Destapar las ollas, caiga quien caiga lunes, 25 de octubre de 2010





















Escribe Eduardo Grüner sobre el asesinato de Mariano Ferreyra:

(...) ¿Fue consecuencia de una interna sindical? ¿De una interna de la CGT? ¿De una interna del PJ? ¿De una operación para perjudicar no sólo a los adversarios inmediatos, sino por elevación al Gobierno? Todo eso –y vaya a saberse cuántas cosas más– es posible. Estamos en la Argentina. Enseguida intentaremos mostrar, no obstante, que tampoco eso es lo esencial, salvo como gravísimo síntoma. Pero sea como fuere, toda la carga de la responsabilidad política por el esclarecimiento cae sobre el Gobierno. Es así. Así debe ser, y muy especialmente cuando se trata de un gobierno que se autocalifica de progresista, de defender los derechos humanos y de no reprimir la protesta social. No es una paradoja: un gobierno que pretenda tener esas características está muchísimo más obligado que otros a destapar las ollas de basura que sean necesarias para encontrar la verdad, aunque el olor pueda alcanzar a algún amigo. Porque en definitiva se trata de eso: de la verdad.

Frente a otros debates más o menos importantes que se han dado o se están dando porque merecen darse –la 125, las AFJP, la ley de medios, Papel Prensa, el matrimonio de personas del mismo sexo, la participación en las ganancias, lo que fuere– se podía, y muchos legítimamente pudieron, o pudimos, pensar que se debía, considerar matices, relativizaciones, claroscuros, posiciones múltiples (apoyo crítico, crítica sin apoyo, apoyo sin crítica), con el fin de crear el mejor contexto posible para una discusión lo más profunda y productiva posible. Esto –repitamos– es otra cosa. Un “salto cualitativo”, como se dice. Aquí no hay lugar para tonalidades ni para especulaciones acerca de hasta dónde conviene correr el arco. No hay lugar para dirimir acuerdos o diferencias con la organización a la que pertenecía Mariano. Aquí se trata de la Verdad, con mayúsculas y en términos absolutos. El Gobierno y la Justicia –tanto por deber moral como por consecuencia con su discurso político y también, cómo no, por conveniencia– deberá llegar hasta el final. “Cueste lo que cueste y caiga quien caiga.” (...)

1 comentarios:

Galliano dijo...

Me encantó la columna de Grüner, con un grado de urgencia casi desesperada infrecuente en sus escritos.
Qué bueno que la hayas levantado aqui.