"El hit del verano"
por Ernestina y sus medios
Este es el tema el hitazo del verano
el que vas a leer
y escuchar en todos lados
Te habla del sol
de los robos y de las colas
Y tiene un estribillo
que se les pega
que se les pega
que se les pega y nunca despega
Muertos en los countries y en las villas
Muertos en los countries y en las villas
Este es el tema el hitazo del verano
el que vas a leer
y escuchar en todos lados
Y que siempre dice robos, robos, moto-chorros
Quiero de verdad una noticia
No me interesa la Claringrilla
Quiero que yo quiero que yo quiero que yo quiero que yo quiero
...de verdad una noticia
El hit del verano mediático jueves, 31 de enero de 2008
por Fede / Billie a las 12:22 a.m. 3 comentarios
Blogs Amigos: Juli miércoles, 30 de enero de 2008
My Little Corner of the World
Con el título tomado de una bonita canción de Yo La Tengo, el blog de Juli (online desde 2005) estructura historias breves, párrafos de estudios en psicología, letras de canciones, manchitas de Cortázar y hasta -sí- rankings de películas (como el que observan en la captura). Es un blog ecléctico y con una barra lateral muy linda que parece tener iconitos para todo. Hay bastantes cosas para recomendar pero me quedo con una graciosa, el Homenaje al Factor 30.
A Juli -mi novia hace algunos años- también la pueden ver al costadito, en el apartado "Nosotros".
http://superjuchi.blogspot.com
por Fede / Billie a las 12:19 a.m. 1 comentarios
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Reseña: La Doctrina del Shock, de Naomi Klein viernes, 25 de enero de 2008
La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre
Naomi Klein
Ed. Paidós, 2007
Lo único libre son los precios. En nuestras tierras, Adam Smith necesita a Mussolini. Libertad de inversiones, libertad de precios, libertad de cambios: cuando más libres andan los negocios, más presa está la gente. La prosperidad de pocos maldice a todos los demás. ¿Quién conoce una riqueza que sea inocente? En tiempos de crisis, ¿no se vuelven conservadores los liberales, y fascistas los conservadores? ¿Al servicio de quienes cumplen su tarea los asesinos de personas y países?
Orlando Letelier escribió en The Nation que la economía no es neutral ni los técnicos tampoco. Dos semanas después, Letelier voló en pedazos en una calle de Washington. Las teorías de Milton Friedman implican para él el Premio Nobel; para los chilenos, implican a Pinochet.
Un ministro de economía declaraba en el Uruguay: “La desigualdad en la distribución de la renta es la que genera el ahorro”. Al mismo tiempo, confesaba que le horrorizaban las torturas. ¿Cómo salvar esa desigualdad si no es a golpes de picana eléctrica?
Eduardo Galeano, Días y noches de amor y guerra
Only a crisis –actual or perceived– produces real change.
La historia oficial dice que el triunfo del capitalismo desregulado nació de la libertad, y que los mercados libres irrestrictos van de la mano con la democracia. En La Doctrina del Shock, la periodista canadiense Naomi Klein desmonta este discurso y propone otra lectura. El sistema capitalista -sostiene- se aprovecha de las crisis para imponerse, utilizando indiscriminadamente todas las formas conocidas de coerción.
En este trabajo, la autora de No Logo describe uno por uno los “triunfos” del libre mercado de los últimos treinta años y las situaciones en donde se dieron: golpes militares, hiperinflaciones, desastres naturales, ataques terroristas... y en el medio, un grupo de economistas ortodoxos que aplica una receta de shock económico: despidos, recortes en educación y salud --una batería de medidas tan antipopulares que resulta imposible concebirlas si no es en medio de un escenario caótico.
***
Milton Friedman, el principal ideólogo del capitalismo de libre mercado, fundó su movimiento a mediados del siglo XX, un momento en donde el keynesianismo dominaba la escena y que Klein intenta describir. Pero aquí, ni bien comenzado, se encuentra la principal flaqueza del libro: una pintura parcial, ingenua sobre el momento keynesiano. La autora sostiene que, gracias a los regímenes desarrollistas, “el Cono Sur empezó a parecerse más a Europa y Norteamérica que el resto de Latinoamérica y otras partes del Tercer Mundo.” Y agrega:
El desarrollismo fue tan sorprendentemente exitoso en su época que el Cono Sur de Latinoamérica se convirtió en un potente símbolo para los países pobres de todo el mundo: aquí existía la prueba de que con políticas inteligentes y prácticas, implementadas valientemente, la brecha entre el Primer y el Tercer Mundo podía ser cerrada efectivamente.
Esto es una falacia. Es más: como sostiene Walden Bello, “si los neoliberales pudieron llegar desde el páramo del que procedían y quedarse fue porque fueron percibidos como representantes de una alternativa, aunque aún no probada, a unos sistemas económicos en crisis.” Klein omite referirse a la crisis de superproducción de los países desarrollados que desembocó en la crisis del petróleo de 1973, casualmente al año en donde comienza el programa neoliberal. (1)
De cualquier manera, a partir de allí el libro va bien encarrillado. Decíamos: 1973. En aquel momento Friedman tuvo su primera oportunidad en Latinoamérica: la dictadura chilena. Actuando como asesor económico de Pinochet, hizo lo que haría más tarde con tantos otros países: "esperar a que se produjera una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperaban del trauma, para rápidamente lograr que las 'reformas' fueran permanentes", como describe Klein. ¿Las reformas en Chile? El gasto en salud se recortó al 50%, fueron privatizadas quinientas empresas y bancos estatales, se perdieron 177 mil puestos de trabajo. Su experimento de libre mercado fue tan brutal que incluso el periódico liberal The Economist lo calificó como “una orgía de automutilación”.
La mejor manera de entender el movimiento que Milton Friedman, dice Klein
es concibiéndolo como una ofensiva del capital multinacional destinada a reconquistar la "frontera" colonial, aunque imprimiéndole un nuevo giro. En lugar de hacer campaña por las "naciones salvajes y bárbaras" de las que hablaba Adam Smith y en las que no imperaba la ley occidental (una opción que ya no resultaba practicable en los años setenta del siglo XX), el nuevo movimiento se fijó como propósito el desmantelamiento sistemático de las leyes y las regulaciones existentes para recrear esa alegalidad anteriores. Y allí donde los colonos de Smith obtenían su lucrativa rentabilidad de la apropiación de "terrenos baldíos" a cambio de "una insignificancia", las multinacionales actuales consideran territorio a conquistas y del que apropiarse toda una serie de programas estatales, activos públicos y bienes y servicios que no estén todavía en venta: los servicios postales, los parques nacionales, las escuelas, la seguridad social, la ayuda para los damnificados en los desastres y cualquier otro ámbito que pueda estar administrado públicamente.
Cada capítulo de su libro prueba su tesis en los distintos escenarios en donde avanzó la privatización neoliberal. En Argentina (2), Chile y Uruguay, luego de golpes que lideraron militares asesorados por los Chicago Boys. En Bolivia y Sudáfrica, por gobiernos elegidos democráticamente pero que recurrieron a medidas de emergencia como el estado de sitio, el arresto y el aislamiento de líderes sindicales. En Estados Unidos, con un Reagan inicialmente favorable al control de precios pero comenzando con medidas neoliberales luego de un explosivo combo de desempleo, inflación y recesión (3). En Gran Bretaña, donde Thatcher aprovecha la guerra de Malvinas para elevar su popularidad del 25% al 59% y comenzar a desmantelar el estado inglés.
El caso de Europa del Este es aún más interesante. Allí, no alcanzó con el impacto provocado con la caída del sistema comunista. Los líderes surgidos de aquellos años turbulentos querían una economía socialista democrática (el sindicato Solidaridad en Polonia) o incluso una economía mixta de tipo escandinavo (Gorbachov en Rusia), pero los think tanks occidentales creyeron necesario ir aún más allá: querían derrumbar lo que ellos llamaban “el Segundo Muro de Berlín”, es decir, los elementos estatales aún remanentes para implantar así una economía de mercado sin restricciones.
Ahí radicó la verdadera tragedia de la promesa hecha a los polacos y a los rusos: el hacerles creer que si seguían la terapia de shock, se despertarían pronto en un "país europeo normal". Esos países europeos normales (con sus sólidos sistemas de protección social y laboral, sus potentes sindicatos y su sanidad socializada) surgieron, precisamente, del compromiso entre comunismo y capitalismo. Cuando la necesidad de llegar a un compromiso desapareció, todas esas políticas sociales moderadoras se vieron sometidas a un auténtico asedio...
Los resultados están a la vista: en ocho años, Rusia hundió en la absoluta pobreza a 75 millones de personas. Al mismo tiempo, creó algunos de los empresarios más ricos del mundo.
Drásticas decisiones económicas que hubiesen llevado años de intenso debate (recordemos: se trata de echar a millones de personas, eliminar jubilaciones, privatizaciones escandalosas, otorgar jugosos contratos a multinacionales) aquí se imponen sin más. Klein sabe cuál es el común denominador: “La crisis son, en cierto sentido, zonas 'ademocráticas', paréntesis en la actividad política habitual dentro de los que parece no ser necesario el disentimiento ni el consenso.”
A pesar de lo intrincado de su tesis, la autora se aleja de las teorías conspirativas. Jamás habla de un grupo minúsculo de personajes diabólicos con planes secretos, sino que refiere a una compleja red de sectores empresarios, organizaciones tecnocráticas, políticos débiles o fácilmente corrompibles y un modelo que fomenta el corporativismo y el ascenso individual. Como afirma Klein, la economía neoliberal
parece ser especialmente susceptible de desembocar en procesos de corrupción. En cuanto se acepta que el lucro y la codicia practicados en masa generan los mayores beneficios posibles para cualquier sociedad, no existe prácticamente ningún acto de enriquecimiento personal que no pueda justificarse como contribución al gran caldero creativo del capitalismo porque supuestamente genera riqueza y espolea el crecimiento económico (aunque sea sólo el de la propia persona y sus colegas más próximos). (3)
Klein concluye: “Lo que se busca precisamente con la terapia de shock es abrir una oportunidad para la obtención inmediata de enormes y lucrativos beneficios, pero no a pesar de las ilegalidades, sino, justamente, gracias a ellas.”
Este descenso a los infiernos tiene su capítulo final levemente optimista. Para la autora, hay salida.
Cualquier estrategia basada en la explotación de la ventana de oportunidad que surge a raíz de un shock traumático descansa en gran medida en el elemento sorpresa. Un estado de shock, por definición, es un momento en el que se produce una pausa entre acontecimientos que se están sucediendo a gran velocidad y la información existente acerca de ellos. Jean Baudrillard describió los actos terroristas como un "exceso de realidad": en ese sentido, en Norteamérica, los atentados del 11 de septiembre fueron al principio un acontecimiento en estado puro, realidad rabiosa, aún no procesada por la historia, la narrativa o cualquier cosa que pudiera recortar la distancia entre realidad y entendimiento. Sin una historia, somos intensamente vulnerables frente a aquellos dispuestos a aprovecharse del caos para su propio beneficio: muchos de nosotros fuimos vulnerables después de aquel 11 de septiembre. Tan pronto como disponemos de una nueva historia, una nueva forma de entender la realidad... recuperamos nuestro sentido de la orientación y el mundo vuelve a ser comprensible.
Y si bien su esperanza está depositada en factores tan heterogéneos como los sindicatos democráticos, los movimientos antiglobalización e incluso los líderes de centroizquierda opuestos al Consenso de Washington... está claro que el propósito del libro es ser, precisamente, la narrativa que vuelva inteligible los últimos treinta años de historia económica. Y he aquí su mayor triunfo.
Lectura suplementaria:
- Los Felices 90, Joseph Stiglitz, Ed. Alfaguara, 2003. Reseña.
- Enemigos: Argentina y el FMI, Ernesto Tenembaum, Ed. Norma, 2004. Reseña.
(1) Klein también omite referirse a los factores locales como los sectores medios en EEUU y Gran Bretaña para quienes "la experiencia de tener que ver cómo sus salarios y ahorros disminuían a causa de una inflación de dos dígitos hizo a las clases medias receptivas al mensaje friedmanita", según agrega Bello, quien concluye: "En prácticamente todos los casos, el neoliberalismo encontró una clase media que estaba desencantada con el estado keynesiano o de desarrollo, o que se sintió amenazada por la izquierda, o ambas cosas." Link al artículo de Walden Bello.
(2) En Argentina, los militares remataron buena parte del patrimonio nacional, pero no llegaron a desguazar ni a YPF ni al sistema ferroviario. Esto llegaría con Menem, quien consiguió vender las joyas de la abuela a precio de ganga sólo después de una traumática hiperinflación. Menem se refirió al proceso como de "cirugía mayor".
(3) El libro también dedica su buen espacio a medidas neoliberales que se profundizaron luego del 11 de Septiembre, la Guerra en Irak y el huracán Katrina.
(4) Así Klein desmonta lo que denomina "el mito del tecnócrata", el cerebro economista partidario del libre mercado que, supuestamente, impone modelos de manual "por pura convicción teórica": en Chile, en China, en Rusia, en Argentina, la terapia económica de shock y la corrupción galopante fueron de la mano, y varios de los afiliados a la corriente de la Escuela de Chicago terminaron perdiendo sus puestos en escándalos de corrupción del más alto nivel. Lo mismo cuenta para los supuestos "benefactores" como el filántropo George Soros. Soros estaba comprometido con la causa de la "democratización" del bloque oriental, "pero también estaba poniendo en juego sus propios y evidentes intereses económicos cuando apoyaba el tipo concreto de reforma económica que acompañaba a esa democratización. Tratándose del más poderoso comprador y vendedor de divisas del mundo, tenía mucho de lo que beneficiarse cuando los países instauraran monedas convertibles y levantaran los controles sobre la circulación de capitales. Y cuando los compañías estatales fueron eran puestas a subasta, él era uno de los compradores potenciales".
por Fede / Billie a las 10:09 p.m. 3 comentarios
Separados al nacer jueves, 24 de enero de 2008
Jamie Cullum, el del piano pop / Matt Damon, el del partido demócrata
por Fede / Billie a las 11:38 p.m. 2 comentarios
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Un salvataje para los grandes bancos miércoles, 23 de enero de 2008
por Daniel Muchnik
El primer ministro británico Gordon Brown aseguró que su Gobierno plantea seriamente la posibilidad de nacionalizar Northern Rock, el banco inglés que se hizo famoso, a fines de 2007, por la larga fila de depositantes queriendo retirar sus depósitos, una tensa imagen que recordaba los graves momentos vividos en la Argentina hace no demasiado tiempo.
Brown reconoció que, aunque varias empresas privadas expresaron su interés por el banco, la nacionalización sería necesaria para preservar la estabilidad de la economía británica. El Northern Rock no pudo recomponer sus activos y está fuertemente endeudado con sus depositantes y con el Banco de Inglaterra que salió presuroso en su auxilio.
Estas declaraciones se dan en un momento en que los bancos centrales de Europa y Estados Unidos están inyectando fuertes sumas de dinero (cientos de miles de millones) para mantener la liquidez del sistema financiero, a sabiendas incluso de que muchas instituciones nunca podrán devolver esos redescuentos o préstamos o salvavidas o socorros sofocantes.
El dinero de los depositantes -que no es de los banqueros, por supuesto- y de los contribuyentes -que no es el de los Gobiernos- se está destinando al salvataje de grupos privados que lucraron con las tasas de interés y la hipotecas. Ahora, al revelarse los préstamos irresponsables que otorgaron, reclaman la "ayuda" de los Bancos Centrales y de los Estados. El pedido de ayuda urgente es atronador e insistente.
¿Y la economía de mercado? ¿En qué quedó? ¿Y las diatribas contra el intervencionismo estatal, que ahoga la iniciativa privada? ¿Adónde se refugió la famosa "mano invisible" que oficiaría de elemento equilibrador de las fuerzas económicas y sociales?
Fue la "libertad del mercado", la "apertura irrestricta de la economía", el desguace del Estado por su mentada "ineficiencia", la "privatización de los activos del Estado" la ola ortodoxa y avasalladora que llegó del Norte del planeta y que se constituyó como paradigma en las naciones periféricas. Los gobiernos en la Argentina, a partir del golpe militar de 1976 se aferraron a esa ideología y la aplicaron a rajatabla en los noventa dando vuelta como una media la estructura productiva, creando masas de desocupados y empresas quebradas.
Hoy no se conocen ni editoriales ni declaraciones de los partidarios de las economías desreguladas en contra del intervencionismo estatal que recorre Estados Unidos y Europa. Aunque los detalles serán seguramente tema de debate en el Congreso en Washington, el desprestigiado y vapuleado presidente George Bush anunció a fin de la semana pasada una reducción impositiva de 145.000 millones de dólares para estimular la economía de su país, seriamente golpeada por la crisis hipotecaria, los bancos exhaustos, la acumulación de las deudas de los ciudadanos y los voluminosos déficit estatales.
Como siempre, el Republicano Bush se preocupó de las empresas en un paquete de medidas que incluye reducciones impositivas, también respaldado por algunos dirigentes del Partido Demócrata. Ofrece, del mismo modo, exenciones fiscales a los particulares.
Es importante, pese a todo, su olvido de impulsar imprescindibles programas sociales para los que nada o poco tienen o para los desocupados o para frenar la inflación, ya en las alturas. Hay millones de desamparados sin destino y vastos sectores de clase media paralizados por el miedo.
Al momento de la verdad, de correr las cortinas del escenario donde el sistema aparece seriamente herido, la intervención estatal es reclamada.
por Fede / Billie a las 4:20 p.m. 2 comentarios
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Buzones lunes, 21 de enero de 2008
Encuesta: ¿Cuál es la mentira más grande de los últimos 20 años?
a. El capitalismo con rostro humano
b. La web 2.0
c. La teoría del derrame
por Fede / Billie a las 1:21 p.m. 10 comentarios
Etiquetas: Boludeces
«La democracia es muy valiosa, pero se convirtió en prostituta» miércoles, 16 de enero de 2008
La Nación, 16-01-2008
“La democracia es algo muy valioso, pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta.” Con barba blanca y hablar pausado, Seyyed Hossein Nasr, uno de los máximos expertos en ciencia y espiritualidad islámica, tiene el aspecto de un apacible sabio oriental.
Sus palabras, sin embargo, son como lanzas. Este reconocido intelectual iraní que dirige el Instituto de Estudios Islámicos de la Universidad George Washington considera que la democracia se ha transformado en un eslogan. Dice que es democrático quien es bien visto por los poderosos (léase Estados Unidos) y antidemocrático quien no lo es. (...)
Nacido en Teherán en 1933, Seyyed Hossein Nasr, hijo de un médico de la familia real persa, se educó desde pequeño en Estados Unidos. Estudió matemática y física en el MIT, de Boston, e historia de la ciencia y de la filosofía en Harvard. Después de especializarse en ciencias islámicas, regresó a Irán, donde fue rector de la Facultad de Letras y de la Universidad de Teherán, y fue presidente de la Academia Iraní de Filosofía. En 1979, la revolución islámica de Khomeini lo forzó a emigrar a Estados Unidos. (...)
-Desde el 11 de septiembre de 2001, en muchas partes de Occidente los musulmanes son sistemáticamente asociados al terrorismo. ¿Cree que esa percepción está creciendo o disminuyendo?
-Ni una cosa ni la otra. Lo que creo es que esa percepción está ayudando a muchos políticos occidentales a mantener a sus poblaciones sumidas en un estado de miedo. La ocupación de países musulmanes ha dado lugar a muchísimas más muertes que las que provocaron los atentados de Nueva York, Londres y Madrid. En segundo lugar, con frecuencia se llama terroristas a aquellas personas que lo único que hacen es defender sus derechos. Imagínese que alguien atacara Italia y los italianos trataran de contraatacar: según la definición actual, serían terroristas. Ese es el calificativo que se da a la gente del sur del Líbano, a los palestinos y a muchos otros grupos que no están atacando a ningún país, sino que se están limitando a protegerse. A los musulmanes que cometen actos terroristas en Cachemira, en Gaza o en otros lugares se los puede comprender desde el punto de vista psicológico. Pero desde el punto de vista religioso, esos ataques terroristas son inaceptables para la ley islámica.
- Pero no parece que sea casualidad que se cometan esos atentados en nombre del islam y no de otras creencias religiosas, como el cristianismo
- La respuesta es que el islam sigue siendo muy poderoso en el mundo musulmán. Cuando el cristianismo era fuerte en el mundo occidental, todo se hacía en su nombre. Cuando se conquistaba una ciudad o se lanzaba una cruzada, se hacía en nombre de Cristo. Numerosas masacres se cometieron en nombre del cristianismo. Cuando los conquistadores españoles, por ejemplo, mataron a miles y miles de indios sudamericanos, lo hicieron empuñando la cruz. El hecho de que Occidente ya no cometa ese tipo de matanzas en nombre de Cristo se debe a que el cristianismo se ha hecho muy débil, no a que la gente ya no esté interesada en matar. De hecho siguen matando, sólo que en nombre de otras cosas: nacionalismo, petróleo, economía. Esos son los nuevos dioses de Occidente. (...)
- ¿Cree que el modelo occidental de democracia puede exportarse a los países islámicos?
- Creo que el modelo occidental de democracia no se puede exportar a ningún lado, porque es algo que tiene que nacer del interior de la sociedad, como ocurrió en Occidente. Estados Unidos no exportó la democracia a Alemania tras el nazismo. Fue la sociedad alemana la que la abrazó, la que aceptó a Eisenhower y el nuevo orden político tras sufrir una dictadura despiadada y una tremenda derrota militar que causó la muerte de millones de alemanes. En la historia no hay un solo caso en el que la democracia haya sido exportada y aceptada.
- ¿Pero es compatible la democracia con el islam?
- Depende de lo que entendamos por democracia. En la actualidad la palabra democracia se ha convertido en un eslogan: quien nos gusta es democrático y a quien no nos gusta lo tachamos de antidemocrático. El pueblo palestino, en elecciones libres supervisadas por la ONU, eligió a Hamas para que lo gobernara. Pero Occidente rechazó ese resultando y alegó que era antidemocrático. En Egipto, Mubarak gana las elecciones con el 99,9% de los votos y es obvio que no es democrático, pero dado que es pro norteamericano, nadie dice nada. La democracia es algo muy valioso, pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta. Lamento decirlo, pero es así. Si entendemos la democracia como la participación libre de la gente en su propia vida, creo que es algo que todos los seres humanos desean. No es que a los españoles y a los ingleses les guste y que los birmanos la odien. Eso es una estupidez. Pero para que las instituciones democráticas crezcan, deben hacerlo desde el interior de una sociedad. (...)
por Fede / Billie a las 6:33 p.m. 2 comentarios
Etiquetas: El Mundo, Entrevistas
World Oil Awards lunes, 14 de enero de 2008
¿No les parece re bueno que Halliburton haya ganado el premio mayor en los World Oil Awards? Es como ganar el Oscar de los negocios turbios
(No dejen de entrar a la página de los premios, la cual anuncia que desde la invención de la ceremonia, "miles de dólares han sido donados a las siguientes universidades" y la lista enumera una serie de casas de estudios entre las cuales se encuentra una en Angola de donde seguro salen tipos re humanistas, y otra en Libia que tiene el mismo pomposo nombre oficial del país: Great Socialist People of Libyan Arab Jamahiriya --pero que de socialista no tienen ni jota)
Ah, a continuación un extracto de un manifiesto humanista conocido como el Reporte Anual de Halliburton 2003:
We’re assisting Iraqis in their daily lives, too, by importing and delivering massive amounts of fuel for driving, cooking and heating. These are tough, demanding assignments in a dangerous region. Just 72 hours after the first troops entered Iraq, KBR followed with water and meals. Our people have been under fire and some have lost their lives. To all of the brave men and women who put their lives on the line to get the job done, I give my thanks and sincerest admiration.
Firma David J. Lesar, el presidente de Halliburton. ¡Pero qué importan los caídos en acción si al fin y al cabo nos traen la papota! Lesar se enorgullece de anunciarle a sus accionistas que
the increase in consolidated revenues for 2003 compared to 2002 was largely attributable to activity in our government services projects, primarily work in the Middle East.
En 2002 se habían llevado u$s 1.1 billones, en 2003 fueron u$s 1.8 billones. En 2006, tres años después de la ocupación, el trabajo relacionado con Iraq ya rendía u$s 4.7 billones anuales. ¡A bombardear que se acaba el mundo!
por Fede / Billie a las 6:23 p.m. 3 comentarios
Etiquetas: El Mundo, Mercaderes
Ralph Nader: An Unreasonable Man sábado, 12 de enero de 2008
Con esta cita de George Bernard Shaw arranca este eximio documental que cuenta y discute el legado de una de las grandes figuras de la política norteamericana.
Ralph Nader nació en 1934 en el seno de una familia libanesa muy politizada. Se graduó con honores en la prestigiosa Escuela de Leyes de Harvard, y comenzó a trabajar como abogado en varias ciudades del país. Pronto se sintió preocupado por la indiferencia de las corporaciones ante las consecuencias de sus acciones, y empezó una incansable batalla contra el abuso del poder corporativo.
En 1965 edita su primer libro, Unsafe at Any Speed, en el que ataca a la industria automotriz por producir autos inseguros. El trabajo se vuelve un best-seller y consigue, al año siguiente, que el congreso apruebe una ley al respecto (la National Traffic and Motor Vehicle Safety Act). De la misma manera, milita a favor de otras leyes que también consiguen ser aprobadas, como el Clean Air Act y el Freedom of Information Act.
Con una creciente popularidad, Nader funda un movimiento de consumidores que deviene en el grupo Public Citizen. Como tantos otros progresistas, comienza a alertar a la población de su país acerca de la preocupante fusión y confusión entre poder gubernamental y poder corporativo.
Nader sostiene que tanto demócratas como republicanos son prácticamente lo mismo. Que aunque a priori haya una serie de temas en las cuales los dos partidos plantean diferencias, la experiencia termina demostrando que los demócratas, una vez en el poder, aplican idénticas medidas, maniatados por las corporaciones que financian sus campañas. Por este motivo, sostiene, hacen falta romper el bipartidismo con terceras fuerzas que representen a algo más que las clases dominantes.
Al respecto viene el documental An Unreasonable Man, presentado en Sundance en 2006, el cual recomiendo fervientemente.
Lo pueden bajar de esta dirección y sacar los subtítulos de esta otra (se requiere el programa BitComet, que pueden obtener de acá.)
por Fede / Billie a las 4:34 a.m. 4 comentarios
Estoy jueves, 10 de enero de 2008
Estoy escuchando: "The Black and White Album" (The Hives)
Estoy leyendo: "La Doctrina del Shock" (Naomi Klein)
por Fede / Billie a las 5:19 p.m. 0 comentarios
Etiquetas: Estoy
Diccionario para Tiempos Difíciles miércoles, 9 de enero de 2008
Error de interpretación: euf., Avivada empresarial.
Ejemplo: "El funcionario explicó que la distorsión de la tarifa puede deberse a "un error de interpretación" de las nuevas tarifas por parte de los empresarios." (Télam, 8 de enero)
por Fede / Billie a las 11:39 a.m. 2 comentarios
Etiquetas: El País, Mercaderes
¡Abajo el precio de la entrada de cine! lunes, 7 de enero de 2008
Los datos son inequívocos: cada vez menos gente va al cine.Martín Bidegaray, de iEco, señala con preocupación los números de este fenómeno: "La asistencia a las salas, que había alcanzado los 35,6 millones de boletos en 2006, bajó un 4% el año pasado." Sin embargo, comete el error de adjudicárselo a "la piratería" y a la ausencia de "títulos gancheros en el segundo semestre". Se olvida de mencionar, como causa necesaria, el precio de las entradas, las cuales este año subieron en promedio un 20% -según admite más tarde en el artículo. Bidegaray se limita a repetir el argumento de las grandes distribuidoras (Disney, Warner-Fox, UIP y Sony), en donde la culpa la tiene "la bajada ilegal de películas desde Internet o su adquisición a través de DVD truchos."
La piratería no explica por sí sola la caída de asistenes al cine. Veamos: en el caso de la industria musical, el declarado "flagelo" es el mismo, y sin embargo las ventas de CDs aumentaron este año. La diferencia es que, desde la devaluación, los discos subieron un 40% de promedio (incluso varios títulos se mantienen por debajo de la franja de los 20 pesos). Así, "el 2007 fue el mejor año para las discográficas desde 2001". El cine, en cambio, aumentó sus tarifas el doble.
***
Ir al cine es una salida, una escapada: no es lo mismo que ver desde el sillón un DVD en un veinte pulgadas. Pero, ¿como puede sobrevivir como acto social cuando cada entrada cuesta $17?
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"¿Recuerdan cuando con 22 pesos, lo que costaba un CD, podían ir tres veces al cine un viernes a la noche? Ahora, con lo que vale un CD promedio no llegan a pagar una entrada y media. Es cierto, los CDs subieron poco de precio luego de la devaluación, porque si suben mucho más se van a vender aún menos y el negocio no cierra. El problema es que en el cine la entrada sube y el negocio cierra. A las empresas les da lo mismo que vayan dos personas a $17 cada una que cuatro a $8,50. (...) Y aquí entramos en otra discusión: ¿es ir al cine lo suficientemente importante como experiencia social, cultural, vital como para preocuparse por garantizar el acceso a más cantidad de gente? Nosotros creemos que sí. Y creemos que el precio de la entrada debe bajar", afirma un editorial reciente de la revista El Amante.
Dice Gustavo Noriega en Hipercrítico: "...me parece que lo prioritario es hacer más barato el precio de las entradas, estimular la asistencia a las salas (¿se acuerdan de El día del cine?), mejorar las mismas, generar un circuito de cine alternativo con calidad de proyección y, en el caso de los medios, generar una agenda propia que no siga perezosamente lo que se supone que la gente pide sino que ofrezca alternativas."
por Fede / Billie a las 7:05 p.m. 5 comentarios
Etiquetas: Cine, Mercaderes
The Salchicha Times - Edición Especial domingo, 6 de enero de 2008
"Dos salchichas toman champagne, y otros dos toman la pelota del fondo de la red"
Eran como los Pumas en la Publicidad Pelotuda de Medicus, "cuatro amigos unidos por el corazón". Pero en este mediodía de verano, el volley en la pileta los separó para siempre. El Tío y Fede, por un lado; y Agus y Mante, por el otro. Estos últimos, apodados "los Pechofríos", tuvieron algo de suerte en el volley acuático, y debido a eso el Tío ajustició a Manteca con un tiro seco en los patis que le dejó rojito. Pero no estaba nada dicho: todo se definiría a la tarde, en Unifutbol.
El Equipo retador, los Champagne, formaba con: El Tio, Fede, Nico, Fede El Novio de Vico y Agustín. El conjunto Pechofrío tenía a: Mante, Agus, Ariel, Emi y Gato (juramos que ese es su apodo). Pero de principio a fin, los Champagne no dieron respiro. "Les pasamos tanto el trapo que Agus se fijaba el en codigo penal para ver si era un 'abuso deshonesto o una violacion agravada', por el baile que le dimos", declaró El Tío después del encuentro. Aquellos volleybolistas que se hacían los locos en el agüita casi no dijeron presente: Agus metió un solo gol; Mante, ni uno. Para el equipo ganador, El Tío tapó varios tiros a quemarropa, Fede metió sus buenos goles y Agustín y Fede El Novio de Vico hicieron una química imparable arriba, marcando desde todos los ángulos y armando una dupla ofensiva temible. Entre Fede, Fede El Novio de Vico y Agustín en total les clavaron 12 pepas a los Pechofríos, que en ningún momento estuvieron arriba en el marcador.
Mante y Agus tendrán que levantar su nivel porque por como están jugando actualmente corren el riesgo de no ser convocados para la pretemporada salchicha. Agus, aún entusiasmado, niega esos rumores al tiempo que afirma en la Comisión Directiva le dijeron que iba a ocupar un lugar importante en la institución... de burlete en la ventana de la recepción de Unifutbol, que entra una rechifla que hay que solucionar antes que venga el invierno.
El Tío, que después del partido estaba muy contento haciendo declaraciones, definió el partido de la siguiente manera: "Agus y Mante en el agua eran como sirenitas, pero en la cancha de fútbol fueron como dos jugadores de golf, porque estaban clavados al piso". Y dijo que tuvo algunas paradas espectaculares, "como por ejemplo la parada del 71 ramal Maipú que me traje para el living room de mi casa".
Cerramos esta nota con una imagen tomada por el fotógrafo del equipo, Tito Bessone, que grafica de manera inequívoca las sensaciones pospartido de salchichas derrotados.
por Fede / Billie a las 8:23 p.m. 4 comentarios
Etiquetas: The Salchicha Times
The Final Cut / 1 sábado, 5 de enero de 2008
A propósito del peso de los productores en los cortes del cine comercial o la televisión:“Con Tumberos terminé con capítulos absolutamente políticos, donde tocaba temas como la guerrilla, la revolución y de fondo ponía canciones de Daniel Viglietti. Creo que en el último capítulo Tinelli me llamó y pidió que controláramos un poco lo que estábamos poniendo en el aire, porque lo habían llamado por teléfono comentándole algunas cosas que le parecían demasiado fuertes. Lo que pasa es que Tinelli no veía Tumberos y si lo veía no lo entendía. De hecho, mucha gente no la entendió. Se quedaron con la cuestión de la marginalidad en las cárceles, cuando eso era lateral. Tumberos trató de ser una metáfora de la historia argentina.
[Con Disputas] había pensado en una serie volcada por completo a la comedia, y mis referencias eran los uruguayos de Telecataplum, Matrimonios y algo más, Moria, Olmedo. Pero los otros pensaban algo distinto. Sebastián Ortega quería hacer una cosa muy oscura con las putas drogándose todo el tiempo. Y Tinelli quería hacer una comedia costumbrista. A esa altura eso era realmente un puterío. Entonces, aproveché e hice lo que quise. Y ahí me cortaron las piernas, como diría el Diego. Me rebotaron los dos primeros capítulos y frené el rodaje porque me estaban internando pidiéndome todos cosas distintas. [..] Presenté la renuncia. Y no me la quisieron aceptar. Para mí el primer capítulo quedó bien pero el dos y el tres son definitivamente una porquería. Y los guiones cada vez se ponían más ordinarios.” (Adrián Caetano)
Página/12, 06-10-2007
por Fede / Billie a las 2:02 p.m. 1 comentarios
Etiquetas: Cine, Mercaderes
Amor líquido (al dinero) jueves, 3 de enero de 2008
"La futura desaparición de los cables es mucho más que un avance tecnológico, es todo un símbolo: ya nada estará atado a nada. No se necesitará afincarse en ningún lado para poder estar donde todos están, es decir, en el espacio virtual."
El que anuncia esto, contento, es Guillermo Oliveto, presidente de la Asociación Argentina de Marketing y CEO de la consultora CCR. Sus declaraciones -siempre jugosas- ya protagonizaron un posteo anterior, pero ahora que se volvió un "especialista" en la materia y que todos los empresarios lo buscan, me parece interesante recuperar algunas de sus frases más recientes. Es que Oliveto, como buen propagandista del mercado, celebra novedades y grandes rupturas en donde el pensamiento crítico lee una profundización del sistema capitalista. Los pilares de su argumentación son los celulares, YouTube y el wi-fi.
"La lógica del progreso se expresa en la tecnología como en ninguna otra parte. Siempre la nueva versión es mejor que la anterior", afirma. La periodista de La Nación no se queda atrás, y se entusiasma:
- Ahora todos pueden generar contenidos.
- Lo estamos viendo, el cambio es impresionante. Gracias al desarrollo de la tecnología, en este momento todos pueden ser fotógrafos, directores de cine, publicistas, novelistas, periodistas.
¿Leí mal o este tipo dijo todos?
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Un trabajo realizado por su consultora determinó que
La estructura social argentina de 2007 es muy distinta a la de la década pasada. Ahora está compuesta por una “clase top” que en su ápice concentra a las familias que suman más de $10.000 de ingresos mensuales y no confían en el futuro del país. Debajo hay varias clases medias que esperan, aunque pueden comprarse televisores no llegan al techo propio. En el fondo, los menos favorecidos, que reclaman su lugar en la sociedad de consumo.
"En ese esquema", dice Oliveto, "el país tiene varias fronteras; la ciudad de Buenos Aires puede ser Suecia, el conurbano, Singapur, y Santiago del Estero, Jamaica." El trabajo sentencia: la Argentina está escindida, y la sociedad tiende a polarizarse cada vez más. Oliveto conoce estas realidades. Pero solo le interesan algunas. Su análisis en ExpoManagement se basó en que "a pesar de que todavía un tercio de los argentinos tiene un poder de compra limitado, el país está viviendo un boom de consumo".
Y claro: el pretendido boom argentino "mira al ABC1", tal como se titula la nota de la revista Fortuna que lo entrevistó en mayo de este año. El artículo destaca el surgimiento de supermercados con productos "premium" aptos para consumidores "sofisticados", en donde se venden "verduras orgánicas, productos importados y delicatessen" y donde sus estantes están dotados de "un surtido más cool". Otro mundo es posible -parece afirmar Oliveto-, pero es más caro.
Según la misma revista, la cadena Farmacity -y su par Zona Vital, objeto de un post reciente en este blog- también pueden exhibir "buenos" reflejos para el segmento. "Su business plan era de locales de farmacia y perfumería. Pero actualmente, excepto carne, sus góndolas ofrecen prácticamente todo. Y los remedios quedaron relegados en sus locales al mostrador del fondo." Nuestro garca concluye: "El consumidor busca nuevos productos por acceder a algo distinto, más valorizado nutricionalmente, mejor estéticamente o por simple snobismo".
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El anunciado crecimiento económico -medido siempre en términos macroeconómicos, con el PBI como máxima estrella- ilusiona a los sectores que esperan, como en los noventa, un derrame que nunca llega. La casa propia sigue siendo, para una enorme cantidad de argentinos, un simple sueño pregonado por las publicidades posmo del Banco Hipotecario. Pero nos dicen que crecemos, y entonces por momentos parece volver un cierto tufillo primermundista que se vislumbra -cuando no- en la propaganda comercial. Oliveto lo destaca: "el marketing local está volviendo a recuperar el brillo en sus mensajes, algo que sonaba agresivo en el pico de la crisis". Todo esto, sumado a la incertidumbre de los ciclos económicos, le da a más de uno para concluir "ma' si, a comprar que chocan los planetas". Recién ahí llegamos a su conclusión sobre la tendencia del consumo local: "la vocación por el disfrute, que se traduce en hedonismo en cada vez más niveles: en el Faena y en La Farola." Por supuesto que se refiere a sus clientes. Y es que Oliveto habla mucho, pero nunca de pobreza e indigencia. El marketing adhiere a la teoría estefaniana: "no consumen, no existen".
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Oliveto sabe bien que su pretendida ciencia es el discurso hegemónico de la economía de mercado. Pero vislumbra discursos contrarios a la actual religión y, por las dudas, se defiende: "Sería irresponsable permitir que, cuando hay que desprestigiar algo, se lo defina como puro marketing. (...) Hay que sacar al marketing de la cosa medio chanta en la que lo encasilló la gente común. Se merece un reconocimiento de otro orden."
Coincido, excepto en un punto. Él espera un reconocimiento positivo.
por Fede / Billie a las 12:39 a.m. 5 comentarios
Etiquetas: Mercaderes
Contribución a la crítica de la verdad periodística domingo, 30 de diciembre de 2007
Quería cerrar el año con una nota que Gustavo Noriega rescató para la edición de diciembre de El Amante. Nota que, a pesar de haber sido publicada hace casi quince años, mantiene la más absoluta vigencia y resume con precisión el estado actual del periodismo. Su autor, Claudio Uriarte, escribió durante más de diez años para Página/12. Murió a mediados de este año.
Un detalle: quizás se rían al notar la denuncia de los rankings y la supuesta contradicción en la que incurro al publicar esta nota a continuación de los míos. Ya hablaremos de eso: por lo pronto, préstenle atención a esa y otras variables que señala como características del actual estado de cosas. Sin más preambulos, espero que la lean -y comenten- porque no tiene desperdicio.
Revista La Caja N° 3, abril de 1993
Contribución a la crítica de la verdad periodística
por Claudio Uriarte
Oswald Spengler, La Decadencia de Occidente (1922)
Los diarios, semanarios, quincenarios y demás ediciones periódicas son publicaciones que sólo deberían salir de vez en cuando. El concepto mismo de periodicidad es lo que debe ser críticamente puesto en duda, tanto más en un mundo en el que el periodismo ha adquirido la legitimidad autorreferente y tautológica de un poder que se encuentra más allá de todo cuestionamiento, y en una sociedad en la que el periodismo ha sustituido efectivamente a la metafísica, la filosofía, la ideología social, la discusión de las ideas y hasta el mismo arte. Se diría que, a medida que estas disciplinas mueren como preocupaciones sociales, el periodismo las vampiriza para capitalizar sus desechos bastardos, como una inconsistente y cambiante ciencia de híbridos que reciclara todo pensamiento para volverlo lugar común, o bien lo acepta sólo cuando éste se había vuelto cliché. El periodismo no sólo sería colección de los fragmentos rotos del gran edificio de la historia, sino basurero de los pedazos en que se ha desmoronado toda reflexión sobre ella.
El periodismo ha otorgado legitimidad a una idea cuya única verdad son los ritmos de reproducción de la fuerza de trabajo de la productividad alienada: la noción de que el tiempo transcurre en períodos de 24 horas por día (o de una semana, o de un año). Los hechos, ante los que el periodismo se comporta como si fuera un recipiente hueco y neutro, se acumulan analizan y desmenuzan en sus prolijos compartimentos temporales como si fuera él lo que les diera forma, y cada tanto se publica un “balance semanal” o “mensual” o “del año” como si el almanaque fuera lo que verdaderamente definiera los límites, la duración y la mecánica de los procesos, y en inconsciente pero perfectamente consistente reproducción de la práctica de la empresa capitalista que a fin de año realiza su “memoria y balance”: se hace un equilibrio de entradas y salidas, de ingresos y deudas en la gran fábrica de procesamiento de la información (que es la materia prima de la que viven estos medios), y en esto se destruyen la idea de historia y el concepto de proceso histórico en el mismo momento en que los periodistas, con paradójica e involuntaria ironía, y como si quisieran curarse en salud del mismo sistema de banalización e intrascendencia a que los lleva su oficio, adornan su producción con adjetivos como “histórico”, “trascendental” y “sin antecendentes”, en parte porque la memoria de la que viven es breve, ignorante, aconceptual y fenoménica, y en parte porque necesitan volver a despertar permanentemente la atención de un proletariado intelectual de lectores abúlicos, convencerlos de repetir la compulsión de consultar el diario cada día. Sin duda, hay que preguntarse si es el periodismo el que destruye la historia o meramente refleja esta destrucción; si la historia misma no se ha vuelto periodística, mecánica y cuantitativa (en cuyo caso el periodismo sería su espejo fiel y funcional, a lo sumo un auxiliar privilegiado de sus medios de reproducción) y fundamentalmente debe aclararse una división metodológica: si se cree en un concepto de historia como universal, con sentidos, procesos, organicidad y lógica propias o si se la considera como un mero receptáculo de hechos. La posición de este artículo es la primera: si la posición del lector es la segunda, abandone la lectura y vaya a comprar el diario.
La irracionalidad del periodismo puede mostrarse con un extremo de su propia práctica; la necesidad, cuando se trabaja un domingo -día generalmente pobre en noticias- para el matutino de un lunes, de exagerar hechos de importancia secundaria para que justifiquen los títulos de un diario, si el domingo en cuestión no ha tenido acontecimientos deportivos importantes. Vale decir que el criterio que manda es el formato del diario, su diagramación, su espectáculo y su propuesta de lo que constituye un día, principio por otra parte idéntico al que rige en los días de más noticias, cuando éstas deben ajustarse a la pauta publicitaria o “forzarse” ligeramente con estratagemas de estilo: “Quedan 48 horas para el vencimiento del ultimátum”, “Serían eminentes definiciones sobre la crisis planteada”, “Primera visita del Papa a Benin” o “La recesión más grave en doce años”. El Guinness Book of Records es el pobre sustituto para los instrumentos de valorización y jerarquización de hechos que sólo puede proveer una filosofía de la historia. Incluso cuando ocurren acontecimientos verdaderamente importantes y novedosos, ya es difícil distinguirlos en esa rutina tipográfica, por más que se apele a titulares catástrofe. Y se aplasta toda proporcionalidad: la seudonoticia de un día cualquiera se infla para que luzca importante; la noticia importante se comprime y achata para que acate el formato del diario. El periodismo comprime el rango dinámico de los acontecimientos, del mismo modo que la música funcional apaga los extremos para compatibilizar a Mozart, Louis Armstrong y Prince.
Actualmente, es cierto, las publicaciones períodicas se han desprendido un poco de estas herramientas primitivas y en lugar de exagerar información abordan temas específicos de actualidad en forma monográfica, publican seudoensayos y ofrecen investigaciones de carácter relativamente intemporal que justifiquen la edición. Sin embargo, y bajo el pretexto de jamás discontinuar el servicio de informar al público, estas nuevas técnicas terminan confiriendo al periodismo una inusitada autonomía respecto a la noticia: el periódico mismo se vuelve protagonista de los hechos y hasta el mismo hecho; su misma existencia resulta noticia. Sin que se note mucho, comienza a cerrarse el círculo de un gesto esencialmente autoritario, de una actividad con capitales, jerarcas, especialistas y reporteros que esencialmente se han nombrado como autoridades a sí mismos, y que se legitiman en la sociedad por el solo hecho de la repetición: cualquier firma reimpresa con frecuencia en un periódico puede convertir al portador en un experto, por lo mismo que decía Joseph Goebbels que la gente creería cualquier cosa si se la repitiera suficientes veces.
El hecho que hay que reprocharle al periodismo no es su frivolidad, su inconsistencia o sus faltas a la verdad, sino que él mismo, por su propia dinámica, es una falta a la verdad, es la versión degenerada de la historia de una sociedad que ha renunciado al concepto de verdad. Al periodismo hay que reprocharle que existe.
Izquierdismo profesional
La dificultad para analizar críticamente este poder radica en un bloqueo conceptual que se encuentra en los dispositivos fundantes del pacto democrático: el proyecto del periodismo como colaborador de la Ilustración, como socializador de ideas, noticias y tendencias y como agitador del iluminismo, la cultura y la información después de siglos de oscuridad y opresión. El periodismo dispuso siempre de una intensa filiación jacobina, que puede rastrearse tangencialmente por el hecho de que en él tradicionalmente encontraron refugio artistas, escritores, intelectuales, contestatarios y desclasados, y que es el hilo que lo conecta al volante político, al cartel callejero y a la pancarta de masas: vendría a ser algo así como el house organ de la sociedad civil. El prestigio iluminista del periodismo se remonta a la historia preburguesa, cuando no sólo se impedía la información, sino la misma alfabetización, donde la cultura era restringida y donde todo saber se correspondía a un determinado poder de clase. El periodismo, en las épocas en que la Iglesia todavía dominaba la cultura, en que la burguesía estaba lejos de desplazar a la nobleza y los señores feudales, hubiera resultado una idea intrínsecamente subversiva, y en la época de la Ilustración y de la burguesía acompaño decisivamente cada avance. El periódico resultaba político por el solo hecho de existir.
Hay una sorprendente continuidad constitutiva respecto a estos orígenes, en una época en que la Ilustración ya no es subversiva, en que el poder quiere alfabetizarnos a todos, pero sólo para que leamos sus órdenes. El periodismo, que recién ahora logra desprenderse un poco del estigma de sus orígenes lúmpenes, siempre ha dependido para sostenerse de la producción de noticias, que en el glorioso pasado eran la verdad, las armas, las redes y las contraseñas de la sociedad emergente y que ahora son las células en las que coagula la descomposición del tiempo. Las noticias son quiebres de la continuidad, son rupturas, anomalías y anormalidades; como decía un veterano Secretario de Redacción argentino a sus subordinados, “la noticia es el hombre que muerde al perro”; y es natural que los más indicados para encontrar, investigar y develar esas noticias sean contestatarios, marginales y desposeídos, que ansían ver en cada sacudón una ruptura y una crisis del poder: “Los mejores diarios de derecha -decía otro experimentado periodista argentino, en las épocas de represión- se han hecho siempre con redactores de izquierda”. Se puede decir que la noticia, punto aislado del decurso de las cosas, y que el periodista debe desentrañar para encabezar una nota, tiene una vida paradójica: los periodistas la anuncian o la denuncian, como si fueran los detectives sociales que descubrieran la verdad de un jeroglífico de múltiples significados posibles, pero que entretanto el público lector la recibe como estructuralmente ajena, como lo que “le pasa” a él y como constatación de su propia inactividad histórica.
El periodismo, de esta manera perfectamente diabólica, tiene para sí lo mejor de los dos mundos, come su torta y se queda con ella, repica y anda en la procesión: al mismo tiempo que está legitimando la pseudohistoria de la productividad burguesa, absorbe, neutraliza y capitaliza para sí a los ingenuos redactores de la izquierda que de otro modo quizá se opusieran a ella, y que en lugar de eso se sienten heroicos, orgullosos y provocativos por el hecho de “llegar” al público con una supuesta verdad liberatoria y desmitificante, lo que antes tenía que ver con propósitos de agitación revolucionaria pero ahora se identifica cada vez más con la vanidad más egocéntrica y frívola, y en realidad sirve solo a los propósitos de los poderes que organizan carcelariamente el tiempo. La masa lectora no es inocente de esta pantomima: el lector sigue y admira a su periodista rebelde y contestatario y cada cosa queda en su lugar, en el diario que ha dejado de ser agitador y movilizador para convertirse en una simulación congelada de enfrentamientos, tendencias y dinámica social, y en maqueta de un Parlamento abierto dentro de una sociedad ideológicamente cerrada: The New York Times, por ejemplo, suele publicar en su página de opinión artículos antagónicos sobre un mismo asunto, lo que a primera vista abre el arco de disenso democrático pero visto más de cerca fija los límites del enfrentamiento y de la oposición posibles.
Iluminista primero, el periodismo se volvió izquierdista a los ritmos de la historia del socialismo, el marxismo, la socialdemocracia y el revolucionarismo leninista. Anarquistas, contestatarios y socialistas primitivos tuvieron a la palabra escrita en el mismo lugar de trascendencia social que el iluminismo burgués; Marx y Engels, como lo prueban El 18 Brumario de Luis Bonaparte o el Manifiesto Comunista no desdeñaron formas periodísticas o semiperiodísticas; la socialdemocracia alemana era notable por su erudición, sus periódicos, sus bibliotecas y sus archivos; la teoría revolucionaria de Lenin proponía que el “organizador colectivo del Partido” fuera nada menos que un diario, aptamente llamado Iskra (La chispa) -el incendio revolucionario iluminaría la oscuridad rusa- y Trotsky relata en sus memorias con estremecimientos casi sensuales el placer que le causaba abrir el diario del día. El periodismo, de hecho, fue a menudo la ocupación “burguesa” del revolucionario profesional, tanto un vector de agitación como un medio de vida.
El periodismo disfruta así de un prestigio un poco tramposo, que consiste en haber sido la oposición de anteayer. El anacronismo de sus laureles consiguió un maquillaje de lustre rejuvenecedor en las últimas décadas de este siglo por haber librado un revival de la lucha entre Ilustración y oscurantismo en sociedades y regímenes políticos suficientemente atrasados, anacrónicos, cerrados en sí mismos y radicalmente débiles como para construir su idea del Estado en la imagen de una fortaleza asediada, tales como las sociedades de planificación estatal del viejo Este (o, para el caso, la dictadura militar argentina).
La incapacidad de estos regímenes para legitimarse, su necesidad de controlar cada aspecto de la vida social, su identificación del poder con el dominio sobre lugares físicos concretos, dio al enfrentamiento entre la Ilustración universal televisada y la realidad local el aspecto de una guerra de posiciones librada con armamentos anacrónicos, como si fuera posible defenderse de misiles nucleares con ballestas. Se puede argumentar que, más que la amenaza armamentista o tecnológica (que sólo pesó en la conciencia de los dirigentes) fueron Radio Europa Libre y las emisiones televisadas de Europa Occidental lo que acabó con los regímenes del Este, y no por su propaganda ideológica propiamente dicha sino por simple difusión del modo en que eran las cosas en el resto del mundo. La caída del Muro de Berlín fue un simulacro posmoderno de la toma de la Bastilla: el triunfo del hombre común contra las utopías, la irónica victoria final del buen soldado Schweick. Los periodistas, situados en este escenario, parecieron volver a brillar por un rato a la luz de las lejanas llamas de la Revolución Francesa, y terminaron de cumplir su papel vendiendo como nueva una ideología vencida. La cuantitativización del desarme político, militar, social y moral ganó la escena como “el menor de los males posibles”, y se impuso la democracia en la acepción borgeana como “abuso de las estadísticas”, ya que las estadísticas son un recuento de cuerpos inmóviles.
Avanzaba la normalización “final” del mundo, su sujeción eficiente a la lógica del mercado económico y político, y los periodistas, que antes habían actuado como instancia de iluminación contra el poder, ahora le sostenían la linterna y prodigaban su elogio: no por nada Bernard Shaw, anchorman de la cadena norteamericana de noticias CNN, abrió su cobertura del inicio de los bombardeos norteamericanos contra Irak, una noche de 1991 con la memorable frase: “Los cielos sobre Bagdad han sido iluminados”.
El periodismo es el departamento de agitación del iluminismo convertido en proyecto opresivo tal como lo denunciaron Adorno y Horkheimer en 1947: se diría que los estados mayores periodísticos han leído y estudiado la Dialéctica del Iluminismo, pero esta vez como manual de instrucciones. El iluminismo como sistema de dominación implica un fuerte contenido de positivismo y de materialismo vulgar, donde las únicas cosas que se nombran son las que existen “objetivamente”, cada cosa que existe tiene sólo por eso la dignidad de una verdad, “la única verdad es la realidad”, la especulación está prohibida y se debe callar de aquello de lo que es difícil hablar. El iluminismo se convierte en los focos de un benévolo campo de concentración universal, de satélites y radares que no sirven tanto para esclarecer como para controlar, fijar, situar, inmovilizar, detener, cosificar, contabilizar. Y la alianza del iluminismo opresivo con el periodismo consiste en la tarea de desencantar, desublimar y destruir cualquier trascendencia que se aparte de la lógica del mercado, de su impersonal sistema de equivalencias, pesas y medidas. La ideología de esta alianza es el progresismo.
La relegitimización moderna del periodismo como agente iluminista comenzó en las sociedades desarrolladas con el escándalo de Watergate en 1972, que elevó al periodista a la posición de fiscal y terminó con la caída del presidente Nixon. La investigación, el exposé y la denuncia se pusieron a la orden del día, como si fuera un intento de sustituir con inofensivos ataques a figuras del sistema la reprimida y en el fondo añorada potencia de reflexión crítica, y el periodismo empezó a verse crecientemente a sí mismo como según el argumento cinematográfico del inconformista y solitario reportero que libra contra poderes inmensos y siniestros una batalla desesperada, quijotesca, pero finalmente triunfante. Los periodistas supieron aprovecharse muy bien del fuerte momento de paranoia universal del hombre común desposeído y alienado, alentaron toda su desconfianza hacia las instituciones y luego se propusieron como la institución de reemplazo, como su agente jacobino y como su Robin Hood. Que haya políticos que mientan siempre resultó muy ventajoso para el periodismo, ya que entonces eso quiere decir que la prensa dice la verdad. El crédito de los periodistas creció, como si fuera un voto de protesta contra el Establishment, aunque éste en el fondo daba la bienvenida a las operaciones de limpieza correctiva del periodista disfrazado como justiciero popular. Los cínicos se consolaron: si la gente ya no creía en los políticos, por lo menos con los periodistas seguía creyendo en algo. La intervención revelatoria y denunciante del periodismo también fue decisiva para la terminación de la guerra de Vietnam, a tal punto que muchos generales pensaron que la guerra se había perdido en los aparatos de TV en los living-rooms de los hogares de Estados Unidos (El izquierdismo sesentista coloreaba todo esto en un rosado pálido).
Una modesta proposición
El periodismo siempre se vinculó al poder, expresándolo, deseándolo o queriendo destruirlo; siempre encontró referencia en el Estado, y se postuló como una especia de Estado ideal. Sin embargo, la imbricación del periodismo con el poder después de cumplidas las revoluciones burguesas mostró que la relación no era unilateral ni simple y ahora ya es lícito preguntarse quién condiciona a quién, si el poder formal al periodismo o viceversa, o si el periodismo no ha trascendido en realidad ya al poder formal, y no será como fuerza dominante de la ideología y conciencia, el espacio del poder real.
La dependencia del poder democratizado respecto de la opinión pública depositó una fuerza inédita en manos de los periodistas, que empezaron a ser cortejados y manipulados por un poder oficial que encontró que la vida sin el periodismo era imposible: los funcionarios del Pentágono, por ejemplo, filtrarían a la prensa secretos del gobierno para desequilibrar a su favor una puja interna; los presidentes empezaron a calcular la hora de su discurso de modo de poder “hacer” o evitar las noticias televisivas en la hora de mayor audiencia; los políticos y candidatos programaron sus actividades de modo de usurpar el mayor espacio gratis posible de TV, y los jefes de Estado ya aparecen hoy en los avisos de la CNN diciendo: “Me enteré de la noticia por CNN”. Las grandes negociaciones internacionales se han vuelto torneos por la opinión pública: el poder ha perdido la máscara hermética y enigmática del pasado para convertirse en un conversador compulsivo y en un incontinente chismoso crónico sobre sí mismo.
La manipulación periodística del público se disfrazó en los Estados Unidos de objetividad por medio de un montaje que organizó ideológicamente la noticia mediante una sucesión planificada de golpes emocionales; algo similar hicieron con la prensa escrita donde el ordenamiento de los párrafos, cada uno de los cuales no suele contener más que un solo hecho, se programa para generar determinada deducción. El extremo opuestos se encontró en Francia, donde el periodismo montó un espectáculo de su propia importancia por medio de una intrascendente y vacua cortina de palabras bien fraseadas, en una verborragia seudoensayística y seudoliteraria. El periodismo inglés eligió la forma tal vez más honesta: contar los hechos al tiempo que se opina explícitamente sobre ellos.
La rebelión contestataria contra estas formas más o menos tradicionales y estabilizadas fue el llamado “nuevo periodismo” de los años ‘60, una cruza del reportaje con la sensibilidad del autor y con la literatura, que en su forma más exitosa partió en realidad de escritores que usaron técnicas del periodismo y hechos reales para construir obras de literatura a secas (Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer, o A sangre fría, de Truman Capote) y que en su versión más pedestre terminó bastardeando tanto periodismo como literatura, ya que sus practicantes eran periodistas y escritores frustrados cuya idea de la literatura, la subjetividad y el estilo no iban mucho más allá de la novela negra o el bestseller de espionaje, y entonces abrían sus notas con cosas como: “Eran las 4 PM. El presidente golpeó la mesa y descerrajó: ‘¡Carajo!’”.
La literaturización, a pesar de estos inicios tentativos (siendo más un rechazo de los establecido que una clara orientación sobre a dónde se quería ir), avanzaría no obstante, como tendencia de época, y llegaría a recorrer con el tiempo el camino desde rebelde outsider a figura consagrada del sistema. Sin duda, algo de ella se había insinuado en clásicos como la revista Time (con su estilo colorido y cinematográfico) e incluso en Primera Plana y otras revistas argentinas de actualidad de los ‘60, pero se trataba de productos donde lo político era preeminente y lo literario decorativo, exactamente lo opuesto a lo que ocurrió después. A partir de cierto momento (supongo que entre los ‘70 y los ‘80) los jefes del periodismo empezaron a darse cuenta de que había que tratar de interesar al lector por métodos nuevos. Ya legitimizado el tiempo productivo, ahora se trataba de entretener y seducir al público, de contarle una maravillosa historia. La última decisión del presidente podía ser perfectamente aburrida, pero no si se contaba cómo estaba vestido, qué chistes hizo y cómo trató a sus ministros. Apareció la cholulez (degradación del snobismo) como método de conocimiento, consistente en la apariencia de violar mágicamente el tabú de la intimidad del poder para dejarlo reforzado después de un breve instante de voyeurismo por interpósita persona periodística, por el que el periodista también recibe cierto lustre residual de “insider”. Las noticias se novelizaron, las notas se convirtieron en capítulos de un incesante folletín.
Un izquierdista ingenuo de los años ‘60 podría haber dicho que este era un nuevo instrumento del poder para distraer a las masas de sus tareas históricas, pero la verdad era mucho más evidente, deprimente y temible: se empezó a literaturizar el periodismo para disimular que en realidad no pasa nada. Terminadas la revolución y la oposición, que producían noticias que hubiera urgido conocer en cualquier formato y estilo, el periodismo debió brindar una ficción sustitutiva de actividad histórica. Si la prensa reconociera que no pasa sustancialmente ninguna cosa nueva, si honestamente se llamara a silencio ante la desaparición (que ella misma alentó) de los procesos históricos, a lo mejor el entero sistema de dominación colapsaría por aburrimiento. La gente, que cada vez se habla menos, tiene al diario como pretexto de conversación y pasatiempo del tiempo vacío: información y crucigrama se tocan. La idea del “fin de la historia” escandalizó menos por su audacia o por su procapitalismo que por el secreto temor que todos tenían de que lo que Fukuyama decía pudiera ser cierto: necesitaban callarlo aún antes de enteder lo que decía, y en ningún ámbito esta reacción fue más virulenta que entre los periodistas, que se lanzaron a esgrimir sucesos irrelevantes a la tesis -la guerra del Golfo, la desintegración de Yugoslavia- para rebatir a un antagonista que les hablaba desde el concepto hegeliano de historia.
La gente ya no es culta: es informada. Las conversaciones se vuelven intercambios de cocktail, pases de salón, slogans de estúpidos de Flaubert, contraseñas universitarias mal aprendidas. La capacidad de atención y concentración disminuye. Cualquier intensidad es tachada de “autoritaria”, “terrorista” o “loca”. La filosofía universal es el esceptisismo vulgar, el cinismo de barrio. Ya no se sabe leer de verdad: los alumnos de literatura, que en su gran mayoría solo aspiran a volverse apparatchicks de la nomenklatura universitaria, aprenden solamente los fragmentos, las citas y los códigos para pasar los exámenes, y reciben una estructura conceptual cuya frigidez, desapasionamiento y además de necia superioridad analítica frente al objeto jamás les permitirá, por ejemplo, conmoverse con Madame Bovary o reírse con Bouvard y Pecuchet; antes tendrán que hacer la autopsia semiológica y descubrir dónde están el significante, el sintagma y el rizoma, de modo de poder continuar arruinando la sensibilidad de las generaciones venideras. La carrera en boga es Ciencias de la Comunicación, un híbrido que las chicas de barrio estudian para llegar a ser, precisamente, periodistas, como antes estudiaban corte y confección y después quisieron ser psicólogas. Textos con la demanda, la devolución y la riqueza de En busca del tiempo perdido o El hombre sin atributos estan fuera del alcance para una generación cuya idea de la duración está formada por el videoclip, y cuya ambición verdadera es tener algún quiosquito de poder. Invirtiendo una frase de los años ‘60, habría que desconfiar preventivamente de todos los que tengan menos de 30 años, ya que no vivieron la valentía, la generosidad y el arrojo de las épocas en que la historia parecía viva. Y el destino inevitable de esta época y de esta generación termina siendo el periodismo, que ya organizaba las cosas de este modo antes de que fueran así. Con el tiempo, todo el mundo será periodista, en potencia o en acto.
La resistencia es difícil, y probablemente sin esperanzas. Sin embargo, el sistema, por la misma lógica de su sobreextensión totalitaria ha dejado libre un espacio: la posición del disidente, única figura de oposición posible en una sociedad sin oposición. El disidente es el problemático opositor en sociedades de totalitarismo consensuado, sea en su vieja versión, policial y oscurantista (viejos regímenes del Este) o en su formato iluiminista, progresista, reluciente y moderno. El disidente tiene fundamentalmente un “contra qué” estar, no necesariamente un “para qué”. El disidente correctamente carece de esperanzas en el “proletariado” o el “pueblo” (una manga de canallas con vocación de informantes policiales), pero no cede al consuelo del colaboracionismo progresista y se mantiene en su reflexión crítica solo, estoicamente, le cueste lo que sea, como si fuera un iluminista de nuevo tipo; quizás (para parafrasear libremente a Adorno) como un iluminista negativo.
Ya no es posible reeduitar el Iskra, pero sí consumar una modesta proposición: el “diario” aperiódico, que debería salir sólo de vez en cuando (cuando hubiera novedades, cuando hubiera algo nuevo que decir), que resistiera toda lógica y presentación de mercado, renunciara a toda homogeneidad ideológica y se propusiera y circulara como consigna y como forma de reconocimiento y supervivencia de una diáspora de individuos anónimos, asilados y dispersos. El “diario” aperiódico, periódico del antiperiodismo, quizá ni siquiera debería tener nombre.
por Fede / Billie a las 3:06 p.m. 4 comentarios
Etiquetas: Medios, Pensamientos
Morbo Porno jueves, 27 de diciembre de 2007
La Nación, 27-12-2007
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por Fede / Billie a las 8:23 p.m. 4 comentarios
Etiquetas: Medios
La Doctrina del Shock miércoles, 26 de diciembre de 2007
The Shock Doctrine, corto ideado por Naomi Klein y Alfonso Cuarón que explica la tesis del último libro de Klein.
El libro en cuestión es La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre, publicado por Paidós. Lo estoy leyendo y espero reseñarlo pronto en estas páginas.
por Fede / Billie a las 10:16 p.m. 2 comentarios
Etiquetas: El Mundo
¿El rock suena en pasado? lunes, 24 de diciembre de 2007
por Marcos Mayer
Revista Ñ, 27-10-2007
(...) El rock a sus cincuenta años, aún acarreando un par de muertos previsibles y unos cuantos más heroicos (víctimas de accidentes aéreos, sobredosis y algún crimen poco claro), no parece estar en vías de extinción, muy por el contrario. Eso sí, nadie se atrevería a decir que pasa por su mejor momento. Pero, ¿acaso hubo alguna vez una celebración de la coincidencia en el tiempo de grandes momentos creativos? Tal vez algún historiador lo haya dicho a posteriori, pero en el momento mismo en que sucedían las cosas, difícil.
Un fenómeno que tiene alguna explicación posible: lo mejor ocurrió durante el origen. Nadie compuso tan buenas canciones después de los Beatles. Nadie superó en la guitarra al genio de Jimi Hendrix. Nadie cantó con tanta intensidad como Janis Joplin. Ningún grupo fue tan sólido y coherente como los Rolling Stones. Allí se terminaron los tiempos heroicos. De allí en más no queda más remedio que decaer. Eso han sido todos estos años, decaer y decaer. Sin pausa, sin ritmo, y sabiendo que la decadencia es eterna e irremediable, y que incluso puede llegar a ser placentera. No es que todo tiempo por pasado fue mejor (aunque ya nadie crea en el lema spinettiano de que "mañana es mejor"), sino que es inalcanzable.
Es en esto que el rock se parece al cristianismo. En la religión todo lo sublime pasó al principio: Cristo, los apóstoles, los buenos milagros y hasta las traiciones mejor urdidas, los mejores cobardes y los más heroicos ladrones. Desde entonces, santos y papas de por medio, también no se ha hecho otra cosa que decaer, alejarse aunque no definitivamente de aquellas épocas donde un hombre podía ser hijo de Dios sin que a nadie se le moviera un pelo. Y si hay un tópico del cristianismo poco desarrollado es el del Juicio Final donde se volvería supuestamente al estado de gracia y gloria del origen. Ni el padre Farinello y menos todavía Ratzinger hablan del Juicio Final. ¿A quién le importa dejar de decaer? De allí que exista un rock cristiano, una ópera rock dedicada a Jesús y que Lennon se pusiera a competir con Cristo. Y que el Anticristo provenga también del rock, en versión seria, Alice Cooper y en la paródica, Marylin Manson. Y que no haya un rock judío, pues el judaísmo ha sostenido siempre que lo mejor está por llegar.
Peleado con la lengua, viviendo de imágenes prestadas, con ceremonias celebradas en las peores condiciones y acompañadas de textos que apenas se entienden, amenazado a cada rato con perder la pureza, con una contaminación que parece ser terminal y que se detiene en el peor de los casos en la apoplejía, el rock sobrevive porque ya no es un estilo musical ni una cultura juvenil ni un fenómeno generacional, sino apenas eso, una religión, el modo en que hemos de decaer por los siglos de los siglos, amén.
por Fede / Billie a las 7:16 p.m. 6 comentarios
Etiquetas: Música, Pensamientos
Los Mejores Discos de 2007 jueves, 20 de diciembre de 2007
Lo que sigue es la lista de los discos lanzados en 2007 que más me gustaron:
1. In Rainbows
Radiohead
XL, 2007
Ya mucho se ha hablado acerca de la decisión consciente de esta banda de despegarse, disco a disco, de sus anteriores etiquetas. En esta oportunidad, el despegue de Yorke & Cía ocurrió a nivel productivo-comercial, si se quiere; musicalmente, han vuelto a poner los pies en la tierra. ¿Esto significa que tenemos otro The Bends? ¡En absoluto! In Rainbows une lo mejor de los dos mundos. Tomemos el primer tema, por ejemplo. "15 Step" es una canción guiada por una batería electrónica impensable en los primeros discos, pero con una sensibilidad pop y un "sentido de canción" impensable en los últimos. Por otra parte, "Bodysnatchers" es el mejor ejemplo de que es posible hacer un excelente single que no deje de empujar algunos límites estilísticos. In Rainbows es el mejor disco del año porque es adictivo, porque tiene unos arreglos excelentes, porque es su álbum más song-oriented en una década. ¿Algo malo? Quieren hacer una melodía de amor accesible en "House Of Cards", pero es tan instantánea que pierde el placer de las sucesivas escuchas.
2. Bluefinger
Black Francis
Cooking Vinyl, 2007
Y un buen día, el prolífico Frank Black decidió abandonar su nombre de soltero y volver a ponerse el que tenía cuando todavía lideraba los Pixies. ¿Declaración de principios? Por supuesto: Bluefinger resulta ser no sólo su disco más punk desde su partida de los Pixies, sino posiblemente el mejor (aunque podemos compartir esta distinción con Teenager of the Year). Black siempre fue un habil constructor de canciones rock/pop de tres minutos, pero lo que destaca a Bluefinger del resto de su obra solista es la ajustada selección de canciones -no hay rellenos- y algo que nadie hasta ahora señaló y a mí me parece crucial: la inclusión de coros femeninos, a cargo de Violet Clarke. Clarke -actual esposa de Black Francis, para el que le interese- es toda una Kim Deal, y sino escuchen sus cautivantes coritos en "Threshold Apprehension". Ya sea en la deliciosa tonada soul-gospel "Discotheque 36", en el cover punk "You can't break a heart and have it" o en la relajada guitarreada con sabor a americana de "She took all the money", Black se desplaza con frescura como un verdadero genio del género y nos regala un disco brillante, ineludible.
3. Sound of Silver
LCD Soundsystem
Capitol, 2007
Mis recorridos musicales me colocan en un lugar parecido al de un fóbico de la música electrónica. Y es que el género está repleto de ladrones de guante blanco y auriculares sobre los hombros, y la música comercial que de allí proviene resulta, con suerte, un pastiche de pavlovianos efectos de sonido que de "música" tienen bastante poco, si me permiten. Pero he aquí un artista que quizás pueda entrar en el rubro y que me viene sorprendiendo hace un tiempo. LCD Soundsystem es, básicamente, la banda de James Murphy, un treinteañero de New Jersey que a principios de los 90 tuvo un par de proyectos rockers aunque su vida luego se volcó hacia las pistas de baile. Esta doble formación explica los resultados de sus obras con LCD Soundsystem: punk, rock y electrónica. Aquel que haya escuchado el excelente single "Daft Punk is playing at my house" en 2005 puede esperar este y otro tipo de canciones en Sound of Silver, un tremendo álbum de nueve piezas entre las que se cuentan "North American scum" (un punchirocker con mucho sentido del humor) y "Get innocuous!", una melodía que parece ir por los carriles del tema electrónico de manual pero tiene algunas sorpresas en el medio. Aunque el tema que paga el disco es esa melodía cero electrónica, absolutamente neoyorkina, muy Lou Reed, "New York I love you", a mí entender uno de las canciones del año. Mi reconciliación con la música electrónica --si bien una variante de ella.
4. Ga Ga Ga Ga Ga
Spoon
Merge, 2007
Otros que nunca fallan. Del intrigante "Don't Make Me A Target" a la balada "Black like me", todo sale bien en esta obra indie-rock minimalista de Austin, Texas. Como siempre, los discos de Spoon son más "conjuntos de canciones" que full albums, y entre éstas se destacan "You Got Yr. Cherry Bomb" (uno de los temas más lindos del año) y "The Underdog", con más profundidad, simpatía ¡y vientos! Con Juli amamos a esta banda.
5. Icky Thump
White Stripes
XL, 2007
Aunque sigo prefiriendo su brillante trilogía De Stijl (1999) + White Blood Cells (2001) + Elephant (2003), este nuevo trabajo del dúo zeppelineano es el esperado paso adelante luego del disco de transición Get Behind me Satan. Icky Thump sería como el In Rainbows de los White Stripes: un regreso a las raíces pero incorporando todo lo aprendido en el camino. Como el caso del primer single, que le da título al álbum, y el cover "Conquest", que toma un sabor latino irresistible y que podría haber figurado sin más en la segunda parte de Kill Bill. Hay potencia y diversión, lo menos que podemos pedirles a los muchachos de Detroit.
6. Neon Bible
Arcade Fire
Merge, 2007
Nuevo triunfo sónico de la banda canadiense, que en 2004 nos sorprendió gratamente con Funeral. Tengo que escucharlo más, pero el sonido ya me cautiva. ¿Talking Heads? ¿Pixies? Un poco de todo eso. Aunque los de la Rolling Stone rastrearon otra influencia: para ellos, "Keep the Car Running" es "the best Bruce Springsteen song of 2007 not written by Bruce Springsteen". Son lindos, originales, emocionales y saben engancharnos con buenas melodías --incluso si cambian de cantante y de ritmo en una sola canción (como en "Black Wave / Bad Vibrations"). Escuchame, si hasta el Indio Solari dijo que hicieron el mejor disco del año (?).
7. The Black and White Album
The Hives
Interscope, 2007
Cuadrados. Lineales. Poco virtuosos. ¿Acaso importa? Esto es garage rock, señores, y estos cinco suecos son los reyes indiscutidos de estos sonidos. Cada tres años nos regalan una docena de riffs demoledores, un montón de ganchos y alaridos por montones. Los caballitos de batalla de esta edición: "Try It Again", "Square One Here I Come" y "Return the Favour" (tribunero a morir). Incluso, por primera vez, hacen algo parecido a un interludio con "A Stroll Through Hive Manor Corridors", que parece haber sido compuesto y ejecutado en un pianito Casio de veinte dólares.
8. Era Vulgaris
Queens Of The Stone Age
Interscope, 2007
Otro gran álbum de la banda de Josh Homme y su pandilla, que hace mucho ha dejado de ser un grupo de stoner-rock para convertirse -talento y potencia mediante- en un estandarte del rock hecho y derecho modelo siglo XXI. Una vez más, las herencias de Zeppelin y Deep Purple están claras, y se respira ese sonido setenta que había impregnado su anterior trabajo (el superlativo Lullabies to Paralyze). Una vez más, dicen presente las guitarras angulares y descontroladas, así como los atemorizantes falsetos de Hommme. Hay mucho termina nirvanero dando vueltas, como "3's & 7's" y el cierre con "Run, Pig, Run" (la mezcla perfecta entre alguna canción de In Utero y el riff distorsionado del garage pixie "Hang Wire"). Si estaban buscando el mejor disco al palo del año, no busquen más.
9. We Were Dead Before The Ship Even Sank
Modest Mouse
Sony, 2007
Un pequeño hit independiente de los Estados Unidos, después que Good News For People Who Love Bad News haya superado el millón y pico de copias -debido a su hit "Float On", que terminó incluso siendo cantado en American Idol. Para su debut en Sony Music no aflojaron con su ritmo seco, áspero, y encima los ganchos aparecen sorprendentemente ausentes. El disco es sólido y las composiciones son muy buenas -ver la épica "Spitting Venom" o la deliciosa "Missed The Boat", cuyo comienzo nos recuerda incluso a "Un osito de peluche de Taiwan" (?). Uno de esos discos que recompensa las sucesivas escuchas.
10. Raising Sand
Robert Plant & Alison Krauss
Rounder, 2007
La sorpresa del año. Y sí, porque a uno le dicen "una colaboración entre el casi sexagenario vocalista de Led Zeppelin y una cantante country-bluegrass que ganó como cuarenta Grammys", y sospecha. Pero se venía corriendo la bola de que el trabajo estaba muy bueno, asíque le di una oportunidad. ¿Les cuento? Está tremendo. La armonía vocal de esta pareja dispareja es tan sorprendente, y la atmósfera del disco tan relajada, tan de ensueño, que es imposible no entregarse al disco. Olvídense de las etiquetas, si folk-rock, si blues acústico. Es un disco muy lindo y logrado. Ahora espero que "Let your loss be your lesson", "Rich woman" y el cover de "Gone gone gone (Done move on)" -entre otras- sean mi banda de sonido para esas largas tardes de calor camino al trabajo, en donde los bocinazos de Cabildo y Juramento pasan a un segundo plano mientras paso flotando con estas calidas voces en mis oídos.
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Con este post cierro la fiebre rankingera de las últimas semanas. Fiebre que, como comentaba con Juli y Nacho, en realidad encubre un modesto intento de socializar conocimientos y poder compartir cierto cine y música que, en general, escapa a las infonotas de los grandes medios. Me considero poco más que un neófito en ambos campos, pero me simpatiza la idea de poder servir, en la medida de lo posible, de puente entre algunas de estas obras y un público -si apenas- más amplio.
por Fede / Billie a las 9:24 p.m. 6 comentarios
Etiquetas: Música, Resumenes anuales
