En tránsito miércoles, 25 de julio de 2007

22 de Julio

Llevamos diez horas de vuelo. Desde las 13.30 hubo lluvia, sol, nubes y oscuridad, pasaron tres películas -una más mala que la otra- y un pequeño almuerzo. Ahora son las once y media de la noche y todos en la familia duermen, menos Nico (8, pongo la edad como en la revista Caras) y yo.
Mi hermanito me pide de ir al baño. Lo acompaño:
- No hace falta que entre con vos, ¿no?
- No, ya conozco.
Lo espero en la puerta. Sale rápido, apurado. Le pregunto si se asustó con el ruido del baño.
- Si, siempre me asusto. Es que tocás el botón y hace pfff...¡¡JIUUUUUUU!!
Volvemos al asiento. Se pone a jugar con un jueguito y me comenta.
- Me late fuerte el corazón. -Y corrije: - No, el corazón no, el pecho.
Yo vuelvo a mi libro, pero Nico sigue haciendo observaciones sobre sí mismo.
- Creo que soy el único de todo el avión que no durmió nada.

2 comentarios:

Martín dijo...

Los hermanos son lo más. Y cuando llega a una edad en que puede ser tu amigo y llega a serlo es mejor todavía.

Francisco Cauterucci dijo...

Siempre da susto el ruido del baño... es que es muy chiquito como para tanto ruido, y estás a mucha altura como para, de última, salir corriendo... es como: -UHH! CALLÁLO!!! SHHH!! PARÁAA!... UF!, TERMINÓ!