Euros al jamón lunes, 27 de octubre de 2014



















¿Por qué un empresario español con una compañía de juegos multinacional con negocios en todo el mundo y dueño de los dos mejores casinos de Capital querría vender su participación a un empresario argentino que solo buscaba competir con él en el mismo mercado? La misma pregunta se hicieron muchos el día en que Lao Hernández permitió el ingreso de Cristóbal López en el negocio de los casinos flotantes a cambio de un “negocio” a futuro: su participación en el Casino de Rosario.
Aunque esto sería como empezar por el final. ¿Qué sucedió antes? Un conflicto sindical hizo que los casinos flotantes cerraran sus puertas, provocando pérdidas millonarias por minuto, y una precisa (y llamativa) inspección de la AFIP en la Aduana en momentos en que ingresaba al país el presidente de la compañía española en un avión privado con quinientos mil euros sin declarar envueltos en jamones ibéricos. Luego de este episodio, Cristóbal se asoció con Cirsa.
Retomemos la historia desde el principio. Jueves 14 de diciembre de 2006. Lao Hernández aterriza en el aeropuerto Jorge Newbery en un vuelo privado de Executive Airlines proveniente de España, que había hecho escala en Recife. Viajan con él su flamante director general, Joaquín Agut (ex CEO de Terra Networks), y su jefe de seguridad, Fermín Ferrán. Personal de la Aduana revisa los bolsos y encuentra, dentro de regalos navideños, quinientos mil euros sin declarar.
“Cuando los bolsos de los ejecutivos pasaron por los escáneres, los agentes aduaneros detectaron que había dinero. Entonces los abrieron y hallaron 130.000 euros. Después revisaron las cajas que supuestamente tenían regalos navideños y, oculto entre los objetos, hallamos el resto”, explicó a Clarín Gustavo Mignone, director de la Aduana Metropolitana. La ley aduanera es muy clara: cuando la suma supera los diez mil dólares, el viajero debe declararlos. Los españoles no lo hicieron.
Santiago Blanco Bermúdez, apoderado de la firma, fue el encargado de dar su curiosa versión de los hechos.
—¿No es demasiado llevar para un viaje medio millón de euros? ¿No es más cómoda la tarjeta de crédito o la chequera?—le preguntó Página/12.
—Puede ser demasiado para una persona como usted o como yo, pero no para un multimillonario que, además, puede ir a ciudades que no estén bancarizadas. Imagínese que tienen que cargar combustible y pueden sufrir diversas contingencias en el camino, como un problema de salud, que tendrán que afrontar.
Bermúdez se refirió a un error del personal de tripulación “que no sabía que ese equipaje debía quedar a bordo”. El dinero fue incautado pero las patas de jamón se llevaron la peor parte: fueron destruidas por personal del Senasa, ya que está prohibido el ingreso de alimentos de origen animal o vegetal.
Lao, en tanto, respondió las preguntas del juez en lo Penal Económico Jorge Brugo, argumentó una molestia estomacal, se subió a su avión particular y voló a España. Él también compartiría su particular versión de lo sucedido.
“Siempre que viajo llevo dinero en efectivo por si surge algún imprevisto de tipo, por ejemplo, sanitario, o si, por ejemplo, tengo que llenar el tanque del avión en el que viajo. ¿Sabe cuánto cuesta llenar el depósito del avión? Pues mucho dinero, y hay que pagar al contado, ¿eh?”, se justificó. “Siempre en diciembre suelo llevar algunos regalos a mis directivos en la Argentina, Santo Domingo, Panamá... Para ellos eran las cestas. Pero ¿de verdad cree alguien que yo necesito esconder quinientos mil euros en la Argentina? ¡Pero si tengo allí dos negocios que me dan sesenta millones de euros de beneficios al año!”
¿Tuvo algo que ver Cristóbal López, quien luego entraría a su negocio? El patagónico lo niega. “Yo también fui víctima [de la requisa]. En ese vuelo, Lao me traía un jamón de Jabugo para comer durante las fiestas.”

Ramón Indart y Federico Poore. El poder del juego. El gran negocio de la política argentina, Aguilar, 2014, pp. 116-118


Los autores presentan su libro y responden preguntas mañana martes 28 de octubre a las 18 hs en la sede de ATE Capital, Carlos Calvo 1378


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