Apuntes para pensar la situación del estudiante universitario argentino lunes, 3 de abril de 2006

"La escuela es una institución de futuro, que prepara para el futuro, que tiene un horizonte de futuro; cuando el futuro es pura incertidumbre, la escuela tiene muchas dificultades. En la Argentina la idea de progreso tiene una presencia muy fuerte: si no ganabas en esta vuelta, en esta generación, podías ganar en la próxima. Y la escuela jugó un papel muy importante en esa posibilidad de prepararse para ganar. Esto ha desaparecido."
Guillermina Tiramonti

"Nosotros siempre creímos que el camino de la educación era el camino del progreso y el ascenso social y que nuestros hijos iban a estar inevitablemente mejor que nosotros. Y hoy nuestros hijos fueron a las universidades y trabajan de mozos."
Elisa Carrió


Estas citas iniciales, extraídas del libro Qué País, se refieren a un mismo fenómeno: el fracaso de la idea de la educación como herramienta de ascenso social.

I.
Muchos lo recordarán: hubo una época en Argentina donde la educación era, efectivamente, un sinónimo del ascenso social. En un período que va de 1880 hasta el menemismo, esta idea se manifestó en dos movimientos. El primero: que el inmigrante (o el pobre) que se rompía el culo y terminaba la escuela podía elevar su condición social. El segundo: que el tipo de clase media que se esforzaba en ganarse un título universitario, tenía garantizado un determinado status social.
Voy a concentrarme en esta segunda idea para referirme a lo que hoy veo como el estado del estudiante universitario promedio. Me da el pie una nota de Juan Ignacio Issa, en la que comenta:

En la Argentina de fin de siglo ser un profesional no garantiza un cambio de status. Los estudiantes cuando se reciben no consiguen o pasan a un trabajo mejor remunerado, ni de mayor prestigio. Esta es una de las principales causas por lo que sólo el 19 % de los estudiantes que ingresan a universidades públicas se reciben. A consecuencia de esto, los alumnos que trabajan cuidan más su cargo laboral y dejan de lado sus estudios.

La nota a la cual hago referencia fue publicada en 1999, antes de la crisis económica que generó otros fenómenos que profundizaron la tendencia.

II.
Haciendo una simplificación grosera, muy a grandes rasgos, podemos diferenciar los proyectos de vida de un estudiante de hace una década (o más), y los de un estudiante actual en la Argentina poscrisis.

El proyecto, antes: me voy a vivir solo alrededor de los 23 años, termino la carrera en tiempo y forma, comienzo a trabajar en mi profesión, junto plata para la casa.
El proyecto, ahora: comienzo la facultad al tiempo que trabajo (un caso muy común: estudio historia, trabajo atendiendo teléfonos), un nuevo puesto en el trabajo me complica los tiempos, la carrera se demora, a los 27 años todavía vivo con mis viejos, quizás haya abandonado los estudios.

El fenómeno tiene innumerables variables, pero algunas de ellas son:
1. el aumento grosero del costo de vida y de los inmuebles
2. la flexibilización laboral (con la consiguiente explosión de tentadoras ofertas laborales para los recién egresados del colegio secundario)
3. el "¿de qué vas a vivir?", que actúa como una fuerza que aleja a los estudiantes de las carreras menos "redituables" (filosofía, comunicación, letras, historia), y hace que cualquier trabajo comience a importar más que la cursada en las mismas

III.
La adolescencia se extiende hasta cerca de los 30 años, y esto se traduce en falta de proyectos académicos, laborales y de pareja. A los 28 años -edad en la que nuestros padres ya llevaban cinco años de casados y quizás algunos hijos- nosotros todavía estamos cursando una carrera y trabajando en un lugar al que odiamos. Pero quizás nos paguen algo más de mil pesos -mucho para un "adolescente"- y entonces a falta de un proyecto de familia nos compramos un celular todo bonito y lo llamamos "mi bebé".

5 comentarios:

Juli dijo...

1. Cómo se pretende que el título universitario "signifique algo" y tenga """valor""" si hay miles de ingresantes por año a una misma carrera. Finalmente, tener un título es algo, pero hay tantos de una sola cosa que pareciera que no...

2. Qué clase de título y de educación vamos a tener si hoy en la introducción a una materia ya nos dijeron "este año vamos a tener muchos paros..." (y el profe explicó por qué daba esta clase hoy cuando hay paro...)

Fede dijo...

El punto 1 es bastante cierto. A medida que se masifica la universidad (se duplicó la cantidad de estudiantes en los últimos diez años) las empresas van segmentando las búsquedas, eligiendo en líneas generales al de currículum más abultado. Y aquí entran las especializaciones, los posgrados, los masters...

Pero con respecto al punto 2 te pregunto... ¿qué clase de educación vamos a tener si nuestros profesores en la universidad siguen ganando 200 pesos al mes?

Dark Tide dijo...

Es cierto lo del sueldo.
Encima, aunque parezca mentira, un profesor universitario gana menos que uno de secundario, aunque se necesite una capacitación mas alta.
Lo peor de todo, que algunis ni siquiera cobran 200 al mes, ya que hay gente que lo hace ad honorem

Volviendo al tema principal del pst, también es cierto que útlimamente se está poniendo de moda por parte de algunas empresas el poner "estudiantes universitarios abstenerse" y, a veces, la necesidad económica es mas fuerte que las ganas de estudiar.

Yo, por mi parte, estudio y trataré de seguir haciendoló, aunque lamentablemente coincido que es verdad lo que comentás en el artículo.

Saludos

Martín dijo...

coincido con todo. lo q posteas vos y los comentarios de juli y dark tide, pero no te parece q te fuiste un poco de tema con el item III. Como q tenías ganas de darle un palo a esta sociedad de consumo con su modita de los celulares.... y se lo diste nomás.

Fede dijo...

ah, sí, la última oración fue claramente una ironía forzada