Inseguridad y violencia policial lunes, 23 de noviembre de 2009

El martes pasado me tomé un taxi en Constitución. Venía de una entrevista y estaba insualmente bien vestido. Ni había terminado de acomodarme en el asiento cuando -tal vez confiado por el aspecto de su interlocutor que garantizaría complicidad- el conductor disparó su violencia verbal:

- Qué lacra que es la gente de este lugar

Casi sin saberlo, me había subido -una vez más- al Carro del Pensamiento Medio Argentino. Había sido un día largo y no tenía muchas ganas de discutir, asíque pregunté, inocente:

- ¿Vos decís?

- Sí, ¿no te das cuenta, pibe? Unos miserables, todos. Mirá sino a los travestis -ejemplifica, mientras pasamos frente a una requisa policial a transexuales en la calle Luis Saenz Peña- ¿A propósito, de dónde venís?

- De Página -contesté, con mi mejor cara de poker.

El fantasma del progresismo local calló al taxista durante un tiempo. Pero unos segundos antes de llegar a destino, en Corrientes y 9 de Julio, el conductor vio un grupo de la Federal con bastones y escudos y no se pudo aguantar:

- Qué turros que son estos. El otro día llevé a unos chicos al recital en Vélez y fue terrible lo que hicieron, terrible...

Estaba a punto de asentir cuando el escucha de Radio 10 completó la frase:

- Ojalá hicieran lo mismo con los piqueteros.

***

Escribe Ángela Lerena en el Crítica del sábado:


Imagen: DyN

Una bandera de San Lorenzo en manos de hinchas de Huracán provocó heridos de bala de goma, huesos rotos a bastonazos, miles de personas afectadas por gases lacrimógenos y un caos de esos que suelen terminar con muertos. La bandera, en manos extrañas y que pretendió ser rescatada, fue el desencadenante; un grupo de no más de treinta violentos de San Lorenzo y el accionar irracional de la Policía Federal fueron los responsables. El clásico empezó tarde porque la policía desató una represión salvaje en una tribuna repleta, y el estadio Tomás Ducó lució como un campo de batalla durante media hora. (...)

Un grupo de Infantería, provisto de cascos, escudos, escopetas con balas de goma y gases de varios tipos, entró a la popular a rescatar a los policías acorralados. Ahí sucedió lo más inexplicable. O algo que sólo se explica por la teoría del sociólogo Pablo Alabarces, quien dice que, en la cancha, la policía se comporta como una barra brava más. Porque una vez que los uniformados atacados estuvieron fuera de peligro, la Infantería no se retiró. Por el contrario, avanzó contra los miles de hinchas que poblaban la tribuna, agrediendo con todas las armas disponibles. Esa venganza contra el público visitante es lo que provocó el caos, las corridas, los heridos. Arremeter a bastonazos y escopetazos contra miles de personas podría haber producido heridos graves y muertos. Ocasionó decenas, o tal vez cientos, de lastimados.

***

Completa, en una columna publicada hoy, el citado Pablo Alabarces:

(...) Hay una enorme producción en el campo de la sociología, la antropología y los estudios de medios dedicada al tema. En general, todos concluyen que la policía, lejos de ser la solución, es una parte indispensable del problema. Basta leer, para ser escueto, los trabajos dirigidos por Juan Pegoraro o Sofía Tiscornia o la producción del CELS.

No hace mucho, un colega afirmaba que explicarle a la población que sus policías son las administradoras del delito causaría un pánico social. Y, sin embargo, es hora de comenzar a asumirlo. (...)

El sábado pasado, en las inmediaciones del estadio de Vélez, un chico fue puesto al borde de la muerte, más que aparentemente, por la represión policial. Todo indica –no hay indicios contradictorios– que la Federal lo apaleó y lo dejó tirado –seguramente, porque no tenía un Riachuelo a mano para hacerlo nadar–. Se alegó la necesidad de reprimir desórdenes causados por miles de fieritas descontrolados, en aplicación de la doctrina de Susana Giménez. El caso da más tela para cortar, y tiene que ver con muchas de mis obsesiones: el rock, el aguante, el descontrol y hasta la barra de Vélez. Pero lo incontrastable es que la Federal puso a otro chico al borde de la muerte y no hay responsables; que ese pibe casi muerto no tiene la prensa de Fernando Cáceres, y que eso ocurre porque esta sociedad –y estos medios– participan de la idea de que es mejor matarlos de chiquitos. Las policías cumplen allí una función, al fin, socialmente pertinente: cumplir con los deseos ocultos de tanto opinador y tanto vecino indignado.

3 comentarios:

Mariano Parada Lopez dijo...

vos sos loco? a un tachero le vas a decir que venis de página 12???? queres que te cobre el doble "para financiar a esos vagos de mierda que tienen 8 hijos y no se rompen el lomo laburando como yo"?
bue hablando en serio, no deberia sorprender. hay muchos laburantes promedio, personas al límite de la vida digna, viejitas que ganan la mínima, que repiten los argumentos más autoritarios. cosas que si se las escuchamos a macri no nos sorprende que le quiera meter palo a los cartoneros.



y como t fue en p/12?

Fede dijo...

¡Bien! Pronto tendré novedades.
No puedo contar mucho por ahora.

1+ dijo...

Quiero creer (me esfuerzo por creer) que el Pensamiento Medio Argentino no es el de tanto facho que sin duda abunda... Casualmente, esta mañana sufrí un ejemplo -no es la media, no es la media, no es la media, ommm- con la afirmación de un compañero de oficina, dicha con total seriedad: "A los presos no habría que permitirles estudiar derecho" (sic)