la sexualidad y la vida familiar quedarían suprimidas. Pero Stalin fue mucho más conservador, reaccionando contra el arte de vanguardia e insistiendo en la santidad de la vida familiar. “El estalinismo reaccionó contra aquellas distopías negativas que eran aún más atemorizantes. El estalinismo fue, en ese sentido, un regreso a la vida normal. Muchos olvidan eso.”

¿Deberían los tipos como Žižek dedicarle tanto tiempo a tratar de entender el mundo cuando, como Marx insistía, la idea es cambiarlo? Žižek, el marxista modesto, cree que nuestros tiempos son tan extraordinarios que necesitamos entender completamente qué está sucediendo antes de poder actuar inteligentemente. “Necesitamos retraernos, reflexionar y pensar”, dice.

Tal como él lo ve, el rol de los filósofos es ayudar a mejorar las preguntas que las sociedades deberían preguntarse y obligarnos a pensar, antes que hacer aparecer soluciones listas para ser usadas en todos nuestros problemas. “Me siento como un mago que sólo produce galeras y nunca conejos”, afirma.


Traducción: Federico Poore

Frank Black: Arte versus comercio viernes, 21 de noviembre de 2008



Entrevista con Black Francis aka Frank Black, ex líder de los Pixies y autor de una notable carrera solista, publicada hoy en el Suplemento NO de Página/12:

–En varias entrevistas te describís como un posponedor, pero en realidad parecés incansable: siempre estás con un proyecto nuevo... ¿Qué te mueve a trabajar constantemente?
–Bueno, mayormente es porque lo disfruto. Me gusta grabar, hacer discos. Supongo que me considero un posponedor porque no hago demasiada preparación, incluso con la composición. De hecho, hoy en día me preparo incluso menos que antes, porque tengo hijos y ocupan mucho de mi tiempo. (...) Nunca trabajamos las canciones antes de entrar a grabar, las escribimos ahí, de modo espontáneo. No hay plan, no tengo nada en la cabeza, invento las cosas a medida que avanzo.

–Pero en algún momento de tu carrera tenías ciertas cosas planeadas. Por ejemplo, con los Catholics grababas directo a dos canales. Esa era una decisión artística, ¿o no?

–Sí, sí. Seguro, hay decisiones artísticas que tomé, ciertos parámetros. A mí me gusta trabajar dentro de ciertos límites. Creo que no trabajaría demasiado bien si me propusieran hacer un disco en Jamaica con un millón de dólares y todo el tiempo del mundo. Necesito restricciones de tiempo, de canales, de instrumentación, de dinero... Alguna clase de restricción tiene que existir para que suceda, porque si no tengo ninguna, seguro que voy a malgastar el dinero. (...)

[Nota del blogger: Sobre el tema de las reglas y el proceso creativo, recomiendo el documental Las Cinco Obstrucciones, de Lars Von Trier y Jorgen Leth].

- Desde mi perspectiva, la razón de mi existencia como músico es lanzar discos con regularidad y tocar en nightclubs con regularidad. Eso es lo que hago y lo que disfruto. Así que dar vueltas durante tres años para intentar hacer un disco no es lo que me interesa ni la velocidad a la que quiero trabajar.

–¿Para vos es lo mismo tocar en un nightclub que cerrar el festival de Coachella, como hiciste en la reunión de los Pixies?
–En realidad, prefiero tocar en clubes porque me siento en casa. Así era cuando empecé a tocar en vivo y es con lo que me identifico. Estar en situación de festival gigante al aire libre... Está muy bien saber que voy a recibir un cheque importante después del show (risas), pero desde un punto de vista estético no es lo mío. No quiero comunicarme con la gente a través de pronunciamientos simples y gigantescos. “Ey, todos ustedes, ¿cómo se sienten? Uuuuuuooooo-hhhhh.” No quiero comunicarme de ese modo, quiero decir algo sarcástico o sutil, expresarme con la cara que pongo. Y ésas son cosas que pueden hacerse en un club nocturno. Mi propósito nunca fue estar en un estadio gigante, aunque tengo la suerte de poder hacerlo de vez en cuando. Lo que siempre quise es tocar en clubes y publicar discos independientes, no hacer discos para millones y millones de personas. Si ése fuera mi objetivo, mis álbumes saldrían con mucha menos frecuencia y los shows serían diferentes. Cuando empecé a hacer discos, ¿qué era lo que escuchaba? Husker Dü, Iggy Pop, Captain Beefheart... Música independiente, no música comercial mainstream. Es una cuestión de arte versus comercio: la cuestión está en el balance, en cuánto de arte y cuánto de comercio vas a tener en tu carrera. Cuanto más arte tenés, te ponés más esotérico; cuanto más comercio tenés, te ponés más lavado, simple y mainstream.

Entrevista completa

“Ya no podemos ir más a Clarín” domingo, 17 de agosto de 2008

ENTREVISTA A FONDO CON EL DIRECTOR DEL DOCUMENTAL "LA CRISIS CAUSÓ 2 NUEVAS MUERTES"
“Ya no podemos ir más a Clarín”



por Federico Poore y Javier Morero

Patricio Escobar estudió Comunicación en la UBA, pasó por la redacción de Todo es historia y actualmente trabaja haciendo prensa en la Universidad de San Martín. En 2006 dirigió, junto a Damián Finvarb, el valiente documental La crisis causó 2 nuevas muertes, basada en el titular del Gran Diario Argentino del 27 de Junio de 2002. En él se reconstruye la cacería indiscriminada lanzada por el aparato de seguridad del gobierno de Duhalde que culminó en el asesinato de los piqueteros Kosteki y Santillán, y se analiza el rol de los medios masivos a partir de la Masacre de Avellaneda.
Sentados en el Bar Hipopótamo, frente a Parque Lezama, charlamos con Escobar acerca de sus trabajos, del rol del periodismo y de las dificultades con las que se encuentran los documentalistas independientes en nuestro país.

¿De dónde surgió la idea para el documental?
La idea surgió a partir de una tesis que estaba haciendo para la facultad sobre los medios de prensa de los movimientos piqueteros. Gente del MTD se acercó y nos empezó a comentar lo que había pasado en el Puente Pueyrredón. Es decir: todos sabíamos lo que había pasado, pero ellos me comentaban puntualmente sobre la secuencia fotográfica. Había algo raro con las fotos, con la cobertura de aquel día: nadie les quería entregar la secuencia completa. Y es ahí que se me ocurrió hacer la investigación: a partir de esas fotos. Yo, además, ya venía con una crítica más o menos formado hacia lo que eran los medios masivos de comunicación.

¿Cuánto tiempo les tomó armar el proyecto?
Tres años. La empezamos en 2003 y la terminamos en 2006. Nos lo tomamos con calma. Filmar nos tomó un año y medio, lo hacíamos cuando teníamos tiempo. Intentábamos hacer las entrevistas los fines de semana, o los días de semana pero después de las cinco, seis de la tarde. Por ahí incluso algún día que había cortes del puente y teníamos que ir a filmar, y nos podíamos pedir un día, y así. Sabíamos qué estábamos haciendo, pero no sabíamos bien a dónde iba a terminar todo. Eso nos condicionó a hacer un documental tradicional, es decir, entrevista y archivo.

De todas formas, el resultado final fue más que interesante. El principal triunfo del documental es reconstruir, en primera instancia, algo que en su momento apareció totalmente fragmentado. Toda la primera parte demuestra cómo los piqueteros fueron efectivamente asesinados por la policía, y una vez que se prueba esto pasa a hacer la crítica de los medios que cubrieron el hecho.
Para nosotros y para el que nos iba a ver, nos pareció que iba a ser más efectivo contar todo cronológicamente, dividido en partes. Ya habían pasado tres años, así que la idea fue contar todo minuciosamente, tal como pudimos reconstruir que sucedió.

A la hora de analizar el papel de los medios, se centraron sobre todo en el Grupo Clarín. Sin embargo, hay otros–como La Nación– que apenas se mencionan pero cuya actuación no se analiza en profundidad. ¿Fue una decisión deliberada?
Teníamos que hacer un recorte y nunca nos propusimos desmenuzar a La Nación. Nos parecía un medio que, en definitiva, era mucho más honesto que un medio como Clarín. Los tipos tienen una misma línea editorial hace ciento cincuenta años, no se mueven de ahí. ¿Qué vas a esperar de ellos? Tienen un contrato con el lector, cuando comprás La Nación vos sabés con lo que te vas a encontrar. No hay sorpresas. Se mueven con fuentes del gobierno, es un medio de derecha.

Es decir que su objetivo siempre fue Clarín.
Nuestro objetivo era Clarín. ¿Por qué? Es el diario más vendido, es el grupo económico más importante en lo que se refiere a medios en Argentina, tiene mucho poder político, mediático, es el que forma opinión en mucha clase media. Apuntando a Clarín, te introducís en la política en otra forma. Vos caminás un domingo por la calle, está todos con el Clarín abajo del brazo. En ese sentido, Clarín es más peligroso. Porque el contrato con el lector es “somos objetivos, no jugamos ni para un lado ni para el otro, tenemos la mejor cobertura”. Queríamos demostrar que todo eso es mentira. Que sí tienen intereses políticos, económicos. Y al no ser sinceros, pierden credibilidad, legitimidad. Por eso no analizamos a La Nación. De todas formas creo que quedó justificado en el mismo documental, por lo que dice Virginia Messi. Todo esto está en la nebulosa del documental, dicho por los entrevistados, ya que no queríamos bajar línea, no queríamos un panfleto.

De ahí la decisión formal de no utilizar la voz en off.
Exacto.

El documental, de alguna manera, plantea dos hipótesis. Por un lado, una idea de malicia, de intereses creados, y por el otro una tesis que iría más por el lado de la ineptitud, de la mediocridad del propio periodismo.
A nosotros nos importaba más que nada la cuestión periodística. Cuestión que, me parece, se juega en el nivel del imaginario. A mí me gustaría que la película sirva para que los periodistas que están laburando ahí, o en cualquier otro lado, se pongan a discutir. Que se abra el debate y empiecen a discutir: qué es lo que estamos haciendo, cómo cubrimos esto, cómo estamos trabajando. Porque nosotros lo que encontramos ahí fue una alienación muy fuerte: [el fotógrafo de Clarín] Pepe Mateos sacó las fotos, las dejó en la redacción, y se fue. No se sentía parte de esas fotos, no se sentía su autor. El medio te absorbe y no te deja sentirlas como propias.

Como Virginia Messi, que en un momento exclama: “A mi me mandan a hacer la nota, yo voy, la hago y ya está. Ahora, qué pasa con Clarín, cómo titulan y eso, yo no tengo nada que ver.”
Cuando hice esa entrevista, enseguida me remitió a esta idea de alienación. De cómo la cotidianeidad te va ganando. Si el proceso se da así, al final sos una máquina. Y ojo, no queremos que sean sólo autocríticas individuales: la crítica tiene que llegar hasta la estructura misma del medio. La hipótesis que confirmamos fue que la cultura de un medio de comunicación termina determinando cómo vas a informar. Si vos sos un simple soldado raso, escribís crónicas, tenés un jefe, ese jefe tiene otro jefe… ¿quién toma la decisión? ¿El que estuvo ahí, el que escribe la nota? No: de entrada te empiezan a cortar la nota para poner publicidad. Mi viejo compra Clarín los sábados y los domingos y es una góndola. Lo tendrían que regalar.
Y eso lo dice ella: lo que hacen los jefes en el momento de la edición, yo no lo sé. Si en la famosa foto de Pepe, él hubiese tenido la decisión sobre qué foto publicar, o hubiese sido consultado sobre cuál de todas le parecía la mejor, otra hubiese sido la historia. Pero no le dijeron “bueno, vos que estuviste ahí, ¿cómo querés que armemos la tapa?”. No: le dijeron “bueno, gracias”, y hablaron con el director de fotografía, que eligió la foto por “el movimiento” y no sé qué otra pelotudez.

Una decisión estética.
Claro. Pepe hubiese puesto otra foto, donde el cana esté más claro.
Entonces la hipótesis de la estructura se cumplió. ¿Qué pasaría si los medios tuvieran otra estructura? Habría que buscar otro medio que se organizara de manera diferente y ver cómo funciona ahí. Yo le dije eso a Goldberg y me dice “no se puede hacer todo por consenso, sino nunca saldría el diario”. Yo creo que podríamos poder pensar otras formas de cómo organizarnos, tiene que haber otras formas, sino nos morimos de esta forma: “ya estamos así, ya está”. Mi postura es: mejorémosla. Lo que yo le propuse fue eso: “¿Quién dirige las fotos? ¿No estaría bueno que--?” Y me dicen “No, ese consenso no se puede hacer”. Lo mismo pasa con los títulos: se escriben ochenta veces, y es una mesa editora que los redacta.

Es increíble que aquel 26 de junio Clarín no haya llevado ningún cronista al lugar de los hechos, sabiendo que era la primera vez que actuaban de manera conjunta las tres fuerzas federales (Gendarmería, Prefectura y la Federal) y la Policía Bonaerense para reprimir la protesta social.
Julio Blanck me dice “no sabíamos que podía pasar eso”. Es increíble. ¿Clarín no iba a saber que algo así iba a pasar? Si de hecho mandan a los dos fotógrafos que tienen, porque ese día se cortaban todos los accesos. Y es más, los mandan a Zona Sur, que es donde sabían que se iba a armar más quilombo. Y lo mandan a Pepe. Sabían que era el mejor fotógrafo que tenían. ¿Por qué no mandaron a un cronista?

¿Se siente responsable Pepe?
Vive acá a la vuelta, cada tanto nos juntamos a tomar una cerveza. Es al día de hoy que me dice que de verdad no tuvo tiempo de ver las fotos, yo le digo que no puede ser. Porque por más que estés shockeado por el hecho, sos un fotógrafo de raza: cuando te volvés en el remis al diario, ahí vas viendo las fotos. Y lo principal era la estación. Porque una de las cosas que nos habían dicho al principio en Clarín fue, “bueno, el quilombo de la redacción, no pudimos ver las fotos…”. Pero vos sos Pepe, sacaste 360 fotos: de las 360 te quedan 20, de las 20 te quedan diez, de las diez te quedan cinco, entonces todo se reduce a lo que pasó en la estación. Me parece que la responsabilidad no pasa por Pepe, yo no sé cómo hubiese actuado en una situación ahí. Lo que sí está claro es que hay toda una estructura que hace que el tipo entregue así las fotos, y que el director de fotografía haga lo que hizo. No me hago el pistola y digo “yo lo haría así”, yo no sé qué haría, quince años en un diario, ya estás alienado… no es culpa de tal o cual, me parece que es más complejo. Nosotros entrevistamos a las chicas de fotografía y vimos juntos las fotos que recibieron aquel día. No hablo del 29, o del 30. No: digo las del mismo 26 a la tarde. Yo veo un policía que mata o que hiere gravemente a alguien. ¿Estás viendo lo mismo que yo? Entonces vos no “viste” lo que estabas viendo.

Claro, la teoría Clarín de “no tuve tiempo, pasó muy rápido”. ¿Pero no tuvieron tiempo para eso? De las noventa páginas del diario, la noticia más importante es esa. No ver eso o es malicia, o es imbecilidad.
Las dos cosas están mal. O es de guacho, o es un problema periodístico. El año pasado, cuando presentamos la película en el Tita Merello, vino un tipo que había visto como cinco veces la película. Se acerca y me dice “tengo algo que te va a interesar: fijate en el diario del 13 de abril del 96, cuando mataron a Teresa Rodríguez”. ¿Como titula Clarín? “La crisis en Neuquén se cobró una nueva víctima”.
Eso te da la pauta de que todo lo que dice Blanck sobre que fue un error es todo mentira. Porque te dan ganas de terminar la entrevista con Blanck y sacarle el recorte. Y decirle: “¿esto también fue un error?”. No, no fue un error periodístico: es el estilo del diario.
Por otro lado, desde que sucedió la masacre hasta que Clarín publicó las fotos, pasaron 48 horas. 48 horas de incertidumbre, de manipular a la opinión pública, de dar la versión oficial. Y el beneficiado de esto fue, indudablemente, el poder político de ese momento: Duhalde, Juan José Alvarez, Aníbal Fernández. Por eso no hay dudas de que detrás de esta operación estuvo el poder político.
La gente de la SIDE y el comisario Franchotti estuvieron reunidos a las ocho de la mañana en el bar de la bajada del Puente Pueyrredón esperando a los manifestantes. Esto figura en las declaraciones del propio poder político en el juicio oral. Después se destapó que Juanjo Alvarez había pertenecido a la SIDE en la época de los militares. Esto arma un panorama más grande. Y deja en claro que al momento de reprimir necesitaban tener a los medios de comunicación de su lado.

Y es lo que señalábamos hace un momento. Aparecen los que desinforman intencionalmente, o los que se muestran desde la más absoluta imbecilidad –que también es funcional. Como Lapegüe, por entonces movilero, que aparece diciendo ‘están tirando piedras ante los ojos de la Virgen’, cualquier cosa. O restan, o no suman.
Yo creo que es eso. Y por eso creo que el documental puede servir para darnos un debate periodístico serio. La pregunta es: ¿de qué lado te ponés? En el momento tenés que saber de qué lado estás, tener una carga ideológica, un contexto, una lectura del mundo, que te permita entender qué lo que está pasando. Si a mí el poder político me dice ‘los piqueteros se mataron entre ellos’, pero vos sabés bien que desde la Semana Trágica en adelante las balas vinieron siempre de un mismo lado… a mí me daría a dudar. ¡Y más viniendo de la policía bonaerense! Y en el diario no lo ponen en duda en ningún momento. Entonces lo que el documental plantea es poder volver a pensar un periodismo militante, no en el sentido de estar metido en algún partido político, sino de querer estar comprometido con las situaciones que se están generando. Sino sé periodista de espectáculos, no sé. Un periodista político tiene que ser alguien que tome posición. Que pueda hacer una lectura crítica de todo lo que está viendo. Lo que yo no veo es que estos tipos tomen posición.

Con respecto a esto de qué señalás, de que los medios sirven para sostener los pilares del poder, o del gobierno. ¿Vos crees que cambió algo con el conflicto del campo?
No, no. Va más allá de cuestiones coyunturales. Es estructural. No tiene que ver con cómo se manejan puntualmente con el fenómeno piquetero, o con el conflicto del agro. Ni el gobierno ni los medios de comunicación masivos hablaron del otro punto de vista del conflicto del campo como hablaron los del grupo La Vaca, que hicieron todo un laburo con la gente del MOCASE, algo que ni salió de los medios ni del gobierno. Porque justamente esa parte de la historia es la que deja mal parada a los otros dos.

Es decir que dentro de la falsa dicotomía se pueden parar de un lado o del otro, según el caso, pero en definitiva –y siguiendo con el ejemplo del campo– los dos están de acuerdo en las cuestiones básicas, en sostener una economía agroexportadora.
Para mí sí. Y no es que tenga una visión conspirativa, no es que los tipos se arreglan o se pasan la pelota, ‘hoy me pegás a mí, mañana yo te pego a vos’ y así. Pero en el fondo están unidos, no existe una separación. Por eso no le tengo mucha fe al cambio de la ley de radiodifusión. Y si preguntás, ninguno de los que labure en un medio alternativo te va a decir que lo esté.

Una vez que terminaron el documental, ¿cómo empezaron a distribuirlo?
Fue todo un tema. Cuando terminamos la película brindamos, hicimos un asado, festejamos, y ahí nos quisimos matar. Porque dijimos, ¿y ahora qué hacemos? Arrancamos, pero hicimos todas las cosas mal. Te empezás a encontrar con productoras o distribuidoras y que te quieren hacer firmar un contrato para la distribución: nos cobraban el 30% de venta de todas las películas. No nos cerraba mucho. Así que dijimos: lo vamos a probar nosotros solos. Nos juntamos con otras personas que lo distribuyeron de manera independiente, con otros chicos que estaban haciendo documentales. Y entonces se fue vendiendo de mano en mano, o en algunos puntos en Capital. Y al interior por medio de la página de La Vaca.
La exhibición en cines fue todo un tema. No teníamos contactos. Apenas la terminamos la estrenamos así, de calientes, queríamos pasarla el 26 por cumplirse el cuarto aniversario. La pasamos dos veces en el Centro Cultural de la Cooperación, después unos días más en septiembre. Pero fue sobre la marcha.

Y entonces tuvieron el problema con el BAFICI…
Se las dimos en septiembre, por ese entonces no se había estrenado. El festival era en abril. En febrero nos enteramos que ya estaban seleccionando películas y quisimos ver cómo venía la nuestra. Le preguntamos a uno de los jurados y nos dijo que les había gustado mucho, pero que no podían pasarla porque no era inédita. Le dije, dame el mail del director de festival, el tipo este [Fernando Martín] Peña. Y el tipo nos insistía en que no era inédita. Pero era una película de denuncia, no podíamos guardarla. Y por otro lado, le dijimos, “está bien, no me la pongas en competencia, ponemelas como el de Mar del Plata, en alguna sección aparte. Yo no quiero el premio, quiero que se vea”. Porque eso después es la puerta para poder colocarla en otros lados. Y si la película habla de un hecho que sucedió en Buenos Aires, ¿por qué se va a estrenar en Mar del Plata, en Chaco, y no en el BAFICI, que es el festival de acá? Es un festival independiente, mi película es independiente, no me podés negar la exhibición porque la pasé cuatro veces en el Centro Cultural de la Cooperación. Nosotros decíamos que no queríamos pensar nada raro, como que la negativa tuviera algo que ver con el hecho de que Clarín sea el principal auspiciante del BAFICI. En fin, cuando termina todo el quilombo este, Peña nos dice “si quieren la pasamos en el Malba”. O sea: a los jurados le había gustado, a Peña le había gustado, ¡entonces pasame la película en el BAFICI! Porque sino, saquemos todas las retrospectivas, escuchame, ¡son cosas ya vistas! Nosotros no necesitamos la copita, el premio: solo que la pasen. Fue el único festival con el que tuvimos problemas. Y lo auspiciaba Clarín.

Me imagino que todos en Clarín habrán visto “La crisis…”
Pepe se asustó. Yo venía entrevistándolo pero nunca le comenté sobre el título; un día lo vio en una gacetilla y se enojó. Y Virginia estaba nerviosa: ‘no voy a poder entrar al diario mañana’, decía… Pero nosotros no vamos contra el cronista raso, que después de todo es un laburante. Nosotros apuntamos a la gente de más arriba en un diario. Por eso Pepe igual creyó que la película estaba buena, que era sincera.

¿De qué trata el nuevo documental en el que estás trabajando?
Sobre cárceles. Se centra en Claudia Sobrero, quien estuvo implicada en el asesinato del dibujante Lino Palacios, en el 84. A partir de esa historia, que es muy rica, vamos a hacer un cuestionamiento del sistema carcelario. La empezamos este año, posiblemente la terminemos a mediados de 2009.

Por lo menos ya cuentan con una base de contactos armada.
Sí, ahora somos los pibes de “La crisis…”. Eso te abre otras puertas. Cuando recién empezamos costó mucho más. Fue empezar llamando al conmutador de Clarín y decir “estamos haciendo un documental así y asá, para la facultad”. Así conseguimos las entrevistas. Ahora ya no podemos ir más a Clarín (risas). Ya no dan más entrevistas, al menos sobre este tema.