El nuevo es para papito lunes, 28 de septiembre de 2009

Pensamientos sueltos sobre la nueva publicidad de la AFIP



Don Carlos es un acierto publicitario notable. El segundo spot está sin lugar a dudas basado en las repercusiones del primero, llegando incluso a la autoparodia. No hacen falta más "chistes" del aviso de la AFIP, ya que de a poco estos spots se van convirtiendo en parodias de sí mismas.

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La moral del spot considera -abiertamente- a los obreros de una fábrica como morochos idiotas que festejan cualquier huevada. Y Don Carlos es un personaje más complejo de lo que parece: es paternalista, sí -como cabría esperar en toda postal de conciliación de clases- pero también es garca: vive subordinando el bienestar de sus empleados al suyo propio.

Es decir: los cortos de "Don Carlos" conforman una extraña publicidad oficial, en donde el jefe es (¿ex?)negrero, paternalista y garca, pero sin embargo... ¡es el héroe de la película! Y sus empleados sólo saben decir "bieeen, Don Carlos" a cualquier promesa estúpida. ¿Alguien dijo incorrección política?

Ese combo es el que logra el objetivo de la publicidad: la instalación de la marca y del mensaje. Todos saben que es de la AFIP. Y desde la primera publicidad, aseguran, se blanquearon 300.000 empleados. Mientras tanto, tu jefe sigue siendo un garca con auto nuevo que trata a sus laburantes como animales.

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Tal como leía Zizek con la película "The Fountainhead" (basada en un guión de la ultraliberal Ayn Rand), la publicidad es tan sobreconformista que subvierten el edificio ideológico dominante por su propia identificación excesiva con él. La adoración total a los mecanismos de una Secretaría de Ingresos Públicos (¡y el impresionante conocimiento que tienen acerca de sus sorteos los obreros de una fábrica!) no hacen más que volver evidente la ridiculez intrínseca de todo el (injusto) sistema tributario local y la notable estupidez del proceso impositivo.

Separados al nacer lunes, 21 de septiembre de 2009


Matthew Broderick + Adolfo Rodríguez Saa = Rubén Giustiniani

El centroizquierda, por fin en una pulseada real domingo, 20 de septiembre de 2009



(...) Para la izquierda parece ser un momento de grandes definiciones. No se trata del falso dilema de apoyar o no al gobierno de Cristina Kirchner. Lo que está en cuestión es el perfil de una posición política y su proyección futura. En estos días hemos asistido a una demostración de fuerzas del progresismo. Lejos de quedar atrapado en una lógica de “todo o nada”, los diputados del sector activaron una negociación inteligente y con base de principios. Lograron la modificación de los aspectos más conflictivos del proyecto: la apertura del acceso de las telefónicas al negocio mediático y la composición de la autoridad de aplicación. Tenemos un proyecto con media sanción mejorado seriamente respecto de su redacción original. El Gobierno también hizo la experiencia de cómo la flexibilidad política y el diálogo facilita la construcción de mayorías concretas en temas de particular sensibilidad. El progresismo no puso esta vez el testimonio moral en el lugar de la definición política; no recitó su desgraciadamente frecuente apelación a todo lo que está mal en el país y a todo lo que este gobierno no ha resuelto. Se situó en la materia del debate y produjo un resultado que por su amplitud y contundencia crea favorables condiciones para el debate en el Senado.

Pero la discusión sigue. Y las presiones de los grupos multimediáticos y de las corporaciones empresarias se pondrán al rojo vivo. Están dispuestos a dialogar con un centroizquierda “serio”, “moderno”, “realista”. Con un centroizquierda que haya aprendido definitivamente la existencia de límites insalvables para cualquier proyecto transformador. No importa si el progresismo clama contra la pobreza y la injusticia: eso forma parte del folklore de cualquier “país normal”. El problema es que esté dispuesto a comprometer sus fuerzas en la definición de las pulseadas reales de poder que transcurren. Si así ocurre se termina con los buenos modales. Sobreviene el chantaje, las campañas de descalificación, el silenciamiento. Para tener buen marketing, la izquierda tiene que tener comportamientos “razonables”.

Parece estar naciendo un proyecto serio y maduro en el centroizquierda. Un proyecto sólida e indiscutiblemente democrático. Ajeno a toda idea fundamentalista y maniquea. Y dispuesto a crecer en democracia, a ampliar su base de sustentación con un horizonte de mayorías y de gobierno. Por supuesto que tendrá que recorrer un camino complejo y lleno de obstáculos. Pero ni el atajo de las concesiones políticas a la derecha, ni el ejercicio de la proclamación sectaria de las propias verdades al margen de la lucha política deberían torcer el camino emprendido. (...)

Edgardo Mocca, Página/12, 20-09-2009

Pino Solanas: "Es una tontería creer que esta ley es kirchnerista" sábado, 19 de septiembre de 2009



"Este proyecto nace muchísimos años antes de que los Kirchner llegaran a la Casa Rosada"

Sostiene, acertadamente, Pino Solanas, en una entrevista otorgada a La Nación que reproduzco a continuación:

Horas después del avance en la Cámara de Diputados del proyecto de ley de medios que impulsa el Gobierno, el diputado electo de Proyecto Sur, Pino Solanas, defendió hoy la posición de su bloque que apoyó la iniciativa y aseguró que "es una tontería" pensar que está alineado con el Gobierno.

Aunque criticó las modificaciones impulsadas en el órgano de aplicación de la ley -que se amplió de cinco a siete miembros-, señaló que "en el balance" la mayor parte de los cambios planteados desde ese sector político fueron implementados.

En diálogo con lanacion.com, sostuvo que desde la oposición "se exagera mucho" respecto de la posibilidad de que con la iniciativa kirchnerista se viole la libertad de prensa. (...)

- Con respecto a la autoridad de aplicación ¿No cree que es riesgoso que el Gobierno mantenga el control de este organismo? ¿Más allá de todas las modificaciones que se incorporaron, no es éste un punto esencial?

- Por supuesto que sí. No todos los puntos que hemos planteado los hemos conseguido, pero en el balance, la mayor parte de ellos, empezando por el de las telefónicas, se consiguió. Además, esta autoridad de aplicación es mejor que la que estaba planteada en sus orígenes y mejor a la que hoy rige. Además, el consejo asesor tiene la facultad de remover a los miembros de este comité.

- ¿Si usted hubiera estado en el recinto, hubiese tomado la misma decisión que Lozano?

- Por supuesto. Las leyes son siempre perfectibles. Lo importante es que por primera vez en más de 30 años se discute una ley que va a reemplazar la norma de la dictadura, que es muy inferior a esta.

- La diputada socialista Laura Sesma, la única de ese bloque que votó en contra del proyecto, sostuvo que "la letra de la ley no tiene nada que ver con lo que viene diciendo" el Gobierno sobre la democratización del sistema de medios.

- No, esa es una opinión de ella. No estoy de acuerdo con eso. La ley diversifica, descentraliza, desmonopoliza, tiende a asegurar el desarrollo realmente independiente. Incluso este consejo de control introdujo dos miembros más. Antes era mayoría absoluta del Ejecutivo. Es muy difícil que con siete miembros las trapisondas queden ocultas. (...)

- ¿No cree que está en riesgo la libertad de prensa, como denuncian otros partidos de la oposición?

- Creo que se exagera mucho. Todo eso depende del organismo de control. Es una exageración porque los poderes de la República como la Justicia y el Parlamento no han dejado de existir. Es como si esta ley anulara todo. Esta ley introduce el control de la Sigen y de la Auditoría General de la Nación.

- Usted fue votado en los últimos comicios como la mejor opción de centroizquierda opositora al Gobierno. ¿Qué sensación piensa que puede tener la gente que lo votó en los últimos comicios tras el apoyo a la iniciativa oficial?

- Hemos recibido todo tipo de apoyos. En general, las encuestas nos están dando al tope.

- Desde la oposición, lo acusan de haberse alineado con el Gobierno y señalan que este voto es una prueba de ello.

- Cada uno dice lo que se le da la gana. Tendrían que decir que 25 diputados de centroizquierda hoy son kirchneristas. Eso es una tontería. Es como creer que esta ley es kirchnerista. Eso es ignorar la cantidad de años que decenas de organizaciones sociales, de derechos humanos, de comisiones de comunicación, de legisladores y dirigentes, hemos luchado para cambiar la ley de la dictadura. Pocos han organizado tantos encuentros nacionales sobre la materia como yo. No se puede decir eso. Ya en la campaña se me decía que yo era kirchnerista porque que apoyaba el proyecto de reforma de la ley de radiodifusión. Este proyecto nace muchísimos años antes de que los Kirchner llegaran a la Casa Rosada. El kirchnerismo ha tomado esto, lo manipuló mucho. Su proyecto inicial era muy contestado por muchos de nosotros y este proyecto creemos que es todo un triunfo de todo ese trabajo anterior. El proyecto Kirchner fue abierto y modificado en muchos puntos sustanciales. (...)

- ¿Pero avalaría comenzar un debate para impulsar modificaciones?

- Nos hemos cansado de decir que no tenemos prejuicios. Hay otras fuerzas que piensan que todo lo que viene del Gobierno o de la oposición hay que patearlo. Todo lo que es bueno para el país lo vamos a apoyar y vamos a criticar lo que es criticable. Acá para no confundir a nadie hay que estar todos en contra o todos a favor. La política no es ni blanco ni negro. Consiste en zonas grises.

Rehecha la ley viernes, 18 de septiembre de 2009



por Martín Caparrós
Crítica, 18-09-2009


Ayer, tras tanta tinta, tanta cháchara chocha, tanto tonto tanteando al tuntún, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación –Argentina– terminó votando a favor de la ley más debatida de los últimos tiempos porque el gobierno había cambiado algunos de sus artículos. ¿Puedo decir que ese proceso de negociación que Morales Solá en La Nación definió como “un gesto desesperado”, Susana Viau en Crítica de la Argentina como “un mamarracho mezquino”, Clarín en Clarín como “una marcha atrás” y Macri como “fachista” en todos lados, me pareció un gran momento democrático? O, por decirlo de un modo menos precioso y más preciso, un ejemplo infrecuente de funcionamiento de los mecanismos de la democracia de delegación.

Digo: un gobierno pretende sancionar una ley para regular una cuestión que visiblemente le importa mucho, y la presenta a la consideración de los legisladores; los oficialistas, faltaba más, dicen que la votan, pero una cantidad de diputados de otros partidos dice que así no porque tal, porque cual. Entonces el gobierno, que por supuesto quiere que aprueben su ley, la cambia para conseguir el apoyo y el consenso –el famoso consenso– necesarios y, al fin, gracias a esos cambios, logra la media sanción más complicada.

Si esto no es lo que pensaban los que inventaron el sistema parlamentario, que vengan y me expliquen cómo era. Todos los demócratas que le reprochaban flamígeros al gobierno su tozudez, su obcecación, su caprichonería, su autismo y, por supuesto, su autoritarismo ahora lo acusan de haber modificado su proyecto para ganar los votos que necesitaba. Lo acusan de haber cooptado a ciertos opositores: cuando socialistas, solanistas y otros explicaron por qué se oponían, el gobierno medio satifizo sus demandas y les permitió –los obligó– a votar a favor. Fue una maniobra –perfectamente democrática– bien hecha y ahora estos opositores tienen que explicarles a muchos de sus votantes, que los votaban por opositores, por qué votaron a favor de una ley del gobierno –en un asunto que sale del blanco o negro fácil y pasa al gris, siempre más complicado de traducir en un minuto de televisión o tres de radio.

Los demócrata-reprochistas acusan al gobierno, además, de haber apurado el trámite –después de haberlo acusado antes, durante meses, de darle largas–, e incluso se retiraron de la sesión alegando que empezó media hora tarde. Mientras tanto, los grandes medios, abroquelados como nunca, insisten en su defensa acérrima de la libertad oíd mortales. Ya escribí hace quince días aquí mismo lo que pienso cuando veo a Clarín, La Nación y otros buenos muchachos enarbolando la “libertad de prensa”; también lo escribió aquí mismo ayer, mucho mejor, Reynaldo Sietecase.

Insisto: me sorprende que hoy nadie salga a hablar de democracia. La democracia no es mi fetiche favorito pero ustedes, estimados, que se llenan la boca con democracia, se hacen gárgaras de democracia a la mañana, buches de democracia después de las comidas, lavativas de democracia tras las deposiciones, deberían festejar alborozados. Señores Pro, señoras Acuerdo, señoritas coberas, señores y señoras etcétera y etcétera, ¿no deberían proclamar su felicidad porque el congreso por fin ha servido para algo, los mecanismos democráticos para algo, para algo los debates de un proyecto? (...)

Media sanción para la Ley de Servicios Audiovisuales: Eduardo Macaluse jueves, 17 de septiembre de 2009



"Hasta ahora la tesis del actual y del anterior Poder Ejecutivo consistía en que ceder era perder; entonces, no se cedía un palmo, porque se tenían los votos. Ahora, los diputados oficialistas pueden demostrar que si ceden, ganan, lo que puede ser un buen augurio."

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Lo dice Eduardo Macaluse, del bloque Solidaridad e Igualdad (SI), en su exposición de su voto favorable para el proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, que ya cuenta con media sanción en el Congreso Nacional. La exposición de Macaluse es notable, asíque me permito compartir con ustedes sus principales pasajes:

“No podemos creer nada de lo que se lee en un periódico. La misma noción de verdad resulta sospechosa cuando está inmersa en ese transmisor de polución.”
Esta frase no es de Hugo Chávez, El Khadafi o Evo Morales... sino del presidente Thomas Jefferson, que curiosamente es reconocido por otra frase que indica el enorme respeto por la independencia de la prensa libre.
Cito esta frase que él le escribe a un amigo y es citada por Giovanni Sartoni en Homo Videns porque expresa la ambivalencia y la pulsión del hombre que está en el poder, la tentación de no ser controlado.
También podría citar frases que un siglo después pronunció William Randolph Hearst, dueño de varios medios en los Estados Unidos. Él había mandado un dibujante a Cuba para tomar imágenes de lo que pensaban que debía ser la guerra, porque en ese momento no había fotógrafos. El dibujante le dice: “Acá no va a haber guerra. Mándeme de vuelta porque estoy harto en Cuba.” Entonces él le contesta, mediante un telegrama: “Usted suminístreme los dibujos, que yo le voy a suministrar la guerra.”
Esa guerra se produjo porque se dio a conocer una noticia falsa. Por accidente había explotado una mina debajo de un buque -el Maine- y los medios que estaban bajo la órbita de Hearst y todos los otros medios reprodujeron en cadena la noticia de que había habido un atentado. O sea que Estados Unidos fue a la guerra por una noticia falsa.
No fue la única vez, porque siglos después se repitió esto con muchas otras guerras, casi con las mismas características, con la diferencia de que han existido avances tecnológicos.
Lo paradójico es que en lo tecnológico se producen avances, pero hay retrocesos en el tratamiento de las noticias. ¿Qué quiero decir con esto? Las disputas entre los hombres de poder y los dueños de los medios de comunicación no son un invento argentino, porque no nacieron ahora. Está en la naturaleza humana, porque el hombre que está en el poder no quiere que le pongan límites. Y nosotros, mediante la legislación, debemos ponerles límites a los hombres que están en el poder político.
Los hombres que son dueños de los medios de comunicación tienen la tentación y la pulsión de convertir ese poder en un poder ilimitado. Nosotros debemos ponerles límites. De eso se trata este proyecto de ley. En esto quiero ser minimalista; no tengo expectativas grandilocuentes, pero estoy absolutamente convencido de que la futura norma será una mejor ley que la que tenemos hoy en vigencia, que vergonzosamente proviene de una dictadura. No sólo nos avergüenza su procedencia, sino también su concepción ideológica y política.
¿Qué es lo que tenemos que hacer nosotros? Evitar que quien está en el poder tenga un poder ilimitado. Debe aceptar ser limitado. También debemos evitar que quienes tienen medios de comunicación pasen a tener un poder ilimitado a través de la concentración.
Eso lo puede hacer y lo debe hacer la dirigencia política, y no la clase política. La clase política es una categoría impuesta por los medios para degradar justamente a aquellos que los deben regular. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y las galerías.) ¿Cómo cumplimos nosotros con nuestra tarea? Discutiendo y debatiendo. Este proyecto de ley se viene discutiendo desde hace décadas. Lo vienen impulsando por fuera de las instituciones las organizaciones no gubernamentales con muchas luchas. Es la primera vez que nosotros institucionalmente avanzamos hasta este punto. Me parece que es muy bueno. Rompimos el tabú. Hablar de la ley de radiodifusión hasta hace tiempo estaba permitido como jueguito al costado de la tribuna, pero no se podía entrar a la cancha. Pero hoy entramos a la cancha a discutir estas cosas.
No debemos discutirla en términos de guerra santa, sino en términos de establecer regulaciones sensatas y racionales, teniendo en cuenta parámetros internacionales y legislación comparada, sobre todo de los países desarrollados y de los que muchas veces se ponen como paradigma de la democracia. Esto es lo que mínimamente hace esta norma. Y no me parece mal que lo haga.
¿Cuál es la tentación del oficialismo? Evitar que en la ley aparezcan controles que puedan limitar la pulsión de poder ilimitado de los gobernantes. Sobre esto nosotros, como oposición, tenemos la obligación de avanzar.
¿Cuál es la tentación de la oposición? Buscar el favor de los grandes dueños de los medios de comunicación, que no quieren ser regulados. Esto es lógico y natural. No nos tenemos que enojar con los dueños de los medios porque no quieren ser regulados. Simplemente tenemos que regularlos. Esa es la obligación que tiene el poder político. (Aplausos.)
Por eso esto no tiene que ser una guerra. De aquí debe salir una normativa racional y sensata. En las modificaciones siempre hay un doble estándar por parte del poder económico. Cuando el poder concentrado necesita –porque le conviene- tener cambios, lo que se dice es que hace falta una modernización legislativa para dar por tierra con las leyes vetustas. Y cuando no le conviene porque no quiere, porque se regula o porque se avanza sobre alguno de sus privilegios, se plantea la cuestión de la inseguridad jurídica.
Para algunas cosas el cambio legislativo, aunque lo hagan avasallando como ocurrió en los 90, es una modernización; para otras cosas, es inseguridad jurídica. Nosotros no tenemos que hacernos cargo de ese doble estándar; debemos tener uno solo. Tenemos que normar y regular, y nadie se va a morir por eso.
¿Por qué hay que reglar esta cuestión? Porque las disputas entre el poder político y el poder de los medios muchas veces se puede llevar puesto a un país. Y puede resultar peor cuando acuerdan, porque ni siquiera sabemos sobre qué han coincidido. Esto tiene que estar normado y reglado.
Que haya una autoridad de aplicación donde convivan representantes de distinta naturaleza y extracción rompe con el silencio, con la opacidad y con la oscuridad en la negociación. Esto es absolutamente claro e indiscutible: cómo se controla mejor y cómo se previene contra la opacidad y la oscuridad de las discusiones entre los dueños de los medios y los que ejercen el poder político con más gente.
¿Qué es mejor, tener un interventor que sea el que discuta y decida, o tener siete miembros, que son los que discutirán? Obviamente, los medios hacen su cuenta y dicen “hay siete”. El poder político puede cooptar, y son cinco a dos. También es arbitrario cinco a dos. Si cooptan todo, puede ser siete a cero. Busquemos la legislación comparada. ¿Cuántos representantes tiene la autoridad de aplicación en Francia? Nueve. Tres los pone el presidente de la Nación, tres el presidente del Senado y los tres restantes, el presidente de la Cámara de Diputados. En Estados Unidos hay cinco representantes, todos designados por el presidente de la Nación con acuerdo del Senado. ¿En Brasil cuántos hay? Cinco. A todos los nombra el presidente de la Nación. En Estados Unidos no puede haber más de tres de un mismo partido. Es decir que el Poder Ejecutivo tiene mayoría y dispone de ella. Esto no es ilógico porque el Poder Ejecutivo no sale por sorteo. (Aplausos.) De lo contrario vivimos repitiendo la frase de doña Rosa “¿No escucharon el mensaje de las urnas?”. Pero el mensaje de las urnas se da cada dos años y tiene la misma validez; no se trata de escucharlo sólo cuando a mí me gusta. (Aplausos.)
A fuerza de ser sincero, debo decir que a mí no me gustó el mensaje de las urnas de cuando ganó la presidenta actual. Pero me lo tengo que bancar porque esa es la regla elemental de la democracia. El mensaje de las urnas dice que hay una presidenta hasta 2011. Después habrá otro. Debemos respetar esto y tiene que gobernar.
Ahora bien, creo que se debe trabajar más profundamente sobre las reglas de control. (...) En general los organismos de control son el botín que desde la oposición se plantea para generar un problema el Ejecutivo, que obviamente rechaza. Y después, cuando hay que hacer un trabajo, ni el oficialismo ni la oposición han trabajado con la fuerza suficiente como para que cada funcionario esté obligado a venir a rendir cuentas. Creo que tendríamos que avanzar muchísimo en profundizar todo el sistema de controles cruzados, porque si no, terminaremos sancionando proyectos que no son malos, pero que después no servirán para nada.
Esta iniciativa es perfectible, y hemos propuesto modificaciones. Algunas apuntaban al corazón de la ley, y el oficialismo aceptó modificaciones sustanciales. Con respecto a los medios de comunicación, un día dicen que la presidenta dio marcha atrás e introdujo modificaciones al corazón del proyecto de ley, pero al día siguiente, la noticia es vieja y se afirma que no se modificó nada y que el proyecto no sirve.
Si se dio marcha atrás en cuestiones que atañen al corazón de la ley fue porque alguien las propuso y se aceptaron. Esto fija un hito, porque hasta ahora la tesis del actual y del anterior Poder Ejecutivo consistía en que ceder era perder; entonces, no se cedía un palmo, porque se tenían los votos. Ahora, los diputados oficialistas pueden demostrar que si ceden, ganan, lo que puede ser un buen augurio (Aplausos.)
Se planteaba el tema de las telefónicas y teníamos la preocupación de que se iba a crear un monopolio, con la posibilidad de negocios de gente allegada al Poder Ejecutivo. Ello se volteó y no podemos minimizar el cambio que se dio allí. Lo reconocemos y creo que es un avance en el proyecto de ley. (...) Preferimos el contenido a la forma, pero la forma también es importante. Estoy seguro de que habrá modificaciones que introducirá el Senado, las que terminaremos aprobando por no haber trabajado con más tiempo.
De todas formas, estoy convencido de que es un avance, porque es mejor tener este proyecto, que establece controles cruzados de la democracia, que tener una ley que otorga un poder omnímodo a una sola persona para hacer negociaciones que por definición se hacen en la opacidad y oscuridad. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)

Quién lo hubiese dicho: la batalla ideológica dentro del mainstream la conducen Wainraich y Schultz domingo, 13 de septiembre de 2009

En febrero de este año el New York Times publicó un artículo bastante crítico del magnate mexicano Carlos Slim. Hasta acá, nada nuevo, claro... Sólo que Carlos Slim es uno de los principales accionistas -uno de los dueños- del diario. Esto le llamó la atención -un poco, si apenas- a Martín Caparrós, que una semanas más tarde escribió una columna en la que sostenía

Si el New York Times publica una nota dura sobre los negocios de uno de sus dueños es, en parte, porque a sus editores les gusta esa imagen inflexible de sí mismos y, mayormente, porque saben que sin esa imagen su negocio se derrumba: que su público espera eso de ellos, y no los toleraría –dejaría de consumirlos– si fueran muy claramente de otro modo. Entonces publica ese artículo –que al fin y al cabo no tiene grandes revelaciones, que dice lo mismo que todos dicen y nadie puede ignorar del todo, y que le sirve para salvar la cara. Pero ése es el punto: que crean que tienen que hacerlo, que su público les exija que lo hagan.

Nuestro columinsta terminaba preguntándose

cuándo Clarín va a contar las maniobras de Héctor Magnetto, La Nación las tretas de vaya a saber quién –porque ni siquiera está muy claro de quién es. Cuándo van a salir por América TV los curros de la pareja Vila-Manzano, cuándo en Radio América los negocitos del nuevo magnate Sergio Spolsky. O si, por ejemplo, sin ir más lejos, Crítica de la Argentina escribirá sobre sus dueños.

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Hace un año, más o menos, publiqué una pequeña nota en donde cuestionaba el modelo de emisiones como Televisión Registrada, en donde si bien se intentaba delinear una línea editorial más firme que otros programas autorreferenciales, "el escándalo siempre puede más y lo que por momentos amaga con ser político o periodístico en el programa se pierde, una y otra vez, en 'informes' frívolos con escándalos del mundo deportivo y del espectáculo" y que allí "más que una distancia crítica frente a lo mostrado, lo que se da es una reproducción del fenómeno."

Creo que sigo pensando más o menos lo mismo de TVR que hace un año. Pero anoche, antes de irme a dormir, enganché un potente informe del programa -en Canal 13, sí- sobre el proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales y me quedé pensando en lo que dijo Caparrós. Lo comparto con ustedes.

Moratoria espiritual martes, 8 de septiembre de 2009

Cuando hace algunos meses la cúpula de la Iglesia Católica local -con la clara intención de ganar prensa y en no ser la única religión en plegarse a la onda opositora republicana liberal- salió a denunciar el "escándalo" de la pobreza, muchos recordaron que se trataba, apenas, de una condena nominal, políticamente correcta. ¿De qué le serviría a la Iglesia terminar con ella, si de ella se alimenta?, argumentaba Cecil, basándose en Mateo 5:1-12, que después de todo "Los mansos, los pobres de espíritu, los que tienen hambre y sed... son absolutamente necesarios para el sostenimiento de la iglesia tal y como la conocemos hasta hoy. El statu quo: quedate ahí donde estás, porque el sufrimiento terrenal te garantizará una vida eterna feliz... y, de paso, ya que estamos, sé bueno y poné la otra mejilla."

Pero hay algo aún más absurdo en la oposición eclesiástica a este gobierno, que hasta habla de neomarxismo por primera vez desde Marcuse 1969, y que si se opone a todo lo que hacen los Kirchner como la ultracatólica de Carrió, se cae de maduro que también estarán contra el "polémico" proyecto de blanqueo de capitales, la llamada moratoria impositiva. Lo cual es aún más increible porque, ¿de qué se trató sino el Jubileo del año 2000? Una moratoria de confesiones, un perdón de las deudas.

Se comenta que todos aquellos que se habían portado bien todos los días durante los últimos veinticinco años estaban a las puteadas, porque "al final uno es el gil que tiene todo en regla para que después caiga cualquier hijo de puta y lo perdonan".

Más sobre el Proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales domingo, 6 de septiembre de 2009



Comparto algunos artículos de interés para profundizar el debate sobre la ley que, esperemos, reemplace a la vigente Ley de Radiodifusión de 1980 y sus modificaciones menemistas y delarruístas.

- Por si quedaba alguna duda, el proyecto presentado es, ante todo, una ley antimonopolios. Los grandes medios pierden el 76% de sus licencias, afirma Crítica en una nota que detalla quiénes tienen que perder para que puedan ingresar más voces en un mercado más equilibrado.

- Resulta que algunos de los diputados que participaron en el armado de la actual ley ahora se le oponen. Y para colmo, con argumentos falaces o falsos. Ya lo viene diciendo Carrió desde 2003: "¡Me opongo! ¿De qué se trata?"

- Comenta Mario Wainfeld: "El debate, empero, avanza. Es una primera victoria, digamos gramsciana, del oficialismo y de quienes lo acompañan en la reforma. Temas que fueron tabú durante años se ventilan al aire libre. Se habla sobre monopolios, sobre abuso de posición dominante, se repasan privilegios cristalizados en los últimos treinta años. La posición de quienes quieren cerrar la puerta es poco airosa: deben empezar haciéndose cargo de que la norma vigente es anacrónica, que lleva las marcas indelebles del autoritarismo procesista y la desaprensión privatista del menemismo, que arrasó el patrimonio público. La propia invocación de eventuales monopolios futuros como un riesgo los introduce en un declive que les complica la existencia."

- Opina Martín Caparrós, a pesar de la sospecha: "...una ley que va a romper las grandes corporaciones mediáticas tendrá consecuencias favorables para todos. Yo creo en el cambio en general –porque veo muy pocas cosas que no lo merezcan–, y en el cambio de la estructura de medios argentinos en particular –porque son una desgracia. No me gusta del todo cómo se hace éste, pero me parece que es bueno patear un hormiguero tan nocivo. Estoy convencido –opino– de que lo que salga no puede ser peor que lo que hay."

¡Extra, extra: Edición Histórica! miércoles, 2 de septiembre de 2009

Clarín, 28/08.
Una tapa histórica. Para coleccionar y guardar.



"El gobierno quiere avanzar sobre la prensa independiente"
"Presentan la ley para controlar los medios"
"Ernestina de Noble: ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad"
"Lo que molesta (al gobierno) es la impotencia para controlar y manipular a los medios"
"Unánime rechazo de la oposición: reclaman que lo debata el nuevo Congreso"
"Nuevos ataques contra oficinas del Grupo Clarín".

Dice mi amigo Santi: "Imperdible el título, el copete, y la foto del Ronaldinho camionero que apoya la ley: un horror choripanero para que se indigne la clase media blanca urbana y bien pensante".

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Una investigación del sitio Diario Sobre Diarios sobre los títulos de tapa del diario Clarín de los meses de junio y julio de 2007, 2008 y 2009, en relación con el gobierno nacional, reveló lo siguiente:

- En 2007 hubo un promedio de 7 títulos positivos, 7 negativos y 7 neutros
- En 2008 hubo un promedio de 4 títulos positivos, 9 negativos y 16 neutros.
- En 2009 hubo un promedio de 3 títulos positivos, 10 negativos y 21 neutros.*

[* Jorge Fontevecchia había citado mal estas cifras colocando "ningún título positivo" en su nota del Domingo pasado. Diario sobre Diarios corrigió esta cifra.]

También Clarín fue el diario que más veces utilizó la palabra “tarifazo” y TN quien le anexó más adjetivos descalificativos.

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Noticias #1705, 29/08. Una tapa histórica. Para coleccionar y guardar.



"Huellas profundas de su personalidad. Informe psicológico de Kirchner. El paso de la depresión a la euforia y a creer ahora que le está ganando al campo, a Clarín y a la oposición. Las razones íntimas de un hombre sin límites, desde su compleja infancia hasta su intransigencia actual. Para poder entenderlo a él y a una sociedad que pasó de admirarlo a considerarlo la imagen del Mal. (...) De día embiste con más fuerza que nunca contra aquellos que creían haberlo derrotado, de noche duerme en posición fetal para lamerse las heridas y recuperarse para la siguiente batalla."

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Dice Vicente Lereño en su manual de periodismo: Adjetivar es una forma de mentir porque se altera la realidad de un hecho (y si no se altera se incide en la percepción del lector), se inmiscuye la opinión de una persona (o personas) con un (o muchos) propósito (oculto o no), con intenciones (oscuras o claras) o no, pero sí desconocidas. Yo acá veo tres adjetivos refiriéndose al mismo objeto. Y todo esto sin contar las metáforas bélicas ("aunar voluntades de la tropa") y las "fuertes críticas" que, se ve, llovieron tan de repente que no dieron tiempo ni a buscarles un sinónimo.



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Ah, ¿estos señores siguen pataleando?



De vuelta Diario Sobre Diarios: Entre los diarios financieros, Ambito edita un título levemente adverso a la Mesa de Enlace. “Campo se endurece con plan de paros crónicos”, así encabeza la tapa Ambito, y asegura que en el sector rural “amenazan con, cada dos semanas, volver a las medidas de protesta”.

Decía Michael Moore en su discurso de los Oscar: "And any time that you have the Pope and the Dixie Chicks against you, your time is up." Cuando ya hasta Ambito Financiero está en contra tuyo, Mesa de Enlace, sabé que tu hora se acerca...

Separados al nacer * lunes, 31 de agosto de 2009



Marcelo Elizaga, arquero del Emelec / Hugh Laurie, protagonista de Dr. House

* Propuesto por Mati González

Preguntas y respuestas sobre el Proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales sábado, 29 de agosto de 2009

¿Cuál es el estado actual de la radiodifusión en la Argentina?

- Está fuertemente concentrada.
- Se observa una fuerte dependencia y vinculación al capital extranjero.
- La producción de contenidos y la circulación de información está fuertemente centrada en Buenos Aires.
- Se privatizó la ganancia y se estatizó la deuda.
- Se manejaron los medios públicos como órganos de difusión de la actividad oficial (medios gubernamentales) desprestigiando el valor de lo público.

Mapa de la concentración de medios en Argentina (click para agrandar)


¿Cuál es el estado actual de la Ley de Radiodifusión, sancionada en 1980 durante la última dictadura militar y modificada por decretos de Menem y De la Rúa?

- Se discriminó sistemáticamente del acceso a licencias a las organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro.
- Apenas “procura la autonomía de la prestación privada” y subraya que “el Estado no asegura la provisión del servicio donde éste no sea rentable”.
- Los organismos de control fueron de carácter centralista, unitario y dependientes del poder ejecutivo nacional.
- Las modificaciones a la ley convalidaron situaciones de hecho, como la concentración en pocas manos y la conformación de redes permanentes.

La conclusión es clara: "Los gobiernos democráticos que se sucedieron desde 1983 modificaron la ley en aspectos clave, pero todos ellos funcionales al proyecto del gobierno de turno, sin alterar el espíritu autoritario y comercial de la legislación." (1)

¿Cuál es el origen de esta propuesta? ¿Se trata de una "Ley K"?

La propuesta de ley que llegó el jueves pasado al Congreso partió de las organizaciones sociales. El texto integra buena parte de los llamados "21 puntos básicos por el derecho a la comunicación", propuestos por la Coalición por una Radiodifusión Democrática en 2004. Esa coalición está confirmada por más de cien organizaciones entre las que figuran sindicatos, sectores académicos, universidades y radios comunitarias.

¿Es verdad que las organizaciones internacionales se oponen al proyecto?

El Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Libertad de Opinión y Expresión, Frank R. Larue, envió una carta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner manifestándoles su "profundo reconocimiento" por el proyecto de ley de Comunicación Audiovisual enviado por el gobierno al Parlamento. El comunicado dice, textualmente:

"(...) Como Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Libertad de Opinión y Expresión, me permito reconocer públicamente que esta propuesta de Ley, es un modelo único en el mundo y un ejemplo para todos los demás países, en virtud de que garantiza el acceso de todos los sectores a las frecuencias de la radio y la televisión manteniendo el principio de pluralismo y diversidad en el ejercicio de la libertad de expresión.
El establecimiento de tres segmentos equivalentes de frecuencias comerciales, comunitarias y públicas es un paso avanzado en el ámbito de la legislación sobre telecomunicaciones.
Deseo además felicitarla por el proceso seguido para la elaboración de esta propuesta de Ley, pues pude verificar personalmente en Argentina, que la misma surge del documento de principios propuesto por organizaciones de la Sociedad Civil, y posteriormente fue sometida a consulta popular en todas las regiones del país. Esto también constituye un gran precedente en materia de propuestas legislativas que estoy seguro el Congreso de la República sabrá valorar.
Resaltando esta iniciativa como una de las buenas prácticas que surgen del continente, me permito expresar mis deseos para que el proceso de aprobación de la Ley mantenga el espíritu positivo de la misma. (...)"

En cambio, muestran veladas reservas al proyecto las organizaciones integradas por los actuales empresarios dueños de multimedios, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), con sede en Miami y de la cual forman parte patronales como ADEPA. Organizacion que -recordemos- en ocasión del impulso oficial a un inofensivo Observatorio de la Discriminación en los Medios salió a denunciar intentos del gobierno por "controlar al periodismo para adocenarlo" y a defender el siempre tan loable papel del periodismo local. Cito textual: "En su diversidad, la prensa argentina ha dado sobradas muestras de ecuanimidad, objetividad y equidistancia pudiendo exhibir una trayectoria democrática que, en muchos casos, abarca las vicisitudes patrias a lo largo de más de un siglo". Sin comentarios.

¿Cuáles son los principales avances operativos de la ley?

- La nueva propuesta define como objeto de regulación “a todos los Servicios de Comunicación Audiovisual independientemente del soporte técnico utilizado para su transmisión ”. En otras palabras: el acento esta puesto en el objetivo del servicio (“informar, entretener o educar al público en general”) y no en el soporte. Esto se debe a que en la actualidad las nuevas tecnologías han ampliado sustancialmente los soportes de contenidos, y no están contemplados en la ley actual, que es “tan antigua que se considera a las radios FM como nuevas tecnologías”.
- Esta actualización tecnológica abre el juego para que distintas empresas puedan ingresar al negocio del llamado Triple Play, es decir, la convergencia tecnológica o la prestación conjunta de servicios de internet, cable y telefonía. El objetivo de los grandes conglomerados de medios es que salga sólo esta parte de la ley. Es decir, que se abra el tongo y no la necesaria regulación.
Afirman Guillermo Mastrini y Martín Becerra en un muy buen artículo: "El triple play es percibido por los grandes y pequeños actores de los mercados de información y comunicación como un nuevo El Dorado. Quien llegue primero, se sospecha, plantará bandera y obtendrá una posición dominante en un espacio que promete rentas seguras, grandes territorios aún sin explotar y, hasta ahora, pocos condicionamientos por parte del Estado."

¿Cuáles son las restricciones que impone la ley y cuáles serían sus efectos concretos?

Licencias: El anteproyecto reduce la cantidad de licencias que se le pueden otorgar a una persona física o jurídica. La actual legislación autoriza a otorgar 24 licencias, permitiendo la formación de monopolios y oligopolios, acotando el acceso y renovación de nuevas voces. Es por esta situación que el anteproyecto propone la reducción del número de licencias a 10, impulsando el pluralismo del espectro y de los servicios de comunicación audiovisual posibilitando asignar licencias al Estado nacional, a las provincias, a la ciudad de Buenos Aires y a las municipalidades.
Esto afectaría especialmente a los tres grupos más grandes que concentran la propiedad de los medios en la Argentina: el Grupo Clarín (posee 44 empresas), Grupo Uno (32 empresas), Grupo Telefónica (19 empresas). Las empresas se encuentran dentro de siete rubros de la radiodifusión: grafica, radios, internet, televisión, agencia de noticias y telefonía. Al limitar la concentración en los medios, abren el espacio para la entrada de nuevas voces.

Organizaciones sociales: el proyecto de ley reserva un 33% del espectro radioeléctrico para las organizaciones sociales, sin fines de lucro o del llamado Tercer Sector. Recordemos que hasta 2005 éstas se encontraban directamente excluidas del acceso a licencias (debían tener, obligatoriamente, un fin de lucro), y que hasta la fecha las cooperativas se encuentran en la misma situación. Al abrir el juego, garantizan una determinada pluralidad informativa y comunicacional hasta hoy vedada.
Reconocer estas tres franjas de actividad radiodifusora (de gestión estatal, gestión privada con fines de lucro y gestión privada sin fines de lucro) implica ir en el mismo sentido que la Unión Europea. Los países europeos afirmaron que los diferentes tipos de medios de comunicación deben ser capaces de operar en, y tener acceso equitativo a todas las plataformas de transmisión disponibles. Las medidas específicas para la diversidad pueden incluir, entre otras, “el reservar frecuencias adecuadas para diferentes tipos de medios”. Tanto Irlanda como el Reino Unido reconocen estos tres sectores a través de la Broadcasting Act (2001) y la Ley de Comunicaciones (2003), respectivamente. Australia, en su Radiocommunications Act (1992) reconoce los servicios de radiodifusión comercial, comunitaria y nacional (el equivalente a un servicio estatal). Francia, a través de la ley 86-1067 de 1986 reconoce estos tres sectores, a los que denomina público, privado comercial y privado asociativo no comercial. En Chile, a través de un proyecto de Ley de Radiodifusión presentado en 2007 por Michelle Bachelet, se propuso entregar un estatuto jurídico especial para las organizaciones comunitarias.

¿Cómo está reglamentada hoy la publicidad en TV y cuáles son los principales cambios propuestos por la nueva ley?

- Según la ley vigente de Radiodifusión, los anuncios deben circunscribirse en lo inherente a la integridad de la familia y la moral cristiana.
- En la década menemista, a partir del decreto 1771, se eliminó la prohibición de emitir publicidad dentro de los programas y se restringió al máximo los espacios a utilizar por el estado para difundir mensajes de interés nacional. (Por ejemplo, las campañas contra el cólera y sarampión de los años 1991-1992 tuvieron que ser pagadas por el Estado.)
- El tiempo de publicidad en los servicios de TV por cable directamente no está reglamentado.
- El decreto 1005/99 excluyó del ya extenso tiempo permitido de publicidad por hora (12 minutos para la TV y 14 para la radio) a las promociones propias del canal, para las cuales se habilitaron dos minutos adicionales.

- En contraste con esto, el anteproyecto establece que los servicios tienen el derecho a emitir publicidad, bajo las siguientes condiciones:
a) Los avisos publicitarios deberán ser de producción nacional cuando fueran emitidos por televisión o radiodifusión abierta o en los canales o señales propios de los servicios por suscripción o insertos en las señales nacionales;
b) En el caso de servicios de televisión por cable, sólo podrán insertar publicidad en las señales propias;
c) Se emitirán con el mismo volumen de audio y deberán estar separados del resto de la programación.
d) Los programas dedicados exclusivamente a la promoción o venta de productos [Sprayette, TV Compras] sólo se podrán emitir en las señales de servicios de radiodifusión por suscripción expresamente autorizadas para tal fin por la Autoridad de Aplicación y de acuerdo a la reglamentación correspondiente.
- Las multas y otras sanciones pecuniarias no serán canjeables por publicidad o espacios de propaganda oficial o interés público, ni por ninguna otra contraprestación en especie, como si sucede en la ley vigente. (Por ejemplo, las propagandas de 1999 fueron financiadas por canje de deuda de los canales de TV por multas impagas, como fue el caso de la emblemática “Menem lo hizo”).
- La Autoridad de Aplicación podrá determinar las condiciones para la inserción de publicidad en las obras artísticas audiovisuales de unidad argumental. Es decir que se regula la inclusión de PNT o "chivos".

¿Cómo es el tema de la conformación de redes?

- En la Ley 22.285, vigente desde la dictadura, se consideraba a los medios de manera fragmentada y con una dependencia con el Estado muy estricta. En este marco, se establecía que no se podrán establecer redes privadas en forma permanente. Luego, con la llegada de Menem al poder, se blanquea una situación de hecho, ya que a través del Decreto 1771 de 1991 se permite la conformación de redes, que salvaguarda que la cabecera no suministre la publicidad y que el canal afiliado emita un mínimo del 50% de producción propia e incluya uno de sus programas de una hora en el horario central. Posteriormente, en 1999 se dictó el Decreto 1005 que permitió la conformación de redes privadas permanentes (es decir, un 100% del tiempo de emisión).
- En contraposición a esta postura, el nuevo proyecto de ley permite la conformación de redes bajo la condición de que la cabecera no suministre publicidad y que el canal afiliado emita un mínimo de 70% de producción propia e incluya un programa informativo propio en el horario central.

¿Es verdad que con esta ley el gobierno podrá "amordazar a la prensa"?

- La ley no habilita ni permite, en ninguno de sus artículos, un control de los contenidos producidos en los medios por parte del Poder Ejecutivo.

- Tal como señalan algunos opositores, el proyecto no modifica la discrecionalidad en la asignación de la pauta de publicidad oficial en medios privados, que según estimaciones recientes asciende a los 1.000 millones de pesos. El Congreso debería encontrar la forma de incorporar limitaciones a esta facultad y de perfeccionar esto, tal como lo hizo con el proyecto de Aerolíneas. Pero en todo caso se trata de un problema preexistente que la ley, así como está, no corrige. Pero tampoco empeora.

- La autoridad de aplicación que propone el nuevo proyecto será un organismo integrado por representantes de la legislatura nacional, representantes de la segunda y tercera minoría y representantes del Poder Ejecutivo Nacional. Además se propone la conformación de un Consejo Federal de Comunicación Audiovisual que nucleará a representantes de cada una de las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires, representantes de prestadores privados con y sin fines de lucro, así como un representante de las emisoras de las Universidades Nacionales y trabajadores del sector. Es decir que, contrariamente a lo sostenido por los principales medios gráficos del país, se trata de un claro avance en relación a la legislación vigente, que reservaba el espacio de toma de decisiones y regulación a un organismo integrado por representantes de las Fuerzas Armadas, servicios de inteligencia y licenciatarios privados. (Lo que es más: a la vuelta de la democracia el gobierno de Alfonsín dispuso la intervención del COMFER, pero eligió en reemplazo del directorio a un funcionario del Poder Ejecutivo Nacional, manteniendo en los hechos un control directo de la presidencia de la Nación sobre la radiodifusión que se mantiene hasta la fecha.)


(1) Estas y otras conclusiones aquí publicadas son textuales o citadas del trabajo "Análisis de la propuesta de Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual", presentado por Maria Sol Alato, Rocío Daniela Fernández, Maria Belén Galván, Carlos Gómez, Leandro González, Juan Martín Moretti, Federico Poore y Cecilia Zungri en UBA, Junio de 2009.

Fantochadas electorales miércoles, 26 de agosto de 2009

Segunda entrega del Diccionario BiLLiE de la Real Academia Soñadora.

Fantoche:
1. nom. prop. Marca argentina de alfajores producida y comercializada por Dielo S.A.
2. adj. del francés fantoche, con el mismo significado y este a su vez del italiano fantoccio, que viene de fante, en última instancia del latín fans, "el que habla"
3.

La nueva cobertura de Clarín martes, 25 de agosto de 2009

Revista Barcelona:

En Clarín aseguran que van a "ignorar totalmente al fútbol estatal" y amenazan con dedicarle las portadas del lunes a "largas entrevistas con Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo y Slavoj Zizek"

El cassette liberal-republicano domingo, 23 de agosto de 2009

Dos notas del 29 de mayo en el diario La Nación (click para agrandar).



Y sin embargo...


Esto les pasa a los que viven en Neoliberalandia. ¡Renuncie Montonero Marcos Aguinis, re-nun-cie!

Democracias en el continente: ¿hacia dónde vamos? viernes, 21 de agosto de 2009



Leemos:

(...) El señor Uribe y todo el resto saben que si se presenta gana: es ese 70 por ciento de aprobación, dos de cada tres colombianos dispuestos a volver a votar por alguien que mantiene el orden mientras sus fuerzas armadas y de seguridad asesinan y espían, mientras sus colaboradores van a la cárcel por haberse corrompido en gran escala. Según la vulgata política al uso, cualquier gobierno que haga todo eso debería ser repudiado por sus súbditos: se ve que no es así. Se ve, por ejemplo, que para muchos colombianos toda esa bulla de los derechos humanos no es tan importante frente al hecho cierto de que las Farc está en extremo retroceso. Todavía hay, por supuesto, en Colombia, muchas personas –casi todas las que conozco– que repudian esta idea del mundo: son, está visto, clara minoría.

La paradoja está servida: el gobierno con más apoyo democrático del continente es uno de los menos democráticos. Porque, probablemente, las razones que definen ese apoyo mayoritario no sean las que la democracia define como fundamentales. Porque, probablemente, la democracia no sea percibida por muchos como fundamental. Porque el cuarto de siglo de democracia en la región ha dejado tantos problemas sin resolver que muchos ciudadanos empiezan a buscar por otro lado –o, por lo menos, a desdeñar los parámetros democráticos para medir a sus gobernantes. Y sospecho que en la medida en que ciertas democracias sigan siendo inútiles para resolver esos problemas, la confianza –la creencia– en ese sistema de gobierno se va a seguir debilitando. No me preocupa tanto: yo creo que la democracia es mucho mejor que cualquier dictadura y mucho peor que otras formas posibles, sólo que todavía no sabemos cuáles son esas formas.

También creo que la gran ventaja de la democracia es que permite, más que cualquier otro modelo, la búsqueda de esas formas, del modelo que algún día la sucederá. Pero creo que cuando los colombianos prefieren un gobierno que parece alcanzar ciertos objetivos aunque no cumpla con las bases de esta democracia –cumplimiento de la constitución, uso legal de la violencia del Estado, respeto de las libertades básicas de los ciudadanos, honestidad en la administración de la cosa pública, separación entre el Estado y la delincuencia– están siendo pioneros en este modelo de “democracias de baja intensidad pero eficientes” que el fracaso de nuestros gobiernos puede prologar. Entonces me pregunto si los argentinos también preferirían algo así. (...)

Cromañón, la Justicia y los justicieros jueves, 20 de agosto de 2009



En enero de 2005, marchamos con mi amigo Emiliano a Plaza de Mayo, en lo que fue el primer reclamo por lo sucedido en el boliche de de República Cromañón. Recuerdo que ya por ese entonces se adivinaba una futura divisoria de aguas entre quienes hacían un amplio reclamo de justicia y entre quienes limitaban las responsabilidades a políticos y funcionarios, en una defensa acrítica de la cultura del "aguante" ya que -como rezaba el cantito- los culpables no eran "ni las bengalas ni el rock and roll".

Nunca adscribí a esta segunda postura, si bien estaba claro que había que establecer jerarquías y niveles de responsabilidades. En agosto de ese año comentaba en este espacio:

La explicación de un fenómeno requiere la búsqueda de ciertas causas que deben cumplir un número de requisitos. Uno de ellos es el de parsimonia, es decir, el de la economía de factores. Una explicación será mejor que otra cuando a iguales grados de generalidad y precisión alcanzados, menor sea la cantidad de factores o variables utilizados.
En otras palabras: no podemos decir que "todos somos culpables", porque es lo mismo que decir que nadie lo es. Si no jerarquizamos las responsabilidades o la negligencia en los deberes (como en las definiciones de culpabilidad) jamás vamos a llegar a una conclusión, y mucho menos a una guía de acción. (...)
Algunos pseudoperiodistas señalaron como principales culpables a "los que tiraron la bengala", cuando en realidad la famosa bengala era causa necesaria pero no suficiente. Y repetir esa muletilla de que toda la sociedad es culpable es no sólo intentar una generalización que le quita toda seriedad y sentido a la teoría explicativa sino que además es un patético intento de equipararlos con el nivel de responsabilidad de alguien que vive de forma directa de la seguridad de sus clientes (Chabán) o de los habitantes de su ciudad (Ibarra).


Y a un año de la tragedia citaba un fallo ejemplar sobre un accidente aparentemente menor en donde se sentaba algún tipo de jurisprudencia con respecto a la responsabilidad última en estos casos: "si el Estado hubiese controlado, el comercio habría estado clausurado y no se habría producido el accidente".

***

Ayer se conoció el fallo, y estas fueron las condenas.

***

Este 13 de agosto escribía Mariano Blejman:

Una condena sobre Callejeros implicaría también una legitimación cultural de la postura de aquellos que pensamos que si bien la banda no tenía intención de matar, generó las condiciones para que eso suceda, ya que era corresponsable de la organización de sus recitales, permitió y alentó el ingreso de bengalas y tres tiros, y apenas alertó a su público sobre los peligros de la suma de sus propias negligencias con un “¿se van a portar bien?”. Y esto, también, independientemente de que la arrogancia posterior del Pato Santos Fontanet, y el cinismo con el que se victimizaron, usufructuaron con la pena ajena y se regodearon con la muerte de sus seres queridos, no haya hecho más que embarrar su historia.

Pero, ¿qué pasaría si la sentencia sobre la banda es leve o nula? ¿Resultará, entonces, que era aceptable meter cuatro mil personas en un lugar donde entraban menos de dos mil, que estaba bien cerrar las puertas de emergencia “por seguridad”, que era festejable saturar de fuego un lugar cerrado, que había que aguantar al aguante, y no “chuparla por caretas”? (...)


***

Hoy se publicó un artículo de Mario Wainfeld, en el que afirma no evaluar "la calidad del fallo" ni pronunciarse "acerca de si fueron condenados todos los culpables probados" pero que pretende señalar

un dato soslayado en demasiadas crónicas de ayer: por la tragedia de Cromañón hubo condenas enormes, en el área política y en la judicial.

La destitución de Aníbal Ibarra es una sanción fuerte, medida en términos comparativos. Hasta donde llega la información disponible para este escriba, no hay precedentes similares en el mundo, que se conozcan. No sucedió así en casos comparables como el shopping de Asunción de Paraguay, o el boliche de Rohde Island, ni en otras latitudes.

La pena impuesta a varios acusados, con Omar Chabán a la cabeza, fue muy superior a la que les hubiera cabido si hubieran sido homicidas dolosos primerizos... tampoco es irrisoria. Siempre dará esa impresión, si se la coteja con el sufrimiento de los sobrevivientes, pero esa equivalencia trasciende los márgenes del estado de derecho. O, mejor dicho, los vulnera.

(...) Un caso con condenas de hasta 20 años y el derrocamiento de un aliado del oficialismo no puede cifrarse en la socorrida y pobre alusión a la impunidad. Cromañón fue en su génesis una metáfora de la Argentina. Algo semejante ocurrió en los abordajes mediáticos inmediatos de la sentencia de ayer: primitivos, iletrados, incitadores a la furia. Capusotto, al fin y al cabo, es un observador costumbrista.

"Death Proof", Tarantino y el espectáculo liberador domingo, 16 de agosto de 2009

Líneas, bloques, luces manchas
por Tomás Binder

El Amante #203, abril de 2009



Y sin embargo las utopías de la vanguardia histórica aparecen preservadasa, aunque bajo una forma distorsionada, en este sistema de explotación llamada eufemísticamente cultura de masas.
Andreas Huyssen, Después de la gran división


Son muchos los reclamos que se le pueden hacer al cine de Quentin Tarantino. En el número de febrero de esta revista Guido Segal acusó a Death Proof de replicar la lógica y la estética (y la moral) del capitalismo multinacional. A lo que Mariano Kairuz responde, justificando el vacuo entretenimiento de la película desde la análoga vacuidad de los anteriores films del director: Tarantino siempre hizo "artefactos entretenidos" y "películas perfectamente intrascendentes", pero la trascendencia no es condición necesaria para el buen cine. Ni aquel ataque ni aquella defensa, me propongo explorar Death Proof indagando en lo que ambas parecen entender cuando lo califican como un film vacío, fetichista o intrascendente.

El esteticismo del espectáculo y el regodeo de las citas de la cultura popular sostiene a las películas de Tarantino, y obliga a sus detractores a hablar desde un punto de vista que podría decirse anacrónico. Se trata, parece, de volver a discutir lo que discutieron las vanguardias al enfrentarse al autismo del arte del siglo XIX, aislado en su formalismo elitista. Los términos, sin embargo, cambiaron: lo que entonces era la demanda por un arte que incidiese críticamente en la vida se expresa ahora en el repudio hacia una estética "demasiado cool", es decir, estéril. Pero las cosas no fueron ni son tan contrastadas. Aunque suene paradójico, el arte contra el cual se recortaron las vanguardias (el arte por el arte) fue autónomo porque se pensó a sí mismo antagonista de la sociedad burguesa de la que era parte: fue denunciado como funcional a ese status quo, pero inicialmente se propuso desafiarlo. El caso del cine industrial americano, está claro, es muy distinto. Nadie postula una distancia respecto de la sociedad de consumo sino que, en cambio, las películas se inscriben en ella con total desparpajo. Hollywood excede las definiciones de esa dicotomía: si las vanguardias se proponían reemplazar la distancia estéril del esteticismo por la cercanía corrosiva del arte mediado por las nuevas técnicas (dadaísmo, futurismo, surrealismo), este cine parece estar, a priori, más cerca de lo segundo que de lo primero... aunque la utopía de las vanguardias parezca, en el presente, un cuento de hadas. A decir verdad, el cine mainstream no puede estar cerca o lejos del consumo, porque es el consumo.

¿Quiere decir que por esto hay que tratar a las películas del mainstream de manera condescendiente? ¿Están, por el solo hecho de nacer de las entrañas de la industria, excusadas de cualquier obligación de crítica o, al menos, conciencia de la sociedad americana? La respuesta es doble. Siendo la ideología capitalista el terreno sobre el cual estas películas se cimientan, hay ciertas premisas, de forma y de contenido, que necesariamente respetarán. Pero esto no quita que les exijamos a las películas una perspectiva sólida y vital sobre el orden norteamericano, sea celebratoria (Rescatando al soldado Ryan), crítica (Petróleo sangriento) o, lo que resulta más saludable, un promedio de ambas. Este último grupo es el que me interesa, porque agrupa al cine de Quentin Tarantino con otras buenas películas mainstream de los últimos años: Gracias por fumar, Legalmente rubia, Zoolander, por nombrar algunas. No puede decirse, justamente, que Legalmente rubia o Zoolander se relacionen negativamente con la sociedad de consumo, de la cual se presentan en cambio como síntoma. Ésa es la palabra que les cabe a estas películas: son emergentes de un estado del mundo, y logran retratarlo con una mirada que no por hiperbólica deja de ser exacta. Ni Luketic en Legalmente rubia ni Ben Stiller en Zoolander pretenden disolver ácidamente los mundos frívolos que rodean a sus protagonistas. Lo que logran, en cambio, es habitarlos afirmativamente, iluminando la posibilidad de la vitalidad y la inteligencia al interior de ese vacío.

Llegamos finalmente a Tarantino y la intrascendencia fetichista de Death Proof. Como Luketic y Stiller, Tarantino explora desde adentro un mundo banal. A diferencia de aquellas películas, este mundo cinematográfico no refiere a ningún mundo real (el de los modelos publicitarios, el de las estudiantes frívolas), sino a otro mundo cinematográfico, o quizás habría que decir otros. Como señala Kairuz en su crítica, nada existe en Death Proof fuera del sistema de referencias cinéfilas. En eso estamos de acuerdo, aunque no en la sentencia de que la película es buena porque se entrega sin culpas a esa intrascendencia. Hay muchas películas que no buscan lo trascendente, y que también son entretenidas, pero que, sin embargo, no logran ni la intensidad ni el efecto que logra Death Proof. La película de Tarantino entrega otra cosa, algo más, que la transforma en la montaña rusa cinematográfica que es. Ni siquiera se puede hablar de "condimento extra", porque acá no hay distinciones válidas entre el condimento y el plato que éste vendría a rebasar. Los detractores no se equivocan: en el cine de QT, con en los nachos que devora Stuntman Mike en ese bar tejano, el condimento es el plato. Así como los nachos son la excusa perfecta para saturar el estómago de grasas varias, la corporalidad y la velocidad de Kurt Russell, las chicas y sus autos son para Tarantino el detonador perfecto para la saturación de los materiales del cine. La forma es el contenido, y en este punto Death Proof se acerca silenciosamente al cine experimental. La desbordada sensualidad de las imágenes, el movimiento en estado puro de las secuencias de persecución, el montaje omnisciente del choque frontal y la puesta en escena de la aspereza del soporte fílmico imponen, en palabras de Diego Trerotola, un "espesor corpóreo en la pantalla". La película de Tarantino reclama una lectura y una experiencia en términos más abstractos que figurativos; y acá lo abstracto, se entiende, es producto de la densidad opaca de lo concreto cinematográfico. No hace falta que QT salga de la endogamia de su universo cinéfilo, siempre que traiga desde allí arcilla cinética para moldear la experiencia del espectador. Queda claro entonces que no estamos hablando de cosas intrascendentes.



Como Crash, de David Cronenberg, Death Proof expone y satura el fetichismo fierrero, epicentro de la cultura de clase media norteamericana y, de alguna manera, de la maquinaria del consumo global. Cronenberg exploraba esa grieta del american way of life mediante una puesta en escena gélida y un extrañamiento actoral que obligaban al espectador a reflexionar sobre esos personajes a cierta distancia. Tarantino, en cambio, opta por la empatía: no sólo la del espectador con las víctimas y el verdugo sino, fundamentalmente, la de la puesta en escena con el punto de vista de los stuntmen y stuntwomen que pueblan las rutas del film. Estando tan cerca de sus sicóticos protagonistas, Death Proof no necesita indagar en los vínculos entre consumo y fetichismo sexual: se trata aquí de algo que está en la superficie, perfectamente tangible para cualquier espectador que acepte la experiencia corporal que el film propone. "Para Tarantino, el sentido de la vida es simple: la gente sólo sufre por la falta de dinero. Es posible que en esto tenga toda la razón y ésta sea una afirmación políticamente radical", escribió Quintín en 1998, en su crítica de Jackie Brown. En su carácter de síntoma, esta última película se presenta también como la evidencia implacable del vacío sobre el que gira una parte de la cultura norteamericana; y sobre esa evidencia Tarantino trabaja su cine.

Probablemente sea inexacto hablar de QT como un director de cine mainstream, pero lo es también referirse a él y a su cine en los términos que la crítica autoral utiliza para pensar el cine moderno. Tarantino no es un autor, sino un artesano de los materiales de la cultura popular, que evidentemente no puede sino habitar película tras película. Esta fatalidad define sus films. ¿Qué hacer con las imágenes que han determinado el imaginario de millones de norteamericanos?, parece ser la ansiedad detrás de los planos relucientes de los Dodge en rutas tejanas. La de Tarantino es una pregunta sobre la percepción al interior de una sociedad del espectáculo. Y fue ésa precisamente una de las virtudes de la tradición del arte por el arte: desinteresado de cualquier aplicación en la vida práctica, supo desarrollar nuevos procedimientos y liberar una capacidad de percepción y construcción de la realidad ceñida hasta entonces a finalidades religiosas o políticas. Lo que distingue a QT de aquellos artistas es sin embargo fundamental, y se vincula directamente con los materiales de que está hecho su arte. Si su cine no es hermético como las obras de los modernistas, esto se debe a que su arma no es la autonomía del procedimiento formalista sino, todo lo contrario, la reproducción y estilización de formas populares digeridas socialmente. En ese terreno, Tarantino hace lo que quiere: del capitalismo un espectáculo, y de ese espectáculo un mundo tan habitable como liberador.

De torneos deportivos y competencias mercantiles lunes, 10 de agosto de 2009



Ahora dicen que no es Clarín

Miles de lectores no se enteraron de que el medio que tenían frente a sus ojos estaba defendiendo un negocio: su negocio.

por Alejandro Wall

Sería bueno aclarar desde qué lugar se habla o se escribe. El Grupo Clarín se reparte en mitades con Torneos y Competencias las acciones de las empresas Televisión Satelital Codificada (TSC) y Tele Red Imagen Sociedad Anónima (TRISA), dueñas de los derechos de transmisión de los partidos de fútbol, que ahora ven amenazada la posición monopólica que mantuvieron durante 18 años. Sin embargo, el diario Clarín, nave insignia del multimedio, omite este dato que sería muy útil para sus lectores.

Ocultar, como sabemos, es una forma de desinformar. En su edición de ayer, la de mayor tirada, el diario lleva a su tapa el título “Denuncian que Kirchner ahora se mete con el fútbol”. ¿Quién denuncia? Marcelo Bombau, presidente de TyC, la empresa que a su vez está asociada de Clarín, como el propio ejecutivo lo reconoció en Crítica de la Argentina. Carlos Ávila se lo dijo hace un tiempo a Página/12: “El que maneja el fútbol argentino es el Grupo Clarín”. Entonces, ¿Kirchner se mete con el fútbol o se mete con Clarín?

En la entrevista a Bombau, el diario de Ernestina Herrera de Noble esquiva, prolijamente, mencionarse a sí mismo. “El vínculo AFA-TyC”, se lee. ¿No sería el vínculo AFA-TyC-Clarín? Miles de lectores no se enteraron de que el medio que tenían frente a sus ojos estaba defendiendo un negocio: su negocio.

Tampoco dice nada Clarín en la nota que acompaña a la entrevista, donde tres dirigentes de la oposición muestran su indignación con toda la efusividad posible. El mismo método utilizado para la propuesta de reforma a la Ley de Radiodifusión, por la que el diario denunció un avance contra la libertad de prensa. En pos de esa libertad, como corresponde, se acallaron las voces a favor del proyecto.

Al menos, Clarín podría defender sus intereses advirtiéndoles a los lectores su lugar en este mundo del fútbol. Suena ingenuo, pero sería un ejercicio de honestidad periodística. No lo harán, pero hay que decirlo: para que no piensen que pueden tomarnos por tontos tan fácilmente.

Periodismo y publicidad comercial martes, 4 de agosto de 2009



La historia de los grandes periódicos en la segunda mitad del siglo XIX prueba que la prensa se hace manipulable en relación a su grado de comercialización. Puesto que la venta de la parte destinada al reclamo publicitario está interrelacionada con la venta de la parte confeccionada por la redacción, la prensa, hasta entonces institución de personas privadas como público, se convierte ahora en la institución de determinados miembros del público como personas privadas; esto es, en la puerta de entrada a la publicidad de intereses privados privilegiados.

En consonancia con ello, se modifica la relación entre la editorial y la redacción. La actividad de la redacción había dejado de ser ya una mera actividad literaria para especializarse en sentido periodístico. La selección del material llega a ser más importante que el artículo editorial; ... se configura una tendencia a desplazar de las primeras jerarquías del periódico a los grandes periodistas, para sustituirlos por administrativos de talento. La editorial contrata a los redactores para que, de acuerdo con oportunas indicaciones, y atados a ellas, trabajen para los intereses privados de una empresa lucrativa. (...)

Las exigencias incomparablemente mayores de un marketing cientificamente orientado sólo se hicieron necesarias con las restricciones oligopolísticas del mercado. (...) La concurrencia directa respeto de los precios cede crecientemente a una concurrencia indirecta respeto de las vías de producción de mercados con clientelas específicas de marcas determinadas. La decreciente transparencia del mercado, comunmente tomada como motivo de la ampliación del volumen de la propaganda comercial, es en buena parte contrarrestadora de ésta: una concurrencia respeto de la propaganda comercial desvinculada de la concurrencia respeto de los precios se encargó de crear con articulos de marca una inabarcable multiplicidad de mercados confrontados entre sí de acuerdo con criterios de racionalidad económica, cuanto más su valor de cambio está determinado por manipulación psicológica publicitaria.

Por mucho que la propaganda comercial... nos parezca hoy un ingrediente natural de la economía de mercado, es en realidad un fenómeno característico del capitalismo avanzado: consigue, en efecto, una magnitud relevante sólo con los procesos de concentración del capitalismo industrial en la segunda mitad del siglo XIX: hasta bien entrado el siglo XIX las casas distinguidas eran reluctantes hasta a los simples anuncios comerciales; el reclamo publicitario era tenido por indecente. En el siglo XVIII ocupaban los anuncios comerciales en las hojas para anuncios y propaganda sólo una veinteava parte del espacio; además, tenían que ver tan sólo con curiosidades, con mercancías fuera del comercio corriente. Éste se regulaba, de ordinario, face to face; la competición comercial se abandonaba en gran parte a la propaganda oral.


Habermas, Jürgen, "La transformación política de la función de la publicidad" en Historia y crítica de la opinión pública, G. Gili, México, 2002, pp. 213-217